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opinión

Beltrán Vallejo

¿Será que Maduro le teme a un posible Walesa?

6 diciembre, 2018

La semana pasada el “presidente obrero” hizo otra “hazaña” más para la historia del patetismo como forma de poder: acorraló a dirigentes sindicales de la combativa zona industrial de Guayana, que se mantiene como foco de rebeldía contra sus leoninas políticas de ignominia laboral, los detuvo en la carretera mediante un cerco militar, y a un grupo los encerró en la cárcel del Dorado, y al connotado líder de los trabajadores de Ferrominera, Rubén González, le impuso un juicio militar.

¿Qué le pasa al chavomadurismo con Rubén González y demás héroes de la lucha clasista en Venezuela? ¿Será envidia, será pena, será odio, porque son ejemplos que al contrastarlos con lo que representa el régimen, éste queda desnudo, expuesta todas sus impudicias, toda su traición a las luchas populares?

Lo cierto es que la tiranía del siglo XXI en Venezuela ha procesado a más de 600 civiles en tribunales militares, especialmente durante el 2017 de la revuelta popular del primer semestre de aquel año. Se trata de una cifra presentada por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, unos números que evidencian a un Maduro como represor militarizado que utiliza el pandillerismo de cuartel para someter a la ciudadanía que protesta por pan, por salud, por democracia y por dignidad.

¿Cómo es que se utiliza el Código Orgánico de Justicia Militar para procesar a líderes sindicales y a manifestantes?

¿Es que acaso Rubén González dirige un levantamiento armado, jefatura una guerrilla, ha atacado algún cuartel?

¿Lo que está pasando en Guayana, donde los trabajadores protestan contra la violación de su contratación colectiva, es catalogado por Maduro y Padrino López como una insurgencia armada? ¿Saben cómo se llama este abuso desproporcionado sobre líderes humildes, hombres de pueblo que son corajudos, transparentes, fieles a su condición de voceros de la clase obrera?

La respuesta es cobardía; esto es miedo puro y simple. Esa Fuerza Armada Nacional Bolivariana es una caterva de cobardes.

¿Es que acaso la verdadera inquietud en Maduro tiene que ver con una rebelión de los trabajadores?; me refiero como la que se vivió en los últimos días del régimen totalitario de Jaruzelski, en Polonia, cuando surgió la figura del líder de los obreros del astillero de Gdansk, Lech Walesa, quien, articulando la lucha social con el apoyo del Papa Juan Pablo II, derrumbó décadas de tiranía opresiva, y el líder obrero se convirtió en un “presidente obrero” de verdad, no como esa traición entregada a la corrupta bota militarista.

Para el militarismo, su principal enemigo se encuentra en el mundo del trabajo, un espacio que procura disciplinar y asfixiar. En los regímenes totalitarios, y en el de Maduro predomina esa firme aspiración hegemónica, la alianza entre militares y burócratas impone el terrorismo de Estado en el campo laboral, para acallar el descontento del sector social que está en la primera línea recibiendo el efecto macabro y empobrecedor de un modelo económico desquiciado.

Con la detención de Rubén González se evidencia que el pueblo trabajador inquieta a la pandilla. La inquieta porque en ese escenario se encuentra el factor que fue determinante en el desmoronamiento de las tiranías del siglo XX, y en el siglo XXI no me cabe dudas que será igual; me refiero a la solidaridad combativa que describió lech Walessa con estas palabras:

“La fuente única y básica de nuestra fuerza es la solidaridad de los trabajadores, campesinos y los intelectuales, la solidaridad de la nación, la solidaridad de las gente que busca vivir con dignidad, verdad y en armonía con su conciencia”.

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