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opinión

El régimen quiere poder

1 junio, 2018

Mantener el poder es el objetivo del régimen y, en consecuencia, para los sectores que lo integran. Para los ideólogos, es la plataforma vital desde la cual imponen su estrategia de ensayo y error, dentro de la creencia de que encontrarán el camino que lleva a sembrar al comunismo y su deriva, el Socialismo del Siglo XXI, como el ideal de vida social; para la “boliburguesía”, para mantener las ventajas que les otorga el apoyo de la estructura gubernamental en beneficio de sus intereses; para los usufructuarios de la jerarquía que disfrutan quienes en las localidades determinan los beneficiarios de los programas asistenciales; y así muchos sectores del mundo civil y militar, que saben que sus privilegios se mantienen gracias al poder, por lo tanto su pérdida representa un duro golpe para su situación de vida.

En esta realidad, cómo mantenerlo. Internamente los sectores sociales se distancian de él, entre ellos muchos de su base política, que el desespero de vivir en míseras condiciones, rompe la fidelidad para ubicarse entre sus opuestos, por lo que esa base de sustentación está fracturada. Externamente, en una realidad, donde la precariedad de la base material interna, hace de la comunidad internacional el fiel de la balanza para la gobernabilidad, así, son muchos los gobiernos que se distancian, especialmente los que tienen mayor base material y política. En medio de ese escenario, la fragilidad del poder es evidente.
Entonces ese poder busca hacer “músculo”, para ello inicia un esfuerzo en pro de ganar aceptación interna, así lanza el anzuelo de la constitución de una gran mesa de diálogo social, donde se generen líneas que al aceptarlas haga que reponga su base interna, y con ello ir al escenario internacional para vencer la resistencia que le asfixia.

El problema es qué negociar, por cuanto su base de poder, hoy estrecha, tiene exigencias innegociables, aquellas que sostienen sus intereses, precisamente esas condiciones que los sectores que pretende sumar exigen sean eliminadas. Entonces, es imposible estar a un mismo tiempo, bien con Dios y con el diablo.

En ese escenario toca escoger, quedarse con su base histórica de sustentación a sabiendas que ello anula los acuerdos con los sectores llamados, o lo que es lo mismo, quedarse como se está, rumbo al foso o; se distancia de su base histórica bajo la esperanza de que el país distante lo abrace, algo que luce difícil.

El problema del régimen es claro: ¿Cómo crear las condiciones para mantener el poder?



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