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Opinión

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En medio de la nada

Mucho se habla acerca de las rutas de escape de la situación de anomia a la que, los actuales gobernantes, llevaron a Venezuela. Pero asimismo desde quienes fustigan a través de las redes sociales, hasta quienes despotrican de todo en compañía de conversadores de oficio y de guasones. Estos, convencidos que de esa forma será posible salir de este trance de atrasos y miserias en que está postrado el país.

Ciudadanía: ¿deber o derecho?

No siempre se atina a destacar la diferencia entre deber y derecho. Ni a nivel de lo que sus implicaciones comprometen. Menos, lo que conceptualmente refiere cada término. Esta confusión, aunque pareciera somera, en el fondo es bastante seria. Sobre todo, en cuanto a lo que su desarrollo tiende a plantear.

Un país sin ciudadanía

El concepto de ciudadanía no es aquel enunciado que incite demostraciones de amistad o de amor. Comprender el significado de ciudadanía, no es asunto de inmediato procesamiento mental. Ni tampoco de expedita aplicación instrumental y operativa. Es un proceso continuo, pedagógico y progresivo.

El factor (negro) en el gobernante (rojo)

Parecía imposible ver hasta dónde la actitud se corresponde con la personalidad. Sin embargo, tan curioso enigma, que quizás pudo entenderse como intrusión de la ciencia, ha sido resuelto. Estudiosos de Universidad de Copenhague, dieron con la solución al problema que, para la historia del hombre, ha significado la tendencia del individuo a no medir el perjuicio que su decisión puede ocasionar en otra persona. O sea, a sobreestimar sus intereses sin importarle el alcance de los efectos que puedan resultar del dictamen puesto en curso.

¿Al ritmo del régimen?

A pocos días del próximo y decembrino proceso electoral, convocado por el régimen, caben múltiples opiniones sobre razones que pudieran esclarecer condiciones de convivencia entre factores políticos con supuesta capacidad para impulsar el desarrollo nacional. O por lo contrario, pudieran ennegrecer, aún más, problemas que sustentan la profunda crisis política y económica que desvergonzada y contradictoriamente azota a Venezuela. Un país que en otrora, fue puntal de desarrollo de América Latina.

Entre basurales y arbitrariedades

El retroceso que ha experimentado Venezuela, en todos sus órdenes, es inaudito. Es inaceptable. No hay razón alguna que justifique tan desvergonzada regresión. Algunos explican el fenómeno como resultado de la ineptitud gubernamental. Otros dicen que fue resultado de un proceso deliberadamente preparado, con conocimiento de causa. Se habla de un proceso revolucionario cuyo objetivo es la demolición del capitalismo para suplirlo luego por el llamado socialismo del siglo XXI. Y que pudiera ser razón cierta por cuanto el manido Plan de la Patria y demás propuestas revolucionarias, estilan consideraciones que apuntan a la transformación radical del país a partir de objetivos que trasgreden el orden normativo al cual aludía Hans Kelsen en su esquema piramidal.

Protestar… es la consigna

Es lamentablemente cierto que el régimen no ha sabido manejar la crisis política y económica que su ineptitud, e incluso, su elaborada intención convertida en proyecto de gobierno, generó desde casi entrado el siglo XXI. O sea, desde 1999. Así fue y ha sido, muy a pesar de la apuesta que lanzó el equipo de gobernantes militares, convencidos del cuento de estructurar un gobierno de factura socialista y revolucionaria. Aunque decían que su proyecto respondía al ideario bolivariano.

Economistas de discurso

El imaginario infantil aviva ilusiones de todo tamaño. Su dinamismo es tan particular, que logra transformar avispas en dragones. O retazos metálicos o de madera, en veloces vehículos. Eso es propio de niños que, sin recurso alguno, son capaces de construir mundos maravillosos que sólo existen en su mente.

Abusos que hacen llorar

No es fácil, ni lo ha sido, consolidar un sistema político basado en condiciones que promuevan el ejercicio de la democracia. Entendida ésta, no tanto como el gobierno del Estado donde el poder es ejercido por el pueblo a través de mecanismos de participación mediante procesos de elaboración y toma de decisiones. Pero sí, como doctrina que implica la motivación necesaria con el propósito de establecer una forma de vida en sociedad.

socialismo para un pueblo pendejo

Pareciera obvio preguntarse razones que han conducido a realidades extrañamente contrarias a lo que algunas definiciones de la teoría política o de la teoría económica, exponen. Sin embargo, cada respuesta lleva a conclusiones que chocan con las circunstancias que se viven. Particularmente, en Venezuela luego que las imposiciones, los resentimientos y hasta las revanchas aplaudidas por el socialismo pretendido por el alto gobierno, se volvieron parte de una normativa no escrita. Pero crudamente aplicada para lo cual, la represión se constituyó en un instrumento de infalible utilidad.

Agónicos zarpazos…

La connotaciones que pueden endilgársele al término “dictadura”, si bien forman parte de la esencia semántica bajo la cual la teoría política puede distinguirlo, no deja de saturar realidades cuya caracterización denota una barbarie que excede la razón y rebasa cualquier medida de conciencia. Así lo resume la historia política de aquellas naciones que padecieron su aplicación. De manera que al final de todo, no necesariamente cabe diferenciar entre “tiranía” y “dictadura” por cuanto los procedimientos empleados para subyugar al individuo en aras de desmoralizarlo y humillarlo con la idea de someterlo ante propósitos propios de la demagogia característica, no son disparejos. Sin embargo, sus efectos son distintivos al marcar la diferencia entre un régimen dictatorial y otro tiránico. Aún así, la crueldad los homologa.

¿Dónde quedó la unidad política?

El activismo político en estos tiempos de crisis ha venido entendiéndose de manera algo extraño. Particularmente, cuando las tareas correspondientes a objetivos que comprometen acciones propias de luchas orientadas a la recuperación de espacios y procesos libertarios, se reducen a lo que cualquier aficionado de extremado discurso puede decidir. Y por ahí proceden quienes envalentonados dada alguna motivación de narrativa política, se aventuran al desarrollo del hecho. Pero sin medir, ni siquiera comprender, hasta dónde la incertidumbre es capaz de converger con los propósitos en curso. De manera que lo trazado a nivel de escuetas indicaciones, aunque aparentemente convincentes, resultan un fiasco. Incluso, lejos de aportar mayor sentido de unidad política a lo emprendido, las acciones terminan fracturando y dividiendo a quienes se atrevieron al logro del objetivo.

Antología de un absurdo

El juego de la revolución bolivariana ha caído en desgracia. Naturalmente ha sido así toda vez que el discurso sobre el cual se sustentaba, se vino abajo. Las frases pomposamente elaboradas, dejaron de tener la pegada del principio. Su impacto dejó de hacer huella en la consciencia de muchos que hoy han despertado del letargo vivido en medio de una forzada alegría, que obligadamente se convirtió en tragedia. La tragedia de un país dividido tanto como despedazado.

La miseria como contravalor moral y político

La concepción del Estado venezolano ha sido uno de los problemas que, sin ser causante de mayores escándalos públicos, toca sensiblemente la organización y ejercicio del poder. Como estructura de dominación, el Estado se fundamenta en distintas consideraciones. No sólo de razón filosófico–político–jurídica. También a partir de determinaciones pautadas por las denominadas políticas públicas de las cuales se han valido distintos gobiernos para imponer sus proyectos ideológico–políticos.

Candelita con cara de crisis

Los juegos tradicionales, en cualquier parte del mundo, son representativos de la cultura del lugar. Son también, expresiones del gentilicio. Sobre todo, cuando sus prácticas se aferran al costumbrismo propio de la región que motiva cada juego en particular. En principio, la creatividad nativa se apoyaba en materiales autóctonos para proveer a los jugadores de los elementos de la actividad. En la actualidad, la realización de cada juego busca resolverse con base en los dictados que impone el desarrollo tecnológico. O bien a partir del maleable plástico, o del recurso de la computación con el complemento de la Internet.

Entre sarcasmos y absurdos

Bajo un régimen autoritario el poder no admite discusión posible que remita a reparo alguno de decisiones tomadas. Sin embargo, no siempre el verticalismo ejercido como forma de gobierno logra sus aberrantes menesteres. Al menos, muchas, no terminan desarrollando toda la perversidad implícita en decisiones de radical intencionalidad. En esos casos, la suerte del autoritarismo puede verse entorpecida o dificultada por causa de la lógica sobre la cual proceden y preceden ciertos criterios de razón económica, social o política. Es decir, la rigurosidad de las correspondientes teorías, teorías éstas que han dado lugar al sentido lógico de importantes postulados elaborados desde la economía, la sociologías y la politología, son inexorables. Indistintamente del terreno ideológico en el cual ciertas arbitrariedades, pretenden desvirtuar las realidades.

¿Más elecciones?

La política no es fácil comprenderla si acaso no se analiza desde los intereses y necesidades sobre los cuales se moviliza todo proyecto o intención que lleve al hombre a alcanzar sus objetivos. De lo contrario, el concepto de política se tornaría razón de confusión que raya con el engaño inducido por esa misma vía. Sobre todo, si se observa desde el provecho de algunos pocos durante o luego de su paso por posiciones comprometidas por el ejercicio de la política.

¿Abatidos, enredados o perdidos?

La dinámica política es profusamente engañosa. A veces luce tan calmada, que algunos ilusos se ven tentados a apostarle a la placidez que aparenta. Otros momentos, deja ver su ímpetu al igual como la mar cuando sus olas muestran un rostro enardecido coronando la costa furiosamente. No entender la dinámica política de esta forma, ha sido históricamente una poderosa razón para que importantes problemas surjan, se estanquen o se potencien. Por eso que aventurarse a vivir la política al margen del cuidado necesario que su ejercicio demanda, es jugar al suicidio manipulado y sin respeto por la vida. Y es lo que realmente sucede en medio de situaciones cuyas decisiones se elaboran al voleo. O sea, sin el menor trazo de lo que enseña la teoría política y la teoría de gobierno. La teoría social, la teoría de planificación y la teoría económica.

¿Promesas vacías?

El malogrado proceso revolucionario tiene al país, tristemente, en la más conmovedora condición económica y social. Es por todos conocido los problemas que padece la economía nacional cuando se trata de finanzas públicas dirigidas a resolver situaciones de incidencia capital.

Escenarios del capítulo final

La espera como actitud o como acontecimiento político, medido desde la situación de crisis que agobia a Venezuela, deja ver tamaña equivocación. Pero no sólo conceptual. Tan descomunal equivocación es factor de serias perturbaciones. Y en política, eso se tiene un alto costo tanto en consecuencias como en implicaciones. Este comentario tiene total cabida si se examina el recorrido que ha hecho la oposición democrática venezolana al asumir la espera como condición política y situación social.

Solidaridad cero

No siempre la historia la escriben los triunfadores. También, quienes se interesan en desvirtuar los hechos para entonces contaminarla de presunciones que desvirtúan los acontecimientos acaecidos. O retuercen la narrativa para ajustarla a intereses viscerales o manipulados con odio. Hechos de tan perversa naturaleza, sumados a decisiones que arrastran ideales utilitarios, esculpen en la consciencia del pueblo condiciones de rechazo a todo aquello capaz de asentir una nueva construcción de ideas, acciones o situaciones que motiven crecimiento y desarrollo.

La democracia no es un discurso

La ignorancia es causa de múltiples males y errores. Repetidamente, se actúa según lo determinan las fuerzas de las circunstancias. Generalmente, así se procede a instancia del ejercicio de la política. O sea, equivocadamente. Por eso, la historia contemporánea es el mejor indicativo y fehaciente testimonio del grado de barbaridades que se ha cometido en nombre de distintas ideologías políticas. La democracia no escapa de ello. Sobre todo, cuando se adopta una democracia mal entendida. O mal concebida. Sus equivocaciones se han traducido en ingentes problemas con repercusión en todos los planos del devenir social, político y económico.

¿Militarismo o civilismo?

Aunque la teoría del desarrollo no es mayormente explícita en diferenciar los problemas que se dan en gobiernos que confunden militarismo con civilismo, o que combinan gajes militaristas con facultades del poder civil, si lo hace la teoría política toda vez que explica relaciones entre el mundo militar y el ámbito civilista. Así, pudiera contenerse equivocadas consideraciones ante gruesas contradicciones que arremeten contra la institucionalidad establecida por el ejercicio político-jurídico sobre el cual se formaliza un Estado-Nación.

Ciudadanos de “tercera

De entrada, vale recordar el conjuro Joseph de Maistre, teórico político y filósofo saboyano cuando señaló que “cada nación tiene el gobierno que merece”. Opuesto a la ideas de la ilustración de la Revolución Francesa, su ideario político dejaba ve una postura contrarrevolucionaria luego de advertir que tales manifestaciones revolucionarias estaban alejadas de toda referencia a la Providencia Divina. Ella, como explicación de los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad.

La abstención electoral, símbolo de victoria política

La abstención electoral no siempre ha sido debidamente leído o interpretado. La teoría política se refiere a ello como un comportamiento de apatía política. Pero también, como una manifestación de protesta contra el sistema político establecido. Sin embargo, más allá de cualquier apreciación conducente a impugnar toda expresión de abstencionismo dado el impacto que pueda causar en perjuicio del derecho y del deber político a lo cual contrae el voto como ejercicio democrático, constituye el evento político peor comprendido. Sobre todo, por cuanto se le conoce en función de los distintos estratos y niveles a los que responde dado su carácter reactivo. Muchas veces inculcado. Otras, coyuntural o circunstancial. Aunque tiende a comportarse de manera imprevisible a consecuencia de la cultura política o de las emociones de quienes se arrogan las competencias políticas para ejercer el derecho al voto.


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