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opinión

Sergio Arancibia

El dinero y las partes que lo componen

15 junio, 2018

El dinero no es una categoría económica muy simple ni muy fácil de entender.

En algunos libros de texto se define el dinero como el o los activos que son de más alta liquidez en el seno de una economía determinada. Tener alta liquidez es más o menos lo mismo que decir que tiene un alto grado de aceptabilidad. En otras palabras, los activos que tienen alta liquidez son aceptados por todos los agentes económicos a cambio de los bienes y servicios que entregan, pues todos ellos están convencidos, a su vez, de que cualquier agente económico les aceptará esos activos a cambio de los bienes y servicios que ellos quieran adquirir. Cada uno acepta esos activos – dinero -porque están convencido de que todo el mundo se los aceptará a ellos. Ese pacto implícito en la aceptabilidad del dinero es lo que en última instancia mantiene al sistema monetario en funcionamiento.

Pero los activos de más alta liquidez no son solo los billetes y monedas en circulación. Hay bienes y servicios que no se pueden comprar ni vender en billetes, tales como un carro, o una casa, o un pasaje en avión. Para comprar activos de esa naturaleza es necesario un cheque de gerencia, una transferencia bancaria o una tarjeta de crédito o de débito. Es decir, hay que pagar con activos diferentes a las monedas y billetes. Esos otros activos son, en última instancia, asientos contables en la contabilidad de los bancos, que pueden traspasarse de un agente económico a otro, según un sistema de órdenes que son claras, fáciles y transparentes.

Entonces, se acepta en Venezuela, y prácticamente en todo el mundo, que la composición del dinero no son solo los billetes y monedas sino también los saldos en cuenta corriente del público en el sistema bancario. Hay otros activos que también se incluyen dentro de la definición de dinero, pero dejemos por ahora las cosas hasta aquí. En los sistemas bancarios modernos, aun en los países más subdesarrollados, hay un alto grado de convertibilidad entre esos dos componentes del dinero. Los depósitos bancarios se pueden convertir en efectivo, y el efectivo se puede convertir en depósito bancario, mediante una relación de 1 a 1: una unidad monetaria en efectivo se transforma en una unidad monetaria en depósito bancario, y viceversa.

Pero en nuestra original e insólita revolución, los depósitos en cuenta corriente no se pueden convertir en efectivo a voluntad del propietario de esos activos. Eso da lugar a que los depósitos, por un lado, y los billetes constantes y sonantes, por otro, se hallan convertido en la práctica en dos bienes diferentes, con roles y con valores diferentes. Un bolívar en cuenta corriente no vale lo mismo que un bolívar en billetes. Este último vale casi el doble que el primero.

En esas circunstancias, el aumentar la cantidad de puntos de venta no es la solución de nada. Si se aumentan los puntos de venta aumentará el uso de las transferencias bancarias y del uso de las tarjetas de crédito y de débito, lo cual es bueno. Pero si no se incrementan los billetes y monedas en la cantidad necesaria – en la cantidad que los agentes económicos consideren necesaria para llevar adelante sus transacciones habituales – la distancia entre ambos activos se seguirá ampliando, y el activo más escaso – los billetes, – se hará necesariamente más caro, aun cuando eso se condene y se reprima. Pero sucede hoy en día – y seguirá sucediendo – que los bienes escasos aumentan su precio con relación a los bienes más abundantes. Esa es una de las pocas leyes de universal aceptación que podemos encontrar en la ciencia económica.



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