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opinión

¡Que pase el acusado!

25 agosto, 2018

Estuve tentado de utilizar la frase que gritaba en su programa la presentadora peruana, Laura Bozzo… ¡Que pase el desgraciado!… Su show buscaba mostrar problemáticas sociales, violencia familiar, adulterio, alcoholismo, drogadicción, una especie de juicio popular a conductas reprobables, en muchos casos concebido como parodia.

Del programa de dudoso gusto solo podía rescatar el título. Porque las consideraciones que busco desarrollar, al contrario de la emisión, constituyen una tragedia real, para el pueblo venezolano.

Abandonemos lo anecdótico para encarar seriamente el juicio a la narco-tiranía. La situación venezolana es de conocimiento público; la destrucción del sistema democrático; las violaciones a la Constitución; a los derechos humanos; la corrupción; el narcotráfico; su apoyo a movimientos terroristas y el sometimiento programado de un pueblo libre, está siendo observado y juzgado por la comunidad internacional.

No en balde un concierto de países y organizaciones internacionales, han expresado su preocupación, propuesto diálogos y mediaciones. Han subido el tono y aprobado sanciones; confiscado bienes y cuentas bancarias millonarias, producto de la corrupción y el lavado de dinero.

Han retirado visas, prohibido la entrada en sus territorios, la venta de armamento susceptible de ser utilizado contra el pueblo venezolano… han detenido y enjuiciado funcionarios y testaferros chavistas.

Sin embargo, el régimen no ha variado un ápice, su política de destrucción de las instituciones democráticas; de la separación de poderes; del aparato productivo. Han sometido al pueblo, a través de un proceso de hambruna, insalubridad, ausencia de servicios públicos y médicos… apoyándose con el temor de bandas y colectivos organizados, quienes siembran terror y nos obligan a vivir encerrados.

El ciudadano constata que la crisis no es producto de la ignorancia… solo se han colocado ignorantes en los puestos, para que obedezcan sin chistar… al plan de los Castro. No ha sido por flojera, ya que el proyecto se ha cumplido en todas sus etapas.
No ha sido por incultos… reúnen en sus equipos, gente formada junto a esbirros, actuando al unísono… para responder a venganzas; proyectos supra nacionales; a grupos extremistas y a un desenfreno personal por acumular riquezas. La ruina del país, es la mejor prueba.

El venezolano concluye que el objetivo de arruinar Pdvsa, la empresa privada, las tierras de explotación agrícola y pecuaria … y las empresas del Estado no es producto del azar. Ya que junto a ello se han destruido las instituciones militares, las de justicia y las de representación ciudadana.

Súmele que han dejado actuar impunemente en nuestro territorio a las Farcs, terroristas islámicos, narcos, contrabandistas, colectivos y al G2 cubano. Unos aterrorizan los ciudadanos, otros les producen ganancias, aquellos generan apoyo internacional y utilizan su experticia para controlar y eliminar enemigos.

El veredicto unánime es ¡culpable!… y comienza a ser oficial, gracias a la sentencia del TSJ en el exilio y a la aprobación de la resolución, por parte de la legitima Asamblea Nacional.

A esto se suma el desconocimiento internacional a las elecciones ilegitimas realizadas el pasado 20 de mayo. 14 países miembros del Grupo de Lima, la Unión Europea, el Parlamento Europeo, la OEA, entre otros, han calificado como ilegítimos los comicios.

El vicepresidente norteamericano, Mike Pence, resumió el 7 de mayo, ante esa organización, la realidad: “Será una elección falsa con un resultado falso”. “Maduro y sus acólitos se aseguraron de que su reino de corrupción, crimen, narcotráfico y terror continúe. Por eso es que hoy le pedimos suspender esta farsa de elección, convocar a elecciones reales, darle a la gente de Venezuela opciones verídicas, porque los venezolanos merecen vivir en democracia otra vez”.

Pero el acusado esta atrincherado, se escuda detrás de los fusiles; imposible de ignorar que, el enfrentamiento entre fuerzas democráticas y dictatoriales, se aproxima. El régimen en un intento desesperado, se apresura a profundizar el control total, las rejas, las balas, el carnet de la patria y las necesidades, son su mejor arma de opresión.

Pero el 90% de un pueblo es mucha gente, convencidos en que la única salida es el cambio de régimen y de sistema… se acortan plazos y espacios. De alguna manera, la única vía de solución la establecen ellos, al intensificar las amenazas, el oficialismo asegura que nunca entregara… por las buenas.

La dimensión del horror chavista, la vemos en la inmensa masa de venezolanos, que cruzan a pie las fronteras; intentando sobrevivir poniendo tierra de por medio. La miden las estadísticas de niños muertos por desnutrición, las cifras de deserción escolar, la escasez de médicos, profesores y hasta de obreros petroleros.

Se calcula en cifras de jóvenes asesinados por exigir sus derechos, en número de presos políticos y en violaciones de derechos humanos. En exilados, expropiados y perseguidos injustamente.

Tienen nombre y rostro, llámense Brito, Antonio, Geraldine, Génesis, Kliver, Brayan, David José, Gruseny, Carlos, Paola, Juan Pablo… podría agregar cientos de nombres, que tiñeron de sangre el pavimento. Son cientos de familias venezolanas, destruidas por la revolución… la que se impone a dentelladas, caiga quien caiga.

¿Es que ante esto se puede permanecer impasible, mantener discreción, censurar palabras? Cuando a un gobierno no le importa la vida de sus gobernados… ¿qué nombre le ponemos? ¿qué sanciones pedimos? ¿cuál condena aplicamos? o ¿con quién la ejecutamos?

Demasiadas interrogantes, para aquellos que prefieren cerrar los ojos, mirar al lado, resignarse, acomodarse o desconectarse… como dicen ahora.

Ciertamente el problema trascendió nuestras fronteras. Es hora de que otros organismos internacionales se pronuncien… y actúen… o ¿hacen falta más muertos? ¿Cuántos?

Quizás la ONU debería comenzar a ser más eficaz, concentrar la atención mundial en los países donde se violan los derechos humanos, dando voz a los oprimidos y exigiendo cuentas a los opresores.

En el siglo XXI la barbarie no puede existir. Si luchamos por salvar el planeta, es para salvar a los humanos. Ha llegado la hora de crear la fuerza internacional, que se ocupe de casos donde, un país de civiles haya sido secuestrado por un estado criminal.

Restableciendo las libertades democráticas y el respeto a los derechos humanos. En Venezuela se han superado los “diez años de tortura y malos tratos, desapariciones y homicidios” como sucedió en Kosovo.

Aquí como allá, fracasaron los esfuerzos diplomáticos; tal que Milosevic, el régimen venezolano ha hecho gala de su gran capacidad de engaño y de maniobra, dentro y fuera del país. Simuló dialogar, pretendió imponerse con amenazas, fijaba e interrumpía concertaciones, arrestaba opositores, destituía alcaldes, grababa y filmaba a todo aquel que pudiera chantajear y aumentaba la presión sobre la población.

Queda patente, que frente a determinadas ideologías y sus “planes de la patria o soluciones finales”, la diplomacia sola, carece de la fuerza necesaria. Esta funciona entre Estados que respetan los principios consagrados en la declaración de los derechos humanos.

Probablemente avanzamos hacia soluciones distintas, como “el principio de injerencia humanitaria”, a fin de impedir que autócratas y genocidas ejerzan sus excesos con absoluta impunidad.

Ex Cónsul de Venezuela en París

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