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El principio de un reto

Escribo este artículo el jueves 13 de julio. No sé qué habrá pasado ayer domingo 16, pero intuyo que la población se volcó a participar en la consulta popular y que el gobierno hizo lo que pudo para impedirlo. Una consulta consagrada en la Constitución se convierte en una piedra de tranca que hay que impedir o boicotear cueste lo que cueste.

La alta “suciedad”

La frase no es mía, pero la suscribo desde la “a” hasta la “z”. La corrupción se ha apoderado de Venezuela. No es sólo el gobierno, que ciertamente ha incurrido en robos y desfalcos gigantescos, que ha dejado como niños de pecho a todos los corruptos del pasado. Las cifras que se conocen hablan de miles de millones de dólares. Números tan grandes que para imaginarlos o escribirlos hay que hacer un esfuerzo, por la cantidad de ceros. Ni hablar si los traducimos en bolívares.

De rodillas, esposados y gaseados

El jueves 29 de junio, la “gloriosa” Guardia Nacional Bolivariana, esa cuya divisa es el “honor”, detuvo a varios muchachos estudiantes de la Universidad Simón Bolívar que estaban protestando en El Rosal. Los esposaron y los arrodillaron. Luego los metieron en un camión cava, lanzaron bombas lacrimógenas adentro y trancaron con candado.

Pompeyo

Se fue tranquilo, en paz con su vida inquieta. Pompeyo Márquez fue un hombre de una verticalidad como pocas, consecuente en pensamiento y acción. Cuando creyó en el comunismo fue comunista aguerrido y combatiente. Cuando se dio cuenta de que el comunismo no servía, fue su más fiero adversario. Tuvo el coraje que les falta a muchos para reconocer públicamente que se había equivocado y con la sencillez que lo caracterizaba, dio un giro de ciento ochenta grados y tomó la ruta de regreso. Su experiencia de vida lo convenció de que no había mejor modelo que la democracia y por ella luchó hasta el último día, cuando su pensamiento fue para y por la democracia en Venezuela.

Convertirse en lo que se detesta

El miércoles pasado, un grupo de personas que asistían al plantón se refugió en los espacios del CCCT, huyendo de la persecución de la GNB. Entrando al centro comercial se toparon con un señor que caminaba hacia la salida, trajeado de flux y corbata. Nadie lo conocía, pero casi de inmediato, comenzaron los gritos y la andanada de insultos: “¿Y tú qué estabas haciendo mientras nosotros protestábamos?... ¡Seguro que eres un enchufado, comiendo en un restaurante cuando aquí la gente se muere de hambre!... ¡Sinvergüenza, el %$%/# de tu madre, hijo de @$%!”.

“U.R.C.S.B.”

¿Quieres vivir en un país donde un grupito de personas decide cómo, cuándo y dónde vas a ser y hacer? ¿En un país donde disentir sea razón para que te persigan, criticar sea un crimen y militar en un partido político distinto al del status quo una traición a la patria?

“Dame una buena noticia”

El miércoles de la semana pasada el periodista Alexis Correia pedía en su muro de Facebook que alguien le diera una buena noticia. Si las noticias representan un agobio para cualquier venezolano, son en verdad enloquecedoras para un periodista. Primero, porque tiene acceso a mucha más información y segundo, porque una vez ratificadas, debe ahondar en ellas. Y ahondar significa encontrarse frente a frente con el perro mundo.

El violinista y el soldado

El “violinista de las protestas” se llama Wuilly Moisés Arteaga. En su cuenta de Twitter, @wuillyarteaga, se define como “cantante, pianista, violinista y compositor venezolano”. Le faltó poner “valiente”. Porque Wuilly ha ido a las marchas “armado” con la mejor arma que puede empuñar un joven venezolano: un instrumento musical. Con su violín, en medio de bombas lacrimógenas que se cruzan y gases que lo rodean, él continúa indemne con su melodía de paz, por la libertad de Venezuela.

Venezuela, crueldad refinada

Cuando creo que ya no existe algo que me sorprenda de los sucesos en Venezuela, siempre pasa alguna cosa que me descoloca, me desgarra, me aterra. Algo que me parte el corazón. Cada día es uno, son dos, tres, cuatro asesinados por protestar. Y encima de eso, la brutalidad desatada. No tengo palabras para expresar lo que sentí cuando vi el video del niñito de once años en el Zulia, a quien unos transeúntes encontraron amarrado y quemado en la espalda por una bomba lacrimógena que dejaron a su lado. Al momento cuando escribo estas líneas, no se ha corroborado oficialmente quiénes fueron los autores del hecho. Sea quien sea el que lo haya hecho, nos encontramos ante un episodio de crueldad refinada. Sadismo en su máxima expresión. Porque quienes hicieron eso disfrutaron haciéndole daño al niño; si no, no lo hubieran hecho.

Ella, él…

Ella es venezolana y no tiene problemas. En el pasado, se preocupó por su seguridad. Salir de noche le resultaba una aventura. Sus padres no querían que saliera, pero ¿cómo no va a divertirse una joven?... “Hija, es que esas reuniones de ustedes son demasiado tarde… salgan de día” era la letanía de su mamá. “¡Hoy no sales, has salido toda la semana!”, reclamaba su papá. Y ella respiraba profundo y pensaba que no iba a pasar su juventud encerrada en su casa, ni las vacaciones como si estuviera estudiando. Tomaba precauciones, salía en grupo, procuraba que la escoltaran. Dormía en casa de alguna amiga si la fiesta terminaba tarde. Chequeaba por los celulares que todos hubieran llegado a sus casas. Hasta buscaba salir con panas que tuvieran carros blindados. Pero ella, hoy, ya no tiene esa preocupación. Es una venezolana sin problemas, nada que ver con nosotros.

Al joven desconocido

Querido joven de mi patria, No te conozco pero empiezo por decirte que te quiero entrañablemente. Te quiero porque tus manos trabajan por la justicia, como escribió Benedetti. A ti que tienes todas las ilusiones del mundo y que tienes todo el futuro por delante, te agradezco que día tras día expongas tu vida para proteger y procurar un buen futuro para todos. Estoy convencida de que tus sacrificios valdrán la pena y que Venezuela será más temprano que tarde, el país que tú sueñas y por el que luchas con tanta gallardía.

A los padres de Juan Pablo

Queridos Elvira y José, No los conozco, ¡pero los siento tan cerca! No he dejado de pensar en ustedes desde que supe del asesinato de Juan Pablo. Y lloré cuando leí los tuits del Alcalde Ramón Muchacho: “Ayer viví uno de los momentos más duros que me ha tocado como Alcalde: decirle a la madre de Juan Pablo que su hijo estaba muerto”… “Pero infinitamente más duro fue para sus padres, Elvira y José, enterarse de la muerte de su único hijo. No hay palabras para describirlo”.

Cadáveres exquisitos

Seguramente usted recibió durante estos últimos días, vía redes sociales, la conmovedora historia de Jaime Martínez, el maraquero de los Rolling Stones. De hecho, si usted entra en Google y escribe “maraquero”, lo primero que le sale es “el maraquero de los Rolling Stones”. La historia va sobre un muchacho de Cunaviche que a finales de los años sesenta y ante la imposibilidad de encontrar trabajo en Venezuela (cosa bastante extraña, porque al final de los años sesenta Venezuela era un paraíso) se va de polizón en un barco que iba a Europa.

¡¿Los “más felices”?!

La verdad es que cada vez tengo que hacer mayores esfuerzos por escuchar las cadenas de radio y TV. Definitivamente, parecen más bien prácticas de estoicismo. Me enferman las mentiras en tecnicolor, pero más me enferma que nos crean tan idiotas como para creerlas.

Dignos y libres

Pasé la semana pasada yendo a los conciertos en el Centro de Acción Social por la Música. La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar bajo la batuta de Gustavo Dudamel interpretó las nueve sinfonías de Beethoven. Cualquier adjetivo que use se quedará corto ante lo que fue aquello. Entrar a la soberbia Sala Simón Bolívar es entrar al primer mundo. Yo, que soy un ratón de conciertos, he visto a esos muchachos crecer en años, pero sobre todo crecer en excelencia, dedicación, compañerismo, trabajo, orden, disciplina, rigor, estructura, método… Por eso El Sistema se llama El Sistema: porque es un sistema de valores que se inculcan a través de la música. Frank Di Polo comentó que este año llegarán a la impresionante cifra de 800.000 niños y jóvenes inscritos. Niños y jóvenes a quienes la vida les cambiará para bien. Niños y jóvenes cuyas familias también se verán envueltas en ese círculo virtuoso. La otra cara de la moneda de la Venezuela que vivimos hoy. La excelsitud frente a la mediocridad.

Cuando ustedes se vayan

Cuando ustedes se vayan, que será más temprano que tarde, llévense bien lejos toda su carga de odio. En la Venezuela que vamos a reconstruir no tendrán cabida las divisiones, ni las razzias, ni las rabias. Estamos hartos de tener un país picado en dos partes, donde la mayor parte quiere vivir en paz.

¡Ahorcada la cochina!

Cuando yo estaba en la universidad, un compañero me invitó a jugar dominó. Yo no había jugado desde que era una niña y mi experiencia se limitaba a colocar blancas con blancas, unos con unos, dos con dos y así sucesivamente. En otras palabras, yo no sabía jugar. Comenzamos el juego y noté que nadie hablaba. Y si yo hablaba, me respondían con monosílabos. En medio de ese silencio sepulcral se levantó mi amigo enardecido. Parecía un Mefistófeles. Se inclinó hacia mí y me gritó: “¡Carolina, ·$%”/%, me ahorcaste la cochina!”.

El señor Octavio Lepage

En estos tiempos tan extraños, cuando en vez de honrar a los constructores de la patria, se hace lo propio con los destructores, tenemos que volver la mirada hacia quienes con su vida dieron ejemplo de civilidad, honor y sobre todo, honradez. Hacia quienes dedicaron su vida a cimentar la democracia. Hacia quienes vivieron de acuerdo a lo que proclamaron.

“Voy a ser mamá” (mentira)

No, no estoy embarazada. Lo digo de entrada para que no se arme la misma jarana que se formó en mi Facebook, motivo por el cual escribo este artículo.

Sobre los “comentarios jocosos”

Una anécdota atribuida originalmente al astronauta estadounidense Neil Armstrong, adjudicada también a otros astronautas que pisaron la Luna, narraba que justo antes de poner el pie en nuestro satélite, el astronauta musitó: “buena suerte, señor Smith”.

Siguen los linchamientos

La semana pasada me enviaron un video que me turbó tanto, que aún me siento intranquila, confusa, perpleja. En el, una multitud rodeaba a un hombre tirado en la calle a quien muchos pateaban “sigue robando, sigue robando”, decían mientras lo golpeaban. “Quítale la correa y amárrale las manos” sugirió uno. No sé para qué lo iban a amarrar si ya estaba semi inconsciente y sangrando por la cabeza. En el momento en que uno le quitaba la correa, otro se acercó con un enorme tronco de árbol y se lo estrelló contra la cabeza. “Listo… ahí quedó”, sentenció otro. Un hombre con muletas a quien le faltaba una pierna se inclinó a coger la correa. Mientras, un grupo de hombres a quienes sólo se les veían sus sombras, le tomaban fotos o películas. “Ése está muerto ahí, desangrado. Pa´que siga robando, pues”. Nadie trató de evitarlo. Nadie gritó. Nadie se condolió.

Ancianos y olvidados

El lema del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales reza “la seguridad social es tu derecho”. Y es que una persona que ha trabajado toda su vida, lo hace para gozar del derecho de una vejez tranquila. Ése, sin embargo, no es el caso de los pensionados venezolanos.

Mi amigo Ramón J.

Hoy hubiera cumplido cien años Ramón J. Velásquez. Él partió hace dos años: qué suerte la de los venezolanos de tenerlo entre nosotros por tanto tiempo. Periodista, abogado, historiador, hombre de una grandísima cultura, es más fácil decir lo que no hizo que lo que logró. Pero no es del Velásquez público de quien quiero hablar. Es del ser humano, del hombre encantador, del amigo que extraño.

Enrique, Carlos… ¡gracias!

Venezuela es un país de grandes contrastes. De contrastes en todo. En las grandes mentiras y en las grandes verdades. En los actos más viles y en las mejores acciones. En las fiestas más rocambolescas y en la gente comiendo basura. En la capacidad de no ver más allá de las propias narices y en entregarse a los semejantes con absoluto desprendimiento.

Heil, Trump!

Mis sentimientos de miedo y desazón con el triunfo de Donald Trump los resumió brillantemente el periodista Charles Blow al día siguiente del triunfo en un artículo en el New York Times. Blow dice que como hombre de negocios, Donald Trump era un fanático. Como candidato, Donald Trump era un fanático. Como nominado republicano, Donald Trump era un fanático. Y sólo puede asumir que como presidente, Donald Trump también será un fanático.


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