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opinión

Orlando Viera-Blanco

Hubiese preferido otra muerte

24 julio, 2018

El 4 mayo de 1993, hace 25 años, la CSJ decidió el ante juicio de mérito de CAP, Jefe de Estado. La ponencia estuvo a cargo del Magistrado Gonzalo Rodríguez Corro. 9 magistrados votaron a favor y 6 salvaron sus votos. Una condena que no sólo sentenció a Pérez sino al país entero. Una conjura impulsada por “los notables”, desde cuyo pedestal -puro y moralista- ellos o sus vástagos aun pretenden dar lecciones de ética y política. Cuánta hostilidad, reconcomio y arrogancia comportó la salida de Pérez.

Aún flota.

Aún la padecemos.

La denuncia fue hecha por José Vicente Rangel. El 11 de marzo de 1993, el Fiscal General Ramón Escovar Salóm solicitó el ante juicio de mérito ante la CSJ. La solicitud también incluía a los ex ministros Alejandro Izaguirre y Reinaldo Figueredo Planchart y a otros funcionarios. Dos días después un grupo de notables respaldaron al Fiscal General. Caldera a la cabeza. Uslar en la retaguardia y toda una rebelión de náufragos (Dixit Mirtha Rivero), que jamás le perdonaron a Pérez ser presidente dos veces.

Caldera y el Chiripero

El cuadro político era otro. Caldera se hizo candidato del MAS y otras organizaciones que adoptaron el mote: “El Chiripero”. COPEI se dividió y nace “Convergencia”. Oswaldo Álvarez Paz derrota la maquinaria de Eduardo Fernández y se alza con la denominación copeyana. Claudio Fermín se impuso al caudillo Alfaro Ucero, derrotando a su candidato Carnero Lauría como aspirante por AD, y Andrés Velásquez de la Causa R sorprendía como fenómeno electoral. El presidente del Senado Octavio Lepage cubrió el interinato por un mes, al tiempo que el Congreso Nacional elegía como presidente provisional al historiador Ramón J. Velásquez. La noche del 20 de mayo Pérez se dirige al país y lanza su presagio: “Hubiese preferido otra muerte”, y concluyó: “(…) quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse”.

Caldera asumió el poder tras su victoria electoral en diciembre de 1993. Más tarde sobreseía a Hugo Chávez Frías de su leva de armas. Se cerraba el ciclo de la conjura política de mayor envergadura de la era democrática, mordida de poder que nos conduciría como un tren desenfrenado a los tiempos de mayor crispación social, política y económica que haya conocido la república. Tiempos de tempestades anunciados por Pérez como el peor retroceso histórico desde nuestra gesta de independencia. Una involución republicana nacida de una profunda mezquindad e inmadurez política que hoy pagamos todos con el precio de la devastación indiscriminada.

Vale decir que a partir de este antecedente, le queda muy grande muchos notables-de antes y de ahora- acusar a las nuevas generaciones políticas de colaboracionismo y traición.

La humildad: Lección no aprendida

El antejuicio de mérito de CAP sin duda significó el precedente inmediato perverso que abonó el camino a la llegada de Hugo Chávez Frías. Pérez lo advirtió… ‘De ganar Chávez Venezuela entrará a una dictadura violenta, de asesinos y facinerosos de la cual será muy difícil salir.’ Palabras proféticas por apocalípticas pero además devastadoras de cara al conocimiento que tenía Pérez de todos los entornos minados de inquina y sed de venganza. No sólo de una izquierda trasnochada, sino peor, de “colinas y tepuyes” indigestos. Y esta falta de nobleza y humildad en el entendimiento del poder y la política es la que nos mantiene como perro que se muerde la cola en un laberinto de miseria, sangre y anarquía.

Pérez predijo, cito: “Como no soy un acumulador de resentimientos, me equivoqué al suponer que todos actuábamos así y que las diferencias y los duelos políticos nunca serían duelos a muerte. Supuse que la política venezolana se había civilizado y que el rencor y los odios personales no determinarían su curso. Me equivoqué.” No hay que ser un letrado para concluir que nada hemos aprendido de esta lección de quiebre y fracturas históricas provocadas por duelos políticos a muerte como sentenció Pérez. Y como extirpe marca por la huella perenne de la irreverencia y la intemperancia, seguimos patinando en esta historia de miserables y desplazados que se repite una y otra vez desde arriba hasta abajo, hoy día en todos los sectores.

Ni vencido ni derrotado

Así se despidió Pérez desde Miraflores, al abandonar el cargo de Jefe de Estado en mayo de 1993. Un mensaje corto pero contundente y reflexivo: “pido a mis compatriotas que entiendan estas reflexiones no como expresión nostálgica o dolida de quien se siente vencido o derrotado. Mis palabras son una convocatoria a la reflexión de mis compatriotas sobre los duros tiempos que nos esperan… ojalá que nos sirva la lección de esta crisis. Que se inicie una rectificación nacional de las conductas que nos precipitan a impredecibles situaciones de consecuencias dramáticas para la economía del país y para la propia vigencia de la democracia que tanto sacrificio ha costado a nuestro pueblo”.

Lamentablemente no hemos reflexionado ni rectificado nada de nada. Las alegóricas penurias que alertó Pérez llegaron para quedarse. Pues nada. Parafraseando su prédica al tiempo de su caída: “Venezuela toda hubiese preferido otra muerte”.

@ovierablanco



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