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opinión

Nancy Colina

¿Cuánto cuesta comerse un pollo?

5 agosto, 2018

Anoche soñé que unos de nuestros amigos se iban a casar y nos mandaron una tarjeta de invitación. En nuestra casa, donde se han ido hasta los pájaros, nadie podía asistir, como es obvio. Así que, le pedí a otra amiga, una señora que nos visitaba con frecuencia, que fuera en representación de nosotros. Tenía que dedicar mi tiempo para buscar el regalo. Pregunté por los alrededores para saber qué les alegraría más, que fuera más útil para ellos y me dijeron que tres pollos.

Me fajé a buscar los tres pollos y, después de varios intentos de entrar y salir de los sitios donde los venden, encontré unos bien flacos pero que valían una fortuna.Tendría que renunciar a mi salario de la Universidad para satisfacer los deseos de estos buenos amigos. Pensé, esta gente se casa una vez en la vida, así que vale la pena el gasto. Llevé los pollos a la casa donde se estaba engalanando la amiga, quien ofreció un congelador para tenerlos mientras tanto. Con cierto disgusto, tenía que esperar para llevarla a la fiesta.

Cuando terminó de vestirse, los pollos estaban tiesos y con las patas para arriba, como se ponen cuando no los componen. Era tarde y los tenía que llevar, donde seguro había empezado la fiesta.

Pensé, no es buena idea llegar con los tres pollos en la mano, pero esta amiga me aseguraba que era lo mejor.

Por mi parte, no podía imaginarme cómo iba a hacer su entrada en medio de tantas personas bien vestidas, con aquel regalo chorreando agua, Era como de mal gusto, considerar que iban congelados y muy difícil de ser preparados en medio de la fiesta, donde no se sabía si la cocina usaba gas que podría haberse acabado, lo que es muy común, o eléctrica. En este caso era peor, porque nunca se sabe cuando todo queda en penumbra, porque se va la luz.

Le dije que mejor le mandábamos plata. Esto no es posible, me aseguró, no había un solo sitio donde encontrar efectivo.

Resignada, les hice un cheque, más o menos por el mismo valor de los tres pollos, pero con vergüenza, porque, además de no ir, mandaba un cheque como un regalo, sin tarjeta de felicitation, como se hace en estos casos para desear lo mejor en esa nueva etapa de sus vidas. ¿Cómo iba la pareja a saber quién lo mandaba?.. Pensé en ponerlo a nombre de ambos para dar una clave, pero era una medida como agarrada por los pelos, me dijo la amiga, con su retahíla sobre el sin sentido de regalar un cheque que, cuando lo cambiaran con seguridad no alcanzaría para comprar tres pollos, sino dos. Eso, sin tomar en cuenta lo ordinario de mandar un cheque sin un sobre. Ella no sabia que me había hecho la loca para no comprarlo porque era un expendio tan alto que, sobrepasaba el precio de las patas de pollo. Me fui por lo mas necesario.

A todas estas, se desató un incendio, no sé por dónde, pero se acercaba a la casa donde estaba la fiesta. Con estas vicissitudes no llegaría a tiempo, quizás, con suerte, cuando ya todo el mundo estuviera bajo los efectos de un licor de procedencia rara, dado que, con seguridad, era un poco difícil encontrar algo mejor con el presupuesto de alguien con un ingreso tan reducido como es el la gente que trabaja en una Universidad.

Cuando nos preparábamos para salir, se aparecieron dos hermanas de la amiga, muy bien arregladas, cómo si fueran a una fiesta. La amiga me dijo que ellas la iban a acompañar y, todas estaban de acuerdo que con seguridad, sería un verdadero detalle llevar los pollos en lugar del cheque. La amiga, por su parte, me aseguró que, se negaba a ir sin los pollos, ya que todos sabían la opción y la esperaban ansiosos.

Esto no es un sueño y no tiene mucho sentido. Sin embargo, no estoy tan segura de su veracidad: A quién se le ocurre regalar algo tan difícil de conseguir.



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