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Jesús Faría: Expansión acelerada del gasto público se está haciendo, en parte, con dinero inorgánico (2/3)

11 julio, 2018

ND / 11 jul 2018.- El exministro chavista Jesús Faría publicó recientemente un largo documento en el que presenta sus propuestas de cara al debate interno dentro del chavismo sobre qué qué hacer con la crisis económica. En la primera entrega mostramos que Faría propone eliminar el control de cambio y dejar que sea el mercado quien determine libremente el precio del dólar.

En esta segunda entrega, Faría toca los temas de la política de precios (“Si se congelan los precios o se posterga su ajuste a la realidad… se conducirá inexorablemente a la caída de la producción”); política fiscal (“cuando se incurre en elevados déficits y se financian con dinero inorgánico se activa un peligroso foco de distorsiones económicas”) y el tema de Pdvsa (“Es necesario revisar y corregir el funcionamiento interno de Pdvsa”), entre otros.

Cada uno de los 21 puntos que hace Faría – un economista declarado chavista, hijo de quien fuera por 30 años secretario general del Partido Comunista de Venezuela – contiene una corta conclusión.

A continuación puntos 7 al 12 del documento titulado: Ideas para el debate económico.

7. Política de precios: Los precios son mecanismos fundamentales en la regulación de una economía. Estos no pueden fijarse de manera caprichosa, deben reflejar la realidad, cubrir los costos y garantizar ganancias razonables para que las empresas, públicas y privadas, estén en capacidad de invertir y producir la riqueza que posteriormente debe ser distribuida de manera equitativa, es decir, precios para el ordenamiento equilibrado de la economía. En nuestro caso, la especulación, el contrabando, los mercados negros, la escasez están asociados, sin duda, a la agresión económica. Sin embargo, también es preciso hacer una revisión de los controles de precios y verificar si han podido contener la inflación, conducido a estabilizar la economía o si, por el contrario, los controles han contribuido a profundizar los daños ocasionados a la economía.

Si se congelan los precios o se posterga su ajuste a la realidad, conteniéndolos por debajo de los costos de producción con el noble propósito de proteger a la población, mientras la especulación galopante presiona los costos de producción al alza, se conducirá inexorablemente a la caída de la producción, al desabastecimiento, a los mercados negros, al bachaqueo…

Algunos podrían objetar que los precio en los actuales momentos no tienen ningún control y por eso se disparan sin límite. A ello podríamos responder que la política de precios, cualquiera que ella sea, no podrá cumplir con sus objetivos si no se encuentra articuladas con otras políticas (cambiaria, sectoriales, fiscales, monetarias…). Asimismo, para conseguir resultados positivos y sostenido en el tiempo en un escenario hiperinflacionario, hay que combatir las causas que provocan su incremento acelerado.
A los especuladores hay que combatirlos, pero solo se podrá derrotar la especulación, cuando superemos las causas de los incrementos de precios: la especulación cambiaria, la caída de la producción, la usura de comerciantes inescrupulosos, contrabando y acaparamiento, desequilibrios macroeconómicos (monetarios y fiscales), las corruptelas.

A la luz de nuestra realidad, se impone una política de regulaciones de precios ágil, flexible, que permita ajustar los precios a las realidades. Esto es especialmente válido en un escenario de creciente inflación y devaluaciones de la moneda. No se trata de liberar los precios para ponerlos en manos de los especuladores, sino de rigurosidad para combatir la especulación y flexibilidad para estimular producción y el acceso de la población a los bienes de primera necesidad.

Conclusión: Se impone la revisión del control de precios y la aplicación de una política de precios en el marco de un programa económico antiinflacionario que logre derrotar la especulación y estimular la producción.

8. Política fiscal: La expansión del gasto e inversión públicas tiene como propósito, bajo las actuales condiciones de recesión e inflación, defender las condiciones de vida de la población, así como oxigenar al aparato productivo. Sin embargo, es un escenario de drástica contracción de los ingresos fiscales ocasionado por la recesión y, en especial, por la caída de los ingresos petroleros, la expansión acelerada del gasto público ha traído como consecuencia un déficit fiscal muy elevado que se financia, en parte, con dinero inorgánico. Esta situación es insostenible, porque genera grandes presiones sobre los precios y el dólar en el mercado “negro”, se convierte en caldo de cultivo para la especulación cambiaria y de precios. Es decir, el elevadísimo déficit y su forma de financiamiento es contraproducente con los objetivos de crecimiento y bienestar.

El abultado déficit fiscal exige un correctivo, que no puede producirse sobre la base de la terapia de shock. Un recorte abrupto y generalizado del gasto público, como lo proponen las fórmulas neoliberales, trae consigo dramáticas consecuencias sociales y económicas. La propuesta de un gobierno revolucionario debe ser la reducción progresiva del déficit fiscal, buscando la estabilidad de precios sin castigar la inversión social, fundamental en nuestra visión filosófica y en la tarea de protección de la población frente al deterioro actual de sus condiciones de vida. Asimismo, esa vía progresiva responde a la necesidad de un plan de inversión pública que motorice la recuperación del aparato productivo.

Este correctivo impone una política de disciplina y orden, donde se siga desarrollando la inversión social y productiva de manera más eficiente, suprimiendo gastos superfluos, el derroche y las corruptelas.

La política social exige un máximo nivel de eficiencia, evitando filtraciones de recursos a sectores que no lo necesiten o a negocios ilegales. Acá destacan subsidios que disfrutan clases altas (gasolina, servicios, alimentos), contrabando de extracción de productos subsidiados, que genera fabulosas ganancias. Es imprescindible direccionar correctamente los recursos a los grupos más vulnerables, lo cual se logra a través de los susidios directos.

En cuanto a la inversión productiva y de infraestructura, esta debe descansar sobre una estricta planificación con criterios claros en torno a efectos en la producción nacional, creación de empleo y generación de bienestar a través de servicios para la población.

Por el lado de los ingresos, deben instrumentarse impuestos a los grandes capitales, mecanismos más eficientes de recaudación de impuestos y un esquema progresivo del aumento del precio de la gasolina. La corrección de la variable cambiaria también contribuirá a elevar los ingresos.

Conclusión: La política fiscal es esencial para el crecimiento y las políticas de bienestar. Sin embargo, cuando se incurre en elevados déficits y se financian con dinero inorgánico se activa un peligroso foco de distorsiones económicas. La corrección del déficit debe preservar las políticas sociales y el estímulo productivo.

9. Política monetaria: Por su parte, la política monetaria tiene un rol fundamental en la absorción de la enorme masa de liquidez monetaria excedentaria, para lo cual existen múltiples instrumentos que hasta el momento se han empleado de una manera desordenada y muy limitada. Se debe realizar, igualmente, un gran esfuerzo para canalizar la liquidez al área productiva a través del crédito bancario y otras modalidades.

No se trata de la visión monetarista, que todo lo explica a través de los indicadores monetarios y condenan a priori cualquier excedente de liquidez. No obstante, desde cualquier perspectiva es obvio que el crecimiento desmesurado de la masa monetaria genera inflación y perturba el desempeño de la economía. De tal manera que no proponemos estrangular la gestión pública con la restricción monetaria, sino de recoger progresivamente los excedentes reales de liquidez y reducir la generación de dinero inorgánico. Todo ello persigue restarle fuerza a la especulación que, aunque no depende exclusivamente ni en primer lugar del dinero circulante, sin lugar a duda es estimulada por ella con fuerza.

En el marco del debate hemos escuchado propuestas como el Bolívar-oro para lograr la estabilidad de precios. Aunque no se ha explicado claramente su funcionamiento, en términos económicos esto significa que la totalidad de dinero en circulación debe estar respaldado por el oro existente en el banco central. Si esto es así, estaríamos sometiendo a la economía a una terapia de shock que, sin duda, estabilizaría los precios, pero al costo de un colapso productivo y social de dimensiones desconocidas. Es decir, mataríamos al enfermo. Es curioso que, quienes proponen esta política inspirada profundamente en la visión monetarista, simultáneamente, niegan la influencia que pueda tener la expansión excesiva de dinero sobre los precios y la tasa de cambio.

Por último, es indispensable hacer un riguroso seguimiento al comportamiento del sistema financiero. Recesión económica, con devaluación, hiperinflación y tasas de interés reales altamente negativas (tasa de interés nominal – inflación) constituyen un coctel explosivo para el desempeño estable de la banca. Esto podría llevar a una situación de iliquidez e insolvencia.

Conclusión: Los excedentes de liquidez constituyen combustible para la especulación de precios y cambiaria. La política monetaria debe absorber esos excedentes y canalizarlos, al menos parcialmente, al sector productivo en forma de financiamiento.

10. Empresas privadas: La producción nacional experimenta una caída muy notable y generalizada. Las causas más importantes de este descenso son: la escasez de materia prima nacional; la ausencia de divisas para la importación de insumos, maquinaria y repuestos; los impactos de la guerra económica; la contracción del mercado interno; las condiciones macroeconómicas; las expectativas adversas potenciadas por la furiosa campaña mediática en contra del país.

Para derrotar la hiperinflación y el desabastecimiento se reclama una estrategia para la recuperación productiva. En ellas deben entrelazarse las políticas macroeconómicas con las de carácter sectorial, como la que se desarrollan en los Motores de la AEB. Se requiere de ambas líneas de acción (políticas macroeconómicas y Motores de la economía productiva) para el despliegue de las fuerzas productivas.

Los sectores agrícola y agroindustrial están llamados a jugar un papel trascendental. Se exige planificación, organización, eficiencia, seguridad, incentivos…, para elevar la producción de alimentos y contener el efecto alcista de los precios en el sector de mayor impacto en la población.

También deben corregirse mecanismos distributivos de la producción dominadas por mafias especuladoras. Acá se articulan factores empresariales con actores del sector público, en ambos casos de mucho poder, en la búsqueda de gigantescas ganancias violentando las leyes y afectando gravemente las condiciones de vida de la población.

Otro aspecto fundamental es la relación con el sector privado, que representa más del 65% de la economía nacional. Generar confianza, seguridad y expectativas positivas es de crucial importancia. Para evitar cualquier manipulación de lo expuesto, no se propone someter la economía ni a nuestro proyecto político al servicio de los intereses corporativos, sino de aprovechar esas potencialidades en función de los intereses populares y del desarrollo soberano de la nación. En tal sentido, la política desarrollada en el marco del Consejo Nacional de Economía Productiva es correcta y debe recuperar el dinamismo y ritmo que exhibió durante el año 2016. Estamos convencidos de que existe un sector del empresariado privado nacional dispuesto a trabajar en función del desarrollo nacional.

Conclusión: El sector privado debe jugar un papel importante en la recuperación económica. No le vamos a entregar la conducción del país, pero hay que implementar estímulos para su desarrollo, combatiendo sus conductas negativas e incentivando lo que contribuya al desarrollo nacional.

11. Empresas públicas y de propiedad social: En cuanto a las empresas públicas, éstas se encuentran en una precaria condición productiva, tecnológica y financiera. Ausencia de mantenimiento, mala gerencia, indisciplina laboral, retraso en la inversión, ausencia de planificación, precios desfasados…, han contribuido a su mal desempeño. En manos del Estado venezolano se encuentran las empresas básicas de Guayana, las de cemento, electricidad, petroquímica… Su recuperación es crucial, de ellas depende el funcionamiento de sectores enteros de la economía nacional. Acá se debe desarrollar un plan de emergencia para su recuperación que se convierta en punto de partida para su relanzamiento tecnológico y productivo. Como en el caso del sector privado, las empresas públicas también tienen que contribuir decisivamente a derrotar la hiperinflación y el desabastecimiento.

Es de vital importancia la redefinición del rol de los trabajadores en estas empresas, se tiene que elevar sustancialmente su protagonismo.

Constituye una tarea básica la revisión de los métodos de planificación, administración, encadenamiento productivo, innovación, incremento de la productividad, ahorro de recursos, incorporación de nuevas tecnologías…

Evaluemos la posibilidad de asociaciones estratégicas con capital privado nacional y extranjero, que aporte capital, materia prima, tecnología, mercados, donde nosotros mantengamos el control estratégico. Esto representaría una salida a la precaria situación actual. Las opciones son: empresas en manos del Estado en un 100%, trabajando en condiciones de precaria y con inexistentes posibilidades de superar el enorme déficit de inversiones en mantenimiento y expansión, por una parte, o empresas de creciente capacidad productiva con participación privada y dirigidas por el Estado en las decisiones estratégicas.

Finalmente, pero no menos importante, se deben crear las condiciones para el despliegue de las Pymes y las empresas de propiedad social. Estas empresas tienen una gran capacidad de generación de empleo, una significativa versatilidad y juegan un papel importante en el mapa productivo del país y de abastecimiento de la población. En especial, las empresas de propiedad social tienen un significado muy particular en razón de que encarnan la naturaleza esencial de nuestro modelo socialista. El Estado tiene que ampararlas para estimular su productividad, evitando prácticas que reproducen relaciones de dependencia crónica.

Conclusión: Los comandos de la economía están en manos del Estado y de ellos dependerá la reanimación de la producción. Hay que implementar cambios dramáticos en todos los aspectos de su funcionamiento, donde los trabajadores jugarán un papel crucial.

12. Producción petrolera: En cuanto a Pdvsa, deben revisarse de manera rigurosa y muy critica las razones del descenso de más de un millón de barriles diarios en menos de 18 meses, responsable en parte de la actual situación de nuestro aparato productivo. La caída de los ingresos de divisas del país obedece en buena medida a esta situación absolutamente injustificable.

Existen teorías conspirativas que ubican las causas del descalabro de la producción petrolera en la actuación de agencias de inteligencias extranjeras y de poderes imperiales. Sin duda alguna, estos factores están interesados y actúan en función de nuestro fracaso. El que no crea esto, que vea las sanciones del gobierno de D, Trump a nuestra industria petrolera. Ahora bien, si alguien atenta en contra de nuestra estabilidad, es nuestra responsabilidad combatir la agresión y, simultáneamente, garantizar el desarrollo estable de nuestra nación y de nuestra empresa petrolera, para ello contamos con un mandato popular y un compromiso histórico. No hay ninguna excusa que nos exima de esa responsabilidad u oculte nuestra indolencia.

Por otra parte, la industria petrolera debe garantizar su funcionamiento y rentabilidad sin darle la espalda a las enormes obligaciones sociales, pero siempre conscientes de que la única forma de atender esos requerimientos en forma creciente en el futuro, pasa por mantenerla productiva a un máximo nivel de eficiencia. Ese principio esencial no lo hemos observado siempre con la debida rigurosidad.

En los actuales momentos, la recuperación de la producción petrolera nacional es de esencial significado, constituye la única opción de ingreso de divisas que depende exclusivamente de nuestras capacidades. La reactivación de pozos maduros con petróleo liviano y condensados representa la vía para recuperar la producción en el corto plazo y con los menores recursos. No se trata de abandonar el proyecto de la Faja “Hugo Chávez”, sino de dar respuesta inmediata a las urgentes necesidades de recuperación productiva en los menores tiempos y con los recursos drásticamente restringidos.

En cualquiera de las dos estrategias es indispensable encontrar las fórmulas financieras de asociación con el capital privado nacional y extranjero (que nadie se escandalice, el comandante Chávez estableció las políticas de empresas mixtas con decenas de compañías de todo el planeta), que nos permitan acceso a una inversión indispensable para levantar la producción, sin perder la soberanía del Estado en el negocio petrolero. Este mecanismo debe instrumentarse de manera inmediata dada la enorme necesidad de divisas de la nación Esto va a requerir, de nuestra parte, trasparencia en el empleo de los recursos y, a su vez, un clima de confianza en la economía nacional para atraer al capital foráneo.

Finalmente, se exige una Directiva y una fuerza de trabajadores petroleros absolutamente consustanciados con la sustentabilidad de la industria petrolera y su rol en el desarrollo integral de la nación. Asimismo, el tema petrolero debe convertirse en una política de Estado y la industria petrolera debe estar bajo el escrutinio responsable de toda la sociedad. No podemos permitir la repetición de sabotajes petroleros por conductas inescrupulosas, pero tampoco el retroceso productivo por estrategias erradas.

Conclusión: La recuperación de la industria petrolera es esencial para la estabilización y crecimiento de la economía. Es necesario revisar y corregir el funcionamiento interno de Pdvsa, así como su relacionamiento con el Estado y la sociedad en su conjunto.

Mañana, última parte…



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