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opinión

Enrique Meléndez

La ansiedad del venezolano

12 junio, 2018

Los venezolanos, desde que se instaló Chávez en la presidencia, a cada momento decimos que este gobierno está por caerse; que es una cuestión de días. Recuerdo a Jorge Olavarría decir que, allá en los primeros años de la presidencia de éste, siendo entonces su más encarnecido amigo; que ese aprendiz de dictador sería muy breve.

Y así, entre malabarismos políticos, esta gente se ha mantenido, muerte del susodicho de por medio.

En efecto, se ha mantenido gracias a los errores de la oposición, y de ciega ambición de quienes han llegado a puestos de liderazgo en la dirigencia opositora; como aquél garrafal de Pedro Carmona Estanga de 11 de abril de 2002, y error que trajo como resultado que Chávez se atornillara más en el poder; porque a partir de este hecho, el susodicho pasa a gobernar entre la legalidad y la ilegalidad; puesto que partía de la idea de que a él le habían jugado sucio. Incluso, lo decía hasta de un modo infantil: ahora nos toca la batería a nosotros; dicho a lo criollo que se traduce en: pasar a batear, de acuerdo a los términos del béisbol, y del cual Chávez mostraba un fanatismo enfermizo.

Quizás, lo más grave es que a partir de ese momento le echa mano a Pdvsa, sin ningún criterio de lo que significa el desarrollo de dicha industria como tal, y más bien guiándose por criterios como el de un Tobías Nóbrega, quien decía que Pdvsa se manejaba como una caja negra.

En efecto, esta era el prejuicio que abrigaba Chávez de esta industria cuando llega al poder; criticando su expansión bajo el alegato de que había que restringir la producción para que los precios subieran.

Esto se volvió una letanía en su garganta; incitado, además, porque los precios del petróleo comienzan a repuntar durante los primeros años de su gobierno; situación que, además, se la atribuía. Y así, con un criterio muy deformado de la verdadera realidad de lo que significaba Pdvsa, Chávez le mete la mano, a raíz de una huelga petrolera que evocó aquélla de la década de 1930, que se suscitó por demandas laborales; mientras que la de ahora perseguía un destino muy ambicioso; como era propiciar por esa vía la salida de Hugo Chávez de la jefatura del Estado, y cuyo fracaso produjo ese resultado: que Chávez despidiera a 20 mil trabajadores que conformaban la élite de la tecnocracia petrolera venezolana formada en las mejores universidades del mundo, y se quedara con un nuevo personal, cuya impericia e incapacidad han traído como consecuencia tener ante nosotros una Pdvsa destruida, y a punto de colapsar como industria exportadora de petróleo.

Incluso, a pesar de que esos trabajadores que lanzó Chávez a la calle les escamotearan sus prestaciones sociales, así como el acumulado en la caja de ahorro, en un principio se vieran en la situación de quedar en este mundo con una mano por delante y otra por detrás; quizás, hoy en día lo agradecen; porque el que logró reinsertarse en el mercado de trabajo, a la larga comprobó que, una vez puesta la mano de Chávez sobre la industria, en lugar de trabajadores de una estatal, pasaban a ser borregos de un régimen, conducido como una tiranía.Eso significaba que los iban a obligar a ponerse una franela roja, y a gritar en las manifestaciones a favor de Chávez; gente que tenía credenciales académicas y profesionales, como ninguna otra en Venezuela.

Entonces, más de un improvisado, con ganas de escalar hizo cola en las puertas de la empresa para ingresar a la nueva nómina, que se abría con Chávez, y “entren que caben cien”, era la consigna entre la gente de Alí Rodríguez, presidente de Pdvsa; un tipo de trabajador que en nada se compara a aquél de la llamada Pdvsa de Luis Guisti; empezando por la apariencia; pues ya no se observa una tecnocracia que se vestía como los altos ejecutivos, sino que el trabajador que allí labora parece como uniformado; es decir, en lugar de una profesionalización de la industria lo que ha habido es la socialización de una burocracia de técnicos medios, y que se dedican a llevarles las cuentas a una Pdvsa, que desvirtuó la visión y misión de sus fundamentos, y entonces, en lugar de producir petróleo, y lucrarse de su renta, se dedicó hasta ser la distribuidora de alimentos de uno de los programas de gobierno.

Entonces uno piensa, y lo primero que se dice, ante situaciones como ésta es eso que decíamos al principio; que es verdad que la revolución bolivariana nos ha llevado a la total ruina.

Como resultado tenemos a la vista un pueblo hambriento que come de la basura; pero que la salida del régimen que nos ha llevado a este caos de anarquía total, está a la vuelta de la esquina, y así han venido pasando los años; mientras hay un país que poco a poco se ha venido destruyendo; sus hijos partiendo para el exterior, dada la situación insostenible, que vivimos; con una delincuencia desatada, y de la cual es cómplice el gobierno; dado que este ejército de bandoleros milita en sus banderas, y le han envenenado el cerebro con la ilusión de la riqueza fácil, a los fines de amedrentar a la población, que vive de las migajas, que les distribuye el gobierno, precisamente, a través de ese ejército de bandoleros; conocidos con el inofensivo nombre de colectivos; con un proceso hiperinflacionario, del cual se hace el pendejo el gobierno, dicho a la venezolana, pero que ha deteriorado el ingreso familiar; de manera que lo ha conducido a esa situación de hambruna, cuyo patetismo lo refleja esa situación de gente comiendo por las calles de la basura o alguien mendigando para comprar una medicina.

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