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opinión

Flor de barranco

21 julio, 2018

La expresión la escuche hace muchos años; “flor de barranco” expresaba cómo en medio de circunstancias de vida difíciles, podía surgir una persona maravillosa. Que se deslindaba del lote con luz propia; mas allá del físico, su fundamento es válido para valores trascendentales.

Venezuela es un derrumbe, tierra reseca al borde de un despeñadero, que se quiebra bajo el sol inclemente y se desliza ladera abajo. Somos un país sin servicios, sin agua, electricidad, transporte, aseo urbano y salud.

El país más rico de Latinoamérica… con estudiantes premiados en concursos internacionales. El del Sistema de Orquestas reconocido internacionalmente.

El de artistas plásticos, de voces inolvidables, de humoristas que han despertados sonrisas en otras latitudes. El de bellezas naturales como Canaima… e infraestructuras como la Ciudad Universitaria, ambas patrimonio mundial de la humanidad.

El de mujeres bellas y personas cultas, Teresa Carreño, Ramos Sucre, Uslar, Cadenas, Caldera, Susana Duijm, Carolina Herrera, Soto, Convit, Cruz Diez, Zapata, Gabriela Montero, Edgar Ramírez… pocos nombres, para verificar, que muchos venezolanos le han dado lustre a nuestro país.

Pero fuimos traicionados, desde las altas esferas nos entregaron al oprobioso régimen de la Habana… y hoy vivimos un caos. Faltan palabras para explicar por qué se destruyó PDVSA, como un país que producía arroz, carne, leche, café, aluminio, acero, pesca, electricidad y petróleo… se está muriendo de hambre.

Para salvar su vida, los venezolanos huyen del país chavista, … un régimen, que tiene como mejor representante a Iris Varela. Capaz de sentenciar que: “El sistema penitenciario venezolano es el mejor del mundo”.

Hablar de escasez de comida; de pacientes que fallecen por falta de medicamentos; de jóvenes asesinados por la represión y de los 250.000 muertos del hampa bolivariana. Así como del dinero inorgánico, que la inflación engulle, resulta banal en tiempos de “cubazuela”.

“El cuero” se nos ha endurecido; rezando para que los cortes eléctricos, no arruinen los últimos electrodomésticos, que jamás podremos reponer. Luchando a diario por unos mendrugos, un salario justo o una visa para escapar.

Lo que vivimos nos hace sensibles… a esas soluciones que no terminan de llegar, probablemente porque equivocamos estrategias. En ocasiones nos deprime, pero la historia nos demuestra, que tenemos que escoger vivir bajo el sol de la esperanza y no bajo la oscuridad de la duda.

Venezuela vive su noche más oscura, preámbulo del amanecer indetenible. Un régimen sin dinero, sin políticas para enderezar el camino, sin agua, sin electricidad, sin producción, lleno de deudas y cada vez más aislado… no podemos augurarle larga vida.
Los tiempos de espera parecen largos, por eso el régimen busca desgastarnos. A ellos le quedan las maniobras, los cómplices, las armas y el apoyo de una vieja izquierda complaciente.

A nosotros mantener la fe y la fuerza de voluntad; nos queda el combate entre la justicia y el atropello, entre la lucidez y la politiquería, entre la esperanza y la desesperación… entra las sombras y la claridad. Y aunque parezca contradictorio ese mismo tiempo, durante el cual ellos se consumen… y que nosotros debemos aprovechar.

El caos reinante, indica la senda que debemos tomar; muestra con excelente claridad lo que tenemos que ordenar… identifica la tarea, lo que todos aspiramos. Basemos nuestra esperanza en que “la única sola cosa cierta e imposible de cambiar, es que nada es definitivamente cierto e imposible de cambiar”. (Kennedy)

La desesperanza se instaló en la medida en que mordimos el anzuelo, cuando se antepusieron intereses personales a los nacionales, cuando la unidad se convirtió en palabras vacías. Cuando falsos profetas oxigenaron al régimen y les dieron la espalda a las aspiraciones del pueblo.

Necesitamos una planta robusta que se nutra de esta tierra, que florezca esperanzas, una persona, organización política o movimiento popular, comprometido con valores y principios libertarios. Que nazca dentro de las condiciones terribles en las que vivimos; pero que intuye que, si la senda es estrecha, encima de ella se encuentra el cielo ilimitado.

Una flor que inspire, producto del dolor, la esperanza y el coraje… que permanezca concentrada en lo que tiene que hacer, en lo que nos acerca a un país mejor. Que interprete sentires y muestre caminos visionarios, adaptados al país que aspiramos.
El horizonte democrático, está allí frente a nosotros. Atravesar la tierra árida, arrasada, puede parecer duro, es parte del aprendizaje; necesario para utilizar el pasado y el presente… para labrar el futuro.

Es importante no repetir errores; necesitamos definir un proyecto de país, donde realidad, preparación y experiencia vayan juntas. Mañana no es otra cosa, que el segundo chance que nos da la vida, para alcanzar nuestros objetivos.

Tenemos muy buenas posibilidades de triunfar, la máscara del Gobierno calló. La lista de países que desconocen la legitimidad del régimen y sus instituciones ilegales es importante; jamás la Democracia Venezolana, había tenido tanto apoyo internacional.

Los vínculos con la corrupción, el narco lavado, las violaciones de derechos humanos, la deriva autoritaria, el robo a la Nación y le huida desesperada de la población… están a la vista. Los países vecinos se han visto obligados, a solicitar ayudas para salvar los venezolanos abandonados por su gobierno.

Todo va pesando en la balanza, la diplomacia insultante y arrogante; el desconocimiento de los partidos de oposición; los dirigentes exilados, presos y amenazados. La destrucción del aparato productivo; la hambruna; el abandono consular de la diáspora; los narcos sobrinos; las sumas confiscadas en el exterior, dibujan con claridad la calidad del régimen bolivariano.

Con ese escenario, como no tener esperanzas… hombre y mujeres, viejos y jóvenes, trabajadores, jubilados, estudiantes, iglesia, empresarios, universidades. La esperanza no discrimina a nadie; la persona, grupo o institución que aspire conducirnos a la libertad, tiene la obligación de presentar un discurso incluyente, basta de personajes con egos providenciales.

Es preciso un discurso universal, sin concesiones con el opresor, sin distorsiones electoreras… un mensaje de paz, justicia y libertad. Queremos un país posible; viable si cada quien encuentra el recurso psicológico necesario, para asumir la difícil hora que tenemos que enfrentar, en momentos en que finaliza el horror.

Muestra arma será, la fortaleza que da tener objetivos claros. Fe y confianza en un verdadero equipo; convencidos que juntos lo lograremos… por que merecemos vivir mejor.

Venezuela cuenta con posibilidades, para alcanzarlas es preciso otro gobierno. Mientras existan posibilidades existe la esperanza, un sentimiento que tenemos que transmitir al pueblo desorientado y abandonado.

La esperanza se alimenta con objetivos, ellos constituyan etapas para alcanzar el fin, irlos asumiendo nos brindará la energía necesaria, para no detener la marcha.

Vaclav Havel ese extraordinario hombre, figura principal de la revolución de terciopelo, brotó en el barranco comunista como enérgica planta, enfrentando al régimen condujo la Republica Checa a su libertad y dio frutos. El afirmó: “La esperanza no es el optimismo. No es tampoco la convicción de que algo bueno va a suceder, al contrario, es tener la certitud que esa cosa tiene un sentido, sea como sea la manera como ella va a suceder”.

Ex Cónsul de Venezuela en París

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