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opinión

Jornada laboral revolucionaria

1 mayo, 2019

Muy preocupado estaba Nicolás por la cercanía del Día del Trabajador y hasta la fecha no encontraba como seguir “raspando la olla” para poder ofrecer en esa fecha un aumento salarial. La guerra económica del imperio no me permite aumentar los sueldos y salarios, a menos que reduzca el gasto público y deje de estar comprando aviones a los rusos o a los chinos. Pero, ni de vaina, voy a tomar esa decisión… esas comisiones son muy jugosas para tirarlas al pajón.

¿Qué hago?… ¿Dónde está mi pajarito para que me ayude?… ese ingrato, tiene tiempo sin aparecerse a pesar de que le compre alpiste importado.

-Reúnete con el Negro Aristóbulo y Piñate, tu Ministro del Trabajo, a ver qué solución encuentra, le sugirió Cilia.

Gracias mi amor, tú siempre atenta, así lo haré. Acto seguido, convocó a los funcionarios a una reunión de urgencia en el palacio.

Después de largas horas de conversación, en las cuales revisaron todos los escenarios posibles, llegaron a la conclusión de buscar una propuesta revolucionaria que trascendiera al simple y repetitivo acto de anunciar aumentos salariales.

¿Y qué tengo que hacer?, preguntó Nicolás.

¡¡ No sabemos !!… dijo el negro Aristóbulo apoyado por el ministro. Pero si revisamos las tesis del camarada Carlos Marx, seguro encontraremos una salida.

¿Y quién es ese señor?

Coño Nicolás, el que escribió El Capital, expresó algo molesto Aristóbulo.

– Bueno léelo tú, porque yo, ahora que recuerdo y a pesar de que me lo regalaron los camaradas cubanos no he ido más allá de leer el título. Ese libro me pareció muy fastidioso… muchas letras.

Tímidamente, el ministro del trabajo reconoció que él había ido un poco más allá ¡ Leyó el índice !… y más nada.

Estamos grave, dijeron todos al unísono… vamos a tomarnos un whisky para ver si aclaramos las ideas… vale.

-En el tercer trago, Aristóbulo gritó ¡ Ya está !… Anunciemos este Primero de Mayo “La Jornada Laboral Revolucionaria”.

¿Eso qué significa?

Recuerden que la jornada de ocho horas hace referencia a la reivindicación del movimiento obrero por la reducción de la jornada laboral y el establecimiento de las ocho horas de trabajo diarias o 40 horas a la semana, también conocido como el movimiento por la jornada reducida que tuvo su origen en las penosas condiciones de trabajo de la Revolución Industrial en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII. Tampoco debemos olvidar que desde 1810, Robert Owen difundió la idea de que la calidad del trabajo de un obrero tiene una relación directamente proporcional con la calidad de vida del mismo, por lo que para cualificar la producción de cada obrero es indispensable brindar mejoras en las áreas de salarios, vivienda, higiene y educación; prohibir del trabajo infantil y determinar una cantidad máxima de horas de trabajo, de diez horas y media, para comenzar. Para 1817 formuló el objetivo de la jornada de ocho horas y acuñó el lema de ocho horas de trabajo, ocho horas para vivir, ocho horas de descanso.

Ok, dijo Nicolás, pero después de ese caletre que nos has tirado dime qué tiene eso que ver con tu propuesta de jornada revolucionaria.

– Están ciegos, lo tienen frente a sus narices. Las medidas que hemos tomado de decretar como “No laborables” los días miércoles, jueves y viernes de cada semana significan una reducción de las 40 horas semanales a 16. Es decir, que le estamos dando al trabajador 24 horas semanales para mejorar su calidad de vida y el descanso. Con eso camaradas, estamos superando al pana Marx y al clásico Adam Smith.

Genial, gritó Piñate… brindemos… otro whisky.

– Y eso no es todo, interrumpió Nicolás. Si sumamos a la jornada revolucionaria el cronograma de racionamiento eléctrico la vaina se pone mejor.

Explícate por favor, señaló Aristóbulo.

Coño negro, te pegaron los palos. Si al lunes y martes le quitamos las 4 horas diarias de corte de luz… ¡ La jornada laboral queda reducida a 8 horas semanales ! O sea, que los trabajadores tendrán 32 horas a la semana para vivir y descansar… ¿qué más queréis Negrito?… trabajan ocho y cobran cuarenta… entonces, no tenemos necesidad de anunciar aumentos de sueldo y salarios

– Seguro, la oposición va a decir que todo esto es porque tú fuiste un reposero en el Metro de Caracas, ripostó el Ministro del Trabajo.

No le pares bola a esa vaina Piñate, dejamos atrás a los creadores del Socialismo Científico y al mayor exponente de la economía clásica y seré recordado como el gobernante que logró reducir revolucionariamente la histórica jornada laboral de las ocho horas… No podrán los capitalistas seguir robando a los trabajadores a través de la plusvalía. Este último concepto no sé lo que significa pero, suena bonito y me lo copié.

Brindemos.

El Negro y el ministro abandonaron el Palacio confundidos en un solo abrazo y trastabillando. Con la lengua enredada, producto de los palos, se decían uno al otro que debían considerar seriamente el proponer a Nicolás para el Premio Nóbel de Economía… Salud concañero.



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