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opinión

Sergio Arancibia

Cuán libre es el libre mercado de cambios

15 mayo, 2019

La idea de liberar el mercado cambiario está, hoy en día, en la boca de todos, pero no todos entienden lo mismo con aquellas palabras. Vale la pena recordar que en épocas no muy lejanas de la historia económica de Venezuela todo ciudadano podía comprar y vender dólares a la tasa de 4.30 bolívares por cada unidad de la moneda norteamericana. Habían, desde luego, las necesarias diferencias – muy marginales por cierto – entre los precios de compra y de venta, para poder cubrir los costos administrativos que emanaban de la intermediación cambiaria. Pero había absoluta libertad para acceder al mercado cambiario y para comprar o vender allí las cantidades de dólares que cada uno estimase necesarias, para los fines que estimase convenientes.

Sin embargo, la tasa de 4.30 no quedaba sujeta a los vaivenes del mercado, ni a las fluctuaciones diarias de la oferta y la demanda. La tasa de cambio era fijada por el Gobierno y/o por el BCV, el cual no solo tomaba esa decisión administrativa, sino que se reservaba la potestad de intervenir en el mercado cambiario, comprando o vendiendo, según fuese la necesidad del momento, para asegurar que la tasa de 4.30 se mantuviera sin modificaciones.

Si la demanda de dólares era muy elevada en un momento determinado, superando a la oferta, el BCV intervenía vendiendo dólares, de modo que el mercado se mantuviera equilibrado, y todos los agentes económicos del país -importadores, exportadores, productores, consumidores, ahorradores, etc.- pudiesen planificar sus operaciones presentes y futuras contando plenamente con que la tasa de cambio no sufriría alteraciones circunstanciales que echasen por tierra la planificación realizada.

Pero todo eso era posible porque el BCV administraba la cuantiosa cantidad de dólares que le entraba al país por la vía de sus exportaciones petroleras y, por lo tanto, se podía dosificar su venta en el mercado cambiario de modo tal que la tasa no sufriera alteraciones. Podía vender a 4.30 todo lo que el mercado solicitase y, además, acumular reservas, lo cual daba más seguridad aun de que la política y la tasa de cambio se mantendrían a lo largo del tiempo. Pero eso ya no es posible hoy en día.

Hoy en día, y en el futuro cercano, ni la actividad petrolera ni el BCV podrán asegurar al país que habrán los dólares suficientes como para mantener una determinada tasa de cambio, por la vía de vender – o eventualmente de comprar – dólares en el mercado correspondiente. La tasa de cambio tendrá que estar en mayor medida que nunca determinada por la oferta y demanda de los agentes económicos privados, lo cual tiene algunos inconvenientes y peligros importantes. En un mercado relativamente pequeño – como el que necesariamente emergerá de las ruinas de la actual situación económica – entradas o salidas bruscas de ofertas o de demandas de dólares- por razones especulativas o no – pueden hacer que la tasa de cambio sufra grandes alteraciones, incluso de un día para otro, lo cual, puede genera grandes pérdidas o ganancias a algunos agentes económicos, y más perjuicios que beneficios al conjunto de la economía.

Se necesitaría, por lo tanto, que la política cambiaria – manteniéndose bajo el signo de la libertad de compra y de venta – tenga pautas sobre las eventuales y necesarias intervenciones del BCV, que deben ser claras, conocidas, transparentes y de aplicabilidad inmediata cuando sucedan ciertos eventos en el mercado, tales como la superación de determinados limites o bandas de flotación permitidas.



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