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opinión

A punta de lanza

26 agosto, 2018

El régimen se muestra angustiado e irritable, se entiende por cuanto sus decisiones en relación a lo que ha señalado como su nueva estrategia para resolver la crisis económica, en especial para dominar el fiero potro de la inflación, arrancó cojeando, y eso es una pésima noticia para quien está urgido de encontrar algún espacio para respirar cuando, como ahora, la asfixia le sobreviene con bríos.

La tesis de construir la realidad a punta de leyes y decretos, para imponer la arquitectura social que creen es el camino para llegar a su utopía social comunista, está arrojando los históricos resultados que en todas las realidades se dan: fracasos.

Por contrario, las realidades sociales se construyen con el tesón de sus miembros, y el éxito es factible cuando los actores a quienes corresponde hacer, creen en lo que les toca hacer. Sin embargo el régimen, cual dioses del Olimpo, se enciman sobre el pueblo para imponer su verdad, una que se siente que no es tal, entonces la población, en especial sus actores principales (empresarios, profesionales, academia y en general los líderes de los sectores) se niegan a asumir el rol de “tontos útiles” que se les asigna y disienten haciendo lo que creen deben hacer. Entonces, por ahí se va al fracaso, ese que es histórico.

Hoy los del régimen vuelven a encimar las charreteras para forzar, con mucha represión, a que suceda lo que les conviene. Así, en medio de un gran escándalo, han detenido a unos cuantos gerentes de comercios, acusándolos de incumplir sus órdenes, para con ello generar un temor que disuada al resto de las empresas, por cuanto si éstas quieren evitar la deshonra de la prisión, se vean obligadas a cumplir sus mandatos. Entonces su majestuoso plan pretenden hacerlo cumplir a punta de lanza, o de fusil, y no porque la sociedad crea en él.

Y es que el régimen sabe de la insostenibilidad social de su proyecto, que carece de apoyo por parte de la sociedad civil, esa a quien llaman a cooperar para implantarlo. Ese plan lo diseñó en su búnker, creando un prototipo de orden social ajustado a su ideología; luego, para darle un disfraz de convención, convocan a unas cuantas personas para luego de la reunión salir con un documento que califican de acuerdo nacional, así lo exhiben al país, cuando no lo es. Y no lo es, en virtud de lo sostenido por calificados directivos de las entidades que representan al sector, quienes han señalado que quienes firmaron el documento solo comprometen sus intereses y no los de todos, por lo que no es viable calificarlo como una convención popular. A lo que cabe la pregunta: ¿Por qué, a la hora de determinar planes de orden económico y social, no reúnen a todos los sectores y dirigentes para discutir y diseñar uno que finalmente se apruebe contando con la voluntad nacional? Y la respuesta es sencilla, no pueden, y no pueden por cuanto sus planes y propuestas no pasan por el “cedazo” de esos calificados actores. Entonces al final, a quienes les toca hacer, deben actuar en contradicción a sus ideas, en consecuencia, cómo aspira el régimen al éxito.

Mas, pensar que pueden a punta de lanza imponer exitosamente su plan es una quimera, obligar a los distintos sectores privados de la economía a actuar a contrapelo es inútil. Así habrá empresarios que tengan que evaluar entre cerrar con el riesgo de perder sus activos vía la confiscación o trabajar a mínimo, sin inversiones ni grandes esfuerzos a la espera de cambios en el escenario venezolano.

En consecuencia, es de esperar haya mayor desabastecimiento y los del mercado negro, o como gusta señalar al régimen: los “bachaqueros”, tengan incentivos para especular. Por ahí apunta la dinámica país.

De ser así, en lo social es de esperar mayores oscuridades, con la posibilidad de que haya consecuencias lamentables en algún momento.

¿Qué pasará cuando pase lo que se prevé pasará?



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