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opinión

Nicaragua en el corazón

2 julio, 2018

Quien quita, además, y viene alguien después que querrá estudiar lo que ocurrió aquí este día, escribir tal vez un libro, así que vamos a ir despacio, calmados, aunque tu historia es tan larga que quién sabe si habrá tiempo de oírtela todaSergio Ramírez, “Sombras nada más”, Punto de Lectura, Barcelona, 2002:84

El nuestro fue un país con una democracia convincente y una fortaleza petrolera incuestionable, por citar sólo dos elementos. Y, frente a los débiles países de la región, en uno y en otro sentido, sin que tuviésemos un interés político y económico directo en ellos, demostramos nuestra comprensión y solidaridad más allá de la acostumbrada retórica.

Valiéndonos de dos ejemplos harto conocidos, lejos de aprovecharnos de sus circunstancias, en un caso, a pesar de la controversia territorial planteada, reconocimos la independencia de Guyana. Nadie puede alegar de una indecible maniobra ni de propósitos inconfesables, en el tratamiento hacia el vecino del este que luego sirvió a los intereses de la Cuba por entonces derrota en el afán de sembrar varios Vietnam, en este lado del mundo.

Algo semejante ocurrió con la causa nicaragüense. Rechazamos y condenamos la dictadura somocista, promoviendo todos los esfuerzos necesarios para salvar a un pueblo que clamaba por un lugar bajo el sol, contribuyendo a una transición que tanto nos familiarizó con la causa sandinista y sus actores, decididamente respaldada como expresión y oportunidad para el definitivo establecimiento de la libertad y de la democracia.

Llevándola en el corazón, Nicaragua atraviesa días muy duros bajo la inaudita represión encabezada por Daniel Ortega que, en otros tiempos, rasgaba sus vestiduras: no habrá fusilamientos ni expropiaciones, aseguraba en 1980. Redondeada la estafa, ha sembrado la muerte ahí, donde hay una legítima, cívica y pacífica protesta, coincidiendo con el modo que empleó Maduro Moros para ensangrentar el pavimento venezolano en 2017.

La ya remota postura venezolana de solidaridad, tuvo por inspiración el ideario democrático que se hizo ejemplo en el mundo, arrojando un testimonio sobre el cual habrá ocasión de escribir larga e íntegramente algún día, cuando dé tiempo después de salir del actual marasmo. El gobierno de Georgetown ha procedido de una manera innoble, pero ni se diga de Managua, cuyos prohombres tendieron la mano un día a Venezuela para recibir el apoyo a una causa que traicionan constantemente, sin el más mínimo pudor, coaligándose con la dictadura miraflorina que nadie imaginó por entonces.



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