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opinión

Erradicar la corrupción

4 septiembre, 2018

¿Ha aumentado la corrupción en el mundo o es que ahora hay más herramientas para detectar ese flagelo y divulgar los delitos? Hay corruptos entre los políticos, jueces y fiscales, empresarios, militares, policías, dirigentes deportivos, profesores universitarios, sacerdotes y ministros de diferentes credos, escritores y ciudadanos comunes en general.

Hoy nuestro país está entre los más corruptos y en los últimos años la corrupción ha tenido un crecimiento exponencial. Es vergonzosa la putrefacción en Pdvsa, alcahueteada por Alí Rodríguez, Rafael Ramírez y Eulogio Del Pino, así como en el sector eléctrico y en la distribución de alimentos. Nos hemos ido al foso no solo por culpa de quienes usurpan el poder. Asumamos que, por acción u omisión, la mayoría tenemos cierta cuota de responsabilidad.

Para salir del foso es condición necesaria, pero no suficiente, sacudirnos de los llamados revolucionarios. Pero si queremos evitar una recaída tenemos no solo que impedir que se impongan los maleantes, sino cambiar nuestra actitud ante los corruptos y ante la “viveza”criolla, que es igualmente corrupción.

No somos pícaros o “vivos” por descender de Guzmán de Alfarache o del Lazarillo de Tormes, aunque sin duda los orígenes de nuestra historia y el ser un país minero tienen su influencia. Esa “viveza”criolla, tratada por Uslar Pietri y muy bien descrita por Axel Capriles en su libro “La picardía del venezolano o el triunfo de tío conejo”, nos hace mucho daño.

El periodista e investigador Johandry Hernández publicó hace algún tiempo una entrevista a las profesoras Vanessa Casanova y Natalia Sánchez, de La Universidad del Zulia. La primera sostiene que la viveza criolla es producto de una “deficiente formación en el seno de la familia, un problema ético, de civilidad, de reconocimiento del otro y que tarde o temprano el vivo será atropellado por otro vivo”. Sánchez postula que el rentismo inculcó la práctica perniciosa de “caminos cortos para conseguir lo que otros logran con años de trabajo. En una sociedad de vivos nadie confía en nadie”.

También tenemos que rechazar la excusa de que “somos unos simple roba gallinas” en comparación con otros, ni conque “estoy consciente de que roban, pero al menos hacen”. Tan delincuente es quien roba una gallina, como quien se apropia dinero de particulares o del Estado o quien obtiene u otorga contratos con sobreprecios.

Igualmente es corrupción tergiversar hechos para favorecer o hundir a determinadas personas o empresas. Tales son los casos de jueces que dictan sentencias injustas; de inventos de sabotaje para eludir responsabilidades o para encarcelar inocentes; de señalamientos, sin base, de acaparamiento o de remarcar precios para perjudicar negocios; de acusaciones sin sustentación a dirigentes políticos, lo cual practican tanto agentes gubernamentales, como articulistas u opinadores supuestamente opositores.

El ciudadano común puede sancionar moralmente a los corruptos marginándolos. No asistiendo a sus fiestas, ni permitiéndoles inscribirse en clubes sociales y hasta negarles el saludo. Protestar cuando alguien intenta colearse y negarse a sobornar a funcionarios para conseguir un documento, aunque ello ocasione dificultades. Por otra parte, será necesario retirarle al Estado muchas de sus atribuciones, simplificar los trámites, disminuir la burocracia, mejorar los sueldos y garantizar la permanencia de los funcionarios. Obviamente, sancionar severamente a los corruptos. Cero tolerancia.

Somos optimistas de que podemos erradicar la corrupción. Contamos con una mayoría de empresarios y comerciantes honestos. Algo importante es que, contrario a la percepción generalizada, la gran mayoría de nuestros políticos democráticos no son corruptos. Estamos seguros de que una investigación exhaustiva concluiría que la mayor parte de quienes ya fallecieron no dejaron fortunas mal habidas. Seguramente muchos fueron malos presidentes o pésimos ministros, pero no delincuentes.

Con respecto a los actuales políticos democráticos de oposición, en las redes sociales abundan los señalamientos de corrupción, pero generalmente sin fundamento. Se les puede criticar muchas cosas, entre ellas que por egoísmo no presentan un frente único y que se descalifican unos a otros, pero es injusto tildarlos de corruptos o de querer alcanzar el poder para lucrarse, sin descartar que alguno pueda serlo. Es positivo que en los últimos años hayan surgido jóvenes de cierto nivel económico que arriesgan su bienestar en aras de convertirse en servidores públicos, corriendo el elevado riesgo de enfrentarse a un régimen totalitario.

Además, es satisfactorio leer articulistas como Carolina Jaimes Branger, Thaís Peñalver, Rafael Muci, Humberto Seijas Pittaluga, Luis Ugalde o Alejandro Moreno, quienes predican y practican los valores universales y eternos. Ellos y muchos otros nos permiten ser optimistas sobre el futuro.

Como (había) en botica: No se humilla,ni degrada quien por necesidad saca el carnet ilegal sino quienes lo exigen. Nuestros pobres emigrantes tratan de “hacer camino al andar”. La entrega de campos petroleros a empresas que no tienen experiencia, ni músculo financiero y tampoco recursos humanos hace recordar las concesiones otorgadas por Juan Vicente Gómez. La refinería de Amuay detuvo la producción de gasolina ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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