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Análisis ND: El demoledor “miércoles negro” de Maduro en derechos humanos

20 marzo, 2019

Pedro García Otero / 20 mar 2019.- Este 20 de marzo de 2019 quedará marcado para la Historia como el “miércoles negro” del régimen de Nicolás Maduro en materia de derechos humanos. Ha sido, desde todo punto de vista, pero particularmente desde el punto de vista de su imagen, interna y exterior, un día demoledor para la clase que aún retiene el poder en Venezuela.

Al momento de escribir esta nota, hay cinco trending topics relativos al tema: Dgcim, capitán Caguaripano, Rodríguez Torres, #BacheletActuaYaPorVenezuela y Luis Almagro.

Lo que en el 19 o 20 de febrero fue el puente de Las Tienditas con dos containers atravesados (la foto de primera página del mundo entero), mañana lo será la horrenda comprobación de que, en lo que el teniente de la Aviación Ronald Dugarte dice es la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar, hay gente torturada. La imagen de todas las webs y titulares de periódicos del mundo.

La certeza de la certeza

Hay que dejar abierta la puerta a que todo sea un montaje. No se sabe cómo es la Dgcim por dentro, en términos generales. La duda razonable es que pueda no serlo; la alternativa es que en la Dgcim se ha montado un sistema de violación de derechos humanos consentido por todas las autoridades del cuerpo, y de ahí en más, extensivo al Ministerio de la Defensa y, por supuesto, a la jefatura del Estado que detenta Nicolás Maduro.

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No es algo que sorprenda por las decenas de testimonios que se han recogido del horror, y que terminarán en un expediente de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU; aunque sí produce un escalofrío comparar la asepsia de las paredes pintadas de blanco de cualquier supuesta oficina de ese bunker, ubicado en Boleíta, con la horrorosa comprobación de que al “coronel Mejías Laya”, según Dugarte, lo han tenido esposado y encapuchado durante un mes. Y que, en un giro sorpresivo de la situación (y que demuestra lo lejos que ha llegado la censura), el régimen sea capaz de tapar la palabra “Dgcim” en Twitter, muestra también lo grave que está el país en materia de derechos humanos.

Dice el supuesto teniente que huyó con los videos (Dugarte), que Miguel Rodríguez Torres, el padre de mucho de este horroroso presente, “está muy deteriorado”; y que el capitán Juan Carlos Caguaripano “orina sangre”. Las imágenes son terribles. Su relato es incluso más duro.

Como diría Rómulo Betancourt a raíz del hallazgo de armamento cubano en una playa de Anzoátegui, a comienzos de los 60, “a nosotros no nos extraña, pero al resto del mundo le va a parecer extraordinario”. Los videos, presentados en la Organización de Estados Americanos, ya han comenzado a rodar por todo el globo.

Si a esto se le suma el durísimo informe que hace Miguel Bachelet cuando aún sus funcionarios están en Venezuela (los videos de Dugarte pueden estar en discusión, pero el informe de la Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos es un hecho) se completa el daño.

El que la expresidenta de Chile, invitada por el propio régimen (que esperaba una solidaridad ideológica imposible de sostener ante el peso de las evidencias), no haya siquiera esperado que sus funcionarios salgan de Venezuela para fijar una posición tan clara, indica que lo que estos le han dicho tiene que haber prendido todas las alarmas en la oficina que dirige en Ginebra.

Es, por decirlo de alguna manera, la “certeza de la certeza”. Todos sabíamos o creíamos que sabíamos lo que supuestamente pasa en la Dgcim. Todos hemos oído las historias que han oído los representantes de Michelle Bachelet. Pero verlos ahí, en video o en un documento, les da un carácter oficial, una veracidad que antes no tenían.

La reacción del régimen, a esta hora y como es su costumbre cada vez que recibe un golpe de knockdown, oscila entre ignorar el hecho o hacer una pataleta como la de María Alejandra Díaz, “estrella emergente” (disculpen) del madurismo, esta tarde en VTV.

La imposible amnistía

En la mente de los gerifaltes del régimen están, sin duda, las imágenes de Videla o Pinochet, ya ancianos, enfrentando juicios, o detenidos en una ciudad extranjera. Saben que la amnistía no alcanza las violaciones de derechos humanos.

Y es mucho más probable que, fuera del poder y en el futuro, Maduro y su entorno sean detenidos y juzgados por violaciones sistemáticas de derechos humanos que por corrupción, o incluso por narcotráfico.

Este “miércoles negro”, además, puede marcar rupturas ulteriores con los pocos movimientos políticos en Latinoamérica que, por solidaridad automática de izquierda, aún se resisten a colocarse del lado de quienes aíslan a Maduro.

Si la izquierda del continente, e incluso la izquierda mundial, quiere tener algún futuro político, tiene que terminar de desmarcarse de esto. Siendo Venezuela ya, además, un problema principal de la geopolítica mundial, como esto se resuelva va a determinar el curso de la política regional en los próximos años.

En su dogmatismo, la cúpula que se aferra al poder en Venezuela pensó que Michelle Bachelet, a cuenta de venir de la izquierda, le iba a ofrecer su solidaridad automática. Se equivocó gravemente. Y es probable que luego de estos videos, de este informe preliminar de la expresidenta de Chile, el Frente Amplio de Uruguay tenga una crujida a lo interno, y en México pase algo parecido con el partido de López Obrador. Incluso Rusia y China podrían marcar distancia.

En un momento en el que el régimen apenas boquea, y si no puede convencer a la opinión pública de lo contrario, (desmentirlos ya parece imposible dado el nulo crédito político del régimen), los videos del teniente Dugarte le pueden provocar su deslave político terminal. Algo así como los “Vladivideos” del año 2000.



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