Opinión

Columnistas

Exilio, destierro, desarraigo

A nuestros desterrados Pertenezco a la generación nacida al fragor de la Segunda Guerra Mundial. Mis padres, al de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Mi esposa al de la Guerra Civil Española. Ella y yo nos hicimos conscientes a las sombras del conocimiento del nazismo alemán y su Holocausto, Stalingrado, la Guerra Fría, la revolución china, la revolución cubana, las guerras de guerrillas, el bombardeo a La Moneda, la Guerra de Vietnam, las dictaduras del Cono Sur. Viví la construcción del Muro de Berlín y me eduqué en esaa ciudad sitiada, rodeada de alambradas de púas y terrenos minados, vigilados por casamatas con soldados armados con ametralladoras Punto 50. Compartí la revuelta, la sangre y los atentados que marcaron la emergencia del terrorismo ilustrado europeo. Presencié la transmisión en vivo y en directo del atentado talibán a las Torres Gemelas de Manhattan. Vi caer los cuerpos desesperados de quienes prefirieron lanzarse al vacío que ser asfixiados por el humo y carbonizados por las llamas. Hemos sufrido en carne propia, cuando nos creíamos libres del horror y alcanzar la vejez en la desenfadada e inocente alegría de esta Tierra de Gracia, para caer bajo las garras de la más sórdida, obscena, desalmada, corrupta e inhumana de las revoluciones: la retrógrada, la contrarrevolucionaria, la ladrona y narcotraficante dictadura venezolana.

El intelectual inútil

A José Rafael Herrera Contrariamente a lo que podría pensarse, los llamados intelectuales venezolanos o quienes fungen profesionalmente de tales no se encuentran en la primera línea de la resistencia contra el régimen dictatorial que tras la mascarada del Socialismo del Siglo XXI, término inventado por otro intelectual, el germanomexicano Heinz Dieterich Steffan, abruma y aherroja en una espantosa crisis humanitaria a la sociedad venezolana. Los datos de la tragedia de todo orden que nos afecta, recientemente publicados por el economista Ricardo Hausmann en su artículo El colapso de Venezuela no tiene precedentes, son verdaderamente estremecedores. Demuestran que el tiempo devora las riquezas y las vidas de Venezuela con una velocidad aterradora. Venezuela está al borde del colapso, y cada día que pasa se acrecienta la tragedia, sin que al parecer provoque la menor preocupación de quienes creen que disponen de una eternidad para arreglar la carga en un matrimonio de conveniencia con la dictadura.

El diálogo volverá a fracasar

Al fragor de la conmoción y las graves consecuencias de la derrota histórica de la sociedad civil el 11 de abril de 2002, causada por la intervención de las fuerzas armadas bajo control de uno y otro bando y la actuación de políticos inexpertos, escribí unas reflexiones que titulé Dictadura o Democracia, Venezuela en la encrucijada. Pretendí esclarecer el contexto de dicho fracaso: la profunda decadencia y crisis del establecimiento puntofijista, el asalto de la barbarie que venía a llenar el vacío dejado por la claudicación de las élites democráticas y la emergencia de la dictadura, cuya entronización me parecía inevitable y que supuse apuntaba al establecimiento de un régimen totalitario de sesgo castrocomunista. El objetivo estratégico que entonces me parecía impostergable no iba más allá de afianzar y profundizar la lucha asumida en solitario y sin el concurso de los partidos políticos del viejo establecimiento por la sociedad civil venezolana, que hacía su estreno como principal protagonismo del nuevo escenario político venezolano tras el restablecimiento de la democracia. Aquella democracia de partidos que se dejaran arrasar por la barbarie y ya no sobrevivía en ellos, prácticamente desahuciados, sino en esa pujante e insurgente sociedad civil. Hasta el día de hoy: es la única reserva estrategia de nuestros afanes libertarios. Yo, por entonces, todavía creía posible restaurar el antiguo régimen y volver a la vida del pasado perdido.

Cultura y revolución, ese amor imposible

A los oyentes de Mágica FM y 92.9, a sus directivos y a quienes, desde sus micrófonos, acompañaban nuestros tristes días felices. Innegable el derroche de creatividad, libertad artística, fantasía e imaginación de los que hiciera gala la revolución cubana en esos aurorales primeros meses del despertar libertario mientras seguía siendo, - perdón por la redundancia -, popular, contestataria, anti reaccionaria y ejemplarmente “revolucionaria”. Cuando el volcánico fervor despertado en el pueblo cubano por sus afanes libertarios tumbara a la dictadura del sargentón Fulgencio Batista y el empuje de los barbudos de la Sierra Maestra fumigando el olor a alcohol y creolina, a corrupción, a prostitución y canallería, a proxenetismo y cabaret, a coca, marihuana y morfina de los últimos días del Batistiato entrara en gloria, fulgor y majestad a La Habana. Inolvidable: Fidel Castro aclamado por el delirio de la sufrida multitud escoltado por Huber Matos y Camilo Cienfuegos, los más amados y respetados de entre sus guerrilleros.

Tiranos al desnudo

A Antonio Ledezma, a Leopoldo López, a María Corina Machado, a la Resistencia Por fin, tras veinticinco años de golpe de Estado, quince de gobiernos del fallecido teniente coronel Hugo Chávez y ya cumplidos otros tres del gobierno del agente del G2 cubano Nicolás Maduro, atornillado en su cargo bajo órdenes e instrucciones de la tiranía mayor, Venezuela ha llegado al corazón de sus tinieblas. Al Congo político latinoamericano. A las últimas entrañas de su barbarie, al horror: no a la azteca de Tenochtitlán que adoraba a Tonatiuhtéotl, dios del sol, ofrendándole la sangre de las víctimas esclavizadas, ni la de Chapita Trujillo, Somoza o Rojas Pinilla en sus mataderos clandestinos de víctimas propiciatorias, conserjes caribeños de la United Fruit, sino la castrista que desplazó a los viejos caudillos ágrafos y sanguinarios – retratados por el tirano Banderas, de Valle Inclán – sino por el Secretario General del Partido Comunista. Y a Doña Bárbara por el Manifiesto Comunista. Las tiranías también se remozan.

Venezuela, Estado de guerra

Bellum Omnia Contra Omnes: la guerra de todos contra todos. La máxima de Thomas Hobbes que, según el gran pensador inglés, caracteriza el estado natural de las relaciones sociales entre los hombres, tal como lo describe en El Leviatán, su obra cumbre, habría determinado la necesidad de fundar y establecer el aparato de Estado, único poder omnipotente capaz de mantener esa tensión primigenia de máxima violencia dentro de los marcos tolerables de una convivencia relativamente pacífica. Sobre la base del establecimiento de dos formas de organización política: la soberanía – “un alma artificial que da vida y movimiento al cuerpo entero” [1]- la de institución y la de adquisición.

Maduro frente a la hecatombe, la encuesta Pronóstico

a ambición rompe el saco. La avaricia también. Es lo que se deduce de los estremecedores resultados dados a conocer por el diagnóstico 800 de la encuestadora Pronóstico realizada en forma relámpago durante este mes de junio a nivel nacional. Describe, con una minuciosidad que no deja lugar a dudas, que Venezuela vive un deslave de rechazo como jamás nunca lo viviera en sus doscientos años de historia republicana. Y frente al cual el que llevara a Chávez al poder es un juego de niños. La serpiente ha terminado mordiéndose la cola.

¿Por qué no bajan los cerros?

1 Leo en la revista NUEVA SOCIEDAD, de la Fundación Friedrich Ebert, anexa al Partido Socialista Alemán, que se edita en Buenos Aires, una entrevista con el sociólogo Alejandro Velasco, profesor auxiliar de la Universidad de Nueva York, especialista en Venezuela, en que intenta explicar “por qué no bajan los cerros”. Y las graves falencias que de ello se deriva, según su peculiar visión de la crisis de excepción que vive Venezuela, para el campo opositor. Con el que, manifiestamente, el profesor Velasco no simpatiza. Siendo la oposición venezolana, como parece, una de las cobayas de su laboratorio experimental de ciencia política. Lo que tampoco significa que esté de acuerdo con el régimen de Nicolás Maduro, como corresponde a un sociólogo “correcto”. Vale decir: neutral in partibus infidelis. El se pretende un observador imparcial. Al extremo de rechazar las posiciones del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, al que descalifica con un olímpico desprecio muy propio de quien ve los toros desde el escritorio de una bien remunerada cátedra universitaria de un país que jamás ha vivido una crisis de excepción: “En esta oportunidad, esta dinámica” – de radicalización - “ha sido alentada de manera acentuada y –estoy convencido– irresponsable, por voces como la del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, cuyas declaraciones llegan a sonar más fuertes que las de la propia oposición.” Clásico ejemplo del investigador social que intenta ser “correcto”, de esos que según lo expresara Marx en La ideología alemana creen que los hombres no flotan porque no se les ocurre, y que la crisis venezolana no es cuestión “de la cosa misma” como diría Hegel, sino un pervertido producto del fanatismo, el inmediatismo y el delirio de gentes malsanas como el Secretario General de la OEA y los integrantes radicalizados de la MUD. De ninguna manera de un régimen que, sepa nuestro sociólogo por qué perversa razón, asesina en promedio a un manifestante por día. Lo que, según su parecer, nada tiene que ver con las irresponsables declaraciones del Secretario General de la OEA. Desde luego, debe pertenecer, como buen analista socialdemócrata, a la quinta del Sr. Rodríguez Zapatero y consortes e imagino que está de acuerdo con que no se aplique la Carta Democrática de la OEA a un régimen que, seguramente, no considera dictatorial. Y cuya tragedia ha de parecerle producto de sus irresponsables protagonistas. De lado y lado, como solían decir los neutrales del conflicto. De los que disparan a la cabeza con fusiles de alto calibre y los que intentan defenderse con escudos de cartón.

Pompeyo Márquez

Hace cuarenta y cinco años, en pleno gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular, Tomás Amadeo Vasconi, a cargo de la sección de Ideología y Cultura del Centro de Estudios Socio Económicos de la Universidad de Chile, en Santiago, nos invitó a Marco Aurelio García y a mi a conocer al líder máximo de la izquierda venezolana. Nos recibió en el Lobby del Hotel Carrera, a pocos pasos de La Moneda, en donde se decidía el destino de Chile y de América Latina tras un proyecto que el visitante venía a conocer de primera mano. Era un hombre joven, en la plenitud de su madurez – tenía cincuenta años – que aunaba una impactante reciedumbre con una dulzura en el trato, una generosidad en sus palabras, una inmensa sabiduría y una humildad que contrastaba con la importancia que sabíamos poseía.

Cuba y la gran estafa

A Robert Gilles Redondo Nada más parecido al nazismo hitleriano o al fascismo mussoliniano que el castro comunismo cubano. Si bien en versión subdesarrollada, miserable, africanizada y polvorienta. Pero si los resultados no son los mismos – la Alemania de Hitler pudo salir del abismo de su crisis y alcanzar un poder militar e industrial por su propio y solitario esfuerzo – los efectos en cuanto a la esclavización mental de sus fieles e infelices oprimidos, la cuartelera subordinación de sus súbditos, la militarización de todos sus ámbitos y la pavorosa sumisión a los dictados de un solo caudillo, sin contar con las absurdas pretensiones injerencistas e imperiales de someter a un continente entero, nadie puede sostener en su sano juicio que la tiranía cubana no sea una mala copia al carbón de los ímpetus totalitarios y exterminadores de la dictadura nazi fascista.

Leopoldo López ante sus torturadores

Dele las vueltas que quiera: hacer desaparecer de la escena a Leopoldo López, prisionero de la justicia del horror y rehén por antonomasia de la farsa castrocomunista imperante en Venezuela que obedece a los titiriteros cubanos; ocultar al líder indiscutido de la oposición democrática y héroe de la resistencia activa y militante echando a correr la voz de que está muerto luego de haber sufrido una intoxicación en la cárcel de Ramo Verde, filtrar la noticia para que fuera difundida internacionalmente por un republicano que ha hecho de la causa de los venezolanos su propia causa, y aterrar a su madre, a su esposa, a sus hijos, al círculo más íntimo de sus compañeros y al país entero con las dudas sobre si ha sido efectivamente asesinado, ha sufrido una intoxicación mayor o menor, se encuentra en tal o cual hospital, negándose a dar la más elemental información sobre su condición y verdadero estado pone absolutamente de manifiesto el talante fachista, despótico, totalitario, siniestro y tortuoso de la dictadura de Nicolás Maduro y sus pandillas.

El papa y Venezuela

Suelto de cuerpo, sin la parafernalia multitudinaria de la Plaza San Pedro, en la intimidad de un vuelo privado y un cortejo de periodistas invitados, Jorge Alejandro Bergoglio se dignó otorgarle algunos minutos a Venezuela. Sus declaraciones son, por decir lo menos, de una impiedad indignas de su cargo y más propias de un político argentino claramente sesgado a favor de la dictadura y sus fuerzas de choque. Dos consideraciones le parecieron destacables, a juzgar por la información de las agencias de noticias internacionales que lo reportan: que de haber un diálogo, las condiciones debían ser claras. Cabe preguntarle, ¿no lo fueron cuando se prestó a ellos? ¿No lo supuso, en conocimiento de los reiterados engaños sufridos por la oposición que se prestara a ellos antes de recurrir, en un último esfuerzo, a una mediación seria, piadosa y justa, y frente a cuyo fracaso hoy se lava las manos, dejando colar sibilinamente la segunda consideranción que podría concurrir a explicar desde su muy peculiar perspectiva la tragedia que sufrimos los venezolanos, a saber que la oposición está desunida? ¿Quiénes son los culpables de que esos diálogos no hayan sido “claros”? ¿El régimen dictatorial o la oposición dividida?

La biografía de Kim Il Sung que nunca escribí

1 Debe haber sido durante la primavera del año 1976. Recibí un llamado desde Paris pidiéndome me desplazara de München, donde vivía – trabajaba por entonces en el Max Planck Institut en Starnberg, a algunos kilómetros de la capital bávara – a Berlin Oriental. Me comunicaron los datos del apartamento en el que debía presentarme al día siguiente para encontrarme con Andrés Pascal Allende, máximo dirigente del MIR chileno luego de la muerte de Miguel Enríquez y el más alto dirigente del MIR, que acababa de salir al exilio tras un rocambolesco enfrentamiento con los agentes de seguridad del dictador chileno.

El ultimátum de Almagro y la internacionalización de nuestro conflicto

A @hectorschamis Desde comienzos del año 2015, mientras se celebraba en Panamá el encuentro interamericano que consagrara finalmente la apertura del Departamento de Estado al restablecimiento de las relaciones diplomáticas con La Habana bajo la protectora complacencia y la incondicional recomendación del papa Francisco I, el columnista del periódico El País de España y catedrático en una afamada universidad norteamericana, Héctor Schamis, puso el dedo en la llaga y dio con la clave de la resolución del conflicto venezolano: en tanto no existieran en el interior de Venezuela fuerzas capaces de dirimir el conflicto, en uno u o en otro sentido, y no existían, dicha resolución quedaría en manos de factores externos. Y dado que dichos factores definitorios – Washington y el Vaticano – no tenían el menor interés en resolverlo, y Cuba se aprovechaba de la insólita alcahuetería de los demócratas norteamericanos para con el régimen de Raúl Castro, el resultado final sería el mantenimiento del status quo, dejando correr el conflicto, por lo menos formalmente, hasta el 2019. Luego, ya se vería.

Asalto en Caracas

Thomas Hobbes, el gran pensador inglés autor de uno de los escritos constituyentes del Estado moderno, el Leviatán, atribuye la necesidad de su origen al máximo temor del hombre: no a la vida, que la carga inconsciente de su valor, sino a la muerte. Y no a cualquier forma de muerte, un hecho inevitable al que la cultura ha intentado dar una respuesta satisfactoria, aunque siempre frágil e insuficiente, sino al temor a una muerte violenta, la más espantosa de las muertes. La muerte causada por el hombre en su lucha existencial por el poder.

Julio Borges, la MUD y la teoría de los espacios

El último remanente argumental del que continúan aferrándose los náufragos de la oposición ahora revalidada para legitimar su disposición a someterse a las humillaciones de Nicolás Maduro, Vladimir Padrino y Tibisay Lucena fue inventado allá por el año 2006, en los prolegómenos del turbio arreglo entre Teodoro Petkoff y Julio Borges para desbancar el empuje y los ímpetus de la sociedad civil – que venía arrastrando en solitario el pesado carro de la oposición a la entonces proto dictadura – para hipotecar su fuerza contestataria, endosársela a los partidos políticos – que recién medio que se recuperaban del desastre de la Cuarta - y acoplarla al carro del candidato Manuel Rosales. Basta comprobar el estado en que se encuentra el entonces candidato, el poder efectivo y real de la Asamblea Nacional en mayoritarias manos opositoras y el doloroso fracaso del Referéndum Revocatorio propuesto por Henrique Capriles para desmantelar la falacia que encubría dicho argumento. Que más que un argumento, era una infamia. No fue la abstención la causa de la dictadura. Fue la dictadura la causa de la abstención.

Venezuela, Bergoglio y nuestros enemigos

“Der Feind ist unsre eigne Frage als Gestalt. Weh dem, der keinen Feind hat, denn sein Feind wird über ihn zu Gericht sitzen. Weh dem, der keinen Feind hat, denn ich werde Sein Fein am jüngsten Tage.”[1] La intromisión papal en un grave problema político como el que nos afecta atenta contra la propia religión y, lo que es muchísimo más grave, contra la propia política. Pues religión y política, llevados a sus extremos existenciales, son absolutamente antinómicos. La religión, por lo menos la cristiana, que es de la que se trata, se sintetiza en una sola frase: “amaos los unos a los otros”. La política, en el extremo opuesto, trata y se sintetiza en otra de tan profundo y singular calado como la de Jesucristo, expresada de manera extraordinaria por quien, de origen profundamente religioso, cristiano y católico, como el alemán Carl Schmitt escribiese en 1922, todavía frescos los millones de cadáveres dejados sobre los campos de batalla por los enemigos de las potencias políticas europeas: “el concepto de lo político puede ser reducido a la relación amigo-enemigo”. Llegado al punto del mortal enfrentamiento puesto en acción por las fuerzas golpistas, militaristas y castrocomunistas venezolanas a partir del 4 de febrero de 1992, su leit motiv no ha sido otro que el opuesto al de Jesucristo, impuesto en América Latina por Fidel Castro desde el 1 de enero de 1959: “odiaos los unos a los otros”.

Venezuela, la decadente

A Pedro Pablo Aguilar "Porque hemos escrito nuestra verdad -deficiente y todo- pero verdad. Llegó la hora de que se llamen las cosas por su nombre y no los nombres por su cosa". José Rafael Pocaterra, Memorias de un venezolano de la decadencia 1 Duele comprobar la discontinuidad que caracteriza a la atormentada historia de nuestra república. Ascensos a las más altas cumbres y caídas a los más oscuros abismos. Avances que auguran pisar el firme terreno del progreso, la paz y la prosperidad para retroceder de inmediato a los más funestos períodos de la anarquía y la desintegración. Pareciera que nuestra sociedad no soporta el esfuerzo continuo y ascendente que caracteriza a las grandes naciones y una maldición atávica empujara a la regresión y la barbarie.

Don Andrés Bello, el bisabuelo de piedra

A Alfredo Coronil ¡Qué inmensa fortuna para Andrés Bello haberse quedado varado en Londres y no haber contado con el beneplácito y respaldo de su contemporáneo y discípulo Simón Bolívar para volver a Venezuela! ¡Qué feliz azar de su destino verse obligado a pasar hambre y penurias, soledad y miserias en la pérfida Albión y evitarse así, contra su propia voluntad, los espantosos desastres de la guerra y los más desastrosos primeros años de la Segunda República! ¡Qué feliz jugarreta del destino haberse visto obligado a atenuar sus penurias sirviendo de humilde y mal pagado escribano al servicio del embajador de Chile en Londres, el guatemalteco Irisarri, y haber pasado luego a servir a su sucesor en la legación, el patricio chileno don Mariano Egaña, que lo viera primero con gran desconfianza, para tomarle luego un afecto convertido en familiar cariño, hasta llevárselo finalmente consigo a Santiago de Chile, esa “fértil provincia y señalada, de la región Antártica famosa”, que cantara don Alonso de Ercilla y Zúñiga. Lo esperaba una vida inmensamente fructífera y provechosa, el encumbramiento a las más insignes alturas de las letras, las leyes y la política chilenas y echar hondas raíces en el seno del patriciado sureño, hasta convertirse en el ideólogo y jurista del emergente aparato de Estado chileno y el más insigne protector y promotor de sus artes, sus letras y su cultura. Con su discreción, su sobriedad, su disciplina, su inagotable espíritu de servicio y su portentosa cultura sería el perfecto “intelectual orgánico” del Estado Nacional fundado por su compadre y estrecho amigo, Diego Portales. Y el consejero y principal asesor de todos los presidentes chilenos, hasta su muerte.

A María Corina Machado: de colaboradores y quintacolumnas

Enrique Ochoa Antich le ha escrito bajo la cortés apariencia de una “carta abierta” una requisitoria a María Corina Machado digna de figurar en un manual del perfecto colaborador y quinta columnista de la dictadura: la acusa del pecado capital de boicotear el diálogo entre Nicolás Maduro y la MUD, según él única, inexorable y la más perfecta y deseable de las vías para resolver la agonía que sufre la república y que él reduce a un mero desentendimiento entre ambos términos, la oposición y el gobierno. Para legitimar lo cual se sirve de los clásicos ejemplos de dictaduras cercanas – si bien se cuida, como todos sus congéneres, por cierto, de caracterizarlas, evadiendo así el meollo del asunto - que habrían dejado el poder gracias a esa fórmula mágica de sentar a los contendientes en una mesa redonda para discutir sus diferencias y terminar en el mejor de los acuerdos: un abrazo, el desalojo del tirano y la entronización de los demócratas. Ya Eduardo Fernández le ha estado llevando aguas a ese molino e la mano del dictador polaco Jaruselsky. Sólo le faltó el inolvidable epílogo de los cuentos infantiles: “y bajaron a la playa, comieron perdices y fueron felices”. Happy End. Un clásico ejemplo de la descerebrada izquierda borbónica, para usurpar el selfie de su maestro Teodoro Petkoff.

Suffragio, ergo sum. Voto, luego existo

Votar, qué duda cabe, constituye uno de los más entrañables rituales de la democracia. Pero ni es su principal condición de existencia ni la definitoria. Muchísimo menos su condición suficiente. Sin excepción ninguna, en todas las dictaduras también se ha votado. Hayan sido o sean de izquierdas o de derechas. De Lenin en adelante. Incluso en la cubana. Y, desde luego, en la de Pinochet. No se diga en la de Adolf Hitler, que aunque no llegó al poder en andas de una mayoría electoral – una lección que nuestros sufragistas debían, por lo menos, conocer, asunto respecto del cual tengo las más serias dudas – sino empujado por la trémula decisión de un decrépito, vencido y aterrado Von Hindenburg, a pocos meses de haber asaltado el poder en andas de sus colectivos y disponiendo a sus anchas del atronador poder del estado alemán, todos los medios económicos a su alcance y el implacable terror callejero se haría cómodamente de la mayoría parlamentaria. Para no soltarla jamás. Por cierto: desde el incendio del Reichstag y cuando oponérsele era prueba de un inconsciente heroísmo. Después vino lo inevitable: gobernaría 13 años en andas de un decreto “de defensa del pueblo alemán” y con el respaldo del 99,99% de los ciudadanos. Hasta su muerte. Fin de la farsa.

Sofía Imber, in memoriam

Estaba profundamente fastidiada por su circunstancia. Ser llevada de un lado al otro en silla de ruedas, tener que contar con una asistente para realizar sus tareas más nimias, tal como se lo contara a Diego Arroyo, la fastidiaba hasta extremos insoportables. Imposible de estarse quieta, ella, un volcán en permanente erupción, por lo cual exigía ser paseada por su chofer por las calles de su ciudad dos o tres horas diarias hasta agotar sus ansiedades. Que siempre fueron inagotables.

La MUD, nuestras debilidades estratégicas y la acefalía internacional

Cuando la oposición contó con el mejor equipo de políticos con experiencia en asuntos exteriores de toda su historia – Humberto Calderón Berti, ex ministro de relaciones exteriores y jefe de la Comisión de asuntos internacionales de la Coordinadora Democrática - y un excelente cuerpo de asesores con experiencia diplomática – Fernando Gerbasi, Maruja Tarre, Asdrúbal Aguiar, Adolfo Salgueiro, Reinaldo Figueredo y Diego Arria, entre muchos otros – logró el récord de tener una alta capacidad de convocatoria ante el cuerpo diplomático apostado en Caracas. Que la tenía en alta consideración. Pero ni siquiera así logró quebrar el poderío del régimen chavista en el ámbito internacional: nadie reconocía o avizoraba la naturaleza clara y abiertamente dictatorial del teniente coronel castrista y su garrote y/o beneficencia petrolera entre los mendicantes y pobres países de la región le aseguró un amplio e inquebrantable respaldo de los países caribeños, que le aseguraron una amplia mayoría en el seno de la OEA.

Dictaduras, elecciones y transición

A Leopoldo López Ni la de Cipriano Castro, dictadura travestida de revolución libertadora, salió por elecciones, ni la de de Gómez, que luego de traicionarlo gobernó durante 27 años hasta salir del Poder de muerte natural. Tampoco la de Pérez Jiménez, cuyo derrocamiento y destierro celebramos por estos días. Dos impecables democracias, en cambio, fueron violentamente desalojadas por regímenes dictatoriales: la de Rómulo Gallegos en 1948 y la inaugurada con el Pacto de Punto Fijo y la clamorosa victoria de Rómulo Betancourt, defenestrada aviesa y turbiamente, mediante un golpe en cámara lenta que ha tardado 25 años en venir a escorarse en esta crisis humanitaria, con el estúpido e incomprensible consentimiento cívico militar golpista y la complacencia de las élites a partir del 4 de febrero de 1992.

¿Y la MUD?

A Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma Tras transitar durante algunos años el desierto de la desunión y la orfandad, luego de la intempestiva, irreflexiva y desgraciada disolución de la Coordinadora Democrática, que cumpliera un papel fundamental sabiendo articular a la sociedad civil y a los partidos políticos, dos fuerzas políticas propusieron y empujaron a la creación de una instancia unitaria, con el fin de coordinar la participación electoral opositora y, superando diferencias de forma y fondo, contribuyera a sacarle el mayor provecho posible a los procesos electorales que deberíamos enfrentar en el inmediato futuro. El desiderátum era obtener consensos en torno a los candidatos eventuales y, si nos fuera posible, poder presentarlos bajo una sola consigna, un solo emblema, una sola organización.


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