end header begin content

opinión

Esa insoportable hipocresía

30 julio, 2018

Aunque es redundante hablar de la hipocresía de la mayoría de los comunistas, es pertinente. Porque indigna que usen y abusen de la ignorancia y sobre todo, de las esperanzas de los pueblos, para acceder al poder. Y es que no ha habido excepción en que una vez allí, den rienda suelta a sus complejos y con insospechable crueldad se convierten en lo que más odiaron, en lo que más enfrentaron, por lo que tanto lucharon.

Un comunista no debería tener lujos. El lujo es anatema para ellos, o al menos debería serlo. Un comunista no debería tener propiedades, porque en el comunismo no existe la propiedad privada. Es muy fácil que “lo tuyo es mío, y lo mío, es mío”, como suele suceder. Un comunista debería predicar con el ejemplo, no ser el anti ejemplo de lo se predica. Yo conocí y tuve amistad con Domingo Alberto Rangel. Aunque nos separaba un abismo ideológico, nos unía la admiración mutua y el respeto por la consecuencia entre pensamiento y acción. Domingo Alberto Rangel fue un hombre de una línea recta, algo de lo que muy pocos pueden jactarse en este país. Me dicen lo mismo de los hermanos Machado, a quienes nunca conocí.

El dinero es algo que no se puede ocultar. Dicen que es como la tos, el humo, o en una comparación más halagüeña, como el amor. Y los nuevos ricos son fanfarrones. Les encanta dar muestras de su poder económico. Y la peor fanfarronería es la de los nuevos ricos ladrones. Que alguien haya hecho fortuna honestamente es bueno y deseable. Que se vuelva estrafalario es su derecho. Pero que un ladronazo -y encima comunista- se vuelva jactancioso, ostentoso y presumido, es insoportable. ¡Qué hipocresía! ¡Qué falta de coherencia con el discurso!

Hemos conocido los caprichos de los nuevos millonarios (en moneda dura, por supuesto). Historias tan rocambolescas que dan ganas de vomitar. Como la del magnate hoy preso que se encaprichó en comprar todo un edificio y ofreció pagar el doble, el triple y quizás hasta más del valor de los apartamentos de sus vecinos para quedárselo. El mismo magnate que tenía ínfulas de cantante de salsa y contrataba a los mejores músicos del género para cantar él en sus fiestas, fiestas donde corría el champagne francés como si fuera refresco. De las excentricidades de los hijos de esos millonarios en el exterior. De los saraos y los escándalos. De las propiedades gigantescas, los caballos purasangre, los automóviles deportivos, los aviones… en fin, las vidas de los ricos y famosos de unos ilustres ladrones.

¿Cómo no sentir ira, desazón, contrariedad, cólera, desagrado o hastío contra estos delincuentes cuando uno ve cada día más personas hurgando las bolsas de basura en cualquier parte; cuando uno sabe de niños que ya no van a la escuela porque están tan débiles que no pueden caminar, mucho menos estudiar; cuando uno se entera de los muertos por inanición o por falta de medicamentos? ¿Dónde está la piedad de aquellos que la exigían de los demás cuando no eran gobierno?

A los venezolanos nos piden que hagamos más sacrificios. “Por Chávez y por la revolución”. ¿Por qué tenemos que hacer sacrificios por el gran destructor del país y por su movimiento que sólo ha traído miseria, hambre y desolación? Si pudiéramos recuperar lo que se han robado, el país saldría a flote en menos de tres meses. Pero no, los comunistas ricos quieren vivir como los demás comunistas del mundo: disfrutando de las mieles del poder y del dinero a costa de los padecimientos de los pueblos que subyugan.

Ojalá que los venezolanos hayamos aprendido la lección. Que esto que nos pasa no suceda nunca más…

@cjaimesb



Etiquetas:

Canal Noticiero Digital

Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com