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opinión

Mario Valdez

Mateo Manaure: “He moldeado mi vida en función del arte”

13 junio, 2018

Mateo Manaure está sembrado en Venezuela, sus murales son icónicos, sus policromías y vitrales podemos verlos en la Universidad Central de Venezuela (en el hospital universitario, en la plaza cubierta del rectorado, en los pasillos, en las facultades). En la avenida Libertador de Caracas, se encuentra el gran mural vítreo Uracoa, (le puso el nombre para conmemorar el pueblo donde nació, es el más largo del mundo mide tres kilómetros de largo y cuatro metros de altura), embelleciendo esa gran avenida de este a oeste de la ciudad caraqueña. La policromía en los bloques del barrio 23 de enero de Caracas. Pasearse por la ciudad de Caracas, es sin duda ver el arte y la belleza de la obra de Mateo Manaure, sin duda uno de los artistas plásticos más importante del Caribe.

“He moldeado mi vida en función del arte”, escribió el maestro Manaure y explicó que en el contexto de esa frase, esta su obra “que responde a un compromiso que ha asumido con responsabilidad tenaz desde que tomó su pincel”. Seguidamente señalo: “que todo lo que había realizado fue con la angustia de desarrollar un conocimiento nuevo y adquirir el contacto con otra cultura que está al margen de una sociedad inmoral, enferma e indolente”.

Muchos amores y tres esposas

El poeta Manaure fue un hombre de muchos amores y tres esposas, la primera fue María Arilla (española) fue la madre de sus cuatro hijos: Mateo, José, Iván y María Isabel. En 1980, se casa con María Luisa Lizana (conocida como María Luisa Manaure) y viven 16 años como pareja. En mayo de 2016, se casa con Cora Álvarez, fue quien acompaño al gran maestro Manaure en los últimos días de su vida en la clínica Ávila de Caracas.

El año 2009, en honor al gran maestro es inaugurado el Museo “Mateo Manaure”, un edificio de cinco pisos, en su estado natal Maturín Estado Monagas, el gobernador era Luis Eduardo Martínez.

En el MOMA, Museo de Arte Moderno de Nueva York, actualmente se encuentran dos obras del muralista venezolano Mateo Manaure: Columnas policromadas, Proyecto para un mural (1954) y la otra es una pieza sin título del lapso 1968 – 1969.

Nació en el Orinoco y volvió al rio. Aprendió en el Sena

El 18 de octubre de 1926, en el pueblito de Uracoa al sur del estado Monagas, nació Mateo Manaure, un hombre que nunca olvidó su terruño, sintió una gran evocación por su pueblo, por su gente, cuando conocía a un monaguense gustaba hablar de los Waraos, de la Isla de Guara, El Chispero, las bocas de Uracoa, Manamito, de su gente y de los caños que van hacia el Delta del Orinoco.

A la edad de 12 años se inicia en la pintura, su inspiración fue el mágico rio Orinoco, que lo acompaño hasta el último de sus días. Entre los años 1941 y 1946, estudia en la Escuela de Artes Plásticas y Artes Aplicadas (actual Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas), era dirigida por Antonio Edmundo Monsanto. Estudió Artes Gráficas en el taller de Pedro Ángel González, de quien su alumno y asistente. En 1947, gana el premio Nacional de artes plásticas para Artistas jóvenes, que consistía en un viaje de estudio a Paris. Es así como sale por primera vez a la capital francesa con su compañero de estudios y amigo Pascual Navarro, quien le había disputado el premio. Regresa a Caracas al año siguiente y participa en la organización del Taller Libre de Arte. Regresa a Paris, estudia arte y crean el grupo “Los Disidentes”, junto a Pascual Navarro, Alejandro Otero, Perán Erminy, Rubén Núñez, Dora Hersen, otros destacados artistas. Según los críticos esta es la etapa que define el legado de Mateo Manaure, porque es en los 50, “donde se adhiere a la abstracción geométrica, creando dos obras magistrales que quedaron plasmadas, no solo en la ciudad de Caracas, sino en el imaginario colectivo”.

En 1951, regresa a Caracas y funda la Galería Cuatro Muros, junto a Carlos González Bogen, realizan la Primera Exposición de Arte Abstracto en Venezuela, con la participación de artistas nacionales y extranjeros. En Paris se compenetra con la abstracción lírica y explora las artes gráficas. El año 1952, comenzó su colaboración con el proyecto de Ciudad Universitaria de Carlos Raúl Villanueva (considerado el más importante arquitecto venezolano del siglo XX), además de aportar 26 de sus propias obras, surge como supervisor de las obras de arte.

A mediados de los años 80 y comienzo de los 90 del siglo pasado, Mateo Manaure y María Luisa Manaure, se van a vivir al pueblo de Uracoa, en la rivera del caño del mismo nombre, donde se unen caños y ríos que caen todos al caudaloso rio Orinoco. El artista construyó una churuata que era su habitación y a su vez era el taller de arte en plena selva, al que bautizó con el nombre de Bora Bora. Podrán imaginarse un ambiente de animales, monos, chiguires, pájaros, diversidad de plantas, disfrutaba el paseo en las curiaras entre los caños que van al rio padre. Recuerdo que la churuata tenía hasta una biblioteca, la conocí porque un día me encontraba en la finca de mi familia en el pueblo El Chispero, Maturín, en compañía del teniente Héctor Fleming Mendoza, y me invita a visitar a Mateo Manaure (a 40 kilómetros de distancia aproximadamente), fue grato ese encuentro, ya lo conocía desde el restaurant El Vecchio Molino en Sabana Grande, con Manuel Felipe Sierra, Miguel Gómez Núñez, Manuelito Peñalver, me preguntó por todos eran sus amigos, nos comentó que lo visitaban el gobernador Guillermo Call y también el doctor Cesar Suppini, otros escapan a mi memoria. Encontrar y ver ese hombre de mundo, ese talento, en esa selva con su taller de trabajo, hablando con los pájaros y los animales es realmente inolvidable. Ese día le dije Usted volvió al rio que lo vio nacer, pero como hombre de agua se fue a educarse al Sena. El hombre reía. Salud mi querido paisano donde quiera que te encuentres.

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@marioevaldez



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