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Opinión

Columnistas

Julio Borges, ese incomprendido

Julio Borges es el mejor ejemplo de que las turbas siguen a quienes las deslumbran y no a quienes las iluminan. He seguido su trayectoria desde que era un joven abogado que conducía por RCTV el programa “Justicia para todos”. Quise saber más de él y supe de su interés en despartidizar la justicia, cosa que me interesó. En un país donde la justicia tiene precio, cualquier cosa puede pasar. Y no se equivocó el joven abogado a la luz de lo que estamos viviendo hoy, cuando el presidente del máximo tribunal de justicia es un individuo con prontuario.

El gobierno, las sanciones…

Me gustaría que los personeros del gobierno se mostraran preocupados por la salud de los venezolanos tanto como les preocupan las sanciones. Que se ocuparan de proveer los medicamentos que no hay y que acepten declarar la emergencia humanitaria. Cada día son más las personas que mueren de mengua. Esas personas no fallecieron de muerte natural: fueron asesinadas por un régimen que no le importa nada ni nadie. ¡Qué contradicción!: fueron asesinadas por el régimen que llegó al poder llenándose la boca cuando hablaba de los ignorados, de los que vivían al margen de la sociedad. Hoy ignora y margina a todos. Ésta es una revolución autodenominada “humanista” y los sinónimos de esta palabra encierran conceptos como consideración, benevolencia, piedad, caridad, misericordia, compasión, bondad, filantropía, sensibilidad, amor… Entonces… ¡hagan honor a su “razón de ser”!

Esa Venezuela 2.0

Viví en Maracay, Estado Aragua, durante 21 años. Durante ese periodo entendí que aquello que decían los caraqueños que “Venezuela es Caracas y lo demás, monte y culebra” es una falacia. Porque Venezuela es lo que está saliendo de Caracas, ya sea por Tazón, Guarenas o La Guaira. Todo, excepto Caracas. Lo mismo sucede con la Venezuela 2.0, donde se generaliza lo que se lee en las redes, pero ésa tampoco es Venezuela. Me niego a creer que sea una muestra de cómo actúa y siente el resto del país.

El héroe que no reconocí

¡Qué difícil escribir sobre Óscar Pérez! Confieso que me encuentro entre quienes dudamos de las verdaderas intenciones, respaldo y metas que el joven tenía. ¡Es que era demasiado para ser real! ¡Era osado, valiente y encima, guapo! Parecía salido de una película de acción. Cuando voló el helicóptero y lanzó bombas sobre el Ministerio del Interior y Justicia y el Tribunal Supremo (sin bajas que lamentar) en una operación impecable que duró media hora sin que nadie saliera a buscarlo y le dijera “aterriza o te tumbamos”, era algo así como un James Bond venezolano. Pero el mismo hecho de que no lo hubieran atrapado en aquel momento, me hizo dudar…

Sobre lo que nadie habla

Está circulando el video de un fragmento de una entrevista que Marcel Granier le hizo a Luis Alberto Machado hace unas tres décadas. En él, Machado decía que “no es que la educación sea una prioridad… ¡la educación es LA prioridad! Con educación se arregla todo, sin educación no se arregla nada”. Sus palabras están hoy más vigentes que nunca.

Lo mejor de nuestras vidas

Hoy recibí un meme de una querida amiga y este artículo es para ella. En el meme aparecen Linus y Lucy, personajes de los Peanuts de Charles Schultz. Linus le dice a Lucy “¡Te deseo un feliz año nuevo!” y Lucy le responde “Me basta con uno usado… ¡de aquellos cuando se vivía mejor!”.

El delito de lesa majestad

La Enciclopedia Jurídica define al delito de lesa majestad como “los delitos contra el rey, la reina y el príncipe heredero de la corona en las naciones monárquicas. Se dice lesa majestad, por haber sido lesionada, moral o materialmente, la majestad simbolizada en el monarca o las personas de su íntima familia”.

Mensaje de Navidad

Ayer fue Navidad y la Navidad en Venezuela siempre ha sido no sólo muy celebrada, sino vivida con auténtica alegría. Ésta no es así. No se parece en nada a las otras. Tal vez sólo se pueda comparar a otra Navidad tristísima, la de 1999, días después de la tragedia de Vargas. Todavía no se sabía la magnitud del desastre y aun así estuvieron llenas de pesadumbre y melancolía. La de 2017 no se queda atrás. La tragedia es otra, con dimensiones mucho mayores. No es una catástrofe natural, como fue aquella, sino el producto de la corrupción, la desidia y la mala administración de un grupo de personas a quienes el país les importa poco o nada. Lo vieron simplemente como la caja chica de sus negocios personales. Y la mayoría del pueblo lo está padeciendo.

Dulce de lechosa para el alma

Las Navidades venezolanas nos han dejado bellas –y deliciosas- tradiciones. Una de ellas es el dulce de lechosa. No hay cosa más rica que saborear uno después de comerse las hallacas de la mamá o de la abuela. Este año muchas familias dejarán de comer hallacas porque no les alcanza el dinero. Tal vez la primera vez en muchos años o en su vida entera. La hiperinflación acabará con nuestras Navidades y todo lo que pueda significar celebración. Más cuando la mayoría de nuestros festejos –tal vez por nuestra herencia mediterránea- se llevan a cabo alrededor de una mesa. Muchos venezolanos no podrán celebrar porque no tienen comida ni dinero para comprarla.

Mi peniario, el tuyo, el suyo

La periodista Ana Black está escribiendo un “peniario”: la relación del diario penar en revolución. Un diario que podríamos escribir todos los venezolanos de a pie, que penamos para salir a la calle sin que nos asalten o nos maten, para encontrar productos, para localizar medicinas, para estirar nuestro dinero, que cada vez compra menos cosas.

“¡Yo, yo y yo!”

La soberbia de algunos de nuestros políticos la hemos pagado muy cara en Venezuela. Sin embargo, el “¡yo, yo y yo!” continúa a la orden del día. “¡Yo, yo y yo soy el único que puede remediar esto!”. “¡Yo, yo y yo soy la única que sabe qué hacer en esta situación porque los demás son unos idiotas!”. “¡Yo, yo y yo soy el candidato ideal!”. “¡Yo, yo y yo soy la que va a ganar estas elecciones, aunque haya veinte candidatos más!”. No tengo que seguir en la retahíla, lo hemos vivido muchas veces. Me encanta una cita de C.S. Lewis que dice: “Las personas soberbias siempre miran hacia abajo a las personas y a las cosas. Por supuesto, si miran hacia abajo, nunca podrán ver a quienes tienen por arriba”.

“¿Quién podrá defendernos?”

Una de las características principales de los pueblos subdesarrollados es la constante búsqueda de líderes que resuelvan todos sus problemas. Ahí está el nuevo presidente de Zimbabue ofreciendo villas y castillos. Y la gente fascinada. No quiero sonar fatalista, pero lo más seguro es que terminen estrellados contra la pared. Ciertamente que hay nuevos aires en el país africano después de una férrea dictadura como la de Mugabe, pero ofrecer lo que no se puede dar en lo que puede terminar es en otro Mugabe o en alguien peor. Nadie aprende la lección de que el fondo no tiene fondo. Veremos cuánto dura este gobierno antes de radicalizarse o caer. Demasiadas promesas, nada bueno bajo el sol.

El subdesarrollo fue al banco

Una de las cosas más desagradables de la Venezuela de hoy es ir al banco. La diligencia que antes tomaba media hora, ahora toma tres, cuatro o más horas, para obtener si acaso diez mil bolívares, que alcanzan para comprar un solo Cocosette. Maduro se llenó la boca diciendo que habían llegado treinta millones de billetes de cien mil, quizás sin darse cuenta de que eso es apenas un billete por cabeza en un país de treinta millones de almas. Encima, el billete de mayor denominación en el país no compra prácticamente nada.

¡ Piedad para ellos !

Es una tragedia la que viven los trasplantados y quienes esperan por un trasplante. Muchos trasplantados han perdido o están a punto de perder los órganos porque en Venezuela no hay inmunosupresores. Durante mucho tiempo tomaron Prednisona veterinaria, pero ya ni eso hay. Desde el día uno en que se dejan de tomar, el cuerpo comienza el proceso de rechazo, hasta que éste se hace irreversible. La revolución “de los pobres, por los pobres y para los pobres” está matando a quienes menos recursos tienen. Porque habrá quienes los puedan traer o encargar al exterior. Pero la mayoría, no. Y eso contando con que no se los decomisen cuando llegan a Venezuela, como les ha pasado a tantas personas.

Te voy a contar un sueldo

Por quinta vez en el año, Nicolás Maduro aumentó tu sueldo, trabajador venezolano. El que lo haya aumentado tantas veces sólo significa que estamos dentro de una espiral de hiperinflación y que cada vez que te lo aumenta, puedes comprar menos cosas. Porque mientras tu sueldo sube linealmente, los precios suben exponencialmente. Eso no significa otra cosa que si hace un año con un sueldo x podías comprar 10 productos, hoy, con un sueldo 10 veces x puedes comprar una sola cosa, si acaso. No importa entonces cuánto te paguen. Lo que importa es cuánto puedes comprar con lo que te pagan. ¿Me sigues?...

¿Por qué escribo?

La semana pasada, en un caluroso debate por Twitter sobre el fracaso de las elecciones regionales, un señor me instó a que reconociera que me había equivocado llamando a votar, porque así “ganaría más” con mis seguidores. Si me equivoqué llamando a votar –aún pienso que no- bienvenido y abierto el debate. Siempre agradezco a quienes se acercan a rebatir mis ideas a través de un debate de altura. No me siento poseedora de la verdad y tampoco deseo un pensamiento único. A lo que sí le huyo es a las descalificaciones y groserías, porque estoy convencida de que la confrontación debe ser de ideas y no de personas.

Levantarnos una vez más

En poco más de una semana se cumplirán 43 años de “The Rumble in the Jungle” (“La Pelea en la Selva”). El 31 de octubre de 1974 se llevó a cabo en Zaire (hoy República Democrática del Congo) una “batalla” de boxeo épica. Para muchos entendidos, está considerada la mejor de todos los tiempos: Muhammed Ali contra George Foreman.

Aquí estamos y aquí seguimos

Yo que he sido educadora puedo asegurar que un comunicador es, de cierta manera y con muchos más alumnos, un maestro. El buen comunicador resulta una luz en la oscuridad. No quiero mencionar nombres porque no quiero caer en la injusticia de no nombrar a alguien que lo merezca, pero me llena de orgullo pertenecer a un gremio donde hay más apóstoles que Judas. Ser comunicador en la Venezuela de hoy es un riesgo que se asume día a día.

Parir en Venezuela

Mi papá era médico. Cuando yo era una niña, por allá por los años sesenta, siempre lo escuché decir que si uno tenía cualquier tipo de emergencia era mejor que lo llevaran a un hospital público, porque estaban mejor dotados que los privados. Hoy suena como un chiste de pésimo gusto. El suero anti-alacránico, por ejemplo, era seguro conseguirlo en un hospital, no en una clínica privada. Mi papá trabajó buena parte de su vida en el Instituto de Medicina Tropical de la UCV y se sentía orgullosísimo del Hospital Universitario. Más cerca en el tiempo, cuando mi hija mayor se enfermó en los años ochenta, hubo unos exámenes muy específicos que sólo los hacían allí. Y allí la llevé y se los hicieron. Había mucha gente, pero a todos nos atendieron. En la sala de espera había puesto para todos. Los equipos funcionaban y los resultados de los exámenes los entregaron en la fecha ofrecida.

¡ Esto tiene que cambiar !

Hace cuatro días fui al supermercado. Tenía tres semanas sin ir, pero me sentí como si me hubiera quedado dormida durante años y regresara luego a un sitio donde todo me resultaba ajeno. Los precios, en particular.

Argumentos falaces

En ocasiones pienso que por unos segundos me gustaría entrar en la mente de quienes activamente promueven la abstención electoral. Me gustaría saber qué hay en sus mentes. Escudriñar sus maneras de pensar. Analizar sus razonamientos. Porque desde afuera, todos los argumentos que les escucho son falaces. Son manipuladores. Son viscerales. Y ninguno, ninguno, da las razones convincentes y contundentes por las que deberíamos abstenernos de participar en las elecciones regionales.

¡Sin carnet no hay salud!

Los derechos fundamentales de todo ser humano son el derecho a la vida, a la libertad y a la igualdad. Dentro del derecho a la vida está incluido el derecho a la salud. Y dentro del derecho a la salud está implícito el derecho a la igualdad: “el goce del grado máximo de salud es uno de los derechos fundamentales del ser humano, sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social” (Constitución de la Organización Mundial de la Salud).

Lo que ellos quieren…

Lo que ellos quieren es atemorizarte. Que tengas tanto miedo que no hables, no salgas, no te muevas. Paralizado eres mucho más dominable. No opinas, no te quejas, no sales a protestar. Ellos quieren que no pienses, no planees, no actúes. Calladito, encerrado en tu casa, eres mucho más útil para la revolución.

Y la culpa es de…

“Errar es de humanos. Echarle la culpa a otro, es política”. Esta máxima de Hubert Humphrey identifica perfectamente al gobierno venezolano. Es cierto que muchos gobiernos usan la táctica de culpar a otros de sus fallas o fracasos, pero al venezolano se le pasó la mano. Por largo, por ancho y por profundo. Sin embargo, no extraña, si tomamos en cuenta que el modelo a seguir es el cubano. Los hermanos Castro llevan casi sesenta años culpando al bloqueo estadounidense de todo lo malo que sucede en la isla. Estoy segura de que si no hubiera habido el bloqueo americano, los cubanos hubieran buscado otro culpable, como suele suceder en los regímenes fascistas.

La gira cancelada

Quien asesora a Nicolás Maduro pareciera ser su peor enemigo. Haber cancelado la gira de la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela a los Estados Unidos fue un exabrupto que hizo aparecer al jefe del estado como un inculto, por decir lo menos. Me imagino que a él eso no le importa, pero al país que quiere superarse, que cree en los valores que provienen de la cultura, sí. Y es que la cultura es la bandera de presentación de un país y para nosotros los venezolanos que nos conozcan y nos reconozcan por El Sistema es algo que nos llena de orgullo. Y eso debería pasarnos a todos, empezando por Maduro. Pero no, el señor optó porque lo sigan reconociendo por sus desaciertos y su incultura, sus tropelías y sus constantes violaciones a los derechos humanos. Mala cosa.


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