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opinión

Luis Manuel Aguana

Los empresarios y la lección de la dictadura

25 agosto, 2018

Luego de las medidas económicas anunciadas, el régimen de Maduro volvió por sus fueros a intentar amarrar los precios de la comida. Después de quitarle 5 ceros a los montos de todas las cuentas bancarias de la población económicamente activa, en lugar de tomar medidas que incidieran directamente sobre las causas que ocasionan la abrasadora hiperinflación que nos azota, el régimen se fue a controlar precios. En otras palabras, vuelta al comienzo del ciclo. Pretenden que después de 90 días el sector privado pague un salario mínimo impagable que el régimen dice que cancelará al comienzo, pero que las empresas no pueden pagar porque carecen de la maquinita de fabricar billetes.

Me hizo acordar del famoso chiste que cuenta la reacción de un capitalista, un fascista y un comunista ante la infidelidad de sus esposas. El primero la golpea, el segundo la mata pero el tercero se va a protestar ante la embajada de los Estados Unidos. Y eso es lo que están haciendo los comunistas que manejan la economía de Nicolás Maduro, siguen culpando a la “guerra económica” del imperio. Quieren hacerle creer a la población que poniendo presos a los gerentes de supermercados u obligando a los empresarios de la producción a colocar un precio obligado, eso controlará la inflación.

Mientras tanto por 90 días los venezolanos tendrán la ilusión de haber “incrementado” su salario mínimo de un solo golpe a 30 dólares, cortesía de los payasos del circo de magia económica del régimen de Maduro. Ya comenzaron mal diciendo que pagarán las pensiones en tres partes a partir de septiembre y que las empresas deberán registrar sus nóminas para que la diferencia del salario mínimo del actual al nuevo (180 millones de Bolívares fuertes o 1800 Bolívares soberanos) fuera pagada por el régimen a través del Carnet de la Patria durante los primeros 90 días. Es claro que en ese lapso los empresarios estarán sacando las cuentas para deshacerse de los empleados o cerrar sus empresas. De no hacerse algo diferente no pasara mucho tiempo para que esos ceros vuelvan de nuevo a crecer.

“En la mayoría de las mesas de trabajo entabladas entre el Gobierno nacional y empresarios, para la discusión de precios de 25 productos de la canasta básica, no se alcanzaron acuerdos, según indicó el presidente de Fedecámaras, Carlos Larrazábal”.

Pero los precios aun sin acordar fueron publicados en la resolución N° VSE-001-2018 de la Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.397 con fecha del martes 21 de agosto.

De acuerdo a esa nota, empresas muy importantes como Arroz Cristal, La Lucha, Industrias Diana, Coposa, Central Azucarero El Palmar, Pastas Capri, Pastas Sindoni, la Corporación Venezolana de Café, Cargill de Venezuela y Alimentos Polar acordaron con el régimen, aun en contra de la estructura de sus costos, como lo dio a entender el Presidente de Fedecámaras. ¿A qué se está jugando aquí? ¿Están estos importantes empresarios aceptando la imposición del régimen asumiendo en su estructura de costos una diferencia que destruiría a sus empresas, o están haciéndole el juego a Maduro aceptando un subsidio inflacionario para la producción alimentaria? En cualquiera de los dos casos la situación es perversa y muy peligrosa.

Esto nos pone aquí en una discusión compleja y a la vez muy delicada: ¿Hasta que punto los empresarios están sosteniendo al régimen? ¿Cuál es el límite al que se puede llegar para darle continuidad a una situación imposible de sostener? Nadie como los empresarios para saber que en un régimen comunista no existe la posibilidad de supervivencia de la empresa. La propiedad privada no tiene cabida en esta forma de visualizar las relaciones económicas entre las personas. Entonces, ¿Por qué darle oxigeno al régimen para seguir alargando el sufrimiento de la gente? Han expropiado, humillado y arruinado al sector privado, y destruido más de la mitad del PIB de este país en 5 años. Seguir produciendo con lo que queda para que esta gente se siga enriqueciendo a costillas de los alimentos de la población, porque son ellos los que han encarecido brutalmente la cadena de distribución alimentaria a través de sus mafias bachaqueras, es poco menos que suicida.

Algunos de ellos podrán argumentar amenazas como expropiaciones o cárcel para los empresarios o que es necesario seguir produciendo porque hay mucha necesidad en Venezuela. Todo eso es verdad, pero todas esas razones pudieron ser validas al comienzo de esta tragedia que ha llegado en la actualidad a niveles insostenibles. Hoy por hoy ya estamos en una disyuntiva de vida en la que se debe decidir si o son ellos o somos nosotros. En esto hay una extraordinaria componente ética y moral que cada empresario debe sopesar muy al interior de su propia situación. Si no lo pierde hoy, con seguridad lo perderá dentro de muy poco mañana.

Franklin Brito hizo una indeclinable huelga de hambre que le costó la vida porque le expropiaron su finca y no se doblegó con los sobornos que le ofreció el régimen. De la misma manera, en una faceta poco conocida de empresario, le fue expropiada igualmente al ex Embajador Diego Arria su hacienda productora “Las Carolinas” por su abierta oposición al régimen. Este lugar producía “2,500 litros diarios de leche, cuenta con unas 250 cabezas de ganado, tiene unas 80 hectáreas de sembradíos y genera 30 empleos directos”. Y así, las más de 200 mil empresas que se han esfumado en los últimos 20 años son un cementerio demasiado escandaloso para que los empresarios miren para otro lado. Todos hemos llegado al llegadero, y de eso no se pueden escapar los empresarios que todavía quedan, quienes tarde o temprano se verán obligados a enfrentar la situación.

No es la primera vez que los empresarios creen que a través de una dictadura pueden sobrevivir. En un excelente trabajo que relata la situación empresarial de España en la época de Franco se destaca: “Aquellos que pensaban que la dictadura traería el ansiado orden para los negocios, se encontraron con un Estado autoritario, protector, de partido único, intervencionista y dispuesto a sacrificar el desarrollo y el bienestar de la población en aras de su consolidación. La política económica fue diseñada por un gobierno militar, que se reservó una capacidad de intervención superior a la de etapas anteriores, transformando la tradicional vinculación entre el mundo de los negocios y el de la política…”. En Venezuela no está ocurriendo nada diferente con esta dictadura, incluso peor, ya que en un sistema comunista el sector privado tiene los días contados.

Pero no será hasta que los empresarios “aprendan la lección de la dictadura” cuando las cosas comiencen a cambiar, como efectivamente cambiaron en 1958. Así lo afirmó el expresidente Don Rómulo Betancourt en una histórica entrevista realizada por Carlos Rangel y Sofía Imber en su extraordinario programa de las mañanas, “Buenos Días”, en 1978. Decía Don Rómulo: “…Y además algo muy importante: además de las fuerzas obreras que siempre habían estado dentro de su sindicato militantemente luchando por la democracia, el 58 hubo una toma de conciencia del sector empresarial. Entonces el sector empresarial que ya había aprendido también la ruda lección de los 10 años de dictadura, entonces cooperó en la formación de ese gran frente democrático. Las Fuerzas Armadas también habían aprendido la lección de la dictadura. Una dictadura que hablaba en nombre de las Fuerzas Armadas pero de la cual se beneficiaban el dictador, una pequeña camarilla de incondicionales suyos en uniforme y una vasta cauda de civiles, de contratistas, de abogados, de ingenieros, y el tal gobierno de las Fuerzas Armadas era un gobierno del dictador y de una camarilla de aprovechadores…”.

Cuando los verdaderos empresarios, aquellos que anteponen los principios sobre los bolsillos, aprendan esa “lección de la dictadura”, al separar la paja del trigo, diferenciándose plenamente de esa “vasta cauda de civiles, de contratistas” y “camarilla de aprovechadores” del régimen que mencionaba Betancourt, podrán dar un paso adelante en la recuperación definitiva de la libertad en Venezuela. Sin el concurso de ellos, el régimen nunca podrá subsistir…

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