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opinión

Ismael Pérez Vigil

Sobre el deslinde

11 agosto, 2018

Quiero profundizar con relación al “deslinde” que planteé en mi artículo de la semana pasada.

El planteamiento es que a lo mejor estamos en el punto en el cual cada quien en la oposición debe seguir su camino y sus propias propuestas, sin empeñarse en una “unidad” que no tiene un asidero firme, al menos en este momento. Esto para nada significa pesimismo, falta de esperanza o conformismo frente a lo que está ocurriendo en el país o que se considere que la dictadura que nos agobia es indestructible e invulnerable, que no puede ser derrotada.

Todo lo contrario, lo que se plantea es la necesidad de sortear o superar esta hondonada en la que nos hemos metido y continuar el camino aquellos que puedan hacerlo juntos; y con los que no se pueda, que continúen su camino, haciendo cada quien lo posible que le sea posible, lo que esté a su alcance y lo que crea lo mejor, dejando hacer a los demás lo que mejor crean para derrotar a la dictadura. Nadie es más o menos importante, nadie sobra, todos podemos ser útiles en la lucha contra la oprobiosa dictadura; pero eso no significa que todos debamos estar unidos en el mismo esfuerzo, en la misma organización o plataforma de acción, empeñados en preservar una unidad que no es tal, en seguir condenados a la inacción, la ineficacia y a tomar medidas políticamente equivocadas, como la abstención a todo trance o la votación en cualquier condición.

Yo sigo abogando por la unidad, creo en ella, pero no a ciegas; precisamente mi reclamo o mi sugerencia es que su búsqueda –como ya dije– no nos condene a la inacción y la demora, como nos está ocurriendo ahora. Por ejemplo, por esperar esa “unidad” —que para algunos es unanimidad— no se ha dado a conocer una propuesta al país, que tiene meses aprobada por los partidos de la oposición, y que contiene un programa de lo que habría que emprender para superar la crisis económica, social y política que vivimos y su respectiva estrategia, y que nos está haciendo falta como referencia importante y que bien pudiera servir para remontarnos, visualizar el futuro, ser una propuesta de alternativa al país, marcar una senda de progreso y bienestar para todos y transcender lo meramente electoral. Otro ejemplo, por esa “unidad”, entendida como uniformidad, se abortó el plan de reestructurar la MUD, poniendo al frente una persona y un equipo de trabajo, que hubiera sido muy útil para reorganizarnos y salir del caos en el que estamos sumidos y que ha llevado a que la MUD sea hoy –así considerado por muchos– un cadáver irrescatable.

Mi propuesta del deslinde es muy simple, se debe evaluar si es el momento de aplicar tres parámetros: Uno, quienes propugnan por una unidad opositora deben romper, diferenciarse, distanciarse, de todos aquellos que, una vez decidida una política, por ejemplo electoral, mantengan una posición contraria a esta política, sea de abstención o de participación. Dos, la misma actitud se debe asumir con quienes sobrepasan la crítica necesaria, la personalizan destructivamente con insultos o con posiciones también destructivas hacia la política, los partidos y los dirigentes opositores. Y tres, también, es necesario diferenciarse y distanciarse de quienes, generando falsas expectativas en cuanto a tiempos y formas de salir de la dictadura, al no cumplirse estas, jamás asumen sus errores de diagnóstico, sino que culpan a factores de la oposición, estimulando también la antipolítica y el anti partidismo.

La razón fundamental para el deslinde es también simple: Por estar tratando de extender y alcanzar la “unidad” no se termina de romper con algunos elementos, me refiero a personas, que están haciendo verdadero daño al futuro del país y la conformación de una oposición verdaderamente unida y política y estratégicamente eficaz como mayoría opositora y se da pie a que, por ejemplo, surjan clérigos que nadan entre dos aguas, que sentencian al Frente Amplio calificándolo de “pacto de élites”, contribuyendo a liquidarlo, en vez de apalancarlo.

Es el momento de trascender la discusión con base en insultos y descalificativos, típicos de las redes sociales, que lejos de ser un medio de relación, intercambio y discusión, se han convertido en el reino de lo que hoy se llama “fake news” –disculpen el anglicismo–, post verdad, o información falsamente construida para trastocar y distorsionar la realidad y que es creída por personas dispuestas a aceptar acríticamente todo aquello que les convenga y les tranquilice su conciencia. Si bien es sabido que su utilización no está tan masificada ni tan extendido su uso como algunos piensan, contribuyen a la negación, la frustración y la desesperanza y terminan siendo elementos de discusiones bizantinas que no tienen ningún sentido.

Debemos pasar a una discusión verdaderamente radical, de raíz, de ruptura, que aísle a los factores disonantes y le dé una opción a un país cuyo 80% vive en una indignante miseria y el 100% condenados al abuso y la tiranía por parte de los gobernantes.

ismaelperezvigil.wordpress.com



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