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opinión

Diego Lombardi

Sobre la Libertad de Expresión

9 febrero, 2019

Recientemente en Venezuela causó revuelo en Twitter una caricatura de Rayma (@raymacaricatura); en la misma se ve una mujer desesperada con un niño en brazos pidiendo ayuda, mientras de pie un Julio Borges (entre indiferente e irónico) le pide que tenga paciencia.

Frente a esta publicación inmediatamente saltaron detractores y defensores, los primeros criticando el señalamiento injusto hacia el Político, otros reconociendo que eso reflejaba la realidad. Mientras tanto, desde una y otra posición habían quienes coincidían que independientemente si el mensaje fuera acertado o no, lo importante era defender la Libertad de Expresión.

Más allá de la anécdota del caso, las reacciones pusieron de relieve una concepción errada que existe sobre la Libertad de Expresión, tristemente muy coherente con parte de la idiosincrasia venezolana.

El “yo hago lo que me da la gana” adquiere su forma en el contexto comunicacional en el “yo digo lo que quiero”. Una especie de rebeldía anarquista, mezclada con egoísmo y sin duda falta de sentido ciudadano. Algunos trataron de edulcorarlo con la frase “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” , erróneamente atribuida a Voltaire. La realidad, como suele serlo, es más compleja que dicha visión simplista.

La Libertad de Expresión surgió con la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), específicamente en su Art. 19, el cual es complementado con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1976). En el primero se deja claro que todo individuo tiene derecho a opinar y expresarse sin que sea molestado por ello, pero en el segundo se hace una ampliación y se señala que hay “deberes y responsabilidades especiales”, lo que implica “estar sujeto a ciertas restricciones”. En esta línea, la UNESCO hace referencia a la “Ética y autorregulación”, señalando: “los contenidos periodísticos ganan mucho en calidad si está en marcha un proceso de auto-regulación bien construido y ejecutado”.

La última frase pone sobre la mesa un aspecto de gran relevancia, los “contenidos periodísticos”. Si bien las redes sociales en general, y específicamente Twitter no fueron diseñados como medios periodísticos. Se han convertido en el espacio público por excelencia para la difusión de ideas, el intercambio de opiniones, y en general un espacio de encuentro (y desencuentro). Como tal, es un espacio propicio para practicar la ciudadanía, y es por ello que otro elemento mencionado por la UNESCO adquiere relevancia, “la ética”. Ésta conlleva a un elemento que es clave, “la autorregulación”, la cual es buena guía para evitar difamar, entre otras cosas.

Más allá del ámbito comunicacional, la Libertad trata justamente de esto, de la capacidad de autorregular comportamientos y de asumir la responsabilidad por las acciones propias. Libertad no es “hacer lo que quiero”, ésta implica consideración hacia los demás, conlleva límites, y esa es la clave de una convivencia colectiva sana. En ese contexto, por una parte las Leyes contribuyen a regular las relaciones sociales, pero para que realmente exista una vida colectiva sana la ética debe desempeñar un rol central. Los sistemas anti liberales apostarían en el contexto de la Libertad de Expresión a las regulaciones impuestas y a las sanciones. Un sistema Liberal apelaría a la ética del individuo.

La Libertad de Expresión genuina va mucho más allá de “decir lo que quiero”, es un ejercicio liberal que implica autorregulación, responsabilidad, respeto a los demás, y todo ello centrado en la ética.

Twitter: @lombardidiego



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