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opinión

Enrique Meléndez

Autoatentado cubano

7 agosto, 2018

Una vez más se comprueba que tenemos una opinión pública que le queda demasiado grande a Nicolás Maduro. Enseguida, las redes sociales comenzaron a llenarse de mensajes; a propósito del supuesto atentado que le practicó Juan Manuel Santos a Maduro; que el mismo no tenía sino factura cubana semejante a las escenas que se vieron innumerables veces con Fidel Castro: quien más que un gobernante, preocupado por el destino de su pueblo como se comprobó a lo largo de la historia, se trataba de un comediante mediocre, y escenas en las cuales éste terminaba achacándole la comisión del delito a la famosa Central de Inteligencia Americana (CIA).

Por supuesto, este aparato policial estadounidense no dejó de tener metida la mano en alguno de esos planes de asesinato; que fue lo que le dio a Castro la justificación para recurrir a este recurso del autoatentado; sobre todo, a comienzos de la década de 1960, cuando estaba en pleno desarrollo la famosa Guerra Fría, y el mundo se dividía en dos grandes bloques de poder, siendo el sátrapa cubano una amenaza continental; teniendo presente su condición de satélite de la antigua Unión Soviética, cuyo régimen comunista trataba de expandir en el mundo entero; aparte de que las circunstancias geopolíticas del momento obligaban a EEUU a no llevar a cabo una intervención militar directa a Cuba; uno diría, a raíz de la famosa Crisis de los Misiles, que la Unión Soviética trató de implantar en la isla caribeña, dispuestos hacia las principales ciudades de EEUU, durante la presidencia de J. F. Kennedy, y que puso a la humanidad al borde de la III Guerra Mundial, como se decía en su momento.

De modo que hubo uno o dos intentos de asesinato; sólo que acontecimientos como el de Venezuela, cuando Castro se propuso invadir su territorio, apoyándose en la guerrilla izquierdista de nuestro país, propiciada por el Partido Comunista y el ya desaparecido Movimiento de Izquierda Revolucionaria, a los fines de derrocar por esta vía al gobierno de Rómulo Betancourt, bajo la conducción de estrategas militares cubanos como el famoso Arnaldo Ochoa; a quien Castro, posteriormente, fusilaría, acusándolo de narcotraficante, y con el perdón de la digresión, en su afán de expansión de lo que se conoció como el castrocomunismo; entonces las fuerzas armadas nuestras sofocaron dicho propósito, y Castro ya no representó más una amenaza para el continente, EEUU, como reza la metáfora, dejó que se cocinara en su propia salsa, como se vino a comprobar a lo largo de los años cuando se demostró, repito, que más que un gobernante estábamos en presencia de un comediante mediocre, visto el retroceso que comenzó a experimentar la isla en todos los sentidos, sobre todo, en la económico, siendo Cuba para finales de la década de 1950 un país lleno de prosperidad; con una industria turística, que funcionaba muy de la mano con el libertinaje, es cierto, y que fue lo que le dio el motivo a Castro, para asumir el poder en la isla, a partir de la proclamación de una moral, digamos, pudibunda; pero con una industria azucarera, que estuvo en capacidad de suministrar azúcar al mundo entero, como se decía en su momento.

Lo mismo sucede en este momento. ¿Qué gana Juan Manuel Santos con practicarle un atentado a Nicolás Maduro, quien ostenta un rechazo de más de 80% en las encuestas; un hombre que se ha cocinado en su propia salsa? Teatro: he allí lo que enseguida interpretó nuestra opinión pública, en especial, porque el argumento de un dron que estalla en el aire, cargado de dinamita, e hiere a tres efectivos militares, como lo señaló Jorge Rodríguez, ministro actual de información del régimen, no encaja en la historia de un atentado al Presidente de la República; aparte de que a última hora se vino a conocer la noticia de que el ruido de un estruendo, que se oyó en el momento en el que él hablaba en un acto en la Avenida Bolívar de Caracas no se originó sino por el estallido de una bombona de gas en el apartamento de un edificio situado cerca del lugar de los hechos; aun cuando hay sectores de la oposición que se achacan el móvil del asunto.

Factura cubana, decían los mensajes por las redes sociales; primero, por el impacto que ha tenido en nuestra opinión pública el juicio que se le sigue a Maduro en el hermano país, ante lo que se ha dado en llamar el Tribunal Supremo de Justicia en exilio, y propiciado por la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, bajo la acusación de haber sido sobornado por Odrebrecht sendo ministro de Relaciones Exteriores, siendo vicepresidente y siendo presidente de la República; arrastrando, asimismo, el hecho de haber sido juzgado por este TSJ en anterior oportunidad por el delito de abandono del cargo, y, en consecuencia, de usurpación de funciones y uso indebido de los recursos públicos; segundo, por el fracaso que ha tenido con respecto a su plan del censo automotor, cuyo rechazo ha sido unánime en la sociedad venezolana; tercero, por el malestar en sí, que existe en la población, derivado de sus erráticas políticas económicas; generando una dramática hiperinflación y que ha incitado hasta enguerrillamientos en las propias filas de su partido; de modo que nada mejor que montar el escenario de un atentado, de un intento de magnicidio, para buscar su victimización en la opinión pública y pasar, como se dice, agachado ante tales vicisitudes.

Pero lo más lamentable del caso es que se ha jugado, nuevamente, con la mentira; que se ha puesto a la orden del día, con el consiguiente enajenamiento de la conciencia de la población; con los vicios mentales que tales propósitos acarrean; en especial, viniendo de un profesional de la psiquiatría, como lo es Jorge Rodríguez, y a quien, como se ve, poco le importa la salud mental de sus compatriotas a condición de mantenerse por encima de todas las cosas en el poder.

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