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Opinión

Columnistas

El ser y el tiempo que enfrentamos

A José Rafael Herrera Acuciado por la grave crisis que sufrimos desde que los venezolanos se lanzarán, como la piara de cerdos de las escrituras al abismo de sus desafueros, en algún momento quise llevar a cabo con algunos amigos profesores de filosofía – decir filósofos son palabras mayores, inimaginables en Venezuela - una reflexión sobre la naturaleza de Venezuela, dar con su esencia, desentrañar, heideggerianamente hablando, su Ser y su Tiempo. ¿Cabe definir filosófica, ontológicamente a los pueblos? ¿O debemos limitarnos a conocer, ónticamente, su historia y destilar sus enseñanzas a partir de la forma como ha resuelto, bien o mal, sus tropiezos fundacionales?

Pompeo, una pedrada en ojo de boticario

Las declaraciones de Mike Pompeo frente a un grupo de personalidades israelíes referentes a los problemas que enfrenta el Departamento de Estado y el gobierno de Donald Trump frente al caso Venezuela, que ya constituye una alarmante preocupación en las cancillerías del planeta, han caído en el mundo político venezolano, para decirlo en criollo, como pedrada en ojo de boticario.

Por un gobierno de unidad nacional

Tras un cuarto de siglo de extravío, la situación venezolana bien puede recibir el título de la hermosa novela de Hemingway: Sin novedad en el frente. Se enfrentan los mismos que se enfrentaron y seguramente los mismos que seguirán jugando al enfrentamiento, mientras en los trasfondos de la realidad los asaltantes reafirman sus posiciones y los asaltados se niegan a reconocer su irrecuperable debilidad, la verdadera tragedia que nos aflige. Siguen persiguiendo el diálogo con el tirano con el único resultado posible a esa tozuda estupidez: yendo de fracaso en fracaso.

Caracas, la eterna

A los que se fueron Ya no era la de los techos rojos sino la de las torres y rascacielos, la de los ranchos y las invasiones, pero seguía siendo la seductora y encantadora capital del Caribe que fuera desde siempre. La que como las sirenas de Ulises seducía a quienes se aventuraban por sus cercanías. Deslumbrante de sol, sonidos y destellos, tan viva que desafiaba al pasado y al presente, inquieta, inquietante. Ciudad de grandes pintores y escultores, de grandes arquitectos, músicos, intérpretes, museos, universidades, teatros y salas de espectáculos. Demoliendo y construyendo, trepándose a los cerros, extendiéndose por sus cuatro puntos cardinales. El panal de miel al que se abalanzaban dominicanos, colombianos, ecuatorianos, uruguayos, argentinos y chilenos, como tal como décadas antes españoles, portugueses, italianos que huían de la miseria y la sangre de las guerras mundiales. Más se ganaba vendiendo helados en Caracas que intentando salir de la miseria en Haití.

Carlos Altamirano Orrego in memoriam

El pasado domingo 19 de mayo murió en su casa de Lo Cañas, en La Florida, sobre los faldeos cordilleranos de Los Andes, en Santiago de Chile, el antiguo líder del Partido Socialista chileno, Carlos Altamirano Orrego. Tenía 96 años. Y aunque retirado de la política activa desde el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, llegó a ser sin duda la referencia ideológica más socorrida de quienes lo convirtieron en el chivo expiatorio de la tragedia chilena.

Venezuela, La casa ocupada

No es por casualidad que el cuento La casa ocupada, de Julio Cortázar, parezca una metáfora literaria de la Venezuela secuestrada, usurpada y ocupada por los agentes colombo venezolanos del castro comunismo cubano. Fue escrito en 1945, fecha límite del fulgor originario del peronismo que movilizaba a los “cabecitas negras” – nombre del lumpen proletariado rural movilizado por el neofascismo argentino para asaltar el Poder hasta entonces en manos de la oligarquía argentina – acorralar a la iglesia y a los grandes propietarios financieros, mercantiles y terratenientes – y fundar el primer estado propiamente populista de América Latina. Antecedente directo, por cierto, del castrismo, del que jamás se deslastraría. Detrás de Fidel Castro estaba Juan Domingo Perón, como detrás de Juan Domingo Perón estaba Benito Mussolini. Todos ellos, antecedentes del teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías.

¡La guerra, idiota!

En asuntos tan peligrosos como la guerra, las ideas falsas, inspiradas en sentimentalismos, son precisamente las peoresCarl Von Clausewitz, De la Guerra Quien mayor provecho sacó de sus aplastantes derrotas en Chile, bajo la implacable decisión y voluntad del general Augusto Pinochet, y en Venezuela, bajo la virilidad y sabiduría del prócer civil Rómulo Betancourt y sus ejércitos leales, no fueron ni los socialistas chilenos ni los demócratas venezolanos, que continuaron abiertos a la penetración del asalto castrocomunista: fueron los derrotados: Fidel Castro, la Secretaría América, el G2, el Partido Comunista cubano y todos los regímenes soviéticos del planeta.

La guerra a muerte y la intervención humanitaria

Uno de los testimonios más estremecedores de los espantosos desastres de la Guerra a Muerte, el bautismo de sangre, crueldad y devastación con que se hiciera a la vida la República de Venezuela, apareció en Londres en 1828, bajo el escueto título de Guerra a Muerte, y la anónima autoría de un oficial inglés enrolado en una de las tantas levas organizadas en Europa por enviados especiales con el fin de auxiliar a los venezolanos en su asimétrica lucha independentista contra las experimentadas tropas de la corona española. Fue traducido y publicado en Buenos Aires a mediados del Siglo XX, hasta que, habiendo llegado a manos venezolanas, fuera publicado en 1977 por la Editorial Centauro.

¿Quién le tiene miedo al R2P?

No le temen a la intervención. Le temen a la justiciaMaría Corina Machado Existe unanimidad nacional respecto del juicio que merece la crisis venezolana y sus medios de resolución. Contrariamente a lo que ha sido el desiderátum perseguido por las fuerzas partidistas tradicionales, horrorizadas ante la sola idea de una confrontación, la salida del régimen no será pacífica, constitucional ni electoralmente. Lo será, si ello llegara a suceder, por la fuerza de la acción armada, o el temor concluyente a su uso inminente e inevitable. Por las buenas, como suele decirse en el argot político venezolano desde que las fuerzas democráticas se aprontaran a derrocar al general Marcos Pérez Jiménez, vale decir: sin que llegue sangre al río, es absoluta, completa y totalmente imposible. Como sucediera en Irak, con la intervención del ejército norteamericano, la localización y ahorcamiento de Sadam Hussein, con el masivo levantamiento popular y el empalamiento de Muamar Gadafi, el derrocamiento de los sátrapas durante la primavera árabe, de los autócratas de las dictaduras soviéticas a partir de la caída del Muro de Berlín y recientemente con el derrocamiento del tirano sudanés. En todos esos casos, como enseñaba Hegel, el filósofo alemán, la violencia fue la partera de la historia.

La unidad necesaria

La dialéctica confrontacional ha terminado por atropellarnos fatalmente a todos. Hemos llegado a la hora cero. Luego de probar todas las vías para encontrar una salida, de la cual la última ha terminado, para tragedia de todos nosotros, en una lamentable chapuza: la infructuosa búsqueda de una ruptura de la institución armada, un organismo cuyo estado de putrefacción ha llegado a un punto de desintegración, abandono y corrupción que la convierte en un ente amorfo. No por su cohesión interna, de la cual carece absolutamente, sino por su estado delicuescente, corrupto, inasible, sólo útil para reprimir y asesinar a la población civil. Una entidad mercenaria y gansteril con la que no cabe, por ahora entendimiento alguno.

Política y suicidio

“El suicidio es el último acto de una persona libre” escribio Séneca. Y consecuente, procedió a quitarse la vida. El arte, basado en una pequeña estatuilla de mármol negro, lo ha retratado de pie sobre una suerte de bañera, acompañado de quienes le facilitan la faena. Murió desangrado.

Crónica de un suicidio anunciado

“Hubiera preferido otra muerte”, dijo textualmente el expresidente Carlos Andrés Pérez al momento de ser condenado en el proceso judicial menos jurídico y más políticamente incriminatorio y sesgado de la historia judicial de la Venezuela democrática.

El caso Arria

Las dos más grandes obras alcanzadas por la Venezuela independiente en sus dos siglo de historia fueron la democracia liberal lograda tras el Pacto de Punto Fijo firmado por Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera en Nueva York, en 1957, y la creación prácticamente ex nihilo de una generación de expertos y tecnócratas de excepcional nivel que bajo el imperativo profesional y moral de la llamada Meritocracia hicieran de una industria estatal venezolana la empresa más poderosa y productiva de América Latina: Pdvsa. Y de una economía lastrada de vicios y taras mercantilistas que en los fines de la democracia disponía de un poder económico que dirigida por sus mejores gerentes hubiera podido situarnos, antes de fin del siglo, en el primer lugar del desarrollo en América Latina. Visto desde esta devastación y deterioro moral, en rigor: visto desde la implacable destrucción de Venezuela, ambos logros parecieran milagrosos. Casi tan milagrosos como el poder devastador que pudo arrasar con ellos en unos pocos años.

¿Por qué el 187:11 y el R2P?

Corresponde a la Asamblea Nacional: Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país Constitución Bolivariana de Venezuela, Artículo 187:11 La responsabilidad de proteger es un compromiso político global apoyado por todos los Estados miembros de las Naciones Unidas en la Cumbre Mundial de 2005 para prevenir el genocidio, crímenes de guerra, limpiezas étnicas y crímenes de lesa humanidad Wikipedia

De la crisis humanitaria a la peste y la tragedia sanitaria

Venezuela se encuentra al borde de la crisis sanitaria más espeluznante de su historia. Circula por la red un informe de uno de nuestros mejores expertos en manejos hídricos, Luis Miguel de Viana, en el que señala que esta monumental crisis hídrica, mortalmente agravada por el colapso de nuestro sistema eléctrico, “no se soluciona con camiones cisternas o repartiendo bidones, porque los volúmenes de agua que están dejando de entrar a la ciudad son gigantescos… Esto es un problema de la salud pública y debe ser tomado muy en serio. La situación termina de configurar un abanico de problemas de emergencia humanitaria de dimensiones considerables, porque afecta a millones de personas”. El país y sus habitantes están en los comienzos de una catástrofe humanitaria, que podría desembocar en montañas de cadáveres. Tal como lo advierten algunos expertos del Banco Mundial. No en un futuro lejano, sino en un futuro inmediato.

Socialismo y derecho a proteger

El socialismo, llevado de la teoría a la práctica, actúa con su propia dinámica, sin importar los hombres que lo ejecutan. Le es inherente, como núcleo central de su ADN, políticamente, la tiranía; económicamente, la miseria colectiva, la mortandad y el fracaso, sus efectos inevitables. Poco importa si su impulsor y espíritu rector es un genio como Lenin o un rufián como Stalin. Un caballero como Salvador Allende, o un hampón como Fidel Castro.

Cuba, Venezuela, Los Estados Unidos y la guerra fría

“No es la guerra fría, es Venezuela”, titulaba un reportaje del periódico El País, de España. Se refería a un conflicto que ha saltado del “patio trasero” al centro del escenario mundial. Y ya involucra como principales protagonistas de un ajedrez del que Venezuela es el principal motivo, factor y pretexto en juego a las principales potencias mundiales: Los Estados Unidos, Rusia y China. Que se ven, como en los tempranos años sesenta, devueltos a los siniestros aires de la Guerra Fría. Cuando John F. Kennedy y Nikita Jrushov estuvieran a un tris de trenzarse en un conflicto de dimensiones apocalípticas en la disputa por los misiles nucleares estacionados a pocas millas de Florida, precisamente para provocar esa guerra contra la democracia americana, sueño personal de Fidel Castro y del castro comunismo cubano. El mismo que tras sesenta años y la muerte de su principal impulsor continúa siendo el alma y el motor de la existencia de Cuba y la izquierda socialista latinoamericana, que sobrevive a pesar de la muerte del Che Guevara, Salvador Allende, Néstor Kirchner, la prisión de Lula da Silva y la derrota del más amplio y fructuoso ciclo de ataque del marxismo leninismo en América Latina.

Moneditas de oro

Pobre de aquellos países que buscan a sus líderes e intelectuales como quien escarba en un pajar tratando desesperadamente de encontrar una monedita de oro. Es la tara fundacional de nosotros, los venezolanos. Prontos todos a romper los espejos antes que ver en ellos el rostro de nuestros defectos: la mendicidad, la frivolidad, el desapego. Y cuyo vía crucis está sembrado de moneditas de oro. Pocos, si es que alguno, resistieron la prueba del mordisco: eran moneditas falsas. De allí que los que más útiles resultaron para nuestra historia, más obras nos legaron y mejores ejemplos nos sembraran no contaran jamás con la deslumbrante aprobación de las mayorías. Y muchos de ellos terminaran muriendo en el exilio tras el desprecio y el olvido.

La responsabiidad de liberar y proteger en el nacimiento de la República de Venezuela

A Luis Almagro La naturaleza supranacional, territorial e incluso global de la libertad como conquista fundadora de la nacionalidad fue posiblemente el máximo valor espiritual, político y militar de la hazaña libertadora de Simón Bolívar y la fundación de la República liberal democrática venezolana. No fue tan solo un gesto de magna liberalidad y generosidad política el que llevó a proyectar continentalmente la lucha por la liberación e independencia de la América Española: fue una necesidad - dicho hegelianamente - “de la cosa misma”. Como lo expresaría maravillosamente el poeta cubano José Martí, para quien la hazaña libertadora era como una creación literaria: “verso: o nos condenan juntos, o nos salvamos los dos".

Alfredo Weil, el imprescindible

Hay hombres que luchan un día, y son buenos. Hay otros que luchan muchos días, y son mejores. Pero hay los que luchan toda la vida. Esos son los imprescindiblesBertolt Brecht Nos quedamos varados subiendo desde Plaza de Las Américas hacia Los Naranjos. Amable y generoso hasta el absoluto desprendimiento, y luego de una reunión del Consejo Consultivo de Soy Venezuela, se ofreció a llevarnos a casa a Enrique Aristeguieta Gramcko, su compañero de toda la vida, y a mí. Suponía desviarse de su ruta y dar un rodeo por media Caracas. Y su carro daba sus últimas boqueadas. Lo que a él no le provocaba la menor molestia.

Chile, una democracia ejemplar

En el centro de Santiago de Chile, el anterior al gobierno del democrata cristiano Eduardo Frei Montalva y al turbulento y breve gobierno de la Unidad Popular y del Dr. Salvador Allende, seguido del largo reinado de la dictadura militar, solía verle caminar todas las mañanas a eso de las 7 y media a un señor ya sexagenario, vestido en invierno con un bello abrigo de piel de camello, una larga bufanda o chalina inglesa, un sombrero homburg y un paraguas negro usado en forma de bastón, que se desplazaba silencioso, un periódico del día y sus guantes de cabritilla en una mano, a paso firme y sin vacilaciones, desde la Plaza de Armas, donde vivía en un viejo y espacioso apartamento de su propiedad ubicado en un segundo piso de su lado oriente, por la calle Estado en dirección a la Alameda Bernardo O’Higgins.

Recordando el 27 de febrero

Advertencia: este artículo fue escrito y publicado originalmente el 27 de febrero de 2000, en ocasión de cumplirse otro aniversario más del llamado Caracazo. Fue dedicado a los columnistas de opinión que ensalzaron las hamponiles jornadas motinescas de muerte, saqueo y destrucción, anticipo preparatorio del golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 y de la Venezuela chavista que ha derivado en el espanto de esta crisis humanitaria. Llegué a Maiquetía la madrugada del último lunes de junio de 1977. Desde entonces fueron tantas las imágenes y tantos los recuerdos, que apenas caben en el puño de un naturalizado. Tanto amé la cálida humedad, el bonche que reventaba en los cuatro extremos de Caracas – estaba de modo “Usted abusó”, de Celia Cruz con Willie Colón – que apenas cumplí los diez años de reglamento inicié los trámites de naturalización. Venía desde Alemania a un Congreso Latinoamericano de Filosofía, cuyo anfritrión era el Dr. Maiz Vallenilla. Primer recuerdo: al llegar, el plácido Caribe de la Guaira se veía cubierto de barcos y más barcos mercantes cargados de motores fuera borda, bisutería europea y botellas de whisky para el consumo navideño: 6 millones de botellas, del escocés. Pensé para mis adentros: no existe en el mundo subdesarrollado élite de 6.000.000 de personas. Ergo: en Venezuela se bebe whisky y lo demás es cuento. Era cuando el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Por entonces el desplazamiento presidencial acarreaba operativos bélicos inusitados, herencia de Machurucuto y la guerra de guerrillas. El Hilton, al que llegamos los invitados al congreso, se veía tomado por guardias de élite y cada esquina, a varias cuadras a la redonda, estaba bajo el control de un pequeño destacamento de soldados en uniforme de cmpaña, con radios portálites al hombro y ametralladoras pesadas en bandolera. Un mini Hanoi hollywoodense. Todo ello porque el presidente visitaría el Gran Salón para participar en la inauguración de un congreso de filosofía.

El Grupo de Lima y Maduro, hasta que las velas no ardan

A Diego Arria Me aflige una doble incomprensión: si no existe duda alguna de que el facineroso que está al frente de este fracasado Estado mafioso es un sátrapa capaz de los actos más criminales, inhumanos y perversos para someter, subyugar y aniquilar al pueblo venezolano - hambreado, aplastado, inerme y carente de todo respaldo de fuerza, - y si seguro de su omnipotencia no vacila en cometer estos crímenes de lesa humanidad a vista y paciencia de todas las autoridades, todos los gobiernos y todos los pueblos del mundo: ¿qué razón de Estado conduce a los democráticos gobiernos de nuestra región a rechazar y oponerse a la lógica y oportuna propuesta de los Estados Unidos de intervenir con sus fuerzas armadas en cumplimiento de la resolución de la Asamblea General de los Estados Unidos de septiembre de 2005 invocando la Responsabilidad del máximo organismo para la Protección de los pueblos sometidos al genocidio practicado con premeditación y alevosía contra sus ciudadanos, pueblos y etnias?

La transición

Tan profundos han sido los efectos desintegradores de la dictadura sobre la sociedad venezolana que el desalojo de su sistema de gobierno – inédito por su naturaleza criminal y hamponil, ajena a otros regímenes dictatoriales que se reclaman de sus mismos ideales, pero tan insidioso como ellos en la desarticulación política y económica de la sociedad – requerirá de un período especial de tránsito hacia el restablecimiento de las coordenadas democráticas y la plena vigencia del estado de derecho. Es a ese período especial de nuestra historia que se ha dado en llamar transición y al gobierno que lo encare y resuelva, “gobierno de transición”.

El proclamado

Debemos reconocer la sabiduría política de quienes, acompañando al presidente de la Cámara de Diputados, Juan Guaidó, decidieron rememorar el 23 de enero de 1958 volviéndolo a su más prístina esencia: la declaración de voluntad libertaria y ciudadana de un pueblo aherrojado. Y mayor aún la del propio presidente de su directiva, que pendiente de prestar el juramento de rigor acatando democráticamente el mandato del artículo 233 de la Constitución, a lo que estaba obligado, optó por mancomunarlo con nuestra seña de identidad democrática. Anticipándose a la historia, nuestros asambleístas asumieron la grave responsabilidad de acompañar a su presidente en un acto de hondo sentido independentista. Hemos revivido los venezolanos las gestas del 19 de abril de 1810: frente al pueblo, Juan Guaidó acató la Constitución y juró solemnemente cumplir a cabalidad con sus obligaciones e imperativos ciudadanos.


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