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opinión

El derrumbe petrolero de Venezuela

7 julio, 2018

De acuerdo con los analistas en el tema petrolero, que los hay serios, al igual de los que pretenden serlo pero no lo son, Venezuela podría estar produciendo, hoy por hoy, cinco millones de barriles diarios, incluso más. Pero eso no es lo que ocurre. Se estima que la producción no supera el millón quinientos mil barriles diarios, y en caída. ¿Qué pasó entonces? Pasó que la hegemonía depredó la industria petrolera nacional, acabó con su potencial de expansión, destruyó inmensas posibilidades de desarrollo energético, al menos durante el siglo XXI; desbarató el sistema de refinerías nacionales y, en suma, puede llegar a producir el anti-milagro de transmutar a Venezuela en un país ex-petrolero.

No es una pesadilla, en lo que a nuestro país se refiere, sino una perspectiva que cada vez se acerca más a la realidad. A finales del siglo XX, Venezuela mantenía una posición importante en el mapa petrolero mundial, y su corporación petrolera, Pdvsa, también. Hoy son un punto minúsculo, a pesar de las cuantiosas reservas de hidrocarburos pesados. Y todo ello aconteció en medio de una bonanza petrolera. Los responsables políticos y operativos de semejante tragedia hacen dos cosas. O se quedan callados, o escriben unos opúsculos sin ningún tipo de credibilidad. Y me refiero a los responsables que se presentan como no corruptos, porque los otros, la gran mayoría de corruptos que han obliterado a la Venezuela petrolera, esos andan escondidos en sus paraísos fiscales, o siguen haciendo de las suyas, gracias a la impunidad que les garantiza la hegemonía roja.

Si la producción se estima en un millón quinientos mil barriles diarios –y cayendo, las exportaciones comerciales se calculan en menos de un millón, todo eso, repito, disminuyendo a paso constante, y en un contexto de desconfianza radical en quienes desgobiernan a Venezuela. Nadie quiere invertir en el sector petrolero venezolano. Ni siquiera lo que queda de Pdvsa. Los rusos o los chinos firman papeles y contratos, pero no invierten en el sector petrolero. Los segundos cobran sus deudas a precios de usura, y no es improbable que también estén considerando salirse del pantanal venezolano.

Todos los países exportadores de petróleo del mundo les han ido bien en el presente siglo. Todos menos uno: Venezuela. Arruinada, en catástrofe humanitaria, y en ruta de culminar de manera miserable su historial petrolero, es difícil que le haya podido ir peor. Pero así será mientras la hegemonía roja siga donde está.

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