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Primarias, encuestas y libertad del voto
Enero 11, 2012
Por lo mismo aconsejo al ciudadano que ejerza su sagrado derecho a elegir el 12 F votando, masiva, entusiastamente, por quien crea corresponde hacerlo de la manera más fiel y fidedigna según sus propias consideraciones. Si así hiciéramos, quien gane estará seguro de que lo hizo en buena lid. Y quienes pierdan, podrán sumarse sin rencores ni mezquindades a la cruzada del vencedor. De la generosidad y grandeza de unos y otros depende nuestro futuro. La victoria del 7 de octubre de 2012.
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El Chile de Augusto Pinochet: ¿Dictadura o Régimen Militar?
Enero 8, 2012
Nos guste o no nos guste, Chile se vio en la obligación de resolver la más grave crisis existencial de su historia, como la definiera el historiador del cual tuviera yo el honor de ser ayudante, don Mario Góngora, mediante la fuerza. Negarlo, borrando el imperativo existencial de su voluntad ciudadana, tal cual está grabada en nuestro escudo nacional, no es más que un torpe ejercicio de lesa Patria.
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La danza de la muerte
Enero 3, 2012
De allí que no sea el azar el que nos lleva a batir records de inseguridad, brutalidad y violencia: es la economía del Poder rojo rojito. En las ciudades de Venezuela se libra una guerra civil solapada, propiciada y alentada desde el Poder. Ponerle un fin definitivo es el imperativo moral de nuestra civilidad.
A Franklin Brito, in memoriam
“La violencia es la partera de la historia” Carlos Marx
Un estudio estadístico demostraría sin duda que las casi 20 mil personas asesinadas en el curso de este año, que bate el record de asesinatos civiles en tiempos de paz en la historia de la República, pertenecen a las clases D, E y F. En el seno de las cuales se encuentra, he allí el colmo de las contradicciones, el fuerte del respaldo político al principal responsable constitucional por la inseguridad reinante, cuya cosecha de muertes, en contra de lo que cabría esperar, ha sido sistemáticamente alentada domingo a domingo por obligada cadena nacional.
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Provoca pedir perdón
Diciembre 31, 2011
No es la bomba cancerígena. La única máquina diabólica fue aquella que nos inoculó la imbecilidad de caer en la trampa de nuestra propia escoria. Es el cáncer de la estulticia que llevamos en nuestros corazones. Provoca pedir perdón. Venezuela se lo merece.
Uno de los editorialistas de El País, de España, posiblemente el periódico más influyente en lengua castellana, ha debido desviar su atención de los graves problemas que acosan a la humanidad – el hambre, la devastación ambiental, la primavera árabe, la crisis económica global, los desastres telúricos, entre tantas y tantas calamidades – para hacer un breve comentario acerca de una de entre las miles de boutades paridas por la calenturienta mente de nuestro teniente coronel. Venezuela, en efecto, colma los titulares de los principales periódicos del planeta por otra ocurrencia más – esas aerofagias intelectuales –de Hugo Rafael: el cáncer que afecta a cinco presidentes y/o ex presidentes de nuestra caprichosa región podría haber sido inducido por el imperialismo yanqui.
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Ante el 2012: balance y perspectivas
Diciembre 28, 2011
No dudamos en considerar que el régimen autocrático ha alcanzado su fase de agotamiento y, exhausto, se enfrenta a la inevitabilidad histórica de su desaparición. Y tampoco dudamos en considerar que importantes sectores que lo respaldan comienzan a asumir la consciencia de su inevitable desplazamiento.
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Primarias, cruzada y transición
Diciembre 25, 2011
“La era está pariendo un corazón”
Cierra el año con un promisorio balance: el proceso de primarias se ha venido adelantando sin sobresaltos. Seis precandidatos han tenido la oportunidad de exponer sus mensajes, exhibir sus capacidades y llegar a las amplias mayorías con algunas de sus propuestas. Lo han hecho tanto en el curso de dos rondas de exposiciones, como en largas y reposadas entrevistas por los diversos medios de comunicación. El resultado no puede ser más encomiable. Estamos sobre el camino cierto.
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Los intelectuales incendiarios
Diciembre 10, 2011
Lo sucedido en la UCV es un síntoma escandaloso de la grave crisis existencial que hoy vivimos. Que no se resolverá con paños tibios ni guiños de ojos, temor a los grandes desafíos y complacencias espurias. Venezuela requiere salir de Chávez con urgencia, ciertamente. Pero si quiere desterrar para siempre la barbarie que anida en sus genes, tendrá que ser gobernada por gentes decididas y valerosas, cultas, lúcidas y valientes. Llegó la hora de la gran cruzada moral por la refundación de la república. O no merecemos el título de Nación.
A Cecilia García Arocha
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La Nomenklatura chavista no estudió en Cambridge ni en Harvard: nació, se crió, creció, estudió, se graduó y enseñó en la UCV. Y vivió sus mejores años a la sombra del Aula Magna, patrimonio histórico de la humanidad. Si hay una institución a la que ellos y aquel teniente coronel al que han encumbrado al omnímodo poder de la Venezuela dictatorial le deben sus éxitos, es precisamente a esta universidad. Marxista, izquierdista, revolucionaria, estatista y populista hasta la médula. Como todas o casi todas las universidades latinoamericanas estatales: desde la UNAM a la Universidad de Chile, desde la de La Habana a la de San Marcos. Universidades en cuyos laboratorios, cátedras y seminarios se ha investigado la manera de dominar a una sociedad, de asaltar el poder y construir la dictadura del proletariado. Universidades en las que Carlos Marx y Federico Engels han sido leídos y releídos, comentados y desentrañados en todos sus aspectos: sociológicos, filosóficos, históricos, jurídicos, políticos, antropológicos y culturales. Universidades que han escupido sobre el legado de Sócrates o Platón, de Hobbes o de Adam Smith, pero que han elevado a los altares a Hegel y Sain Simon, a Lenin y a Antonio Gramsci, a Fidel Castro y al Ché Guevara. Desconociendo olímpicamente a quienes han destacado la relevancia de la economía de mercado, el capitalismo y la libertad que de él necesariamente se deriva. Despreciando la realidad real que las ha hecho posibles con la no oculta intención de envenenarla, fracturarla y aniquilarla. ¿Alguien enseña a Hayek o a Ludwig von Mises?
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Segundo debate
Diciembre 7, 2011
Frente al destino
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Guardando las debidas proporciones, frente a la grave circunstancia que vivimos y el papel que nos corresponde a quienes ejercemos el oficio de la reflexión, no puedo dejar de recordar a Ortega y Gasset, mi primer maestro, cuando reconocía que la labor de un intelectual, como la de los profetas, sus lejanos antecesores, no era cantar las albricias y gracias de sus descarriados pueblos, sino conminarlos a enfrentar la verdad. Su verdad. Los profetas profetizan, decía Ortega, no para ensalzar, sino para conminar a sus pueblos a superar sus limitaciones. De ahí su contradictoria función: desde el Poder se les exige sumisión y alabanzas dado el prestigio social que encarnan. Desde su conciencia moral, no pueden abandonar su función crítica descarnada y fiel a los principios. Sócrates fue la primera víctima de este existencial desencuentro entre los intelectuales y el Poder. Platón, que quiso remediarlo sometiéndose al tirano de Siracusa, casi paga con su vida.
Las revoluciones han venido a enturbiar esa contradictoria relación bajo el influjo platónico: pretender convertir al tirano en filósofo. Creyendo realizar así la utopía sobre la tierra. Son los que Mark Lilla llamara “pensadores temerarios”: aquellos que seducidos por la brutalidad fáctica del hombre fuerte, el Prometeo moderno o el Sísifo idiota, terminan abandonando su misión crítica para convertirse en bufones de la corte. Paradigmática la babosería de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir ante el Ché Guevara. De la que Gabriel García Márquez y esa corte itinerante de aduladores del castrismo – desde Schomsky a Galeano y Benedetti – han sido proverbiales corifeos.
Cada tirano, es obvio, ha tenido los aduladores que se merece. Si Castro tuvo en Sartre a su Platón de circunstancias, Hugo Chávez sólo alcanza a Eva Golinger y los “pensadores” del patio. Más grave sería que quienes han asumido el fardo de la crítica a la barbarie cejaran en su empeño por desenmascarar las bufonadas y caprichos del tirano, así como los graves peligros del totalitarismo al acecho, para ensalzar a cambio las imaginarias o reales virtudes de nuestros precandidatos. Profetas de esta tribu en su travesía por el desierto, quienes han hecho del estudio, del pensamiento y la crítica su función mayéutica, no pueden ni deben abandonar su misión crítica, correctora, rectificadora. Ejercida con humildad y ponderación, pero cuidando la irrenunciable necesidad de mantenerse apegados a la verdad. Tan escurridiza, tan engañosa y tan voluble como pueda parecer. Aprehenderla y ponerla a la vista es un imperativo categórico. Pues como bien decía Gramsci, sólo la verdad es revolucionaria. Hecha necesidad práctica desde las dos vertientes que él mismo insistiera en ponderar: con el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia.
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Para situarnos en el contexto: ésta crisis existencial por la que hoy atravesamos, y que no desmayaremos en considerar la de mayor gravedad en toda nuestra historia republicana, no tendría la profundidad que alcanza si no hubiera afectado a nuestra médula intelectual, a nuestras élites. Y particularmente a nuestra clase intelectual y política, cuya claudicación es parte, hasta ahora no la solución del problema. La verifico en varios niveles perceptivos: carencia de profundidad en el diagnóstico del mal al que hemos sucumbido; incapacidad para ver la política en su esencia trascendente, confrontacional, dominadora y destructiva; renuncia a defender los principios sustantivos de nuestra vida civilizada; banalización de los desafíos y prontitud a sucumbir a la complacencia y el acuerdo; miedo a enfrentar el futuro cara a cara y a apostar a la refundación de la república; incapacidad para imaginar y prever una forma distinta y renovada de Estado y Democracia, afines al siglo XXI. En suma: temor sustantivo a asumir el duelo y afrontar las decisiones que las graves encrucijadas políticas nos demandan.
No es casual que el horror al futuro se resuelva aparentemente mediante el recurso a la juventud del liderazgo. Y que de ese liderazgo joven, una ínfima minoría comprenda el desafío que enfrentamos y apueste a un cambio radical, verdaderamente revolucionario de nuestras taras. Vale decir: mediante la subordinación del Estado al sujeto, de la responsabilidad colectiva a la del individuo, de los dogmas a las verdades, de la beneficencia al emprendimiento. En suma: del socialismo al capitalismo, del populismo a la democracia liberal, del clientelismo estatista al liberalismo progresista.
Mediante el artificio del falso rechazo al pasado y el maquillaje del futuro tras las máscaras juveniles de la vieja política, la sociedad venezolana escamotea el quid del asunto: no se trata de salir de un caudillo – y no de uno cualquiera sino de uno de los más potentes arquetipos paridos por el trópico en su historia bicentenaria, provisto de fabulosos y aparentemente inagotables recursos financieros, una populosa clientela envilecida por el clientelismo y la demagogia y una inescrupulosidad digna de un malvado de tragedia griega asesorada por la experticia de Fidel Castro, uno de los más grandes políticos del siglo XX: se trata de dar un giro de 180 grados en el rumbo de nuestra vida como sociedad y como Nación.
No es una propuesta novedosa ni pretende serlo: es la propuesta del frustrado liberalismo venezolano, fracturado en su origen por el populismo socialdemocrático y socialcristiano, huérfano de una clase empresarial capaz de ver más allá de sus mezquinas apetencias mercantiles y malvisto y malquerido por las élites ganadas a la falsa convivencia de contrarios a cambio del usufructo privilegiado del rentismo petrolero. Es el proyecto que tuvo en Páez a un eficaz y eficiente emprendedor, en Cecilio Acosta a un gran ideólogo, en Alberto Adriani a un fecundo teórico y en Uslar Pietri a un potente propagandista. La fuerza sobrenatural de los recursos petroleros y la herencia del rentismo colonial los venció a todos ellos. De esos polvos derivan estos lodos.
3
Jamás tuvieron las fuerzas del desquiciamiento socialista revolucionario mayor coherencia, mayor decisión, mayor claridad y mayor Poder que ahora, bajo la dirección del teniente coronel Hugo Chávez. Han logrado la alianza de tres poderosos factores constitutivos de nuestra historia: un caudillo, un ejército, unas masas. Se ha cumplido el propósito de Ceresole. Poco importan la anarquía y la confusión, la corruptibilidad y el inmediatismo, la mezquindad y lo aldeano de su ejecutoria. A la que una de sus virtudes es su principal desventaja: su pretendido universalismo. Si en vez de malbaratar su poderío financiero en ganar adeptos insaciables se hubiera dedicado en exclusiva a montar su proyecto socialista en un solo país, la dictadura totalitaria sería un hecho consumado. A los efectos del ejercicio del poder, han logrado montar sin embargo una temible maquinaria que, al parecer, sólo la desaparición física de su prometeico constructor podría contribuir a desbaratar.
La razón primordial de esta deriva estatista y proto totalitaria se encuentra en la naturaleza misma de nuestra sociedad y nuestro Estado. Ha sido más fácil profundizar sus rasgos socializantes, hasta alcanzar esta desmesura caótica y anarquizada, que torcerle la mano al socialismo anti liberal inherente al proyecto de Punto Fijo. Más ha podido el regusto a las conspiraciones revolucionarias de nuestros ejércitos, que el afán conservador de nuestras élites civiles. Si es que este afán ha existido de verdad en algún momento de nuestra historia.
Es bajo este prisma de preocupaciones que analizo las virtudes y los defectos de nuestros precandidatos y los logros de los dos debates que han protagonizado. El loable deseo de salir de la expresión más perversa del chavismo, el propio Hugo Chávez, y recuperar el funcionamiento de nuestro sistema democrático, reduce el punto de mira de los distintos candidatos y los aúna en una aparente homogeneidad de propósitos. Es la unidad que comanda todos nuestros esfuerzos democratizadores. Es, además, la lógica fuerza de la historia: salir de Chávez y someter el chavismo al control institucional del Estado demandará uno o varios gobiernos de transición en los que la reinstitucionalización del país y su recuperación social y económica – seguridad ciudadana, salud, educación, pleno empleo – serán necesariamente nuestros objetivos prioritarios.
Pero todos estos objetivos recubren el verdadero dilema, que apunta a la refundación de la República. A la invención del nuevo imaginario: la Venezuela del siglo XXI en el concierto de las grandes naciones y bloques de naciones de la modernidad. No es el asunto más urgente, por ahora, pero es el problema más acucioso y trascendental que enfrentamos. Primero: reasumir el control del navío y dominarlo en medio del temporal. Luego, cuando la calma, diseñar las cartas de navegación de la nueva ruta y el puerto de destino.
He allí nuestra obligación como intelectuales: imaginar el futuro. No hacerlo significa traicionar nuestra única y verdadera misión en aras de un miope inmediatismo. Llegó la hora de la verdad. Escamotearla constituye un delito de lesa traición patria.
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Frente al debate
Diciembre 6, 2011
Valga señalar, para finalizar, la gran calidad de nuestros aspirantes. Aún cuando les falte un largo camino por recorrer, que dadas las circunstancias tendrán que absolver en pocos meses. Es vital adelantar en la conformación de equipos de asesoría. La campaña será dura, implacable y aventurada. Habrá que prepararse profesionalmente, como para un desafío mortal.
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Pesadilla de una noche de verano
Diciembre 2, 2011
Llega el último mohicano a la etapa final de su vida, minado inexorablemente por la enfermedad, caricatura aún viviente de sí mismo, sin abandonar sus trastornados proyectos de política ficción. Cuando hagamos el balance de esta pesadilla de una noche de verano veremos que invirtió un trillón trescientos mil millones de dólares en obtener audiencia. Dejando a su país en la bancarrota mientras organizaba saraos interestelares para entretenimiento galáctico de sus amigotes. Pobre Venezuela, qué triste destino el tuyo.










