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opinión

De la mofa al poder a la mofa del poder

11 junio, 2019

En el inicio de la actividad electoral que conduciría a los comicios de diciembre 1989, a Pedro León Zapata le dan ganas de ser Presidente de la República y lanza su candidatura, arrancando su campaña con “El grito de La Guacharaca“, así llamado por el cabaré donde ocurrió el memorable evento. Centenares de intelectuales y artistas lo respaldan. Como es cosa corriente en Venezuela, también se empata en la movida una tolda política oportunista, denominada Partido Porno-revolucionario Venezolano, fundado por quien esto escribe. La organización contó con dos miembros: el susodicho, que era el dirigente, y un militante de base destinado a justificar la existencia del otro, y este fue el periodista Carlos Ortega.

La Zapatada fue una de las legendarias mofas al poder en la Historia de Venezuela; las otras son La Delpiniada (1885), contra Guzmán Blanco; La Sacrada (1901), celebración burlesca de Cipriano Castro; el sainete criollo-simbolista titulado La Sagrada Familia (1936) de José Mora y Antonio Saavedra, y en tiempos más recientes La Restituyente.

A las dos primeras el gobierno respondió con dura represión; los comprometidos fueron perseguidos o metidos a la cárcel; Castro llegó a clausurar la Universidad de Caracas (otro nombre legítimo de la UCV) considerada la fuente del satírico acontecimiento.

La Sagrada Familia fue tratada con más benevolencia. Se trata de una comedia cuyo argumento es que una joven llamada Venezuela cae bajo el malvado poder de un tirano que la esclaviza y la hace víctima de vejaciones de toda índole. Y he aquí que aparece un valeroso héroe, un galán militar, que la rescata de sus garras. El simbolismo del contenido es grueso: el malvado tirano es Gómez, muerto recientemente, y el galán redentor, su sucesor López Contras. Y la intención es bastante babosa, por decirlo de algún modo: condena a Gómez, muerto y supuestamente imposibilitado de tomar represalia, y hace loas al nuevo dispensador de beneficios, López. No obstante, los autores se equivocaron; no tomaron en cuenta que el aludido nuevo jefe había salido de las entrañas de la bestia y que la muerte del tirano era reciente y todavía estaban frescos los vínculos entre la élite social venezolana y su infame figura; de modo que como efecto las presiones del ambiente el gobierno suspendió a breve plazo la representación; pero, hasta donde alcanza mi conocimiento, nadie fue preso ni maltratado.

Volviendo al movimiento zapatista, Yo y mi partido compartíamos los principios del líder; Zapata ofrecía un gobierno de la sinceridad, del todo rosquista, y prometía “democratizar la corrupción”. Expresamos nuestra adhesión en un Manifiesto publicado por el diario El Nacional (7-09-86); documento, además, expositivo de la ideología del partido, en el cual se dice, entre otras atrocidades: “El PPRV se define como un partido falócrata que no es derecha ni de centro ni de izquierda, políticamente se ubica por delante y por detrás y se menea al ritmo que le toquen”… “Carece absolutamente de principios éticos y no ofrece ningún programa, excepto el propósito de abogar por la inmoralidad en todas sus formas”… Respaldamos a Zapata por ser “La Candidatura de la Sinceridad”… “porque lo único que ofrece es puestos públicos a sus más cercanos seguidores, o sea, promete aquello que los demás candidatos jamás mencionan, aunque es lo único que dan cuando llegan al poder”… “Gobernaremos mediante roscas” ─siguiendo uno de los principios enunciados por Zapata─… “reprimiremos con saña”… “sin que a nadie se le ocurra decir que respetamos la libertad de expresión”… “Robaremos al Erario como gitanos húngaros, y así lo declararemos a los medios”… “encompinchados con truhanes y bataclanas nos emborracharemos y hartaremos como cerdos, permitiendo que nuestras orgías sean difundidas por la televisión, para desesperación de las masas famélicas”.

Obviamente, escribí eso como una humorada de ficción en clave de humor negro; ¡pero mire usted lo que son las cosas!: fue profética. Anticipó no exactamente el pensamiento, sino la práctica del chavismo en el poder, hasta el presente. Con una única diferencia: al ser “La Candidatura de la Sinceridad” haríamos todas esos desafueros en forma explícita y pública, entanto los chavistas et alii son hipócritas y tratan de ocultarlas; propósito poco menos que imposible en esta época multicomunicacional, y así, entre otros fabulosos festejos y lujos más o menos disimulados, ha pasado a ser del dominio público la fiesta que reúne créditos para competir por el título de Boda del Siglo. Corre la voz de que otros saraos recientes de muy alto coturno, entre la nobleza europea y de multimillonarios, costaron apenas una fracción de la aquí aludida.

Claro, evitaron la publicidad, no la televisaron y según dicen los observadores, hasta impusieron una especie de toque de queda a los vecinos de la isla Los Roques a propósito de evitar que vieran el jolgorio o interrumpieran de alguna forma; inútiles esfuerzos, la información se ha filtrado y para la más justa y soberbia arrechera, todo el mundo está enterado.

Y aquí viene a lugar parafrasear una frase del ilustre Presidente (1837-39) venezolano Carlos Soublette, dicha al saber de una obra de teatro que lo satirizaba: Venezuela no se ha perdido… porque un ciudadano se burle del poder. Venezuela se perderá cuando el poder se burle de los ciudadanos.

Y esto es exactamente lo ocurrido.



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