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opinión

Orlando Viera-Blanco

El espíritu verde de British Columbia

9 octubre, 2019

Hemos estado en la provincia de British Columbia (BC), Canadá, atendiendo una apretada Misión Diplomática Económica, coordinada por Global Affairs Canada (GAC). Acompañado por 57 Embajadores y delegados de negocios ha sido una experiencia enriquecedora. Fue entrar en contacto con “un nuevo mundo”, con el verdadero hombre nuevo, de visión verde, tutela ambiental, consumo consciente, respetuoso de las tradiciones y los DDHH, entendidos como la frontera con los derechos individuales. Una experiencia que deseo compartir porque significa mucho en el proceso de recuperación de Venezuela.

Una provincia rica en recursos y consciencia

BC exhibe con orgullo estadísticas impresionantes. Tiene un producto interno bruto de 265 millardos de dólares y 5 millones de habitantes, principalmente ubicados en Vancouver (2.5 millones) y su capital, Isla Victoria (450.000 habs). Su riqueza proviene de industrias madereras, procesamiento de alimentos, centros de desarrollo urbanístico futuristas (fieles a la transformación / eliminación del dióxido de carbono en energía); rechazo a combustibles fósiles; starts-ups de alta tecnología (21 millardos en innovación e investigación); protocolos de resguardo de aguas marinas y del impresionante rainforest (cuya reserva forestal equivale al territorio de Irlanda).

El control del espacio oceánico cubre unos 25.000 Km2 de cobertura y vigilancia (medio planeta), contando con empresas de investigación y monitoreo, grupos de interés, ONGs y tecnológicas de cultura verde, donde una población que promedia 37 años de edad defiende un mundo libre de contaminación, exterminio natural y toxicidad, ansioso por preservar el ecosistema consumiendo menos lo que más destruye.

BC ha desarrollado una dinámica social de una calidad de vida extraordinaria, criminalidad cero, donde la consciencia contributiva genera billones de dólares de sus ciudadanos y múltiples corporaciones para enaltecer los valores de conservación de todo el ciclo de vida; el hábitat, la naturaleza-sus componentes y su dinámica de supervivencia-, más las primeras naciones, sus costumbres, sus dialectos, sus valores, tradiciones y creencias, bajo un mismo ideal: el derecho de todos a vivir más y mejor, en paz, prosperidad y justicia.

La reconciliación – fundamento de la paz

BC lleva un sentimiento de culpa por siglos. El genocidio. Un “punto oscuro” en su historia que ha sido encarado por numerosos grupos humanistas y académicos. En particular en la Universidad de Victoria, profesores de leyes, ciencias políticas, lingüísticas, antropólogos, sociólogos y humanistas, se han dado a la desafiante tarea de producir una ley de Reconciliación de las primeras naciones, generando un reencuentro del presente con el pasado, donde la redención, la regeneración y el reencuentro profundamente humano, ciudadano y espiritual, es el epicentro del proyecto. ¿Cómo aliviar la carga devastadora del exterminio de las primeras naciones siglos después de silencio y hartazgo? La ruta es una: enfrentándolo, reconociendo responsabilidades y perdonando. Con contrición, humildad y propósito de enmienda.

Me llamó poderosamente la atención este reto de conversión y rectificación porque “mutatis-mutandi” cabalga sobre los mismos elementos de reparación, emancipación, liberación y pacificación anhelados en Venezuela tras siglos de violencia, fracturas étnicas, sociales, políticas, costumbristas y de sentida relegación. El genocidio comporta un profundo dolor histórico en Canadá que asemeja al proceso de desplazamiento cultural y originario vivido en LATAM, además de sensibles exclusiones y rechazos sociales que aun subyace sensiblemente. Canadá ha sabido encarar este pasado abrasador, asumiendo su responsabilidad y creando mecanismos de justicia y reparación conscientes. Un ejemplo de nobleza y madurez grupal digno de emular.

La paz no se decreta, pero si se dibuja…

Compartiendo en un foro en VU (Victoria University) que tienen a su cargo las bases de la promulgación de la Ley de Reconciliación de las primeras naciones, pregunté: ¿Puede la reconciliación decretarse? Al rompe varios profesores me respondieron: “Tenemos años haciendo la misma reflexión. Claro que los valores de honestidad, generosidad, humildad, reconocimiento no se pueden imponer por ley. Pero lo que sí podemos hacer es citar -dibujar- estas virtudes como referentes éticos indeclinables en los cuerpos legislativos para que sirvan de fuente de derecho en nuestra common law y logren rigurosidad judicial”.

Esta profunda reflexión ética me tocó el corazón… y la razón. Es comprender que nuestro reencuentro pasa por una profunda reflexión: Asumir cada uno de nosotros la cuota de responsabilidad que nos corresponde en la crisis que hemos sufrido. Evadirlo o pensar que es sólo culpa de una era o de un hombre, es prolongar la salida, mantener dolorosamente esa carga viva y postergar nuestra reconciliación.

Gracias a la Cancillería de Canadá por incluirnos en esta maravillosa experiencia, y gracias a nuestros anfitriones en BC. Sólo me queda pedir a la providencia que algún día me de la oportunidad de sembrar estos hermosos y regios valores aprendidos…

Al menos compartir esta experiencia, ya es una semilla, ha sido un buen inicio…

@ovierablanco

Embajador de Venezuela en Canadá



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