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opinión

Enrique Meléndez

En el banco la vida es más sabrosa

3 julio, 2018

La señora, que viene detrás de mí en la cola del banco, le dice a la siguiente, que esta es la cuarta agencia, a la que acude en busca del efectivo; mientras el banco sólo lo que le puede dar, como máximo, son cuarenta mil bolívares, y que no compran nada, y es por esto que tiene que ir de agencia en agencia, para poder juntar unos cientos sesenta mil bolívares; de acuerdo al cálculo, y que tampoco compran nada; por lo que tiene que acudir a igual número de entidades de su banco durante la semana, para poder obtener unos 800 mil bolívares; de acuerdo al cálculo, y que apenas alcanzan para comprar medio cuartón de huevos; que sería el precio, como lo tienen los bachaqueros; tomando en cuenta, por lo demás, que por punto de venta en el abasto ya se ubica en dos millones de bolívares ese producto.

-Ahora la vida de uno se ha convertido en pasar todo el día en un banco-, le responde la otra persona a la señora-. Yo me la pasaba criticando al sobrino mío: “Muchacho, ¿qué haces tú tanto en un banco?”, y ahora soy yo la que me paso, y eso que lo tengo que hacer, para poder pagarme los pasajes.

En efecto, la gente hace las colas, para poder tener el efectivo, y poder movilizarse de su casa a su trabajo o hacia el mercado; pues, además, de la cola del banco, este gobierno nos ha condenado también a tener que hacer cola para comprar nuestros alimentos; lo cual sería uno de los objetivos del socialismo en ese proceso de envilecimiento de la población, en función de su permanencia en el poder, es decir, mantener a la gente ocupada en procura de lo más vital de su vida, mientras el tiempo le pasa sin poder reaccionar ante unas circunstancias que debería afrontar, en beneficio de sus bienestar social.

Hay dos colas que son ineludibles hoy en día: la cola del pan y la cola del banco; pues, por una parte, el venezolano lo que está comiendo es pan y agua, literalmente; si acaso lo rellena con queso o lo embadurna con mantequilla; cuando no sustituye el agua por café; el hecho es que nadie está en capacidad de comprar un kilo de carne con ese salario mínimo de tres millones de bolívares; ni con el respaldo de ese bono populista rastacuero, conocido como bono de la guerra económica, que se ha ubicado en dos millones de bolívares, para sumar un salario integral; de acuerdo al último aumento de Maduro, de cinco millones de bolívares; nada de eso puede comprar ni carne roja ni pollo ni cerdo ni pescado, para hablar de los alimentos proteínicos de nuestra ingesta diaria. De modo que este gobierno nos ha llevado a la condición de pan y de agua, como reza el dicho, y es lo que explica que gente de la más variopinta especie hurgue entre la basura; pues Maduro decreta hoy un aumento de salario, y ya mañana los precios de los productos amanecen el doble de lo que costaban el día anterior.

Por otra parte, el venezolano sufre por el efectivo, algo así como decía Jorge Giordani, que sufría por el dólar: una ninfomanía, y esto como consecuencia de que el costo de la vida se ha puesto por encima del valor del efectivo, que circula en lo que los economistas conocen como la liquidez monetaria; aparte de que cada día que pasa el bolívar pierde valor, sobre todo, cuando el gobierno lanza los famosos bonos, sin tener una producción, que los respalde; que es lo que se conoce como imprimir dinero sin respaldo; de modo que cuanto más masa más mazamorra, y a medida que aumenta la velocidad, con la que circula el dinero, su volumen es mayor; como una bola de nieve, que va rodando cuesta abajo, que es lo que explica que la hiperinflación, que sufrimos en nuestra economía, se sitúe a diario en un 5%; que es la inflación anualizada de la mayor parte de la economías de los países vecinos.

Por supuesto, hay gente que no puede recorrer las cuatro entidades de un banco un día determinado; dependiendo de la fluidez de las cajas al momento de atender a la clientela; pues hay veces en que solamente están despachando dos cajeros; y entonces la espera es enorme; hasta cuatro horas se puede pasar uno a la atención de ser llamado, y así que los ahorristas se van amontonando en la entidad; a lo que se agrega el hecho de que a la hora del almuerzo uno de ellos se tiene que ir a comer; de modo que queda uno solamente, y es cuando vienen las peleas; pues la gente de la tercera edad, quiere que pasen dos de ellos, por uno de las otras edades o viceversa; cuando no se cae el sistema electrónico, por lo que el pago se detiene por una media hora. Entre tanto, en la cola sale a relucir el deporte de ahora de los venezolanos, que es hablar mal del gobierno; recordar aquellos tiempos, cuando entonces uno iba al banco, y sacaba todo el dinero que le diera la gana.

Aparte de que hay bancos, cuyos cajeros se han ido para el extranjero; como consecuencia de esa vida de penurias, que estamos llevando los venezolanos; para así engrosar la diáspora nuestra que pulula por todos los rincones del mundo, y entonces las operaciones de taquilla han tenido que recaer en manos del personal administrativo; que atiende su tarea y atiende la caja, es decir, que uno los ve asando dos conejos, al mismo tiempo, situación que se desborda, en especial, los días de pago de la pensión del Seguro Social.

Entonces, sí hay efectivo para la gente de la tercera edad; sólo que se trata de un efectivo que, a final de cuentas, no compra nada tampoco; pues como escribió alguien por las redes sociales: los viejitos cobran mañana –víspera del pago de la pensión del pasado mes de junio- el equivalente a dos empanadas y una malta; aunque hay aquél que prefiere vender el efectivo; a objeto de que se le doble dicho ingreso o se le triplique; dependiendo de la oferta; lo cual es también otra forma de bachaqueo.

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