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Opinión

Columnistas

Don Andrés Bello, el bisabuelo de piedra

A Alfredo Coronil ¡Qué inmensa fortuna para Andrés Bello haberse quedado varado en Londres y no haber contado con el beneplácito y respaldo de su contemporáneo y discípulo Simón Bolívar para volver a Venezuela! ¡Qué feliz azar de su destino verse obligado a pasar hambre y penurias, soledad y miserias en la pérfida Albión y evitarse así, contra su propia voluntad, los espantosos desastres de la guerra y los más desastrosos primeros años de la Segunda República! ¡Qué feliz jugarreta del destino haberse visto obligado a atenuar sus penurias sirviendo de humilde y mal pagado escribano al servicio del embajador de Chile en Londres, el guatemalteco Irisarri, y haber pasado luego a servir a su sucesor en la legación, el patricio chileno don Mariano Egaña, que lo viera primero con gran desconfianza, para tomarle luego un afecto convertido en familiar cariño, hasta llevárselo finalmente consigo a Santiago de Chile, esa “fértil provincia y señalada, de la región Antártica famosa”, que cantara don Alonso de Ercilla y Zúñiga. Lo esperaba una vida inmensamente fructífera y provechosa, el encumbramiento a las más insignes alturas de las letras, las leyes y la política chilenas y echar hondas raíces en el seno del patriciado sureño, hasta convertirse en el ideólogo y jurista del emergente aparato de Estado chileno y el más insigne protector y promotor de sus artes, sus letras y su cultura. Con su discreción, su sobriedad, su disciplina, su inagotable espíritu de servicio y su portentosa cultura sería el perfecto “intelectual orgánico” del Estado Nacional fundado por su compadre y estrecho amigo, Diego Portales. Y el consejero y principal asesor de todos los presidentes chilenos, hasta su muerte.

A María Corina Machado: de colaboradores y quintacolumnas

Enrique Ochoa Antich le ha escrito bajo la cortés apariencia de una “carta abierta” una requisitoria a María Corina Machado digna de figurar en un manual del perfecto colaborador y quinta columnista de la dictadura: la acusa del pecado capital de boicotear el diálogo entre Nicolás Maduro y la MUD, según él única, inexorable y la más perfecta y deseable de las vías para resolver la agonía que sufre la república y que él reduce a un mero desentendimiento entre ambos términos, la oposición y el gobierno. Para legitimar lo cual se sirve de los clásicos ejemplos de dictaduras cercanas – si bien se cuida, como todos sus congéneres, por cierto, de caracterizarlas, evadiendo así el meollo del asunto - que habrían dejado el poder gracias a esa fórmula mágica de sentar a los contendientes en una mesa redonda para discutir sus diferencias y terminar en el mejor de los acuerdos: un abrazo, el desalojo del tirano y la entronización de los demócratas. Ya Eduardo Fernández le ha estado llevando aguas a ese molino e la mano del dictador polaco Jaruselsky. Sólo le faltó el inolvidable epílogo de los cuentos infantiles: “y bajaron a la playa, comieron perdices y fueron felices”. Happy End. Un clásico ejemplo de la descerebrada izquierda borbónica, para usurpar el selfie de su maestro Teodoro Petkoff.

Suffragio, ergo sum. Voto, luego existo

Votar, qué duda cabe, constituye uno de los más entrañables rituales de la democracia. Pero ni es su principal condición de existencia ni la definitoria. Muchísimo menos su condición suficiente. Sin excepción ninguna, en todas las dictaduras también se ha votado. Hayan sido o sean de izquierdas o de derechas. De Lenin en adelante. Incluso en la cubana. Y, desde luego, en la de Pinochet. No se diga en la de Adolf Hitler, que aunque no llegó al poder en andas de una mayoría electoral – una lección que nuestros sufragistas debían, por lo menos, conocer, asunto respecto del cual tengo las más serias dudas – sino empujado por la trémula decisión de un decrépito, vencido y aterrado Von Hindenburg, a pocos meses de haber asaltado el poder en andas de sus colectivos y disponiendo a sus anchas del atronador poder del estado alemán, todos los medios económicos a su alcance y el implacable terror callejero se haría cómodamente de la mayoría parlamentaria. Para no soltarla jamás. Por cierto: desde el incendio del Reichstag y cuando oponérsele era prueba de un inconsciente heroísmo. Después vino lo inevitable: gobernaría 13 años en andas de un decreto “de defensa del pueblo alemán” y con el respaldo del 99,99% de los ciudadanos. Hasta su muerte. Fin de la farsa.

Sofía Imber, in memoriam

Estaba profundamente fastidiada por su circunstancia. Ser llevada de un lado al otro en silla de ruedas, tener que contar con una asistente para realizar sus tareas más nimias, tal como se lo contara a Diego Arroyo, la fastidiaba hasta extremos insoportables. Imposible de estarse quieta, ella, un volcán en permanente erupción, por lo cual exigía ser paseada por su chofer por las calles de su ciudad dos o tres horas diarias hasta agotar sus ansiedades. Que siempre fueron inagotables.

La MUD, nuestras debilidades estratégicas y la acefalía internacional

Cuando la oposición contó con el mejor equipo de políticos con experiencia en asuntos exteriores de toda su historia – Humberto Calderón Berti, ex ministro de relaciones exteriores y jefe de la Comisión de asuntos internacionales de la Coordinadora Democrática - y un excelente cuerpo de asesores con experiencia diplomática – Fernando Gerbasi, Maruja Tarre, Asdrúbal Aguiar, Adolfo Salgueiro, Reinaldo Figueredo y Diego Arria, entre muchos otros – logró el récord de tener una alta capacidad de convocatoria ante el cuerpo diplomático apostado en Caracas. Que la tenía en alta consideración. Pero ni siquiera así logró quebrar el poderío del régimen chavista en el ámbito internacional: nadie reconocía o avizoraba la naturaleza clara y abiertamente dictatorial del teniente coronel castrista y su garrote y/o beneficencia petrolera entre los mendicantes y pobres países de la región le aseguró un amplio e inquebrantable respaldo de los países caribeños, que le aseguraron una amplia mayoría en el seno de la OEA.

Dictaduras, elecciones y transición

A Leopoldo López Ni la de Cipriano Castro, dictadura travestida de revolución libertadora, salió por elecciones, ni la de de Gómez, que luego de traicionarlo gobernó durante 27 años hasta salir del Poder de muerte natural. Tampoco la de Pérez Jiménez, cuyo derrocamiento y destierro celebramos por estos días. Dos impecables democracias, en cambio, fueron violentamente desalojadas por regímenes dictatoriales: la de Rómulo Gallegos en 1948 y la inaugurada con el Pacto de Punto Fijo y la clamorosa victoria de Rómulo Betancourt, defenestrada aviesa y turbiamente, mediante un golpe en cámara lenta que ha tardado 25 años en venir a escorarse en esta crisis humanitaria, con el estúpido e incomprensible consentimiento cívico militar golpista y la complacencia de las élites a partir del 4 de febrero de 1992.

¿Y la MUD?

A Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma Tras transitar durante algunos años el desierto de la desunión y la orfandad, luego de la intempestiva, irreflexiva y desgraciada disolución de la Coordinadora Democrática, que cumpliera un papel fundamental sabiendo articular a la sociedad civil y a los partidos políticos, dos fuerzas políticas propusieron y empujaron a la creación de una instancia unitaria, con el fin de coordinar la participación electoral opositora y, superando diferencias de forma y fondo, contribuyera a sacarle el mayor provecho posible a los procesos electorales que deberíamos enfrentar en el inmediato futuro. El desiderátum era obtener consensos en torno a los candidatos eventuales y, si nos fuera posible, poder presentarlos bajo una sola consigna, un solo emblema, una sola organización.

Behemot en lontananza

La experiencia histórica enseña que, por lo menos, una vez por siglo aparece un monstruo apocalíptico en el panorama de los pueblos. Behemot, lo llamó la Biblia. Sin que ello signifique que baste y sobre: el siglo XX ha de haber sido el siglo más prolífico en monstruos apocalípticos, de todo tamaño y todo formato. Estrictamente nacionales y hasta con apetencias de dominio universal.Inglaterra y los Estados Unidos, las grandes excepciones a la regla. Gracias a lo cual nos salvaron del gran monstruo bicéfalo totalitario.

El fin de las ilusiones, la hambruna y los militares

1 Leo a media semana dos artículos verdaderamente demoledores, aparentemente distantes en su temática y su objeto, pero sin ninguna duda profundamente emparentados pues se refieren a dos graves crisis: la crisis estructural, económica, política y moral que afecta a la globalización y el orden internacional sustentado sobre los resultados de la Segunda Guerra Mundial, el primero de ellos; y porque el segundo desnuda en toda su crudeza y horror el papel jugado, según su autor, por quienes obtienen provecho en la generación y aprovechamiento de la hambruna que sufre el pueblo venezolano en estos días aciagos de los tiempos que vivimos: las fuerzas armadas.

La iglesia ante el presente

“Por tanto, restituir a Pablo a su contexto mesiánico significará para nosotros ante todo intentar comprender el sentido y la forma interna del tiempo que Pablo define como ho nyn kairós, el “momento presente”. Giorgio Agamben, El tiempo que resta, Comentario a la carta a los romanos.[1] En sus palabras inaugurales ante la Conferencia Episcopal Venezolana, Monseñor Diego Padrón realizó una síntesis crítica, con sentido evidentemente apostólico, de lo que Pablo en su Epístola a los Romanos llama ho nyn kairós: el momento presente. Con una perspectiva histórica, posiblemente la más aguda, acuciosa y angustiante que haya expresado la Iglesia venezolana desde los tiempos de la famosa homilía de Monseñor Arias Blanco, cuando saliera en defensa de la felicidad de su feligresía, humillada, escarnecida, perseguida, encarcelada, amenazada de muerte y asesinada por los esbirros de la penúltima dictadura venezolana, la del general de ejército Marcos Pérez Jiménez. Con ello, ha acompañado a su Iglesia, nuestra Madre Iglesia, a su más auténtica y mesiánica vocación paulista: pre-ocuparse por el tiempo que resta. No el tiempo de la postergación, la apatía y la claudicación que esperan a que los problemas se resuelvan solos o se los enfrente cuando ya el enfrentamiento es innecesario, sino el que golpea preñado de urgencias ante nuestra puerta, hurga en la basura para alimentarse y poder sobrevivir, carga con sus cadáveres como María con Cristo o pregunta, consumido por la duda y la desesperación: Dios mío, Padre mío, ¿por qué me has abandonado?

El fujimorazo de Chúo y la profecía autocumplida

Le di mi respaldo pensando que era el más veterano de nuestros parlamentarios – un vetusto sobreviviente de la democracia liberal, se había criado entre tiburones y sabría pescar en las pantanosas y traicioneras aguas del poder de esta extraña dictadura. Confieso mi error. Era el más veterano, pero no el más diablo. Que según la conseja es más sabio por viejo que por diablo. De todas sus ejecutorias la más resonante fue la más inútil: sacar ese bolívar esperpéntico parido por la estética de la zarrapastra chavofascista del hemiciclo. Todo lo demás ha sido un preparado jubiloso de agua de borrajas. Con un saldo nefasto: el denuncismo ante festum. Denunciar las tragedias de que seremos inevitablemente víctimas. Sin que la prevención nos haya curado de los males ya existentes. De los que en rigor, esta Asamblea no se ha ocupado como esperamos lo hiciera los millones de electores que la elegimos.

Sra. Imber, genio y figura

A Adriana Meneses y Beatrice Rangel En una proeza de alquimia y empatía sin igual, el joven escritor venezolano Diego Arroyo Gil, ya consagrado por su extraordinaria biografía de Simón Alberto Consalvi, uno de nuestros más prolíficos, cultos y lúcidos polígrafos, políticos y diplomáticos, ha logrado lo que bordea la magia: internarse en ese rico laberinto de historia, vivencias y experiencias existenciales de una de las más destacadas mujeres de nuestro siglo XX venezolano, Sofía Imber. El resultado es un libro de confesiones redactado en primera persona, sin que a quienes conocemos y amamos a esa extraordinaria mujer podamos distinguir donde comienza la personalísima voz de Sofía y dónde termina la brillante pluma de nuestro joven escritor. Sencillamente deslumbrante.

La moral pública, nuestra gran falencia

Moral y luces son nuestras primeras necesidadesSimón Bolívar A Luis Ugalde, s.j. Hace 39 años, cuando llegara a esta tierra de gracia – por entonces lo era y repartía sus dones a raudales con una generosidad sin límites – quise saber qué diferenciaba a adecos de copeyanos que se turnaban en el gobierno y compartían el poder, controlando la totalidad de las instituciones, de magistrados a diputados y de generales a senadores. La respuesta me dejó estupefacto. Aparentemente no tenía nada que ver con ideologías ni otras señas idiosincráticas de índole política, como las que dividen en Estados Unidos a demócratas de republicanos, en España a socialistas de populares o en América Latina a derechistas de izquierdistas. “Los adecos roban y dejan robar. Mientras que los copeyanos roban sólo ellos y para ellos” – fue la respuesta, al unísono. Unos eran corruptos solidarios, los otros eran corruptos mezquinos. Pero corruptos, lo eran ambos. Lo que en el fondo poco importaba. El petróleo daba para todo.

desalojo o desaparición

A) EL DIAGNÓSTICO 1.- El Estado de bienestar financiado por el rentismo petrolero y la democracia subvencionada cayó en una crisis estructural a mediados del ciclo liberal democrático de Punto Fijo. Con dos graves consecuencias inmediatas: la devaluación del bolívar, que repotenció la crisis y la desafección de las clases medias y altas, comprometidas con el mantenimiento del sistema más por lucro y beneficios que otorgaba el Estado rentista que por auténticas convicciones democráticas. Fueron la masa crítica del golpismo civil: de los notables a jueces, fiscales, académicos y columnistas.

entre la espada y la pared

El estruendoso fracaso del último diálogo – una vez más – ha venido a poner dramáticamente de manifiesto las graves y aparentemente insuperables limitaciones estratégicas de la MUD y los partidos que la controlan: AD, PJ, UNT y la agrupación larense de Henry Falcón. Sirven al fin de coordinar sus pretensiones electorales, pero no sirven a la histórica necesidad del pueblo venezolano por liberarse de las cadenas de la dictadura, superar los impases estructurales del estatismo rentista e impedir que avance y se consolide en un sistema de dominación totalitario, semejante a los dominantes en las dictaduras del bloque soviético durante las décadas de Guerra Fría: sedicentes democracias populares con la bendición de algunos partidos clericales y de centro, disminuidos hasta la caricatura y tolerados como “compañeros de ruta” del comunismo, así como la iglesia protestante y/o católica consentidas mientras no intervinieran en los asuntos públicos.

Fidel Castro Ruz

Cuando el 30 de abril de 1945, a diez días de haber cumplido los 56 años, el mundo se enteró de la muerte de Adolfo Hitler, nadie osó manifestar sus condolencias. Por supuesto: Pío XII mantuvo el más solemne silencio. ¿Cómo el papa de la cristiandad iba a expresar su pesar por la muerte de un asesino serial, responsable de la mayor conflagración mundial de la historia y del aberrante holocausto de seis millones de judíos? ¿Cómo iban a expresar algún signo de dolor quienes tenían perfecta conciencia de que había sido un tirano, de que impulsado por sus odios y atávicos rencores había llevado a su pueblo al peor desastre de su historia, empujando a la humanidad al borde de su abismo? ¿Cómo atribularse por la muerte de quien era el responsable directo de la muerte de decenas de millones de seres humanos sacrificados en las hogueras de la guerra más espantosa de toda nuestra historia?

Luis Miquilena, QEPD

El símil del Dr. Frankenstein con que lo caracterizamos en los comienzos del nacimiento de la creatura política que terminara devastando a la comarca se ha convertido en matriz de opinión. Haber esculpido de esa piedra bruta del chafarote sabanetero – un payaso farsante, bufonesco, torpe, cobarde y ridículo - el diamantino caudillo de multitudes que asaltó el gobierno y concentró el mayor poder social, político, económico y militar jamás poseído por gobernante alguno en la Venezuela de todos los tiempos, sólo puede ser comparado con el Doktor Frankenstein, quien, en la maravillosa novela de Mary Shelley, le da vida a un amasijo de desperdicios humanos: un monstruo desalmado y contradictorio, testigo de todas sus impotencias pero armado de la fuerza descomunal de su ingenua crueldad, construido con despojos robados de la morgue de la comarca por su asistente, un obsecuente lacayo a su servicio.

La justicia, la oposición y los narcosobrinos

Poseemos los venezolanos una certidumbre que no deja espacio a dudas: si por algún estúpido e incomprensible error de alguna autoridad competente en la materia los narco sobrinos de Cilia Flores – consanguíneos – y de Nicolás Maduro – políticos, en el más amplio sentido del término – hubieran sido detenidos en territorio nacional al momento de preparar el alijo con los 800 kilos de cocaína proveniente de las FARC, que ayer mismo estuvieran punto de entrar por la puerta grande al establecimiento político y social colombiano libres de toda culpa tras medio siglo de iniquidades y desafueros gracias al contubernio de Juan Manuel Santos con Raúl y Fidel Castro, no hubieran permanecido más de algunos minutos detenidos. Hubiera bastado un solo telefonazo al palacio presidencial o a la morada de sus tíos para que no sólo hubieran sido puestos en libertad de inmediato, sino para recibir las debidas disculpas del Tribunal Supremo de Justicia. Y los responsables por la justa y correcta decisión, absolutamente apegada a derecho, expulsados de inmediato de las filas de la Guardia Nacional, la Armada o el Ejército Bolivariano. De la policía bolivariana, absolutamente impensable: el Inspector General de ese cuerpo, otro de sus tíos, tan carnal de la pareja de narcotraficantes como la primera dama, les hubiera brindado toda su protección, pues en un escandaloso caso de nepotismo, es hermano de la llamada “Primera Dama”. Y cuñado del sátrapa.

A calzón quitao

A María Corina Machado, a Leopoldo López, a Antonio Ledezma y a los partidos de la Unidad La oposición, qué duda cabe, está irrecuperablemente dividida. Y no por motivos fútiles y banales, sino en razón de insuperables divisiones tácticas y estratégicas, que hacen al pasado, al presente y al futuro de Venezuela. El régimen, plenamente consciente de ello, sustenta su sobrevivencia en profundizar esa división mediante el clásico expediente del palo y el caramelo: palo a su sector existencialmente antichavista, cuyos mejores representantes están encarcelados y ya condenados – Leopoldo López ya superó las Mil y una noche encarcelado - caramelo al sector conciliador y dialogante. Y esa línea divisoria, a mi modo de ver, irreductible, pasa por el llamado G-3: AD, PJ y UNT, de un lado, y Voluntad Popular, en solitario, del otro. Los 15 partidos restantes, solidarios con las líneas estratégicas defendidas por VP y excepcionalmente diáfanas y consistentes representadas por Vente Venezuela y su líder María Corina Machado, han sido tratados por los 3 partidos dominantes como los parientes pobres, sentados, como se dice en el Chile de fiestas y cumpleaños, como los niños y los desarrapados del servicio, a la mesa “del pellejo”. Una pertenencia de humillados y desheredados, con derecho a voz – siempre acallada – pero no a voto.

Sumo Pontífice, en respuesta a Eduardo Fernández

Del mismo modo que admiré el comportamiento ejemplarmente democrático y ciudadano de mi amigo Eduardo Fernández cuando no titubeó en inclinarse por la verdad antes que por sus intereses presidencialistas, condenando el golpe de Estado que nos trajera a estos abismos y en el otro extremo del repudiable comportamiento de su maestro y ductor Rafael Caldera, que prefirió montarse en la cresta de la ola golpista en atención a sus estrictos intereses presidencialistas, abriéndole a la felonía los portones del poder a cambio de ser el portero de esta siniestra nueva era de nuestras desgracias; del mismo modo, y ya hundidos en el fango del castrocomunismo y la dictadura en que derivaran aquellos polvos, debo rechazar el oprobioso artículo del mismo nombre que Eduardo redactó en que corre en salvaguarda del papel del Sumo Pontífice como punto de encuentro entre la dictadura abierta y declarada, con sus espantosas consecuencias, y el pueblo democrático que sufre sus inclemencias.

Mesas y comisiones

Samper ha terminado poniendo la guinda de la torta ante el beneplácito de tirios y troyanos. El Universal nos trae la noticia de la aceptación encontrada entre anfitriones e invitados al diálogo por una propuesta suya de crear una comisión “de garantías electorales”. Quisiera entender a Samper, cuya alineación junto al régimen es sobradamente conocida: ¿Nicolás Maduro cierra la puerta de la solución electoral a la crisis despachándose de una zampada la voluntad del 85% de los venezolanos que apuestan por una salida electoral a la crisis ordenándole, en comandita con su TSJ, al Consejo Nacional Electoral liquidar el revocatorio – el magno suceso electoral, causa y consecuencia de la crisis que ahora mismo nos asfixia – para que Ernesto Samper proponga una comisión “de garantías electorales”? ¿De qué elecciones y de qué garantías estamos hablando después de la trastada histórica al RR si bastaría reestablecer la potestad constitucional y la imparcialidad del CNE para que dichas garantías tuvieran pleno efecto? ¿O es que hemos necesitado la intervención de quien es considerado en su país un “narco presidente” para recibir la confirmación de que el CNE no garantiza imparcialidad electoral alguna y de que para garantizar los procesos electorales en la Venezuela dictatorial necesitamos de un narco presidente y una Comisión de Garantías Electorales? Obvio: en esa comisión garantizadora no estarán ni Leopoldo López ni Antonio Ledezma, que están presos, ni María Corina Machado, por estar marginada. Ni un solo líder de Voluntad Popular y los partidos unitarios. Estarán los imaginarios presidenciables de siempre, todos del llamado G3: de Henri Falcón a Manuel Rosales, Henrique Capriles y Henry Ramos.

¿Quién le tiene miedo al lobo?

La progresía global está aterrada. Más que adormecida, se encuentra en estado de catalepsia por los arrullos de Barack Obama, el harvardiano flautista de Hawái que se metiera en el bolsillo a los medios liberales más influyentes del planeta con su lengua de oro. Ahora, súbitamente despertados del ensueño, juran que Adolph Hitler ha renacido en la esperpéntica figura de un norteamericano típico, que espanta con sus flatos verbales, sus ocurrencias destempladas, su peinado de caricatura, sus mejillas rubicundas y sus modales de nuevo rico de cervecería – si parece un personaje brotado de la pluma de los creadores de los Simpson – y aterra a la estética primordial del liberalismo y los buenos modales de la hipocresía washingtoniana. Habla duro y golpeado, dice lo que piensa y pareciera no pensar lo que dice, muestra la típica desmesura y voracidad del marine invasor norteamericano que arrasa con lo que encuentra en las playas de sus desembarcos y toma en serio y al pie de la letra la pornocultura que los mismos Estados Unidos han impuesto en el planeta a través de su floreciente industria del entretenimiento: bustos y traseros al por mayor. Ha echado el puritanismo de pastelería de la cornucopia demócrata por la borda y expresa lo que siente la inmensa, la arrolladora mayoría, no sólo de los norteamericanos, sino de buena parte de la conciencia planetaria: que los gobiernos debieran responder por la prosperidad de sus habitantes y dejar a los Estados Unidos hacer lo suyo, no enviar a sus marginales a ganarse el sustento en donde nada se les ha perdido y castigar a sus sátrapas y tiranos en vez de caerle a saco a los pacíficos habitantes de la Europa greco romana. ¿También Ud. está secretamente de acuerdo con el lobo feroz? ¿Tampoco a Usted le agrada comprobar que en la Italia cristiana ya hay más minaretes que campanarios? ¿Y que con la tasa de crecimiento poblacional escondida tras Burkas y Djilabas en medio siglo Florencia y Venecia, incluso Berlín y Moscú podrían convertirse en otros tantos zocos de una Europa islámica?

Marx y el doctor Frankenstein

A Gustavo Velásquez @G_Velasquez He pasado por lo menos la mitad de mi vida leyendo, releyendo y descifrando a Karl Marx y a la escuela filosófico política de su descendencia: Lenin, Trotski, Lukács, Rosa Luxemburg, Ernst Bloch, y la llamada Escuela de Frankfurt, en cuya tradición me formara: Marcuse, Adorno, Hockheimer. En su idioma original y a partir de la lectura de la Lógica y la Fenomenología del Espíritu, las obras cumbres de Johann Wilhelm Friedrich Hegel, padre de la dialéctica y cuya critica de izquierda representara el joven Marx a partir de su famosa tesis según la cual la tarea de la filosofía debía dejar de conformarse con interpretar el mundo, para proceder a cambiarlo. Lo hice en su país de origen y sirviéndome de los más de cuarenta tomos de sus obras completas, la llamada MEGA (Marx Engels Gesamt Ausgabe) editadas por el Estado de la República Democrática Alemana. Incluida en ellas, naturalmente, aunque como un anexo posterior, la última de las obras editadas a mediados de los años treinta por el Instituto de Ciencias de la URSS bajo la dirección del Dr. Riazzanov: los Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie, los llamado Fundamentos de la Crítica de la Economía Política, el compendio íntimo de las anotaciones que sirvieran de base a la formulación de El Capital, que abren un espacio a la comprensión de los más osados pensamientos de Marx sobre el desarrollo del capitalismo industrial y sus tendencias futuras, incluidos los fenomenales avances tecnológicos de las fuerzas productivas que abrían la posibilidad de robotizar el proceso productivo mismo y dejarle al hombre, libre de las cadenas del trabajo y la explotación capitalista del hombre por el hombre y del peso abrumador de esa boa constrictor del Estado burgués, todo el tiempo libre para el disfrute pleno de la felicidad paradisiaca que imaginaba era la estación final de la sufriente humanidad: el reinado del socialismo científico. El reino de Jauja, Adán de regreso al paraíso, Eva emancipada, amor universal, Flower Power. Paz y amor. All we need is love.

¿Por qué Voluntad Popular?

La unidad de esos tres factores – VP, Vente y ABP - que fueran, unidos, los protagonistas e impulsores de La Salida, que provocara y obtuviera en 2014 un cambio trascendental en la historia de nuestra liberación,nos ahorraría penurias y contratiempos, favoreciendo la articulación de un nexo vital entre el pueblo, ya indignado a niveles de rebelión civil, y su verdadero liderazgo. Por eso adherí a Voluntad Popular: para impulsar la unión de los mejores desde la que considero la mayor fuerza centrifugadora de los agentes del cambio. Es un buen propósito.

Donald Trump, indignación y castigo

Hace unos meses, cuando Donald Trump irrumpiera como un vendaval en las primarias republicanas, escribí un artículo titulado La explicable sorpresa en la que afirmé lo que anoche se ha visto dramáticamente confirmado: “Los fundadores del Mayflower se sienten incómodos en los apretados botines que les ha impuesto el complaciente liberalismo del laisser faire laisser passer impuesto por el gobierno Obama. De modo que desde sus bastiones del este de las naciones que conforman los Estados Unidos se han volcado en masa a votar por quien amplifica sus reclamos y obedece a sus protestas: Donald Trump. Un complejo racimo de descontento: racial, político, social, nacionalista y tradicional. Huele a añejos descontentos que causaran más de una tragedia en la tormentosa historia de la humanidad".


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