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opinión

Entre sarcasmos y absurdos

29 julio, 2018

Bajo un régimen autoritario el poder no admite discusión posible que remita a reparo alguno de decisiones tomadas. Sin embargo, no siempre el verticalismo ejercido como forma de gobierno logra sus aberrantes menesteres. Al menos, muchas, no terminan desarrollando toda la perversidad implícita en decisiones de radical intencionalidad. En esos casos, la suerte del autoritarismo puede verse entorpecida o dificultada por causa de la lógica sobre la cual proceden y preceden ciertos criterios de razón económica, social o política. Es decir, la rigurosidad de las correspondientes teorías, teorías éstas que han dado lugar al sentido lógico de importantes postulados elaborados desde la economía, la sociologías y la politología, son inexorables. Indistintamente del terreno ideológico en el cual ciertas arbitrariedades, pretenden desvirtuar las realidades.

El ejemplo que mejor caracteriza la explicación del párrafo anterior, lo constituye el caso Venezuela. Particularmente, toda vez que su régimen político intenta afianzar un gobierno pero basado en sarcasmos y absurdos. En ironías y paradojas cuyo final no habrá de conducir hacia un final que beneficie a nadie. Menos, contando con un modelo político que sigan tan desajustada racha de desafueros, Sólo así, podría alcanzar objetivos que aseguren serios niveles de desestabilización. Y por tanto, de gruesos conflictos. Más aún, con la represión u opresión que la impudicia, la desvergüenza o el apetito de poder, es capaz de decretar.

No sólo los errores o despropósitos gubernamentales, trazados alevosamente, han rebotado en el curso de una realidad que, a juzgar por la inercia social, económica y hasta política, se contrapone al sentido lógico de las teorías social, económica y política. Es así como de la crisis así inducidas, se genera un reacondicionamiento propio de la situación. Esto ha llevado a que las retorcidas medidas propuestas, no consigan de manera inmediata el camino allanado de atrocidades inspiradas por el cuestionado autoritarismo con nombre de “socialismo del siglo XXI”.

Esta es una forma de demostrar que los torcidos gubernamentales, llámense como mejor se les ha ocurrido a los estrategas e ideólogos de la “revolución bolivariana”, no alcanzarán el paroxismo o clímax que ilustra sus “patrióticos” planes. Estos no habrán de conseguir sus objetivos. Aunque pareciera lo contrario, a decir por la bulla mediática que saben levantar con propaganda que exalte ridículamente la equivocada gestión de gobierno.

Los preceptos de las teorías que estas ciencias han deducido sobre el análisis de problemas tan iguales o peores que los que el régimen venezolano intenta reproducir o remedar, y que han sido expuestos por la historia de las sociedades y de los pueblos del mundo, darán cuenta de su veracidad. O sea, de su rigurosidad científica. La razón, conjugada con la verdad, y ésta en consonancia con la justicia y la libertad, se impondrá. Muy a pesar de los infundados estimados de perseverar en el afán de enquistarse en el poder con el auxilio de la violencia. Los equilibrios trazarán el curso de las realidades. A pesar que los intereses gubernamentales, montados sobre un estilo autoritario para lograrlos, pueda soportarse y subsistir algún tiempo entre ironías y paradojas. O dicho atendiendo el curso de los hechos, entre sarcasmos y absurdos.



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