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opinión

José Guerra

2019 más difícil que 2018

30 diciembre, 2018

Cuando despuntó 2018 el panorama de los precios petroleros era alentador. La economía mundial estaba creciendo a un ritmo superior al 3,0% y la inflación muy baja. Con el alba de 2019 la situación es distinta: la economía mundial pudiese entrar en una fase de recesión global por la disputa comercial entre China y Estados Unidos que amenaza con afectar el comercio mundial, Europa no da signos de crecimiento vigoroso salvo Alemania, el Brexit representa un peligro cierto, en América Latina, Argentina y Brasil no se están expandiendo según las tasas de su pasado más reciente y en México están prendidas las luces rojas por las acciones erráticas de López Obrador. Todo ello afecta sin lugar a dudar a los precios del petróleo, eje sobre el cual gira la economía venezolana. Agregue a estos factores que Estados Unidos se ha trasformado en el principal productor de petróleo y su política se orienta hacia una menor dependencia del crudo importado. Finalmente, las acciones de la administración Trump con respecto al banco central de los Estados Unidos han afectado a las bolsas a nivel global y arrastrado en su caída a los precios del petróleo.

Como consecuencia de todos estos elementos, las cotizaciones de los hidrocarburos se han desplomado en los últimos dos meses hasta alcanzar el borde de los US$ 45 por barril, lejos de los US$ 70 por barril de octubre pasado. Esto tiene muy serias implicaciones para Venezuela y sus finanzas públicas. Al mismo tiempo la producción petrolera no deja de caer y es altamente probable que al cierre de 2018 la extracción de petróleo se acerque a 1.050.000 barriles por día. Más de medio millón menos que diciembre de 2017. En tales condiciones las capacidad de exportación de Venezuela estaría en 2019 en alrededor de 450.000 barriles diarios, una vez descontados lo que se consume internamente y lo que va a China y Rusia para pagar la deuda más lo que se envía a Cuba. De esta manera, con un precio razonable para cesta venezolana, lo máximo que el país podría recibir por exportaciones petroleras estaría por el orden de US$ 10.000 millones, absolutamente insuficientes para pagar la deuda externa y financiar las importaciones. Por concepto de deuda externa los atrasos de pagos en 2018 acumulan US$ 7.500 millones y para 2019 habría que pagar US$ 8.000 millones adicionales. La plata no alcanza, así de simple. Similarmente, el financiamiento externo parece cerrado debido a que no hay aprobación legal de la ley de endeudamiento nacional. Ni China ni Rusia están en condiciones de suplir los montos de divisas que Venezuela requiere con urgencia y las exportaciones no petroleras son insignificantes porque ese sector fue destruido. Los impuestos internos están mermados por una recesión que ya se prolonga por cinco años y que ha arrasado buena parte del establecimiento industrial y comercial.

Así las cosas, los instrumentos genuinos para financiar al gobierno están seriamente restringidos. Pero siempre el gobierno se puede financiar y pensamos que la maquinita del BCV de emitir papelillos será la opción que le quede al gobierno para cubrir la brecha entre lo que le ingresa y lo que quiere gastar. Es otras palabras, la probabilidad que la hiperinflación continué tiene alta ponderación. Por eso es urgente un cambio de rumbo tanto económico como político.



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