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opinión

Juan Guerrero

La reconstrucción

13 septiembre, 2018

Hay razones para estar optimistas. Entre la devastación que en la Venezuela de estos años es pública y notoria, también se puede observar la férrea oposición ciudadana que ha sabido mantenerse muy por encima de las instituciones del Estado e incluso, de partidos políticos.

Sé que es difícil. Muy difícil afirmar el sentimiento de alegría y confianza en el futuro. Incluso, entre quienes han perdido a un ser amado. Las estadísticas están indicando que de cada 10 venezolanos cerca de 8 están en duelo por la pérdida de algún familiar, amigo o conocido. Esta pérdida no solo es de muerte física. También por las ausencias de quienes se han tenido que ir del país, o de aquellos que están prisioneros o han sido desaparecidos por la barbarie roja-rojita.

Como consecuencia de ello en esta Venezuela de tanta ausencia también ha renacido y se ha fortalecido la solidaridad entre los venezolanos. Ello ha llevado a la conformación de decenas de organizaciones, fundaciones, asociaciones, cooperativas, ONG´s, y otros grupos de apoyo, que se han creado para atender en aquellas áreas donde el gobierno debía hacerlo. Es que en Venezuela desde hace tiempo no existe en la práctica gobierno alguno.

La solidaridad es un hecho concreto que se puede evidenciar, tanto en los grupos creados como en sus manifestaciones a través de los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales (RRSS) donde diariamente circulan informaciones, tanto de quienes solicitan ayuda como de quienes la ofrecen.

Centros de acopio de alimentos y medicinas, jornadas de atención ciudadana, celebración de encuentros deportivos y culturales, exposición de artesanías para recabar fondos a beneficio de instituciones públicas desasistidas por el Estado. De estas miles de jornadas que diariamente conocemos, creo oportuno destacar una de ellas porque contiene en sus objetivos, un certero modelo de organización que trasciende y es pertinente resaltarlo.

Nos referimos al denominado Arepazo de Barquisimeto. Cerca de 30 organizaciones se han unido en una jornada de atención comunitaria. Estiman sobrepasar las 10.000 mil arepas para llevarlas, con sus respectivas raciones de queso, mortadela, jamón, carne y pollo, a centros hospitalarios, ancianatos, casas de abrigo, y demás comunidades de Barquisimeto.

Ciertamente que una arepa no es la solución ni tampoco quitará el hambre definitiva ni solucionará las necesidades de la población. Pero parafraseando a la misionera albano-venezolana, Teresa de Calcuta, “una gota de agua no hace un mar, pero ese mar no será tal sin esa gota”. Es, tal vez, lo simbólico de la actividad, en el día cuando se cumplan 466 años de la fundación de la ciudad, que miles de ciudadanos realizarán una jornada cívica, de clara y verdadera vocación de servicio comunitario, donde se fortalecen los lazos de hermandad y solidaridad en una población tan necesitada de alimentación material y espiritual.

A los regímenes bárbaros transformados en Organización Criminal que se alimentan del dolor, la desesperanza y la maldad diaria y alevosa, se les vence con inteligencia. Se les enfrenta desde la alegría de vivir y soñar un país distinto. Con actos concretos. Con valentía y determinación. Organizadamente.

Atrás quedarán las huellas de las atrocidades y crímenes contra inocentes. Pero hacia el futuro está la mirada del inmenso trabajo de reconstruir una nueva y esplendorosa república, libre e independiente. Eso se logra con gente honesta, calificada y de nobles sentimientos.

Creo que en definitiva este régimen de pillos y pandilleros está condenado a desaparecer en corto tiempo. Lo indican todos los análisis económicos, políticos y diplomáticos. Ya se habla, una vez desalojados del poder, de inversión de emergencia en áreas energéticas, como petróleo y gas, donde la inversión se estima entre 25-35 mil millones de dólares para los próximos 5 años. También en el área sociosanitaria, de transporte, comunicación e infraestructura.

El Arepazo de Barquisimeto, de este jueves13, es un modelo a seguir para tantas actividades que la sociedad civil organizada continuamente viene realizando en todo el país. Justo es resaltar la diaria labor de estas personas y sus organizaciones sin fines de lucro, quienes trabajando en equipo –como debe ser- dan el ejemplo y se enfrentan constantemente a la adversidad, superando obstáculos y amparando a los miles de hermanos que se encuentran en riesgo de muerte.

La sociedad venezolana no está ni achantada ni asustada. Mucho menos callada. Hablamos y trabajamos diariamente, más allá de la bulla política existe una sociedad que se organiza, ama, llora y seca las lágrimas de la agonía para construir su propio amanecer.

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