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El subdesarrollo fue al banco

Una de las cosas más desagradables de la Venezuela de hoy es ir al banco. La diligencia que antes tomaba media hora, ahora toma tres, cuatro o más horas, para obtener si acaso diez mil bolívares, que alcanzan para comprar un solo Cocosette. Maduro se llenó la boca diciendo que habían llegado treinta millones de billetes de cien mil, quizás sin darse cuenta de que eso es apenas un billete por cabeza en un país de treinta millones de almas. Encima, el billete de mayor denominación en el país no compra prácticamente nada.

¡ Piedad para ellos !

Es una tragedia la que viven los trasplantados y quienes esperan por un trasplante. Muchos trasplantados han perdido o están a punto de perder los órganos porque en Venezuela no hay inmunosupresores. Durante mucho tiempo tomaron Prednisona veterinaria, pero ya ni eso hay. Desde el día uno en que se dejan de tomar, el cuerpo comienza el proceso de rechazo, hasta que éste se hace irreversible. La revolución “de los pobres, por los pobres y para los pobres” está matando a quienes menos recursos tienen. Porque habrá quienes los puedan traer o encargar al exterior. Pero la mayoría, no. Y eso contando con que no se los decomisen cuando llegan a Venezuela, como les ha pasado a tantas personas.

Te voy a contar un sueldo

Por quinta vez en el año, Nicolás Maduro aumentó tu sueldo, trabajador venezolano. El que lo haya aumentado tantas veces sólo significa que estamos dentro de una espiral de hiperinflación y que cada vez que te lo aumenta, puedes comprar menos cosas. Porque mientras tu sueldo sube linealmente, los precios suben exponencialmente. Eso no significa otra cosa que si hace un año con un sueldo x podías comprar 10 productos, hoy, con un sueldo 10 veces x puedes comprar una sola cosa, si acaso. No importa entonces cuánto te paguen. Lo que importa es cuánto puedes comprar con lo que te pagan. ¿Me sigues?...

¿Por qué escribo?

La semana pasada, en un caluroso debate por Twitter sobre el fracaso de las elecciones regionales, un señor me instó a que reconociera que me había equivocado llamando a votar, porque así “ganaría más” con mis seguidores. Si me equivoqué llamando a votar –aún pienso que no- bienvenido y abierto el debate. Siempre agradezco a quienes se acercan a rebatir mis ideas a través de un debate de altura. No me siento poseedora de la verdad y tampoco deseo un pensamiento único. A lo que sí le huyo es a las descalificaciones y groserías, porque estoy convencida de que la confrontación debe ser de ideas y no de personas.

Levantarnos una vez más

En poco más de una semana se cumplirán 43 años de “The Rumble in the Jungle” (“La Pelea en la Selva”). El 31 de octubre de 1974 se llevó a cabo en Zaire (hoy República Democrática del Congo) una “batalla” de boxeo épica. Para muchos entendidos, está considerada la mejor de todos los tiempos: Muhammed Ali contra George Foreman.

Aquí estamos y aquí seguimos

Yo que he sido educadora puedo asegurar que un comunicador es, de cierta manera y con muchos más alumnos, un maestro. El buen comunicador resulta una luz en la oscuridad. No quiero mencionar nombres porque no quiero caer en la injusticia de no nombrar a alguien que lo merezca, pero me llena de orgullo pertenecer a un gremio donde hay más apóstoles que Judas. Ser comunicador en la Venezuela de hoy es un riesgo que se asume día a día.

Parir en Venezuela

Mi papá era médico. Cuando yo era una niña, por allá por los años sesenta, siempre lo escuché decir que si uno tenía cualquier tipo de emergencia era mejor que lo llevaran a un hospital público, porque estaban mejor dotados que los privados. Hoy suena como un chiste de pésimo gusto. El suero anti-alacránico, por ejemplo, era seguro conseguirlo en un hospital, no en una clínica privada. Mi papá trabajó buena parte de su vida en el Instituto de Medicina Tropical de la UCV y se sentía orgullosísimo del Hospital Universitario. Más cerca en el tiempo, cuando mi hija mayor se enfermó en los años ochenta, hubo unos exámenes muy específicos que sólo los hacían allí. Y allí la llevé y se los hicieron. Había mucha gente, pero a todos nos atendieron. En la sala de espera había puesto para todos. Los equipos funcionaban y los resultados de los exámenes los entregaron en la fecha ofrecida.

¡ Esto tiene que cambiar !

Hace cuatro días fui al supermercado. Tenía tres semanas sin ir, pero me sentí como si me hubiera quedado dormida durante años y regresara luego a un sitio donde todo me resultaba ajeno. Los precios, en particular.

Argumentos falaces

En ocasiones pienso que por unos segundos me gustaría entrar en la mente de quienes activamente promueven la abstención electoral. Me gustaría saber qué hay en sus mentes. Escudriñar sus maneras de pensar. Analizar sus razonamientos. Porque desde afuera, todos los argumentos que les escucho son falaces. Son manipuladores. Son viscerales. Y ninguno, ninguno, da las razones convincentes y contundentes por las que deberíamos abstenernos de participar en las elecciones regionales.

¡Sin carnet no hay salud!

Los derechos fundamentales de todo ser humano son el derecho a la vida, a la libertad y a la igualdad. Dentro del derecho a la vida está incluido el derecho a la salud. Y dentro del derecho a la salud está implícito el derecho a la igualdad: “el goce del grado máximo de salud es uno de los derechos fundamentales del ser humano, sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social” (Constitución de la Organización Mundial de la Salud).

Lo que ellos quieren…

Lo que ellos quieren es atemorizarte. Que tengas tanto miedo que no hables, no salgas, no te muevas. Paralizado eres mucho más dominable. No opinas, no te quejas, no sales a protestar. Ellos quieren que no pienses, no planees, no actúes. Calladito, encerrado en tu casa, eres mucho más útil para la revolución.

Y la culpa es de…

“Errar es de humanos. Echarle la culpa a otro, es política”. Esta máxima de Hubert Humphrey identifica perfectamente al gobierno venezolano. Es cierto que muchos gobiernos usan la táctica de culpar a otros de sus fallas o fracasos, pero al venezolano se le pasó la mano. Por largo, por ancho y por profundo. Sin embargo, no extraña, si tomamos en cuenta que el modelo a seguir es el cubano. Los hermanos Castro llevan casi sesenta años culpando al bloqueo estadounidense de todo lo malo que sucede en la isla. Estoy segura de que si no hubiera habido el bloqueo americano, los cubanos hubieran buscado otro culpable, como suele suceder en los regímenes fascistas.

La gira cancelada

Quien asesora a Nicolás Maduro pareciera ser su peor enemigo. Haber cancelado la gira de la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela a los Estados Unidos fue un exabrupto que hizo aparecer al jefe del estado como un inculto, por decir lo menos. Me imagino que a él eso no le importa, pero al país que quiere superarse, que cree en los valores que provienen de la cultura, sí. Y es que la cultura es la bandera de presentación de un país y para nosotros los venezolanos que nos conozcan y nos reconozcan por El Sistema es algo que nos llena de orgullo. Y eso debería pasarnos a todos, empezando por Maduro. Pero no, el señor optó porque lo sigan reconociendo por sus desaciertos y su incultura, sus tropelías y sus constantes violaciones a los derechos humanos. Mala cosa.

La maldad por su nombre

El frenesí del fanatismo. Esta semana hemos visto a los fanáticos en acción. En Venezuela ya se ha hecho usual ver y oír a los personeros del chavismo que están dispuestos a llegar donde sea y como sea con tal de permanecer en el poder. Las fuerzas de seguridad del estado, según denuncia del gobernador Guarulla, masacraron a 37 personas en el Centro de Detención Penal de Puerto Ayacucho. Nadie se ha pronunciado, nadie se ha condolido, como sí se han pronunciado y condolido por los actos terroristas de Charlottesville, Barcelona y Cambrils. En Venezuela nos acostumbramos a la injusticia, la violencia, la muerte...

¡Gracias por tanto!

Este fin de semana tuve dos visitas en mi programa de radio en el Circuito Éxitos de Unión Radio que me pusieron a flotar por encima de la violencia, las mezquindades y las miserias humanas que marcan nuestro día a día. Me sentí reconfortada, animada, ¡feliz! Me he propuesto buscar las cosas que me hagan la vida más grata. Las cosas que me hagan olvidar por momentos la crudeza de nuestra realidad. Paso largos ratos viendo las flores en distintos lugares de la ciudad. Las fotografío. Me extasío con las guacamayas que hacen vida en nuestra metrópoli. Voy a los conciertos y al teatro cada vez que puedo. Me reúno con amigos inteligentes, ésos suyas conversaciones son inteligentes y gratas. En fin, estos años desoladores me han enseñado que la felicidad está en las pequeñas cosas y que hay que buscarlas. Y buscándolas, uno encuentra grandes cosas, como me pasó a mí ayer y antier.

“Bajarle dos” a la intensidad

Sí da mucha rabia. Sí es injusto. Sí es inconstitucional. Sí es marrullero. Sí es, sí es, sí es. Pero como “es”, hay que pensarlo con frialdad. Vuelvo a usar esa ilustrativa cita “no hagas promesas cuando estés feliz, no tomes decisiones cuando estés triste y no respondas cuando estés enojado”.

La que nunca se rinde

La bisabuela de Clara nació cuando Venezuela era un país rural, atrasado y pobre. Su familia cultivaba café en el Táchira. Habían subido desde Barinas en la época de la Guerra Federal, justo antes de que Zamora y sus huestes arrasaran con su pueblo, en el que no quedó hombre vivo ni mujer que no hubiera sido violada. No eran pobres, pero tampoco eran ricos. Campesinos como casi todo el resto del país, trabajaban de sol a sol. De once hermanos nacidos vivos, habían sobrevivido cinco. A dos se los llevó la fiebre amarilla, uno murió de “cólico miserere” –aparentemente apendicitis- y los otros tres de distintas infecciones en una época cuando no había antibióticos.

Esas sillas vacías

Una foto que circuló esta semana por las redes hasta volverse viral mostraba a una silla vacía con la bandera de Venezuela extendida en el respaldar y sobre ella, un diploma y una cajita con un anillo. Era la silla del joven Cristian Alexander, quien está preso por protestar, como tantos otros jóvenes que exponen sus vidas para tener un país donde el futuro no les sea conculcado. La novia de Cristian decidió que ése era un homenaje adecuado para el muchacho el día que no pudo asistir –como debería haber sido- a su graduación de bachiller.

El principio de un reto

Escribo este artículo el jueves 13 de julio. No sé qué habrá pasado ayer domingo 16, pero intuyo que la población se volcó a participar en la consulta popular y que el gobierno hizo lo que pudo para impedirlo. Una consulta consagrada en la Constitución se convierte en una piedra de tranca que hay que impedir o boicotear cueste lo que cueste.

La alta “suciedad”

La frase no es mía, pero la suscribo desde la “a” hasta la “z”. La corrupción se ha apoderado de Venezuela. No es sólo el gobierno, que ciertamente ha incurrido en robos y desfalcos gigantescos, que ha dejado como niños de pecho a todos los corruptos del pasado. Las cifras que se conocen hablan de miles de millones de dólares. Números tan grandes que para imaginarlos o escribirlos hay que hacer un esfuerzo, por la cantidad de ceros. Ni hablar si los traducimos en bolívares.

De rodillas, esposados y gaseados

El jueves 29 de junio, la “gloriosa” Guardia Nacional Bolivariana, esa cuya divisa es el “honor”, detuvo a varios muchachos estudiantes de la Universidad Simón Bolívar que estaban protestando en El Rosal. Los esposaron y los arrodillaron. Luego los metieron en un camión cava, lanzaron bombas lacrimógenas adentro y trancaron con candado.

Pompeyo

Se fue tranquilo, en paz con su vida inquieta. Pompeyo Márquez fue un hombre de una verticalidad como pocas, consecuente en pensamiento y acción. Cuando creyó en el comunismo fue comunista aguerrido y combatiente. Cuando se dio cuenta de que el comunismo no servía, fue su más fiero adversario. Tuvo el coraje que les falta a muchos para reconocer públicamente que se había equivocado y con la sencillez que lo caracterizaba, dio un giro de ciento ochenta grados y tomó la ruta de regreso. Su experiencia de vida lo convenció de que no había mejor modelo que la democracia y por ella luchó hasta el último día, cuando su pensamiento fue para y por la democracia en Venezuela.

Convertirse en lo que se detesta

El miércoles pasado, un grupo de personas que asistían al plantón se refugió en los espacios del CCCT, huyendo de la persecución de la GNB. Entrando al centro comercial se toparon con un señor que caminaba hacia la salida, trajeado de flux y corbata. Nadie lo conocía, pero casi de inmediato, comenzaron los gritos y la andanada de insultos: “¿Y tú qué estabas haciendo mientras nosotros protestábamos?... ¡Seguro que eres un enchufado, comiendo en un restaurante cuando aquí la gente se muere de hambre!... ¡Sinvergüenza, el %$%/# de tu madre, hijo de @$%!”.

“U.R.C.S.B.”

¿Quieres vivir en un país donde un grupito de personas decide cómo, cuándo y dónde vas a ser y hacer? ¿En un país donde disentir sea razón para que te persigan, criticar sea un crimen y militar en un partido político distinto al del status quo una traición a la patria?

“Dame una buena noticia”

El miércoles de la semana pasada el periodista Alexis Correia pedía en su muro de Facebook que alguien le diera una buena noticia. Si las noticias representan un agobio para cualquier venezolano, son en verdad enloquecedoras para un periodista. Primero, porque tiene acceso a mucha más información y segundo, porque una vez ratificadas, debe ahondar en ellas. Y ahondar significa encontrarse frente a frente con el perro mundo.


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