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¿Se consumaría nuestra tragedia?

Dios ciega a quienes quiere perder. Para nuestra infinita desgracia, desde fines de los ochenta hemos sido sus elegidos. Hoy estamos aquí, ciegos y extraviados. Por nuestra propia culpa. Por nuestra propia irresponsabilidad

La hora de la verdad

Victoria a todo coste, victoria a pesar del terror, victoria aunque el camino sea largo y duro; porque sin victoria no hay supervivenciaWinston Churchill Pocos, muy pocos venezolanos, y mucho menos los jóvenes que constituyen la inmensa mayoría vital y pujante de la Patria, tienen plena conciencia de un hecho que estuvo a un tris de fracturar la historia contemporánea en dos mitades y que pudo haber desembocado en una tragedia apocalíptica: la que pudo haber sido una rápida, indetenible y violenta invasión de Inglaterra por Hitler y su victoria total sobre toda Europa y la mitad del planeta. Tras de la cual, la caída de Moscú o su total subordinación al imperio hitleriano del Tercer Reino hubiera sido sólo cuestión de tiempo, el control planetario por el llamado eje – Alemania, Italia y Japón- hubiera sido un hecho consumado y el aislamiento de los Estados Unidos, como el de una gran isla retirada a las profundidades de su ser en un planeta ajeno y desquiciado. En ese planeta, América Latina no hubiera tenido nada que aportar, salvo sus materias primas. Y escoger entre sumarse al dominio germánico y tratar de sobrevivir o retraerse a la autarquía y el anonimato. El dominio ario, la desaparición de las tribus de Israel, el sometimiento de otros grupos humanos y religiosos de la faz de la tierra y la esclavización de inmensas extensiones terrestres y marítimas, hubieran sido un hecho inevitable. Hitler hubiera coronado sus delirios. Ser el amo del mundo.

Los militares venezolanos ante la historia

Es una pesada factura que tendrán que saldar más temprano que tarde. Pues ese gigantesco caudal de fuerza viva, popular, soberana que se desbordara como un tsunami el pasado jueves 1 de septiembre por las calles y avenidas de Caracas y se manifestara con una virulenta expresión de rechazo a Nicolás Maduro en Villa Rosa no se detendrá hasta conquistar su inalienable derecho: el de vivir en paz, en libertad, en prosperidad. ¿O alguien cree que esta dictadura militar es eterna y no tiene los días contados?

Secretos indecentes

Es indudable que la responsabilidad por la mantención de la dictadura de Nicolás Maduro no sólo recae en los tiranos cubanos, el Sr. Padrino López y sus fuerzas armadas, los colectivos, el hambre y la miseria inducidas a un pueblo desesperado. Recae también y sobre todo en una dirigencia que aún no comprende la existencial urgencia de construir una verdadera unidad de todas las fuerzas antidictatoriales para desalojar cuanto antes a la dictadura. Del resto, paciencia: las presidencias vendrán por añadidura. Antonio Sánchez García @sangarccs “La oposición solicitó que esa reuniones se mantengan en secreto y nosotros hemos mantenido la palabra”. Jorge Rodríguez, Alcalde Metropolitano. El Nacional, 13 de septiembre de 2016 “Rodríguez Zapatero ha sido exitoso en su verdadero propósito, que no es otro que el de desprestigiar a los partidos de la oposición venezolana.” Editorial de El Nacional, 15 de septiembre de 2016 Un mínimo desliz puede echar abajo un esfuerzo notable y poner bajo el foco de la duda y el desprestigio años de logros y esfuerzos. Es lo que ha sucedido desde la aparición de uno de los más turbios personajes de la Internacional Socialista, en contubernio con la tiranía cubana, el Sr. Rodríguez Zapatero, en el escenario político venezolano. Resulta inaudito que la misma dirigencia que logró capitalizar el gigantesco descontento que llevara a la primera derrota de proporciones sísmicas de la dictadura, como lo fuera la soberbia victoria electoral del 6 de diciembre, que encendió un faro de luz al final del túnel, haya desembocado en dos derrotas aparentemente banales y de menor cuantía pero de consecuencias de insoslayable gravedad: la castración e impotencia infringida por el régimen a nuestra mayoría parlamentaria, asumida, por cierto, sin mayor desacato ni rebeldía por nuestros parlamentarios. Como si no se hubiera tratado de un verdadero golpe de Estado institucional contra los millones de electores defraudados. La segunda de ellas está en pleno desarrollo. Es el grave descrédito en el que ha caído la dirigencia política opositora al hacerse cómplice de la maniobra de Zapatero teledirigida desde La Habana, dejándose naricear por la satrapía de una manera que no hace honor a los sacrificios de nuestro pueblo y propiciando, no sólo su propio desprestigio, sino la fractura de la unidad indispensable para llevar a buen fin el anhelo libertario de la inmensa mayoría de los venezolanos. En honor a la verdad sea dicho que la promiscuidad con Zapatero y sus acólitos, los ex presidentes de Panamá y República Dominicana, desde su primer intento en Punta Cana, no debe ser endosada, en rigor, a la llamada Mesa de Unidad Democrática en su conjunto, sino a ese artilugio de camarillas llamado G-4. Resultado de una arbitraria deconstrucción del carácter auténticamente plural, democrático y verdaderamente representativo de ese conglomerado para que la dirección de las luchas anti dictatoriales y el poder efectivo representado en ella recayera exclusivamente en los partidos Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular. Pagándose y dándose el vuelto. Los mismos que resultaran, con ello, nominalmente beneficiados durante las referidas elecciones parlamentarias al negar la lógica, sana y natural exigencia de los restantes partidos miembros del conglomerado por efectuar elecciones primarias como la única y verdaderamente democrática manera de escoger candidatos que expresaran de la manera más fiel el verdadero sentir popular. El trecho que separa a esa auto decidida dirigencia política respecto del sentir de los anhelos colectivos no puede ser más notable. La gigantesca participación popular del 1 de septiembre y la ira expresada en Villa Rosa, ¿caben en ese cuarto de hotel en el que se escenifican esos encuentros secretos entre el G4, el Sr. Rodríguez Zapatero y los esbirros de Nicolás Maduro? ¿O no son más que el prolegómeno a las ansias presidencialistas de quienes, sin ninguna consideración a compañeros presos y al trágico estado de quienes sufren las iniquidades de la dictadura, ya se pavonean no sólo como auto proclamados candidatos presidenciales sino, al decir de algunos de sus paniaguados, como los seguros próximos presidentes de Venezuela? ¿Quién está escribiendo ese guion? ¿El Sr. Zapatero, los Castro, Maduro, el G4, el presidente Obama o el papa Francisco? Una cosa está meridianamente clara: ese guion ni está siendo escrito por el pueblo venezolano, único protagonista de este grave e incierto momento histórico, ni le es en absoluto beneficioso. Sólo sirve a la estabilización del régimen y a la postergación sine dia de la superación de la crisis y la recuperación de nuestra democracia. Pero sobre todo, como lo subrayara El Nacional en su editorial del 15 de septiembre pasado, “a desprestigiar a los partidos de la oposición venezolana”. ¿Mayor prueba de la verdadera misión del sicofante español? Es indudable que la responsabilidad por la mantención de la dictadura de Nicolás Maduro no sólo recae en los brazos de los tiranos cubanos, el G-2 y los generales de Raúl Castro, el Sr. Padrino López y sus fuerzas armadas, los colectivos, el hambre y la miseria inducidas a un pueblo desesperado. Tampoco en la insólita complicidad de Washington y el Vaticano. Ni en los gobiernos que hoy asisten a la destartalada cumbre de los sedicentes países no alineados. Recae sobre todo en una dirigencia que aún no comprende la existencial urgencia de construir una verdadera unidad de todas las fuerzas antidictatoriales, capaz de postergar toda ambición individual o grupal que distraiga nuestros esfuerzos por salir de la dictadura, establecer un gobierno de transición y reconstruir el Estado de Derecho, representando con dignidad y grandeza el sufrimiento de millones y millones de venezolanos que nos urgen para hallar una pronta salida a su crisis humanitaria. Del apuro queda el cansancio y el desespero, malos consejeros para tiempos oscuros: las presidencias vendrán por añadidura. @sangarccs

Castro y la guerra inconclusa

Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero. Fidel Castro a Celia Sánchez, Sierra Maestra, 5 de junio de 1958

Chile y Salvador Allende

Allende y la Unidad Popular viven en la Revolución Bolivariana. Sus luchas, legado y ejemplo nos guían e iluminan. Jorge Arreaza, 11 de septiembre de 2016 El País: ¿Quiénes serían los herederos del allendismo en el continente? Isabel Allende Bussi: No creo en esas cosas. En Chile existe mucha gente que se siente allendista en el sentido de que siente la influencia de un hombre que se dedicó toda la vida a pensar en los más necesitados y me parece bien. Pero no hay un heredero. El País, 28 de octubre de 2015

Alfredo Peña

A Boni Simonovis No conocí ni jamás socialicé con Alfredo Peña. Seguí sus tortuosas ejecutorias al frente del principal y más influyente periódico del país y su peñonazos por Venevisión. Sufrí la aspereza de su desembozada campaña en contra de Carlos Andrés Pérez y a favor del golpismo que lo defenestrara, responsable de la devastación que hoy sufrimos todos los venezolanos. Esfuerzos gratificados con un puesto en la Asamblea Constituyente, cuando brincara del periodismo a la política activa, un ministerio arrebatado a su comadre Carmen Ramia con todas las malas artes de la inescrupulosidad y la mendacidad de que podía ser capaz, y la alcaldía de Caracas que, justo es reconocerlo, obtuvo en buena lid con una abrumadora y aplastante mayoría de votos. Sus caminos coincidían con los de un pueblo desmemoriado, enloquecido y extraviado. ¿Habrá soñado en algún momento de su vida con alcanzar la presidencia de la República, como también lo deseara con ardor y pasión su otro yo, el también periodista y político José Vicente Rangel?

Antes del alba

A Carlos Alberto Montaner Diciembre de 1959. Dos de las tres figuras claves de la victoria de las fuerzas guerrilleras cubanas sobre los ejércitos del dictador Fulgencio Batista, que escoltaran a Fidel Castro, una de ellas, en su apoteósica entrada a La Habana el seis de enero de ese mismo año, han desaparecido tumultuaria o misteriosamente del escenario, limpiando los más importantes escollos del camino hacia el poder totalitario de los dos hermanos Castro, Fidel y Raúl.

Fin del partido: enfrentamiento y desacato

El 6D, la Gran Marcha y Villa Rosa acotaron los términos del enfrentamiento entre el régimen, su gobierno dictatorial y el pueblo democrático. Más evidencias y de mayor calado, imposible: el gigante ha despertado, se ha puesto en marcha y ha terminado por acorralar en sus últimos bastiones a la pandilla que usurpa el Poder. Ante la irreversible y progresiva gravedad de la crisis de todo orden que paraliza al país, nos encontramos en la etapa final de este largo y accidentado enfrentamiento entre la dictadura y la democracia, a la espera del desenlace. Que no puede ser ni será otro que el desalojo de la dictadura. No es el comienzo del fin ni el fin del comienzo: es el fin del fin. Hagan las apuestas.

El Revocatorio, la Toma de Caracas y Villa Rosa

Como un coletazo de la mayor marcha que recuerde la historia del continente, y transcurridas algunas horas, los indignados habitantes de Villa Rosa, en la isla de Margarita, han dado rienda suelta a su desesperada indignación por los sufrimientos que soportan bajo las infamantes carencias a las que nos somete el régimen, soltando la ira que sienten por Nicolás Maduro, el máximo responsable, caceroleando y gritándole a voz en cuello frente a frente y en su propia cara su encarnizado rechazo. Sólo la contención autoimpuesta evitó que la poblada tomara la justicia en propias manos y el incidente pasara a mayores.

A la caza del liderazgo de Voluntad Popular

A Leopoldo López Por lo visto, los analistas políticos que atribuyen el odio que alimenta la cacería montada por la GESTAPO del régimen contra los líderes del partido Voluntad Popular al temor de que reediten los estremecedores hechos de la revolución de febrero del 2014, están descaminados. No leyeron la Proclama aprobada por cinco mil jóvenes activistas de Voluntad Popular hace algunos días tras sesudas y prolongadas discusiones de su dirección nacional. Sus cinco puntos fundamentales constituyen una descarnada e irrebatible descripción de la naturaleza dictatorial, represiva, ladrona y hambreadora de la peor dictadura que conoce la región; comprueba que los capitostes de esa dictadura, que sirven de manera lacayuna y obscena a la tiranía cubana, no cederán sus espacios ante las masivas demandas del pueblo sufriente y desesperado que exige la salida urgente e inmediata de Nicolás Maduro y el desmontaje y desalojo de la régimen militar que lo respalda; concuerdan con la exigencia de la MUD, a la que también pertenecen, por celebrar este mismo año el Referéndum Revocatorio reconocido como un derecho constitucional inalienable del pueblo soberano. Y perfectamente lúcidos y conscientes de que los despojos sobrevivientes de esta satrapía, cordón umbilical de la tiranía cubana a la que mantiene con vida, no tienen ni las ganas ni la autonomía como para aceptar el desalojo que un RR haría imperativo, los activistas de Voluntad Popular se comprometen a convocar a la desobediencia civil de carácter nacional que, en base a los artículos 333 y 350, imponga la salida del sátrapa, el desalojo de la satrapía y la conformación de un gobierno de unidad nacional encargado de convocar a una asamblea constituyente al más urgente e inmediato de los plazos. Para abrirle a Venezuela las puertas al futuro.

1 de septiembre de 2016: Hora Cero

Este próximo jueves 1 de septiembre se estará viviendo en Caracas y en toda Venezuela un vuelco en ciento ochenta grados respecto de la situación política del país: se estará dando inicio a la nueva etapa en esta guerra virtual que le ha costado a nuestro país cientos de miles de muertes, las últimas por inanición, hambruna y carencia de medicinas y atención sanitaria; la devastación de su capacidad productiva y el derrumbe total de sus instituciones republicanas, la perversión de la moralidad pública y el pleno cumplimiento del siniestro destino de todas sus revoluciones, como lo escribiera Luis Level de Goda hace más de un siglo refiriéndose a las más de cien revoluciones que sacudieran el cuero seco de la República durante el siglo XIX: “Las revoluciones no le han causado bien alguno a Venezuela. No han producido sino el caudillaje más vulgar, gobiernos impersonales y de caciques, grandes desórdenes y desafueros, corrupción, y una larga y horrenda tiranía, la ruina moral del país y la degradación de un gran número de venezolanos.” Pareciera escrito hoy: lo fue en 1893.

Los militares en la encrucijada

Llegar a Venezuela aventado por los militares golpistas chilenos, ensañados en una guerra mortífera y total contra los sectores populares y sus partidos políticos, y capaces de horrendas prácticas de sevicia, persecución, acorralamiento y muerte de los sectores democráticos – poco importan las razones, que la vileza y la inhumanidad no tienen justificación – me produjo un muy hondo impacto emocional.

Preso pero libre, testimonio de una infamia

A Antonieta Mendoza de López Coincido mucho más con ellos en las ideas que con estos falsos revolucionarios que con lenguaje izquierdista destruyen a su país después de saquearlo. Felipe González Un juicio tan pervertido y amañado como los que signaron “la justicia del horror” nacionalsocialista durante los aterradores años del Tercer Reich, decidió, como Hitler y sus sicarios decidían de la suerte de millones de judíos escogidos como víctimas mortales de sus infamias y delirios, Stalin y Mao de los millones de sus víctimas asesinadas en sus campos de concentración y Castro dejara pudrir en sus mazmorras a quienes en su momento encabezara Huber Matos en ese via crucis carcelario tan propio del marxismo leninismo, que Leopoldo López Mendoza debía ser crucificado en vida en la prisión de Ramo Verde.

La pesadilla de Arturo Uslar Pietri

En uno de sus escritos sobre las perspectivas que imaginaba para Venezuela – son tantas sus obras que no recuerdo en cuál de ellas – Uslar Pietri, definiendo la naturaleza informe, invertebrada e invasiva del macrocefálico Estado venezolano y su función asfixiante sobre la iniciativa privada, en la que reconocía al único factor productivo de riqueza de la sociedad contemporánea, se imaginó la más aterradora de ellas: veía a Venezuela, en su peor pesadilla, postrada en una crisis terminal causada por su delirante populismo y sus pobladores reducidos a la más absoluta miseria, echados parasitariamente, semi inconscientes junto a las ubres de la vaca petrolera, ya exangüe y sin poder dar más de sí.

Leopoldo López: ¿El Huber Matos venezolano?

La prueba más irrebatible de que Maduro es una marioneta de los Castro y su régimen una vulgar satrapía al servicio de la tiranía cubana la ha dado el circo procesal – forjado de la afiebrada voluntad de una justicia servil a los dictados del sistema – del líder de Voluntad Popular y factor esencial de la lucha contra la dictadura, Leopoldo López.

Venezuela se está muriendo

A los activistas de Voluntad Popular “Proclama de Voluntad Popular” “Nosotros activistas de Voluntad Popular, reunidos hoy en esta máxima instancia, declaramos: *Primero*, los venezolanos estamos viviendo los momentos más oscuros de nuestra historia reciente. La situación actual es absolutamente inaceptable desde todo punto de vista, y por lo tanto, asumimos como un deber ético, histórico y moral sacar del poder lo antes posible a la dictadura más corrupta, ineficiente, represiva y hambreadora que ha tenido nuestro continente.

La culpa no es del ciego

Sarcástico y no sin cierto regocijo comenta Luis Almagro el impasse suscitado desde hace meses en España, sumida en el laberinto del nombramiento del nuevo gobierno. Le pregunta el periodista del periódico ABC:“Para terminar, España. ¿A usted le sorprende que los partidos políticos no sean capaces de ponerse de acuerdo para formar y que se pueda llegar a las terceras elecciones en menos de un año?” Responde el Secretario General de la OEA: “No me sorprende. No me sorprende, porque soy latinoamericano. Cualquier país latinoamericano tendría estos problemas para armar un Gobierno en un sistema parlamentario.”

Donald Trump, el terror, USA y Venezuela

“No porque un pueblo carezca de la fuerza o la voluntad de mantenerse en la esfera de lo político, desaparece lo político del mundo. Lo que desaparece del mundo es un pueblo débil.” Carl Schmitt, El concepto de lo político.[1] Los países tienen intereses, no amistades, dice la conseja. Si bien, siguiendo las coordenadas de la política, según Carl Schmitt, tienen amigos y enemigos. Nada nuevo. Hace un siglo, Europa se destrozaba en las trincheras de Valmy y Verdun y millones de cadáveres sembraban los caminos de Francia y Alemania. Treinta años después seguían destrozándose, multiplicándose los cadáveres, siendo asesinados millones de judíos por causas horrendas, dejando caer la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. La paz de Postdam tampoco trascendió los cementerios: no ha habido un solo año desde el fin de la Segunda Guerra Mundial que no se haya cuajado en sangre. Hasta llegar al desiderátum del horror: el terrorismo, no como excepción a las reglas de las caballerosas leyes de guerra de tiempos pretéritos ni acotada al corazón de Europa, sino como práctica globalñ, cotidiana e inmediata de inmensos conglomerados humanos – ya son bloques planetarios - que han asumido la guerra como un hecho total y el terrorismo como práctica acostumbrada. Pocos acontecimientos más preñados de violencia y desestabilización del futuro inmediato de la humanidad que el asalto a Europa provocado por el fanatismo religioso y la miseria, dos pestes inveteradas que han logrado desplazar a millones de seres humanos de un contexto sociocultural preñado de rencor, odio y violencia a otro situado varias escalas por encima en el desarrollo de la cultura y la civilización. Productos esa miseria y ese fanatismo de una historia tan vieja como Occidente: el islamismo y el progreso. El ángel de la historia, que Walter Benjamin veía retratado en esa impresionante pintura de Paul Klee, Angelus Novus, mira hacia el pasado que no es, en el presente sobre el que fija su mirada, más que una montaña de ruinas y devastación. ¿Qué hacer? Por primera vez en sus decenas de miles de años de historia humana, el planeta se ha hecho uno. La historia universal se ha consumado en esta historia global a cuyo desarrollo asistimos a diario, testigos omniscientes de lo que ocurre en el más remoto rincón del planeta como si estuviera a la vuelta de la esquina, en cualquier momento, a cualquier hora. La tierra, ese mundo que hasta no hace más de medio siglo seguía siendo “ancho y ajeno”, se nos ha convertido en una casa de vecindad. Sin por ello haber menguado los pueblos que ya se tocan hombro con hombro en sus odios y resentimientos. Se produce así la terrible contradicción entre una máxima cercanía y un brutal acrecentamiento de los odios idiosincráticos. Es la causa del terrorismo: la dramática desaparición de grandes, de inmensos espacios vacíos y la consiguiente reducción de las distancias provoca la tentación de la mutilación inmediata. De esa dramática reducción de las distancias, determinada en gran medida por el progreso en los medios de transporte gracias al vapor, la electricidad y la telegrafía, esperaba el político, diplomático y finalmente sacerdote español Juan Donoso Cortes a mediados del siglo XIX la conformación en el XX de gigantescos conglomerados totalitarios. Acertó. Sólo que con el abisal progreso de las telecomunicaciones telemáticas la guerra se desplaza del lejano campo de batalla de la Primera y la Segunda Guerra Mundial a la esquina aledaña de nuestras ciudades. El terror duerme y cohabita con nosotros. ¿Bastara un muro, como el construido por los chinos hace más de dos mil años, para alejarlo de nuestras puertas? ¿Cabe alterarse ante el horror del terrorismo, que salvo el espantoso atentado iraní a la sede de la AMIA, en Buenos Aires, corazón de la comunidad judía argentina, no parece encontrar un terreno propicio en nuestra región? ¿O sólo es cuestión de tiempo para que el mal del milenio asome sus garras también en América Latina? Los abrumadores y despiadados ataques de los medios liberales del planeta – todos, desde los grandes medios norteamericanos hasta los grandes medios europeos, regiones privilegiadas y víctimas propiciatorias para los brutales ataques de la Yihad – contra el candidato Donald Trump dejan ver el profundo disgusto, incluso el odio que provoca ante las buenas conciencias del liberal progresismo mundial la militancia abiertamente antiterrorista y sin dobleces o medias tintas del candidato republicano contra los desplazamientos inmigrantes. Que él acompaña sin melindres, es cierto, con un rechazo frontal contra la inmigración ilegal de los mexicanos a los Estados Unidos. No existe un solo medio en el mundo que haya asomado la más mínima simpatía por el personaje, hecho más que sorprendente cuando sus filípicas contra el terrorismo islámico y su rechazo a la masiva infiltración de sus huestes coinciden en el tiempo y en el espacio con los más atroces atentados y la práctica invasión de Europa por masas multitudinarias procedentes de África y el Medio Oriente. No se hable del práctico asalto de los Estados Unidos por la población latinoamericana, que ya constituye la primera minoría votante del gran país del norte. Sorprende, no obstante, que un candidato carente de la seductora simpatía de un Barak Obama, más bien repelente, prepotente y mendaz - y que se encuentra en las antípodas del afrodescendiente que arrasó en las pasadas elecciones, debiendo enfrentar una campaña cotidiana de descrédito que suele revolcarlo a diario como salido de las pestilentes cloacas del nazismo – basta revisar todos los editoriales de New York Times, del Washington Post, de Le Monde o de El País y el ABC, de España dedicados a analizar su campaña, para ver la pesada artillería de denuestos que le son endilgados cada amanecer mediático –; sorprende, digo, que un personaje tan alejado de los cánones recomendados por asesores electorales en un país en que una candidatura debe contar con los mismos medios y la misma artillería imaginaria con que se venden los perfumes de moda, haya podido arrasar en las primarias del partido al que se acogiera, que ni siquiera era el suyo, para expresar su estridente y nada diplomático descontento. No ha llegado Donald Trump al extremo de amenazar con freír las cabezas de demócratas y liberales de izquierda o a colgar de las farolas a los mujahideen que propagan la Yihaddesde las mezquitas que ya pueblan los barrios acomodados de Londres, Roma, Paris o Nueva York. No es un Hugo Chávez cualquiera. Ni siquiera es un pobre diablo, como lo era el teniente coronel que desbarrancara a la próspera y democrática Venezuela, cambiando las coordenadas democráticas de nuestra región, reflotando del naufragio a la Cuba dictatorial y provocando el desbalance de esta parte del mundo en su participación en el escenario mundial. Es un multimillonario exitoso y consentido de la farándula norteamericana. Excéntrico y con evidentes rasgos esperpénticos. ¿Pero de allí a compararlo con Hugo Chávez? Si los medios señalados se hubieran enfrentado, desde los tiempos de su golpe de Estado y su campaña presidencial – cuando esgrimiera la amenaza de las sartenes hirvientes contra adecos y copeyanos - a Hugo Chávez con la misma ferocidad y la misma virulencia con que rechazan a Donald Trump, no digo que le hubieran dificultado la faena. Pero hubieran permitido creciera la conciencia del horrendo mal que se cocinaba en los cuarteles venezolanos. Como no lo hicieron, sino cuando ya no suponía ninguna gracia, permitieron que su grato presidente demócrata Barak Obama - incluso el menos grato republicano George Bush hijo - jamás denigrado, miraran de soslayo, renunciaran a cumplir el papel que les hubiera correspondido en la región y siempre grato a los editorialistas jamás blandieran la espada contra el terrorismo, el narcotráfico y la dictadura que se cobijaban en las sobaqueras del caudillo y su estado narco forajido. Llegando al exabrupto de respaldar a la tiranía cubana y no tocar, ni con el pétalo de una rosa, al agente cubano que nos desgobierna. No se diga encarcelar a sus narcotraficantes trisoleados. Hoy, cuando el terrorismo con el que el chavismo gobernante ha mantenido las mejores relaciones de convivencia, ya amenaza con invadir sus hogares, se alzan indignadas las huestes de Trump y buscan las demócratas de Clinton, con la cola entre las piernas, ver modo de cohabitar con una peste que parece haber llegado para quedarse. De modo que sin que sienta yo la menor simpatía por Donald Trump, menos la sienta por Hillary Clinton. Que los electores decidan. Talvez, como lo advertía con desesperación y hasta el momento mismo de su muerte la heroica periodista italiana Oriana Fallaci, sea demasiado tarde. Al parecer, en Italia ya hay más minaretes que campanarios. Nosotros a lo nuestro: salir de la dictadura con nuestras propias fuerzas. Sería una gran contribución para frenar el despliegue de la Yihad en América Latina. @sangarccs

Las fuerzas armadas ante la crisis: soberanía y estado de excepción

El día que uno de estos infames gamonales amanezca sitiado y preso en su madriguera por los mismos hombres de que pensó servirse, y éstos, rehabilitados por su acción, alcen la dignidad de la república sobre la hoja de su espada, habrá terminado para siempre el ciclo de las barbarocracias y el apogeo de los barbarócratas”. José Rafael Pocaterra, Memorias de un venezolano de la decadencia, 1907[1]

Doña Elena y la venganza de Bolívar

A las frenéticas indigestiones causadas por el consumo del chile jalapeño, las enchiladas y el pozole, que suelen pillar desprevenido al turista que visita ese país asombroso llamado México, los naturales le llaman, entre sarcásticos y compasivos, “la venganza de Moctezuma”. Ellos, que mantienen una relación cordial y respetuosa con la muerte, saben que en el trasfondo de los pueblos late el fantasma de la venganza. Pronto a caerle a saco a aquellos que lo traicionaron o se burlan de sus afanes.

La encrucijada final

“Se cuenta excesivamente con la lenidad de la Historia en nuestro país. Es menester que surja a cada momento, renovada y terrible, la eterna verdad; que la sanción, los fueros sociales, los derechos conculcados dejen de ser una lívida procesión de espectros; y que los trogloditas de hoy no imaginen que han de quedar, con el correr de los tiempos, amparados por ese manto lejano, borroso, impreciso en que se han arrebujado dentro de la historia contemporánea los malhechores de ayer, los conculcadores, los consejeros del despotismo, los responsables que salen a lavarse las manos a todos los pretorios de la humanidad”.

¿Guaraleo o final del juego?

No es la primera ni seguramente será la última vez que una revolución arranque con bríos mesiánicos y anunciatorios y termine arrastrándose en el fango. De las socialistas, inventadas por el alemán Carlos Marx, no se ha salvado ninguna. Y la única que sobrevive, la china, lo ha hecho tirando al basurero todas la aseveraciones seudo científicas incorporadas al canon de las revoluciones proletarias en 1848, año del bautismo londinense del Manifiesto Comunista. Todas cuyas predicciones pecaron de ingenuas, ilusas o atrabiliarias. De Cuba y Corea del Norte, dos esperpentos tercermundistas que pertenecen al museo de la infamia, ni siquiera vale la pena ocuparse. Cuba ha vivido del chantaje y la caridad ajena. Corea del Norte, encapsulada en una burbuja de cristal, como el príncipe durmiente. La venezolana ni siquiera alcanzó a entrar al catálogo documental de los socialismos marxistas. Fue un aborto de la naturaleza, un feto ideológico de segunda mano prestado por otro alemán, Hans Dieterich, el “socialismo del siglo XXI”, un vulgar asalto populista al petro estado, una pesadilla de una noche de un largo verano en el que se entremezclaron el pandillerismo mafioso de la marginalidad sociopolítica caribeña – el así llamado castro comunismo - , el militarismo corrupto y desalmado surgido como seña de identidad cultural con las montaneras libertadoras del siglo XIX y la absoluta carencia de densidad cultural y antropológica de un pueblo que tras dos siglos de República aún hoy, en el 2016, no ha cuajado su propia personalidad histórica: esa crisis de pueblo de que se quejara con amargura Mario Briceño Yragorri en medio de la última dictadura del siglo XX, la de los generales y acompañantes civiles de Marcos Pérez Jiménez. Una joya modernizante comparada con este carnaval de la estafa. De todos los factores mencionados que siguen atentando contra la existencia y conformación de una república liberal democrática a que tendríamos las mejores condiciones y un perfecto derecho, el más grave y de más difícil resolución sigue siendo el diagnosticado por Briceño Yragorri: la crisis de pueblo. Sólo un pueblo que no se reconoce en el espejo de su confusa identidad, que ni conoce ni ha metabolizado su propia historia, que carece de los más elementales instintos de sobrevivencia patriótica, ha podido tolerar que un ágrafo y funambulesco oficial de sus fuerzas armadas, además de dar un golpe de Estado felón y miserable, se haya apoderado del Estado, con todos los símbolos republicanos y las inmensas riquezas de su territorio para entregárselos llave en mano a unos tiranos de una isla del Caribe, satrapía colonial en tiempos en los que Venezuela regaba con su sangre los territorios liberados de cinco repúblicas, que fuera odiada por los dos libertadores de Venezuela: Bolívar y Sucre. Una colonia ascendida a república gracias a las fuerzas armadas norteamericanas, que prefirieran “independizarla” a cañonazos antes que adquirirla a precio de gallina flaca, como llegara a pensarse a mediados del Siglo XIX mediante una transacción del Citibank y un grupo de inversionistas cubano norteamericanos con la corona española. Ello explica que tal como lo escribiésemos en marzo de 2015,[1] implosionado el chavismo por la muerte de su partero y la baja de los precios del crudo – por ninguna otra razón, que hasta el momento de su muerte continuaba siendo el amo y señor de esta pobre provincia usurpada – la eventual resolución de la crisis, que ya alcanza niveles de crisis humanitaria y amenaza con la disolución de la República y un apocalíptico desenlace, se halle en manos de fuerzas ajenas a Venezuela misma: “la gravísima crisis venezolana no se dirimirá en Caracas ni sus factores esenciales son los que aparentemente se enfrentan sobre el terreno. Ella se dirimirá en el tablero que acuerden Washington y La Habana.” Ni Washington ni La Habana, a quienes se había sumado el Vaticano luego de la visita del papa Francisco a los hermanos Castro, imaginaban a esa fecha que la crisis venezolana se aceleraría y adquiría una dimensión de extremas urgencias, escapándoseles de las manos tanto por la gravedad alcanzada por la situación socioeconómica - desabastecimiento crónico y una inflación descomunal, que ya ronda el 800% - y el derrumbe estrepitoso del respaldo popular al gobierno títere de Nicolás Maduro. Cambio de 180% en la situación política, traducida en la resonante victoria electoral de la oposición en diciembre de ese mismo año. Un giro copernicano del que vivimos las zozobras. Dicha victoria abrió la perspectiva concreta de una resolución de la crisis a corto plazo, estrictamente política, pacífica y constitucional, dada la inesperada mayoría calificada de la Asamblea Nacional, y la disposición sobre todo un andamiaje de medidas constitucionales como para ponerle fin al régimen títere de Nicolás Maduro. De una manera ejemplar: política, civilizadamente. En rigor, una situación de extrema gravedad, una crisis política pre revolucionaria, que ponía al régimen al borde del descalabro y situaba a la dirección de la MUD ante la posibilidad inmediata, objetiva y concreta de pasar a la ofensiva en todos los frentes, particularmente en el frente de masas, como para imponer una salida del mismo orden del que resolviera una situación semejante el 23 de enero de 1958: el desalojo del régimen. Pero se estaba ante una situación política objetiva para la cual la oposición no se encontraba subjetiva, estratégica y tácticamente preparada. Se verifica un cuadro pre revolucionario, insurreccional, con un liderazgo incompetente e incapaz de asumir las consecuencias prácticas. Es cuando, a pesar de la aparente disposición inicial de Maduro a aceptar el triunfo opositor en toda su amplitud, como se lo reconocería en un encuentro privado celebrado inmediatamente después de las elecciones del 6 de diciembre al ex presidente colombiano Andrés Pastrana, sostenida en el Palacio de Miraflores, los factores hegemónicos del régimen – desde La Habana hasta el PSUV y desde el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas a los llamados “colectivos” – deciden negar toda posibilidad de entregar el Poder, desarrollan una táctica confrontacional – un Tribunal Supremo espurio con la función de anular la existencia y legitimidad de la Asamblea Nacional, incluso su disolución – y fuerzan un enfrentamiento del todo por el todo contra una oposición estructural, psicológica, política y existencialmente incapacitada para responder a la altura del envite: mediante la movilización popular de un pueblo indignado y pronto a estallar con una insurrección popular de consecuencias imprevisibles. Como apenas se insinuara con la revolución de febrero del 2014, que pusiera al gobierno títere entre la espada y la pared, removiera la conciencia internacional, fuera respondida con el asesinato de medio centenar de jóvenes y terminará en el primer diálogo de la traición. Una perspectiva, que por sus eventuales consecuencias revolucionarias habrá provocado el espanto del Departamento de Estado y de la cancillería vaticana, ni siquiera sería considerada por la MUD y su dirigencia, dando espacio, una vez más, al fortalecimiento de la estrategia “del guaraleo”, en la que el chavismo se ha mostrado experto desde la crisis del 2002: dar largas y enredar a las fuerzas opositoras en sus redes, el guaral estratégico del castrocomunismo militarista venezolano. Que le ha permitido mantenerse aferrado al Poder durante largos diecisiete años, correr la arruga de su entronización de elección en elección, de fraude en fraude, de engaño en engaño. La extrema ambigüedad opositora, las contradicciones internas que dividen sus fuerzas, y la decidida acción golpista y confrontacional del madurismo, han provocado un impasse aprovechado por los socios del gobierno títere para introducir la cuña del diálogo, mediante la puesta en acción de sus agentes de la Internacional Socialista, de gran influencia en el seno de las fuerzas social democráticas opositoras. Pretenden con ello negociar una salida a la crisis con el objetivo de postergar el fin del régimen hasta las elecciones presidenciales del 2019 y avanzar, tal como lo señaláramos en el artículo mencionado, hacia una transición compartida. ¿Constituye esta nueva yunta de gobierno cívico militar Maduro-López Padrino la punta de ese iceberg negociado con exclusión de la sociedad civil venezolana y algunas de sus fuerzas políticas? ¿Se impondrá la no realización del revocatorio y, con ello, la estabilización del régimen, vale decir: un madurismo sin Maduro? ¿Transitamos solapadamente hacia una dictadura militar? El tiempo y la crisis lo dirán. Si la oposición no toma mayores cartas en el asunto, el chavismo sin Chávez volverá a salirse con la suya. El guaraleo continuaría con el control de la situación. A no ser que la dimensión de la crisis rebalse los cauces y la indignación popular se lleve al toro por los cuernos. Amanecerá y veremos. @sangarccs

Fidel, el monstruo, la política y el mal

1. Llegué a Venezuela cuando, con todas sus imperfecciones, era la versión más perfecta imaginable de una democracia social en América Latina. En Chile, en Argentina, en Uruguay y en Brasil gobernaban feroces dictaduras militares, puestas en pie como últimos intentos reactivos para reconstituir el tejido social que los conatos castristas por liquidar sus tradiciones, sus formas de vida y sus logros sesquicentenarios habían puesto al borde de la extinción. El nombre bajo el cual habían tenido lugar esos asaltos, siguiendo la impronta establecida por Fidel Castro en Cuba, era el de revolución. El proyecto prometido, el socialismo. Una forma de estructuración y organización socioeconómica y política diametralmente alternativa a la imperante. Una promesa que pretendía superar las contradicciones históricas de las sociedades latinoamericanas.

Recordando el 5 de julio

No quisiéramos compartir el pronóstico del gran historiador. Me conformo con esperar que una gota de luz ilumine a los patriotas que aún militan en sus filas - si existen -, y opten por el único repliegue justo, deseable e históricamente necesario: contribuir al desalojo de la satrapía, respaldar a la civilidad apertrechada en la Asamblea Nacional - único Poder venezolano legitimado por el pueblo soberano - y reconquistar nuestra perdida grandeza. La esperanza, bien dice el refranero, es lo último en perderse.