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opinión

Enrique Meléndez

El cuento de las sanciones

13 agosto, 2019

El caso de Venezuela, a propósito de las sanciones administrativas impuestas por EEUU al régimen de Nicolás Maduro, nos lleva de nuevo al famoso escenario de Carlos Marx de que los hombres aparecen dos veces en la historia: una vez como trágica y la otra como farsa; si tomamos en cuenta el caso de Cuba. He allí de donde se agarró Fidel Castro toda la vida para justificar el antidesarrollo de la isla, y entonces aquello provocaba misericordia, solidaridad, y nuestros países vieran al Tío Sam, como era costumbre personificar a los EEUU por parte de la izquierda sudamericana, como el malvado y a Fidel Castro como el gran héroe; el pequeño David que se enfrenta ahí en sus narices a la gran potencia del Norte.

Uno diría aquí la gran potencia, y que había construido tal fortaleza en armas, tecnología y ciencia; gracias al saqueo que había llevado adelante de nuestros recursos; de acuerdo con la tesis de Lenin de que el imperialismo era la fase superior del capitalismo, y lo que vino a demostrar Carlos Rangel en su libro Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario, que no era tan así, y que, incluso, Carlos Marx, a propósito del desarrollo industrial de las naciones, jamás la había sostenido. Pero para la época esa tesis alimentaba la envidia, que sentimos los pueblos sudamericanos por esa potencialización instrumental y científica del hermano del Norte, y de modo que por esta vía Castro acaparaba todas las simpatías.

Estamos hablando de un país que había desarrollado una industria azucarera; que estaba en condiciones en el momento de suplir al mundo entero; aparte de la industria del turismo; además del nivel cultural; una isla con capacidad de dar escritores de la talla de Guillermo Cabrera Infante, José Lezama Lima, de pintores como Wilfredo Lanz; músicos: alrededor de siete sones se conocieron antes de la revolución del castrocomunismo; paulatinamente eso lo fue consumiendo la voracidad por el poder de Fidel Castro, y al que nadie veía como un sátrapa, precisamente, por esa condición suya del príncipe valiente, que se enfrenta a la gran potencia vecina; porque ésta pretende arrebatarle su industria azucarera.

En el caso de nosotros es el petróleo. No pasemos por alto en lo gran promotor de libros que se transformó Hugo Chávez, cuando iba a las conferencias anuales de la ONU, a raíz de la mención en un discurso suyo del libro de Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de la América Latina; un libro que se leyó mucho en la década de 1970; es decir, en pleno apogeo del embargo de EEUU a Cuba, y recién acontecidos los sucesos de la llamada Crisis de los Misiles, que habían protagonizado Kennedy y Kruschev, y el que detallaba la forma como los EEUU saqueaba nuestros recursos: Chile, el cobre; Argentina, la carne, Bolivia, el estaño; Centro América, los bananos; Venezuela, el petróleo; sin tomar en cuenta que la presencia de los EEUU en nuestros suelos; en la supuesta condición de potencia saqueadora nos instalaba una infraestructura industrial; aparte de que nos dejaba lo que se conoce como un know how, y que fue lo que nos permitió a los venezolanos asumir, posteriormente, nuestra industria petrolera, y constituir una empresa que se transformó en una de las transnacionales del petróleo más importantes del mundo, y que el Socialismo del siglo XXI acabó, como la revolución castrocomunista acabó con la industria azucarera cubana. Chávez resucitó ese fósil de libros con su mención, y el que se leyó esta vez yo diría que por curiosidad; como se mira una antigüedad, para divertirse con las ocurrencias de antaño.

En filosofía se tiene por sentado que el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra es el ser humano. Todavía uno ve por uno de esos tantos programas que se transmiten por los canales de televisión, tanto oficiales como oficialistas, decir a uno de esos tarifados que los conducen que todavía el socialismo no ha sido establecido de manera tal como lo formuló Carlos Marx en su doctrina; que en los manuales se calificaba de socialismo científico, derivado del socialismo utópico; que, por el contrario, el que ha fracasado es el capitalismo; sin tomar en cuenta que a Fidel Castro, a pesar de lo que dijo de que la historia lo absolvería, el destino no le cumplió.

La misma postura de Vladimir Putin, con respecto a Venezuela repite la postura de Kruschev, en el escenario de la llamada Guerra Fría; una especie de protectorado; que a la larga, termina manteniéndonos en un antidesarrollo, y donde hay mucho de farsa; pues desde el punto de vista potencial Rusia no se encuentra en las mismas condiciones de la antigua Unión Soviética. Incluso, se ha llegado a decir que Rusia es el equivalente en el mundo de hoy a un Haití potenciado con armas atómicas, y cuyo mantenimiento les debe llevar su buena partida en los presupuestos; que, por cierto, fue una de las causas de la implosión de esa Unión Soviética.

El problema decía es que ya ese argumento del bloqueo económico, para justificar la situación de crisis humanitaria, que vive Venezuela a este gobierno le queda demasiado grande; primero, porque esta gente tiene veinte años en el poder; habiendo pasado por la mayor bonanza económica, que país alguno en la historia en Sudamérica, haya conocido; segundo, porque las experiencias, que se han visto desde la revolución soviética, pasando por la revolución china y la propia cubana, como decíamos, se ocuparon de desmentir a Rousseau; para quien la propiedad privada; que es el fundamento esencial del modo de producción capitalista, no tenía categoría de sacrosanta.

Así tenemos a un Jorge Arreaza diciendo que las cajas Clap no se han dado por las sanciones económicas; que los bonos de la deuda pública, vencidos desde 2017, no se han podido pagar por las sanciones económicas y así sucesivamente, sin temor a pecar de farsante.

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