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opinión

Froilán Barrios

Nicaragua señala el camino

13 junio, 2018

La declaración de un joven manifestante en Masaya, “Ortega, o te vas o te sacamos”, marca el epílogo del mandato de un dictador que se ha arropado bajo el manto de la revolución sandinista, para justificar todas las tropelías y violaciones cometidas a un pueblo que sufrió una de las dictaduras más feroces que haya sufrido Latinoamérica en su historia.

En efecto desde la década de los años 30 del siglo XX el somocismo sometió a Nicaragua bajo el puño de hierro de la familia Somoza, sostenida por la presidencia de EEUU de la época y los intereses de empresarios norteamericanos, impuso una república bananera que masacró toda protesta popular, hasta la década de los 70 cuando toma cuerpo la revolución sandinista que desaloja a Tachito Somoza en julio de 1979. Esta desató una oleada de solidaridad mundial cuando incluso asistieron brigadas internacionales en defensa de la revolución encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)

La herencia de la gesta de Sandino y luego de la revolución nicaragüense fue secuestrada por Daniel Ortega, quien tras haber perdido las elecciones con Violeta Chamorro en 1990 aprendió la lección, estableciendo desde su regreso al poder en 2006 un férreo control de los poderes públicos, a través de elecciones fraudulentas hasta la última realizada en 2018.

A casi 40 años de la revolución y de creer que todo estaba atado y bien atado, alumbró la chispa que incendió la pradera, al promover una reforma de la seguridad social que pechaba abusivamente a empresarios y trabajadores, lo que sirvió de escenario para desatar no solo la protesta contra la arbitraria medida presidencial, sino la ira popular contra la gestión de Daniel Ortega y su extravagante mujer Rosario Murillo hoy vicepresidenta.

Lo irónico del caso es que en Masaya y en el barrio Monimbó histórico bastión del sandinismo, ha sido el punto de partida de una insurrección general que exige como lo plantea el chamo Lester Alemán de 20 años, “aquí asistimos a la mesa de diálogo a discutir un solo punto en la agenda: Su renuncia presidente Ortega”. La respuesta del régimen ha sido brutal, con los cuerpos parapoliciales que aquí los llamamos colectivos, han asaltado universidades, pueblos y barriadas causando más de 140 muertos, casi todos jóvenes estudiantes, generando una rebelión que se extiende a toda Nicaragua.

Entre tanto la oposición venezolana no reacciona ante esta tragedia, similar a la que vivimos acá en 2017, es hora que la Asamblea Nacional manifieste su apoyo al pueblo nicaragüense, que los jóvenes en las universidades nacionales manifiesten su repudio a la masacre, los gremios empresariales, que los sindicatos se solidaricen con las luchas de los trabajadores y de ese país.

En fin, la lucha contra las dictaduras no se traduce en solo esperar el apoyo de la comunidad internacional, las resoluciones de la OEA, la Unión Europea y las sanciones a los funcionarios corruptos del madurismo, quienes se verían afectados si un eslabón de la cadena de cómplices se viene abajo como lo es la farsa de Daniel Ortega.

El pueblo nicaragüense está dando una lección al continente, de cómo ante las dictaduras primero se conquista la libertad ,y como consecuencia vendrá luego la democracia, nuestra solidaridad absoluta con las luchas del pueblo nicaragüense en su objetivo de derrotar la tiranía.

Movimiento Laborista



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