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opinión

Carlos E. Aguilera A.

Un régimen con fachada democrática

3 julio, 2018

No es lo mismo parecerlo que serloCEAA

Definitivamente la capacidad de asombro para con el régimen madurista rebasa todos los límites, pues cada día son inusitadas las desfachatadas declaraciones que Nicolás Maduro y su séquito ministerial y correligionarios de su partido el PSUV, manifiestan descaradamente encubiertos con un maquillaje de demócratas, en un país que sufre y padece día a día los rigores de su malhadada política , económica y social, que mantiene a toda la nación en vilo y al borde de una total desgracia, cuyo costo social es impredecible.

El régimen de Maduro pretende seguir engañando al país cuando afirma que todo marcha muy bien, cuando sabemos que la desgracia pende sobre nuestras cabezas por falta de alimentos, medicinas, inseguridad, desempleo, fallas de los servicios públicos, corrupción, nepotismo y otros tantos males que hacen mella en la humanidad de hombres, mujeres, ancianos, y niños, sumidos en la desesperación y angustia permanente. La simulación se ha convertido en un modo de vida política del régimen, para pretender mantenerse en el poder que detentan desde hace 20 años, que se inició con el fallecido comandante galáctico Hugo Chávez y hoy con su hijo putativo y heredero de la corona, Nicolás Maduro.

El simulacro democrático ha convertido el régimen en una acción y comportamiento que podemos calificarlo de habitual, pues con el misma finge una emoción, un sentimiento o el comportamiento que persigue un fin predeterminado, para alcanzar sus perversos objetivos, como lo son la destrucción del aparato productivo del país y de las instituciones que son la marca de fábrica del socialismo comunista del régimen madurista, mediante sombríos populismos que no persiguen sino seguir ejerciendo el poder autoritariamente con una fachada de democracia, de la cual se ufanan a los cuatro vientos, pero que con sus actos vulnera los más elementales principios democráticos como los derechos humanos, encarcelamiento de políticos opositores, estudiantes y de todas aquellas personas que se oponen a la revolución socialista, marxista y mal llamada bolivariana, todo lo cual ha desatado destrucción, violencia y graves lesiones a la libertad y democracia.

Queda claro que la naturaleza antidemocrática del régimen venezolano se muestra de cuerpo entero con sus políticas (¿) socialistas de viejo cuño, que han fracasado en otras latitudes en diversas épocas, razón por la cual cayó el muro de Berlín, despareció la Unión de Repúblicas Socialistas (URSS), entre otros, pues el sistema socialista o socialismo es un ordenamiento político, social y económico que se basa en la propiedad y en la administración colectiva, o en su defecto estatal, de los medios de producción, y por otro lado promueve una progresiva desaparición de las clases sociales. A ello se suma el arribo al aparato burocrático del Estado, de individuos que en su mayoría llegan con hambre no solo de poder, sino de arrasar con todo cuanto se les antoje, de manera particular con los dineros del erario nacional, como se ha visto en nuestro país en los últimos años.

Como consecuencia de lo anteriormente señalado, nos encontramos con que de nada ha servido los continuos sacrificios a los que ha sido sometido el pueblo venezolano con las erráticas políticas socialistas impuestas por Chávez primero y ahora por Maduro, con el falso pretexto de llevar a cabo un socialismo dizque humanístico, filantrópico, con el propósito de medrar las bases de la burguesía a la que tanto critican y descalifican vulgarmente. Claro está que nada trasciende, pues existen numerosos cagatintas del régimen que en defensa de sus cargos burocráticos, esconden la tragedia que vive el país nacional ocultando la realidad, o simplemente faltando al tal pregonado slogan socialista de la información, veraz y oportuna. No esclarecen temas tan álgidos que se encuentran sobre el tapete de la mesa: desnutrición, desempleo, éxodo de miles de venezolanos que diariamente abandonan la patria en busca de mejores horizontes, cuya cifra alcanza a casi cuatro millones, entre otros. Basta ver los canales televisivos oficialistas para verificar lo que se observa a diario, y sinceramente da asco la subjetividad con la que enfocan los temas que tienen que ver con la oposición, pues en lugar de abrir un debate ideológico, se dedican a descalificarla tozudamente.

Hasta la presente fecha, hemos visto que jamás tocan o dan a conocer informaciones sobre funcionarios y ex, acusados de corrupción, pese a la cantidad de ellos incursos en este delito que a través de gobiernos extranjeros han sido objeto de medidas de expropiación de bienes y congelación de cuantiosas cuentas bancarias, calificadolos como agentes del narcotráfico, lavado de dólares y negociados, razón por la cual la justicia de esos países los tienen en sus llamadas listas negras, con miras a una alerta roja a través de Interpol. Queda claro y como le he afirmado en reiteradas ocasiones a través de mis columnas semanales, que se publican en este diario “El Nacional”, que la delincuencia y la criminalidad no fueron hechos aislados perpetrados por chavistas y maduristas, enchufados y allegados al poder socialista marxista y por ende comunista, por cuanto fueron amparados y alentados por un modelo político que los necesita para seguir alcanzando sus objetivos.

De todos es conocida la impunidad con la que el régimen solapa todos los estropicios que perpetran sus camaradas a nivel gubernamental, y de soslayo sostiene la inocente ignorancia sobre los malos pasos de sus subordinados y colaboradores inmediatos, a tal extremo que el entramado de relaciones descubierto en varios procesos que han salido a la luz pública, no ha hecho mella en quienes han enriquecido sus alforjas con mil millonarias cifras depositadas en bancos extranjeros de Europa, Asia y el Medio Oriente, todo gracias a expertas manos de celestinos supremos que aún se mantienen en altos cargos del régimen, apuntalados en un autoritarismo de su jefe supremo, lo cual permite que se quiebre la frontera entre lo ético y lo corrupto y consiente por otra parte la legalidad al servicio de la criminalidad, lo cual lo convierte en un régimen de delincuencia estatal organizada.

Este régimen socialista, marxista y por ende comunista, desconoce que la democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad, y que es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo, mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En el sentido más amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.

Se observa en el régimen de Maduro una praxis que define clara tendencia al autoritarismo, mediante la concentración gradual y sistemática del poder en el Ejecutivo Nacional y, particularmente, en el Presidente de la República, quien asume y es asumido como único líder de un proyecto hegemónico excluyente, en el que se muestra un debilitamiento generalizado de los derechos civiles, políticos sociales, económicos, así como importantes limitaciones en la participación autónoma y plural de la ciudadanía, en la formación y contraloría de las políticas públicas. Basta contrastar todas las características atribuibles al tipo de democracia propuesta por la Constitución de 1999, con el vigente ejercicio del autoritarismo de Maduro.

Periodista, historiógrafo; autor de la columna “Toque de Diana”; ex corresponsal de la agencia de noticias internacional AFP; Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela y de la Academia Nacional de Ciencias y Artes Militares y Navales; Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

@_toquedediana
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