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economía, política, titulares

Análisis ND: La “blitzkrieg” final de Maduro y el manoseo de la palabra

28 agosto, 2018

Pedro García Otero / 28 ago 2018.- Este domingo, 26 de agosto, en el programa de Carlos Croes, Diálogo con…, el economista y constituyentista Jesús Faría afirmaba que “ahora todas las operaciones cambiarias se hacen en absoluta libertad”. Faría, por supuesto, es parte del coro que emite titulares para que la prensa oficial y hegemónica los reproduzca hasta el infinito en las redes sociales.

Croes, periodista avezado, no le preguntó a su vez a Faría cómo pueden “ser libres todas las operaciones bancarias” si usted no puede comprar divisas en una casa de cambio; y cuando, si los quiere vender, no sabe cómo se forma el precio del dólar Dicom, pero sabe que sigue tan extraviado que la referencia del mercado negro ya lo dobla. O si usted -por poner tres ejemplos entre decenas- no puede usar sus tarjetas de crédito en el exterior.

Conseguir divisas en el Dicom, a su vez, es como tener madre, pero en coma: a usted le van a dar una constancia de que usted tiene unos reales en el exterior, en un Banco de Venezuela, pero tiene que ir hasta allá a que se los den, si es que los tienen. Hágalo antes de que el banco implote, porque ni siquiera es que va a quebrar. Cualquier día, sencillamente, deja de funcionar.

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I. Fábula del lingotico y la tarjetica

Lo mismo aplica para el sedicente “plan de ahorro en oro”. Ya ni siquiera hablemos de cómo va a ahorrar un venezolano en “lingoticos”. Resulta que esos “lingoticos”, son en realidad una “tarjetica” que dice que usted tiene un “lingotico” en el BCV: en el mismo BCV que ha permitido una de las peores hiperinflaciones de la Historia de la Humanidad, y que prácticamente no publica cifras desde 2014.

Por supuesto, a usted ni de vaina le van a dar el “lingotico”. Le dan la “tarjetica”. Cuando vaya a buscar el “lingotico”, veremos qué pasa. Haga sus apuestas.

Con una garantía así, quién necesita enemigos.

II. Cuando digo mercado, digo control

El programa de Nicolás Maduro, que “él mismo se ha encargado de hacer”, como el mandatario ha señalado varias veces (el mensaje, según otro excelente periodista, Nelson Bocaranda, es para los miembros de su propio gabinete) no contiene ningún elemento aperturista, sino todo lo contario. De allí un supuesto disgusto de parte del Gobierno que no lo conocía.

Como antes ha hecho con las palabras “diálogo”, “paz” o “independencia”, Maduro manosea ahora la palabra “mercado”. Cree, Maduro, en la magia de la palabra. De hecho, ha dicho, también varias veces, que ha encontrado “la fórmula mágica”, para anclar entre sí dos cosas que no existen, es decir, el Petro y el Bolívar Soberano.

Maduro

El plan de los “lingoticos” es parte de una estructura demencial de concebir la economía

Sus discursos tienen una estructura hecha por la Santería. Las invocaciones, las autoayudas, las demostraciones de fe. Siempre iguales, en el mismo orden. Pura taumaturgia.

Pero como ocurrió con el manoseo de todas las palabras anteriores, el de la palabra “mercado” no es inocente, no es un truco de cartas en una fiesta infantil. Tras el engaño contra un país aturdido, que emigra en masa, Maduro emprende la blitzkrieg final contra, justamente, la poca economía de mercado que queda.

La verdad es que lo único que le hicieron a la actividad cambiaria fue ajustarle los ceros a lo que ya era una realidad inocultable: los precios los fija(ba) el mercado paralelo. Más allá de eso, el control de cambios sigue como siempre.

Pero lo que pasa con las divisas es un chiste al lado de la bomba que ha dejado caer Maduro durante el fin de semana: la creación de un “Ministerio de Comercio Interior” a cargo de (nada menos) William Contreras, uno de los personajes más talibanes que recuerda el chavismo. El mismo que ha aplicado varios “dakazos” siendo el último mortal de necesidad. El que ha ordenado la detención de más de 200 empleados de comercios, porque casi ninguno de ellos es propietario.

El mismo que ahora mismo retrocedió al país, en una semana, al escenario extremo de escasez de 2013-14, pero ahora en hiperinflación y con los venezolanos, literalmente, clamando por comida. En el hueso, pues. El resultado será un sufrimiento muy superior al ya padecido.

¿Libertad, Faría? ¿En serio?

III El chavismo avanza cuando parece retroceder y viceversa

Maduro siente que avanza políticamente, que consolida su poder, ante una oposición en desbandada, a la que ha sometido sin piedad y ganándose al menos 15 o 20 causas que podrían llevarlo a la cárcel de por vida. No tiene ni otros objetivos ni ningún incentivo para cambiar. Al contrario: todo lo que no sea sobrevivir le sabe a casabe. Y su supervivencia, por ahora, es imprescindible también para el resto de la nomenklatura, que está en su misma situación.

En esa lógica, el comunismo, el más duro, ya está en el horizonte en Venezuela. Porque con un régimen ya totalitario, de partido único (solo véase el peso en el país del “IV Congreso Ideológico del PSUV”) esa nomenklatura tiene más chance de sobrevivir. Maduro se juega a Rosalinda, aplaza el escenario del colapso. Por poco tiempo, porque el “plan de recuperación económica” estallará en semanas. Es inevitable.

Ni Maduro ni el chavismo se cansan de no entender que los mercados, los de verdad, se abren siempre camino. Por eso es que el Dicom vale ya la mitad que el dólar paralelo, y frente a eso, servirá solo por unos días la decisión de la Sudeban de impedir el acceso a las cuentas de los venezolanos desde el exterior, una medida, además, inconstitucional según los artículos 50 y 112 de la Carta Magna. Como en el uso de la palabra “mercado” lo de “disciplina fiscal” es solo, en Maduro, una frase para que quede bien en el discurso. Y mientras sea solo una frase, el dólar seguirá subiendo.

Como buen totalitario, Maduro puede aplicar neolengua, las máximas de 1984 (Libertad es esclavitud, verdad es mentira, guerra es paz, amor es odio), pero al final las palabras jamás sustituyen a la realidad, y la realidad es que aquí no hay luz, que no hay agua, que no hay dinero y que 80% del país detesta en eso que lo han convertido, en un campo de muerte, del que todos huyen, en el que el hambre juega garrote pero de verdad, y las cosas se ponen cada vez peor.

La gente no huye de las democracias, porque en las democracias las cosas se pueden cambiar pacíficamente. No se necesita repetir una de las frases preferidas de Maduro y de Diosdado Cabello: “No entregaremos el poder ni por las buenas ni por las malas”, para saber por qué la gente se va hasta caminando, en una de las escenas más dolorosas que recuerde este escarnecido continente.

Maduro aspira reinar sobre un cementerio. Ese es el nivel de su bajeza. Este domingo al atardecer, por casualidad, pasé por el complejo cultural Teresa Carreño. Lo recordé en Democracia: una obra imponente, que bullía de vida, de conciertos, de obras de teatro, de día y de noche, en una zona que estaba plenamente integrada a un circuito de diversión… Anteayer era una estructura apagada, cerrada, silente. Llena de fantasmas. El Hilton (ahora “Alba”) también paralizado, al frente. El chavismo fue asfixiando hotel y espacio público, hasta que los mató.

Multipliquen eso por 916.050 kilómetros cuadrados. Ahí es donde Maduro y Cabello y los 200, o 500, individuos de la nomenklatura, pretenden quedarse.

Para ello, todos los demás sobramos.



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