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Opinión

Columnistas

El socialismo venezolano

Parafraseando al inventor del llamado “socialismo científico”, Carlos Marx, bien podría afirmarse que desde la alborada de la libertad, en medio de las luminosas tinieblas gomecistas, un fantasma recorre a Venezuela: el fantasma del socialismo. Ha formado parte de la trilogía de palabras fetiches que han encandilado a las menesterosas mentes de nuestros intelectuales orgánicos: socialismo, revolución y democracia. Y de uno de los conceptos más venenosos y devastadores, pues ha enmascarado el mensaje subliminal del comunismo que ha avalado y sostenido su sobrevivencia: el de socialdemocracia. José Luis Rodríguez Zapatero y Lula da Silva son su perfecta expresión.

Venezuela en la encrucijada

Hace quince años publiqué mi primer libro dedicado a Venezuela, que titulé Dictadura o Democracia, Venezuela en la encrucijada. Por entonces, la amenaza dictatorial recién asomaba sus garras y La Habana no terminaba por tragarse al chavismo. Si bien la sociedad civil había puesto todas sus fuerzas tras el intento de derrocar a Hugo Chávez, perfectamente consciente del proyecto castrista que pretendía implementar, lo que consiguió tras una espectacular e inédita movilización popular, se encontró con dos obstáculos insalvables que le impidieron coronar la faena: la cobardía, la pusilanimidad y la orfandad intelectual y moral de aquel sector de las fuerzas armadas que la acompañaron inicialmente en su esfuerzo, por una parte. Y la absoluta indefensión política de unos partidos que naufragaban en la inopia, prefiriendo seguir con Chávez antes que darle curso a un cambio de ciento ochenta grados al rumbo hacia la dictadura castro comunista que llevaba el país. Ni adecos ni copeyanos ni masistas, los viejos partidos del establecimiento, comprendieron que la alternativa no estaba planteada entre el empresario Pedro Carmona y el teniente coronel Hugo Chávez, sino entre Venezuela y Cuba, el capitalismo o el comunismo, la libertad o la esclavitud. Para inmensa sorpresa de las fuerzas emergentes de la sociedad venezolana, la política cuarto republicana prefirió lo malo conocido que lo bueno por conocer, aceptando un rol menor en el reparto del Poder. Hasta el día de hoy, cuando en lugar de enfrentarse al régimen y desalojar a la dictadura, prefiere acomodarse colaborando electoralmente a su sombra.

Saló o los últimos días de la barbarie

La violencia ha adquirido contornos dantescos que en cualquier sociedad medianamente decente, dotada de principios y valores morales, hubieran despertado un repudio colectivo y un rechazo universal. Pero Venezuela no fue, no es y probablemente jamás será una sociedad normal. Debe pagar el pecado original de una brutal, cruel y sanguinaria guerra a muerte, haber sido engendrada y parida a golpes de lanzas, sables y machetes, haber menospreciado al género humano hasta rebajarlo al nivel de bestias de mataderos. Toda la parafernalia de coronas, arcos triunfales, himnos gloriosos y estatuas broncíneas a granel no podrán ocultar los ríos de sangre derramada para retroceder de la colonia al feudalismo y de La Paz Imperial o la barbarie y el salvajismo de la dictadura permanente. Todo ese monumental y colosal hecatombe para tras dos siglos venir a dar al renacer de la bestialidad más cruenta. ¿Imaginable, después de este Apocalipsis, una Venezuela como la soñaran los muy escasos estadistas que vieron la luz en estos pantanales de ignominia?

Honi soit qui mal y pense

Maldito sea quien lo mal interpreteOrden de la Jarretera Hace unos años, en un concierto nocturno al aire libre organizado por Ramón Muchacho frente al Parque del Este, Soledad Bravo cantó un tema de Simón Díaz, Qué vale más, que decidió dedicárselo a su amigo Antonio Ledezma, a pocas horas de ser encarcelado. Despertó el odio y la indignación del régimen. No era la primera vez que una canción y su dedicatoria despertaban tanto odio. Pocos años antes, en una asamblea estudiantil masiva celebrada en el Estadio Universitario, le dedicó, también expresamente, La canción del elegido a Nixon Moreno, entonces refugiado en la Nunciatura Apostólica de Caracas. Despertó indignación, esta vez entre quienes, desde el régimen, lo acosaban y quienes, de este lado de la cerca, no simpatizaban con sus posiciones radicales. En un acto en el Aula Magna le dedicó luego un concierto a todos nuestros presos políticos y en particular a un homenajeado especial que acababa de ser galardonado con el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Simón Bolívar, tras una iniciativa que tuve el honor de proponerle a mi amigo Benjamin Scharifker, entonces rector de dicha universidad, el Nobel de Literatura y su amigo personal Mario Vargas Llosa. Y recientemente cantó en Nueva York y le dedicó una canción de su paisano Alfredo Zitarrosa a su amigo Luis Almagro. Más claro no canta un gallo.

Venezuela y el liberalismo, un grito de auxilio

No exagero si reduzco el corazón y el músculo de lo que sobrevive como auténtica y combativa oposición al régimen dictatorial venezolano exclusivamente al grupo de luchadores que siguen y acompañan a María Corina Machado y a Antonio Ledezma en su frente de resistencia, amplio y solidario, llamado Soy Venezuela. Conformado con la pasión y el fervor que caracterizan a los dos más intraficables líderes de la oposición venezolana. En sus comienzos solitarios, hoy acompañados por miles y miles de fervientes seguidores, a lo largo y ancho de Venezuela.

La fatal ignorancia (II)

“Es imprescindible determinar la causa matriz que ha convertido a nuestro país en una fábrica de pobres para saber hacia dónde vamos. Es muy importante saber dónde estamos parados” Omar Barboza, presidente de la Asamblea Nacional, 5 de enero de 2018 Leo el tuit que sirve de epígrafe al presente artículo, puesto a rodar por un viejo y experimentado político socialdemócrata, que fuera gobernador del Zulia designado por el presidente Jaime Lusinchi, para convertirse en fundador, bajo los designios del factótum zuliano Manuel Rosales, del partido Un Nuevo Tiempo, del que es presidente ejecutivo, al mismo tiempo que diputado a la Asamblea Nacional y actual presidente de dicha corporación. Una confesión nada honorable de lo que he venido en llamar “la fatal ignorancia”, un mal endémico del que sufre nuestra vapuleada dirigencia política.

Luis Almagro

He conocido personalmente a tres secretarios generales de la Organización de Estados Americanos: César Gaviria, José Miguel Insulza y Luis Almagro. De los anteriores he sabido por inercia mediática: jarrones chinos de la Dinastía Ming made in Singapur.

Exilio, destierro, desarraigo

A nuestros desterrados Pertenezco a la generación nacida al fragor de la Segunda Guerra Mundial. Mis padres, al de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Mi esposa al de la Guerra Civil Española. Ella y yo nos hicimos conscientes a las sombras del conocimiento del nazismo alemán y su Holocausto, Stalingrado, la Guerra Fría, la revolución china, la revolución cubana, las guerras de guerrillas, el bombardeo a La Moneda, la Guerra de Vietnam, las dictaduras del Cono Sur. Viví la construcción del Muro de Berlín y me eduqué en esaa ciudad sitiada, rodeada de alambradas de púas y terrenos minados, vigilados por casamatas con soldados armados con ametralladoras Punto 50. Compartí la revuelta, la sangre y los atentados que marcaron la emergencia del terrorismo ilustrado europeo. Presencié la transmisión en vivo y en directo del atentado talibán a las Torres Gemelas de Manhattan. Vi caer los cuerpos desesperados de quienes prefirieron lanzarse al vacío que ser asfixiados por el humo y carbonizados por las llamas. Hemos sufrido en carne propia, cuando nos creíamos libres del horror y alcanzar la vejez en la desenfadada e inocente alegría de esta Tierra de Gracia, para caer bajo las garras de la más sórdida, obscena, desalmada, corrupta e inhumana de las revoluciones: la retrógrada, la contrarrevolucionaria, la ladrona y narcotraficante dictadura venezolana.

El intelectual inútil

A José Rafael Herrera Contrariamente a lo que podría pensarse, los llamados intelectuales venezolanos o quienes fungen profesionalmente de tales no se encuentran en la primera línea de la resistencia contra el régimen dictatorial que tras la mascarada del Socialismo del Siglo XXI, término inventado por otro intelectual, el germanomexicano Heinz Dieterich Steffan, abruma y aherroja en una espantosa crisis humanitaria a la sociedad venezolana. Los datos de la tragedia de todo orden que nos afecta, recientemente publicados por el economista Ricardo Hausmann en su artículo El colapso de Venezuela no tiene precedentes, son verdaderamente estremecedores. Demuestran que el tiempo devora las riquezas y las vidas de Venezuela con una velocidad aterradora. Venezuela está al borde del colapso, y cada día que pasa se acrecienta la tragedia, sin que al parecer provoque la menor preocupación de quienes creen que disponen de una eternidad para arreglar la carga en un matrimonio de conveniencia con la dictadura.

El diálogo volverá a fracasar

Al fragor de la conmoción y las graves consecuencias de la derrota histórica de la sociedad civil el 11 de abril de 2002, causada por la intervención de las fuerzas armadas bajo control de uno y otro bando y la actuación de políticos inexpertos, escribí unas reflexiones que titulé Dictadura o Democracia, Venezuela en la encrucijada. Pretendí esclarecer el contexto de dicho fracaso: la profunda decadencia y crisis del establecimiento puntofijista, el asalto de la barbarie que venía a llenar el vacío dejado por la claudicación de las élites democráticas y la emergencia de la dictadura, cuya entronización me parecía inevitable y que supuse apuntaba al establecimiento de un régimen totalitario de sesgo castrocomunista. El objetivo estratégico que entonces me parecía impostergable no iba más allá de afianzar y profundizar la lucha asumida en solitario y sin el concurso de los partidos políticos del viejo establecimiento por la sociedad civil venezolana, que hacía su estreno como principal protagonismo del nuevo escenario político venezolano tras el restablecimiento de la democracia. Aquella democracia de partidos que se dejaran arrasar por la barbarie y ya no sobrevivía en ellos, prácticamente desahuciados, sino en esa pujante e insurgente sociedad civil. Hasta el día de hoy: es la única reserva estrategia de nuestros afanes libertarios. Yo, por entonces, todavía creía posible restaurar el antiguo régimen y volver a la vida del pasado perdido.

Cultura y revolución, ese amor imposible

A los oyentes de Mágica FM y 92.9, a sus directivos y a quienes, desde sus micrófonos, acompañaban nuestros tristes días felices. Innegable el derroche de creatividad, libertad artística, fantasía e imaginación de los que hiciera gala la revolución cubana en esos aurorales primeros meses del despertar libertario mientras seguía siendo, - perdón por la redundancia -, popular, contestataria, anti reaccionaria y ejemplarmente “revolucionaria”. Cuando el volcánico fervor despertado en el pueblo cubano por sus afanes libertarios tumbara a la dictadura del sargentón Fulgencio Batista y el empuje de los barbudos de la Sierra Maestra fumigando el olor a alcohol y creolina, a corrupción, a prostitución y canallería, a proxenetismo y cabaret, a coca, marihuana y morfina de los últimos días del Batistiato entrara en gloria, fulgor y majestad a La Habana. Inolvidable: Fidel Castro aclamado por el delirio de la sufrida multitud escoltado por Huber Matos y Camilo Cienfuegos, los más amados y respetados de entre sus guerrilleros.

Tiranos al desnudo

A Antonio Ledezma, a Leopoldo López, a María Corina Machado, a la Resistencia Por fin, tras veinticinco años de golpe de Estado, quince de gobiernos del fallecido teniente coronel Hugo Chávez y ya cumplidos otros tres del gobierno del agente del G2 cubano Nicolás Maduro, atornillado en su cargo bajo órdenes e instrucciones de la tiranía mayor, Venezuela ha llegado al corazón de sus tinieblas. Al Congo político latinoamericano. A las últimas entrañas de su barbarie, al horror: no a la azteca de Tenochtitlán que adoraba a Tonatiuhtéotl, dios del sol, ofrendándole la sangre de las víctimas esclavizadas, ni la de Chapita Trujillo, Somoza o Rojas Pinilla en sus mataderos clandestinos de víctimas propiciatorias, conserjes caribeños de la United Fruit, sino la castrista que desplazó a los viejos caudillos ágrafos y sanguinarios – retratados por el tirano Banderas, de Valle Inclán – sino por el Secretario General del Partido Comunista. Y a Doña Bárbara por el Manifiesto Comunista. Las tiranías también se remozan.

Venezuela, Estado de guerra

Bellum Omnia Contra Omnes: la guerra de todos contra todos. La máxima de Thomas Hobbes que, según el gran pensador inglés, caracteriza el estado natural de las relaciones sociales entre los hombres, tal como lo describe en El Leviatán, su obra cumbre, habría determinado la necesidad de fundar y establecer el aparato de Estado, único poder omnipotente capaz de mantener esa tensión primigenia de máxima violencia dentro de los marcos tolerables de una convivencia relativamente pacífica. Sobre la base del establecimiento de dos formas de organización política: la soberanía – “un alma artificial que da vida y movimiento al cuerpo entero” [1]- la de institución y la de adquisición.

Maduro frente a la hecatombe, la encuesta Pronóstico

a ambición rompe el saco. La avaricia también. Es lo que se deduce de los estremecedores resultados dados a conocer por el diagnóstico 800 de la encuestadora Pronóstico realizada en forma relámpago durante este mes de junio a nivel nacional. Describe, con una minuciosidad que no deja lugar a dudas, que Venezuela vive un deslave de rechazo como jamás nunca lo viviera en sus doscientos años de historia republicana. Y frente al cual el que llevara a Chávez al poder es un juego de niños. La serpiente ha terminado mordiéndose la cola.

¿Por qué no bajan los cerros?

1 Leo en la revista NUEVA SOCIEDAD, de la Fundación Friedrich Ebert, anexa al Partido Socialista Alemán, que se edita en Buenos Aires, una entrevista con el sociólogo Alejandro Velasco, profesor auxiliar de la Universidad de Nueva York, especialista en Venezuela, en que intenta explicar “por qué no bajan los cerros”. Y las graves falencias que de ello se deriva, según su peculiar visión de la crisis de excepción que vive Venezuela, para el campo opositor. Con el que, manifiestamente, el profesor Velasco no simpatiza. Siendo la oposición venezolana, como parece, una de las cobayas de su laboratorio experimental de ciencia política. Lo que tampoco significa que esté de acuerdo con el régimen de Nicolás Maduro, como corresponde a un sociólogo “correcto”. Vale decir: neutral in partibus infidelis. El se pretende un observador imparcial. Al extremo de rechazar las posiciones del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, al que descalifica con un olímpico desprecio muy propio de quien ve los toros desde el escritorio de una bien remunerada cátedra universitaria de un país que jamás ha vivido una crisis de excepción: “En esta oportunidad, esta dinámica” – de radicalización - “ha sido alentada de manera acentuada y –estoy convencido– irresponsable, por voces como la del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, cuyas declaraciones llegan a sonar más fuertes que las de la propia oposición.” Clásico ejemplo del investigador social que intenta ser “correcto”, de esos que según lo expresara Marx en La ideología alemana creen que los hombres no flotan porque no se les ocurre, y que la crisis venezolana no es cuestión “de la cosa misma” como diría Hegel, sino un pervertido producto del fanatismo, el inmediatismo y el delirio de gentes malsanas como el Secretario General de la OEA y los integrantes radicalizados de la MUD. De ninguna manera de un régimen que, sepa nuestro sociólogo por qué perversa razón, asesina en promedio a un manifestante por día. Lo que, según su parecer, nada tiene que ver con las irresponsables declaraciones del Secretario General de la OEA. Desde luego, debe pertenecer, como buen analista socialdemócrata, a la quinta del Sr. Rodríguez Zapatero y consortes e imagino que está de acuerdo con que no se aplique la Carta Democrática de la OEA a un régimen que, seguramente, no considera dictatorial. Y cuya tragedia ha de parecerle producto de sus irresponsables protagonistas. De lado y lado, como solían decir los neutrales del conflicto. De los que disparan a la cabeza con fusiles de alto calibre y los que intentan defenderse con escudos de cartón.

Pompeyo Márquez

Hace cuarenta y cinco años, en pleno gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular, Tomás Amadeo Vasconi, a cargo de la sección de Ideología y Cultura del Centro de Estudios Socio Económicos de la Universidad de Chile, en Santiago, nos invitó a Marco Aurelio García y a mi a conocer al líder máximo de la izquierda venezolana. Nos recibió en el Lobby del Hotel Carrera, a pocos pasos de La Moneda, en donde se decidía el destino de Chile y de América Latina tras un proyecto que el visitante venía a conocer de primera mano. Era un hombre joven, en la plenitud de su madurez – tenía cincuenta años – que aunaba una impactante reciedumbre con una dulzura en el trato, una generosidad en sus palabras, una inmensa sabiduría y una humildad que contrastaba con la importancia que sabíamos poseía.

Cuba y la gran estafa

A Robert Gilles Redondo Nada más parecido al nazismo hitleriano o al fascismo mussoliniano que el castro comunismo cubano. Si bien en versión subdesarrollada, miserable, africanizada y polvorienta. Pero si los resultados no son los mismos – la Alemania de Hitler pudo salir del abismo de su crisis y alcanzar un poder militar e industrial por su propio y solitario esfuerzo – los efectos en cuanto a la esclavización mental de sus fieles e infelices oprimidos, la cuartelera subordinación de sus súbditos, la militarización de todos sus ámbitos y la pavorosa sumisión a los dictados de un solo caudillo, sin contar con las absurdas pretensiones injerencistas e imperiales de someter a un continente entero, nadie puede sostener en su sano juicio que la tiranía cubana no sea una mala copia al carbón de los ímpetus totalitarios y exterminadores de la dictadura nazi fascista.

Leopoldo López ante sus torturadores

Dele las vueltas que quiera: hacer desaparecer de la escena a Leopoldo López, prisionero de la justicia del horror y rehén por antonomasia de la farsa castrocomunista imperante en Venezuela que obedece a los titiriteros cubanos; ocultar al líder indiscutido de la oposición democrática y héroe de la resistencia activa y militante echando a correr la voz de que está muerto luego de haber sufrido una intoxicación en la cárcel de Ramo Verde, filtrar la noticia para que fuera difundida internacionalmente por un republicano que ha hecho de la causa de los venezolanos su propia causa, y aterrar a su madre, a su esposa, a sus hijos, al círculo más íntimo de sus compañeros y al país entero con las dudas sobre si ha sido efectivamente asesinado, ha sufrido una intoxicación mayor o menor, se encuentra en tal o cual hospital, negándose a dar la más elemental información sobre su condición y verdadero estado pone absolutamente de manifiesto el talante fachista, despótico, totalitario, siniestro y tortuoso de la dictadura de Nicolás Maduro y sus pandillas.

El papa y Venezuela

Suelto de cuerpo, sin la parafernalia multitudinaria de la Plaza San Pedro, en la intimidad de un vuelo privado y un cortejo de periodistas invitados, Jorge Alejandro Bergoglio se dignó otorgarle algunos minutos a Venezuela. Sus declaraciones son, por decir lo menos, de una impiedad indignas de su cargo y más propias de un político argentino claramente sesgado a favor de la dictadura y sus fuerzas de choque. Dos consideraciones le parecieron destacables, a juzgar por la información de las agencias de noticias internacionales que lo reportan: que de haber un diálogo, las condiciones debían ser claras. Cabe preguntarle, ¿no lo fueron cuando se prestó a ellos? ¿No lo supuso, en conocimiento de los reiterados engaños sufridos por la oposición que se prestara a ellos antes de recurrir, en un último esfuerzo, a una mediación seria, piadosa y justa, y frente a cuyo fracaso hoy se lava las manos, dejando colar sibilinamente la segunda consideranción que podría concurrir a explicar desde su muy peculiar perspectiva la tragedia que sufrimos los venezolanos, a saber que la oposición está desunida? ¿Quiénes son los culpables de que esos diálogos no hayan sido “claros”? ¿El régimen dictatorial o la oposición dividida?

La biografía de Kim Il Sung que nunca escribí

1 Debe haber sido durante la primavera del año 1976. Recibí un llamado desde Paris pidiéndome me desplazara de München, donde vivía – trabajaba por entonces en el Max Planck Institut en Starnberg, a algunos kilómetros de la capital bávara – a Berlin Oriental. Me comunicaron los datos del apartamento en el que debía presentarme al día siguiente para encontrarme con Andrés Pascal Allende, máximo dirigente del MIR chileno luego de la muerte de Miguel Enríquez y el más alto dirigente del MIR, que acababa de salir al exilio tras un rocambolesco enfrentamiento con los agentes de seguridad del dictador chileno.

El ultimátum de Almagro y la internacionalización de nuestro conflicto

A @hectorschamis Desde comienzos del año 2015, mientras se celebraba en Panamá el encuentro interamericano que consagrara finalmente la apertura del Departamento de Estado al restablecimiento de las relaciones diplomáticas con La Habana bajo la protectora complacencia y la incondicional recomendación del papa Francisco I, el columnista del periódico El País de España y catedrático en una afamada universidad norteamericana, Héctor Schamis, puso el dedo en la llaga y dio con la clave de la resolución del conflicto venezolano: en tanto no existieran en el interior de Venezuela fuerzas capaces de dirimir el conflicto, en uno u o en otro sentido, y no existían, dicha resolución quedaría en manos de factores externos. Y dado que dichos factores definitorios – Washington y el Vaticano – no tenían el menor interés en resolverlo, y Cuba se aprovechaba de la insólita alcahuetería de los demócratas norteamericanos para con el régimen de Raúl Castro, el resultado final sería el mantenimiento del status quo, dejando correr el conflicto, por lo menos formalmente, hasta el 2019. Luego, ya se vería.

Asalto en Caracas

Thomas Hobbes, el gran pensador inglés autor de uno de los escritos constituyentes del Estado moderno, el Leviatán, atribuye la necesidad de su origen al máximo temor del hombre: no a la vida, que la carga inconsciente de su valor, sino a la muerte. Y no a cualquier forma de muerte, un hecho inevitable al que la cultura ha intentado dar una respuesta satisfactoria, aunque siempre frágil e insuficiente, sino al temor a una muerte violenta, la más espantosa de las muertes. La muerte causada por el hombre en su lucha existencial por el poder.

Julio Borges, la MUD y la teoría de los espacios

El último remanente argumental del que continúan aferrándose los náufragos de la oposición ahora revalidada para legitimar su disposición a someterse a las humillaciones de Nicolás Maduro, Vladimir Padrino y Tibisay Lucena fue inventado allá por el año 2006, en los prolegómenos del turbio arreglo entre Teodoro Petkoff y Julio Borges para desbancar el empuje y los ímpetus de la sociedad civil – que venía arrastrando en solitario el pesado carro de la oposición a la entonces proto dictadura – para hipotecar su fuerza contestataria, endosársela a los partidos políticos – que recién medio que se recuperaban del desastre de la Cuarta - y acoplarla al carro del candidato Manuel Rosales. Basta comprobar el estado en que se encuentra el entonces candidato, el poder efectivo y real de la Asamblea Nacional en mayoritarias manos opositoras y el doloroso fracaso del Referéndum Revocatorio propuesto por Henrique Capriles para desmantelar la falacia que encubría dicho argumento. Que más que un argumento, era una infamia. No fue la abstención la causa de la dictadura. Fue la dictadura la causa de la abstención.

Venezuela, Bergoglio y nuestros enemigos

“Der Feind ist unsre eigne Frage als Gestalt. Weh dem, der keinen Feind hat, denn sein Feind wird über ihn zu Gericht sitzen. Weh dem, der keinen Feind hat, denn ich werde Sein Fein am jüngsten Tage.”[1] La intromisión papal en un grave problema político como el que nos afecta atenta contra la propia religión y, lo que es muchísimo más grave, contra la propia política. Pues religión y política, llevados a sus extremos existenciales, son absolutamente antinómicos. La religión, por lo menos la cristiana, que es de la que se trata, se sintetiza en una sola frase: “amaos los unos a los otros”. La política, en el extremo opuesto, trata y se sintetiza en otra de tan profundo y singular calado como la de Jesucristo, expresada de manera extraordinaria por quien, de origen profundamente religioso, cristiano y católico, como el alemán Carl Schmitt escribiese en 1922, todavía frescos los millones de cadáveres dejados sobre los campos de batalla por los enemigos de las potencias políticas europeas: “el concepto de lo político puede ser reducido a la relación amigo-enemigo”. Llegado al punto del mortal enfrentamiento puesto en acción por las fuerzas golpistas, militaristas y castrocomunistas venezolanas a partir del 4 de febrero de 1992, su leit motiv no ha sido otro que el opuesto al de Jesucristo, impuesto en América Latina por Fidel Castro desde el 1 de enero de 1959: “odiaos los unos a los otros”.

Venezuela, la decadente

A Pedro Pablo Aguilar "Porque hemos escrito nuestra verdad -deficiente y todo- pero verdad. Llegó la hora de que se llamen las cosas por su nombre y no los nombres por su cosa". José Rafael Pocaterra, Memorias de un venezolano de la decadencia 1 Duele comprobar la discontinuidad que caracteriza a la atormentada historia de nuestra república. Ascensos a las más altas cumbres y caídas a los más oscuros abismos. Avances que auguran pisar el firme terreno del progreso, la paz y la prosperidad para retroceder de inmediato a los más funestos períodos de la anarquía y la desintegración. Pareciera que nuestra sociedad no soporta el esfuerzo continuo y ascendente que caracteriza a las grandes naciones y una maldición atávica empujara a la regresión y la barbarie.


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