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Opinión

Columnistas

Debacle realista en Margarita (1817)

Don Pablo Morillo, “El Pacificador”, ya se había enterado antes de arribar al oriente del país de las atrocidades llevadas a cabo por el jefe realista y expedicionario Aldama, quien en Barcelona y Cumaná arrasó, literalmente con “sangre y fuego”, a todos los enemigos del Rey.

Fusilamiento de Piar

El fusilamiento del general Piar ocurrido en octubre de 1817 es uno de los acontecimientos más significativos de toda la guerra. Bolívar con este acto de fuerza y autoridad quiso demostrar a los distintos caudillos regionales que su autoridad como jefe máximo de la revolución republicana no era algo negociable.

Perfectos desconocidos

Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, o los que no pintan o componen música, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humanaGraham Greene La vida personal y social es insatisfactoria. La mitología en torno a la felicidad la reduce a destellos pálidos. Siempre ha sido así. Aunque en el siglo XXI, de la mano de los teléfonos inteligentes personales, los mecanismos de evasión para el auto-engaño y con ello disimular las frustraciones y caídas, nos han permitido el refugio en una democratización de la comunicación promiscua en donde la basura digital te abruma y distrae de tal manera que lo banal se convierte en significativo.

Batalla de San Félix (1817)

Muchas batallas tuvo nuestra aciaga Independencia (1810-1823) aunque muy pocas decisivas como la Batalla de San Félix en las cercanías de Angostura. De hecho, fue Piar quién la ganó, el libertador del sur de Venezuela, de la muy estratégica provincia de Guayana, en un momento en que la guerra le era totalmente favorable a Don Pablo Morillo y su “Ejercito Pacificador” que llegó al país en abril del año 1815.

¿Finales felices? No existen según Haneke

Quemado, dolido y débil, mi sufrimiento, al parecer, no requiere palabras ni explicaciones tantas, que es poca cosa”. Hafez Shirazí (1315-1390) Hay directores como el alemán Michael Haneke (1942) consagrados ya en vida que no necesitan justificarse. Lo que hagan bien o mal le es completamente indiferente: esa es la suerte de los genios o la confianza de los artistas de talento aunque lo que propongan nos luzca a los mundanos como muy experimental o incomprensible. Haneke ha hecho películas muy retorcidas pero con un efecto intelectual cuyo contenido en la esfera de la psicología humana no debería pasar desapercibido a nadie. Su exploración del absurdo humano está presente en obras remarcables como “La Pianista” (2003), “Funny Games” (2007), “La cinta blanca” (2009) y la excepcional “Amor” (2012). Ahora en “Happy End” (2017) hurga en el retrato de una familia burguesa de la provincia francesa disfuncional como lo son casi todas las familias aunque el maquillaje de la respetabilidad social lo disfrace.

Rafael María Baralt y su análisis de los años 1810 y 1811

A Rafael María Baralt (1810-1860), uno de nuestros más importantes historiadores nacido en Maracaibo, mucha gente lo nombra pero en realidad muy pocos le han leído. La obra de Baralt: “Resumen de la historia de Venezuela” (1841) es el primer gran hito de la memoria republicana bajo los auspicios del autócrata que la mandó a elaborar y que muy poco aprecio le tuvo a los modales democráticos. Nos referimos a José Antonio Páez (1790-1873), el padre de la nación venezolana.

¿Votar?

Sólo plantearlo en las actuales circunstancias ya es un error en sí mismo. Aunque son tantos los venezolanos desorientados y desesperados que encuentran en esa manifestación cívica, hoy secuestrada, una atisbo de esperanza.

La independencia de Venezuela según Pino Iturrieta

Releer es muy provechoso porque las primeras impresiones se reafirman o cambian. Elías Pino Iturrieta (1944) es hoy por hoy uno de nuestros historiadores vivos fundamentales. Su obra alrededor de una historia de las ideas y mentalidades nos permite una interpretación amplia y precisa sobre el trascendental paso de colonia a república. Aborda “su historia” sobre la Independencia a través de dos libros esenciales como lo son: “Nada sino un hombre” (2007) y “La independencia a palos” (2011). Pino Iturrieta, con agudeza y valentía, termina ejerciendo las labores de un revisionista sobre nuestro pasado alrededor de la fecha fundacional de Venezuela como nación: nuestra Independencia (1810-1830).

Técnica política cubana

Que nuestros Presidentes “muy nacionalistas” viajen al exterior en asuntos oficiales referidos a su máxima investidura en los aviones de Cubana de Aviación es quizás la mayor vergüenza para quienes se dicen patriotas y herederos de la gesta bolivariana de la independencia continental sucedida hace ya doscientos años. Pocas veces, ha sucedido entre la historia de las naciones, que una sardinita tenga sometido a un pez más grande. La endeble Cuba, la muy pobre Cuba, un anti-modelo político basado en la autocracia y la represión sobre sus ciudadanos aplastados por sesenta años: hoy dirige los destinos de la otrora Gran Venezuela.

En el país de las lágrimas

Tomo como título ésta referencia poética de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) en El Principito (1943), un relato prestigioso y muy mercadeado que arribó a sus setenta y cinco años de haber aparecido por primera vez y que supuestamente es infantil cuando en realidad la mayoría de los adultos no logra descifrar sus muchos contenidos enigmáticos.

Los Padres Fundadores de la independencia

Nuestros “Padres Fundadores” de la nueva nación que surgió a partir del 5 de julio de 1811 fueron los blancos criollos. Los blancos criollos representaron a la aristocracia señorial de la colonia hispánica porque estuvieron emparentados con los primeros conquistadores que arribaron a las Indias en el siglo XVI. Eran latifundistas, esclavistas e identificados con un catolicismo militante que les justificaba en la cúspide del poder político, social y económico. Y no querían saber nada con la Independencia, cuando mucho, aspiraron a una vaga idea de gobierno lo más parecido a una monarquía constitucional. Ante la ausencia de la Metrópoli en 1808, por la invasión de Napoleón Bonaparte, y las nuevas ideas ilustradas que sostenían un cuestionamiento al Derecho Divino de los Reyes y ofrecían algunas reivindicaciones “populares”, se asustaron mucho y lo primero que desearon fue mantener un inmovilismo social. “Cambiar para no cambiar nada”, esa fue la consigna de sus principales líderes ante una realidad cada vez más difusa y que ponía en duda sus inmensos privilegios. Nuestros “revolucionarios” todos fueron conservadores, por lo menos en esta primera etapa que transcurre entre los años 1808 y 1811. Hasta Bolívar (1783-1830) mismo, en sus tempranas edades, no padeció del sarampión revolucionario porque su alcurnia social le permitió realizar numerosos viajes de placer hacia el exterior y casarse con una española en el propio Madrid en el año 1802. Los mantuanos tan sólo fueron 4.000 personas, el 0.31% de la población colonial venezolana, asentados alrededor de los cabildos y las capitales provinciales porque la Capitanía General de Venezuela (1777) fue un territorio federado conformado por Maracaibo, Cumaná, Valencia, Caracas, Coro y Guayana como sus capitales más señeras. Una Venezuela volcada al Caribe y con fluidos intercambios comerciales que permitió recibir las peligrosas nuevas ideas que empezaron a sacudir toda la cuenca atlántica norte desde que los ingleses decidieron cortarle la cabeza por primera vez a un rey en el año 1649. Nuestros “Padres Fundadores” se aglutinaron alrededor de 658 familias con una idea providencial alrededor de sus propias capacidades. No sólo eran los más ricos sino que se consideraron socialmente superiores. Se autodenominaban como “Padres de Familia” para distinguirse de la “Multitud Promiscual”, básicamente la mayoría de las castas “inferiores” a las cuales despreciaban y mantenían en un sometimiento feroz. No está demás decir que existió una estrecha alianza entre los funcionarios metropolitanos, apenas 1.500 antes de la declaratoria de la Independencia en 1811, y la elite mantuana; sólo puesta a prueba por algunas medidas reformistas impulsadas por Carlos III (1716-1788) que intentaron restarle influencia al poder de los blancos criollos. La muy poco estudiada y conocida “Conjura de los Mantuanos” del año 1808 es una perfecta radiografía de esto que apuntamos. ¿Cómo entonces nuestros “Padres Fundadores”, una auténtica clase social faraónica, contraria a la igualación social, decidieron lanzarse a una Independencia suicida? Este tema bien vale ser profundizado más allá de las construcciones mentales patrióticas que han deformado ese momento. Hay un trabajo esclarecedor de Aníbal Romero: “La Ilusión y el Engaño: La Independencia Venezolana y el Naufragio del Mantuanismo” (2001), que es completamente esclarecedor sobre éste enigmático asunto. Para Aníbal Romero nuestra Independencia fue un “acto político preventivo, de intención conservadora en lo social”. Quienes proclamaron la Independencia el 5 de julio de 1811 en realidad lo hicieron no para cambiar un orden político sino para preservarlo del jacobinismo revolucionario propugnador de la soberanía popular, el sufragio universal y la idea de nación centralizada. Nuestros “Padres Fundadores” fueron propietarios y esclavistas y la única libertad que conocieron fue la libertad de comercio desde un contrabando permisivo y hacer aquello lo que les daba la gana a expensas de una Metrópoli lejana y ausente. ¿Permitir el voto a los pardos? Nunca se les pasó por la cabeza ésta concesión liberal de tono moderno. Es más, cuando acabó la guerra, se animaron a proceder con algunas elecciones un tanto tibias estableciendo como condición que sólo podían participar los propietarios, es decir, ellos mismos. Tampoco les entusiasmó mucho la idea de una administración centralizada porque en nuestro caso la región estaba por encima de la nación, sí bien los caraqueños pretendieron imponer su hegemonía demográfica sobre el resto de las provincias cuando en 1810 se produce la primera ruptura. Nuestros “Padres Fundadores”, hoy ya nadie los recuerda, es más, me atrevo a decir que son unos completos invisibles para los venezolanos de hoy. Miranda, Bolívar y Páez los han suplantado en el recuerdo deformado de ese momento crucial en que pasamos de colonia a republica (1750-1830) de una forma violenta y traumática echando al traste las previsiones conservadoras de sus iniciales promotores: la elite mantuana blanca. Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ @LOMBARDIBOSCAN

En el laberinto de la Independencia

Schopenhauer decía que lo único que hay es el presente. El pasado es memoria, una fábula, una mentira. El futuro, una conjetura del presente”. Jorge Luis BorgesPero mi verdad es terrible: pues hasta ahora se llamó a la mentira verdad”. Friedrich Nietzsche

La monarquía como patria

El protagonismo popular en la Independencia de Venezuela (1810-1823) es una idea instalada en el inconsciente colectivo de los venezolanos. Hemos asumido, sin pruebas históricas documentales que lo respalden, el discurso ideológico de una supuesta pardocracia enfrentada a la infamia de un Imperio Hispánico decadente que les negó la libertad. Cuando en realidad, y de acuerdo a los testimonios de la época, fue esencialmente un conflicto entre la élite blanca ante la ausencia forzada de la Metrópoli luego de la invasión de Napoleón sobre la península ibérica en el año 1808.

Venezuela 2018

Los historiadores no somos políticos y tampoco estamos dedicados a una historia militante, por lo menos en mí caso. Tampoco estoy interesado en una historia como burbuja que me hace indiferente a los problemas que me afectan en el presente como ciudadano, padre de familia, universitario, intelectual, venezolano y ciudadano del mundo. Mi compromiso en todo caso es como dice el Dr. Jordi Canal, con una historia comprensiva bien hecha, que procure ser competente profesionalmente, honesta y bien escrita. No hay más.

El rojo rojito

¿Cuáles son los colores de la venezolanidad en los últimos veinte años? El amarillo, azul y rojo de la bandera con sus ocho estrellas; el verde oliva militar, algo un tanto disimulado aunque omnipresente, y el “rojo rojito”, que prácticamente lo abarca todo empezando por todos los ministerios e instituciones cuyas fachadas están pintadas de rojo. Nuestra simbología nacional nace y termina con Simón Bolívar. Ni el petróleo, ni las mises, ni las bellezas naturales son competencia para el caraqueño, líder indiscutido de la independencia nacional. Todo aspirante a gobernante en Venezuela se ha arropado con el culto bolivariano.

Simbología de la política venezolana en la contemporaneidad

"El gusto que se tiene por el poder absoluto está en exacta relación con el desprecio que se tiene por sus conciudadanos". Alexis de Tocqueville Toda la historia del siglo XX y XXI venezolano puede explicarse por la adopción de colores que refieren a una posición ideológica y filosófica en torno a la rivalidad política entre partidos. Los partidos modernos en Venezuela se fundaron alrededor de la llamada Generación del 28 que combatió a la dictadura de Juan Vicente Gómez (1857-1935), una de las más brutales y largas en la Historia de Venezuela (1908-1935): veintisiete años. Hay autores que sostienen que los tres pilares en los cuales descansa la contemporaneidad venezolana son: los partidos políticos, el Estado y el petróleo.

El mito es lo que manda

La mente es la más grande cárcel del hombre. No tenemos idea de la realidad tal como es y preferimos una percepción deformada de la misma. Y esto es producto de las creencias tanto religiosas como laicas. Quítale o cuestiona el mundo de creencias a una persona, y es capaz de matarte por defender lo que él considera que le produce cordura y sentido pleno a su existencia, aunque ésta sea un error o ande a la deriva. El pensamiento humano está lleno de leyendas, ilusiones, prejuicios, dogmas y deseos, en la mayoría de los casos, incumplidos. El mito es más fuerte que la realidad. Porque el mito es la fantasía imaginada ideal que contrasta con una realidad frustrante que nos negamos a reconocer porque ello implicaría hacernos responsables de nuestros propios errores y fracasos. Es preferible el disimulo cómodo que atender el problema mirándolo cara a cara. ¿Qué tanta verdad estamos dispuestos a soportar los hombres? En realidad, muy poca.

Dios consolará a su pueblo

La cita es de Isaías 49, 13. Y corresponde al documento que la Conferencia Episcopal de Venezuela publicó en enero, 2018. Los partidos políticos están en desbandada; ya sea por sus propias contradicciones o el indisimulado acoso gubernamental que les discrimina y ningunea. Los empresarios y comerciantes tratan de cohabitar para subsistir con un aparato productivo paralizado. Los medios de comunicación están maniatados y priva la auto-censura. La híper inflación devora al salario y trae la miseria a la mayoría de los venezolanos. Los profesionales se exilian mientras que las universidades han dejado de brillar. El contrabando, la maraña, el clientelismo y la corrupción florecen. La vida social es completamente hostil y el futuro parece clausurado.

Bolívar y los caudillos

Nuestro Simón Bolívar fue un personaje paradójico en una época de transición donde él formó parte de los extremistas mientras que la mayoría de sus contemporáneos fueron indiferentes a la Emancipación. No nos vamos a meter con el Bolívar del mito erigido en el año 1842, cuando ya muerto, no molestaba a sus antiguos aliados necesitados de su prestigio para elaborar la nueva identidad nacional venezolana aboliendo la hispánica y proponiendo como alternativa una criolla y bolivariana. Desde entonces la Independencia fue nuestro tiempo fundacional, y a la vez, de arribo forzoso, de un viaje hacia una tierra prometida bajo códigos modernos aún esquivos en pleno siglo XXI. El Destino Manifiesto venezolano fue confiscado por los caudillos y libertadores quienes se cobraron el haber ganado la Independencia y frustraron todo empeño civilizador. ¿El protagonismo del Pueblo? Aún lo andan buscando.

“Día de la Zulianidad”

Definitivamente el extravío en el presente de los venezolanos tiene mucho que ver con un desdoblamiento histórico. Hacemos de los recuerdos lo que nos da la gana. En el año 2002, al gobernante de ese entonces se le ocurrió celebrar el onomástico del gentilicio zuliano estableciendo el día 28 de enero de 1821 como el “Día de la Zulianidad” bajo el siguiente pre-supuesto. “El 28 de enero de 1821 Francisco Delgado, Gobernador de la Provincia de Maracaibo, declaró su independencia, acto que se convierte en la primera decisión política tomada autónomamente por el pueblo del Zulia, en defensa de su identidad y de sus intereses nacionales. Esta acción hace que en el año 2002 el entonces Gobernador del Zulia; Manuel Rosales Guerrero, decrete el 28 de enero como Día de la Zulianidad”.

Diario de Bucaramanga

Mientras más estudiamos menos sabemos. Hay dos obras apologéticas en forma de memorias que han sido las preferidas por los biógrafos del Libertador Simón Bolívar. Una es la muy voluminosa del irlandés Florencio O´Leary, la otra más breve, se le atribuye al francés Luis Perú de Lacroix (1780-1837).

Historia de la Independencia de Venezuela (1810-1830)

Para Jordi Canal “Si aprender es recordar, ignorar es de hecho haber olvidado”. Jorge Luis Borges No creo mucho en el precepto bíblico de que la “verdad nos hará libres”. Al contrario, la verdad, es una tortura andante para quienes deciden optar por ella. Acercarnos a la verdad es mirar la culpa cara a cara. Nietzsche, el filósofo del martillo, que al igual que el debilucho viejito que hacía de poderoso Mago en Oz, la mítica película del año 1939, fueron expertos ilusionistas. Aparentaban, como la mayoría, algo que en realidad querían ser y nunca lo fueron. Los mecanismos de compensación están grabado en la piel humana, de lo contrario, el dolor sería insoportable. El Poder es experto en desarrollar construcciones mentales ilusionistas en forma de mitos y leyenda para superponer una realidad conveniente a sus designios negando la cruda realidad de los hechos. El mecanismo mental es muy sencillo: reacomodar los recuerdos, sustituirlos o hasta inventarlos. Incluso, los historiadores profesionales, también son víctimas de éste ardid que nace como condicionamiento nacionalista, o lo que es peor: el chantaje patriótico.

La rebelión de los historiadores

Sigue estando de moda ser un intelectual o artista comprometido con las mejores causas de la humanidad aunque éstas las hayan representado Fidel Castro, Muamar el Gadafi, el Che Guevara, Stalin, Mao, Kim Il-sung y nuestro Chávez. Hoy, la llamada izquierda mundial debería, en un acto de contrición,pedir público perdón. Detrás de estos líderes mesiánicos y brutales sólo se ha desparramado la tragedia social sobre sus dirigidos. En nombre de la muy poderosa idea de la Justicia, alimentada desde el rencor de los explotados, el “Hombre Nuevo” fue sólo un proyecto caza bobo ideológicamente prestigioso con la complicidad de una intelectualidad “progresista” alineada desde un arrodillamiento interesado, salvo muy contadas excepciones. Las embajadas, consulados, cargos, agregadurías, ministerios, viajes, condecoraciones y demás prebendas hicieron y hacen felices a estos intelectuales.

Los canarios en la independencia de Venezuela

Yo no creo que Carlos Marx haya sido un resentido social. Llegar a esa conclusión es algo mezquino. Marx profundizó en la valía del pensamiento crítico más allá del contemplativo. Y asumió la teoría como instrumento de la política como cambio social. Creyó que el capitalismo de su época era un sistema de explotación inhumano y sostuvo que el monopolio de la violencia por parte de las clases sociales que controlan el Estado es el principal instrumento de la dominación histórica desde que apareció la propiedad privada. Marx en realidad fue un liberal que dudó de las capacidades humanas para el bien y su socialismo real fue mal interpretado y devino en gulag.

¿Bravo pueblo?

La Independencia es la Historia de Venezuela (1749-1830). Nos han hecho creer que el “Bravo Pueblo” fue el protagonista de una gesta de liberación nacional contra una potencia extranjera: España. Ni lo uno ni lo otro son ciertos. El “Bravo Pueblo” prefirió pelear en el bando de las banderas del Rey y la guerra popular ocurrió en el año 1814 tal como muy bien lo analiza Arturo Uslar Pietri en un libro esencial que nuestra historiografía patria siente como muy incómodo. Seguimos creyendo en la mitología de la Independencia por encima de la historia en sí.


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