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opinión

Enrique Meléndez

Un bolívar de papel

26 junio, 2018

La verdad es que el nuevo cono monetario, antes de entrar en vigencia, ya quedó desbordado por la realidad; si se toma en cuenta que el billete de cien mil bolívares, que el Gobierno acuñó hace poco, ya no compra nada pues lo mínimo que vale un producto es un millón de bolívares, y mucho más ahora, luego del nuevo decreto de aumento salarial.

Obsérvese que ya hay sitios donde ni siquiera quieren admitir el billete de 500 bolívares, y no se diga del antiguo billete de cien, que fue sustituido, precisamente, por ese billete de cien mil, aun cuando el gobierno prolongó su vigencia hasta el próximo año; partiendo del hecho de que esos nuevos billetes que van desde éste de quinientos bolívares, pasando por el de mil, el de cinco mil, el de diez mil y ese de veinte mil, en el fondo, representan un cono monetario que el gobierno puso en circulación sin anuncios ni decretos.

Que fue lo que le advirtieron los economistas al gobierno: para finales de año tendrá de nuevo que quitarle tres ceros a la moneda; porque la hiperinflación que sufrimos ahora en una forma inclemente día a día desvaloriza por completo la moneda; al punto de que sucede esa situación con los tipos de billetes que circulan en nuestra economía, y que son tan menospreciados que, por ejemplo, ya uno encuentra billetes de cien bolívares o de cincuenta que algún sujeto conservó, digamos, por descuido en alguna cartera, tirados en las calles, y que nadie se preocupa por recoger.

Sucede lo mismo que se observó a la caída de lo que el Libertador llamaba la Primera República, y que lo señala en su famoso Manifiesto de Cartagena; cuando enumerando las causas de dicha caída habla de que se había impreso dinero sin respaldo alguno; de modo que eso había provocado grandes distorsiones en la economía.

Entonces, circulaba una moneda que se conocía como la macuquina; sólo que no existía por el momento ni un banco central ni una tesorería nacional. Por supuesto, he allí, asimismo, la principal causa de esta desvalorización que se observa en el caso del bolívar de ahora: impresión de dinero sin respaldo alguno; con el agravante, de que a medida que la inflación dispara los precios hacia arriba, mayor es el volumen de dinero, que se necesita para las compras; razón por la cual ya todo el mundo se desentiende del billete de cien o de quinientos bolívares.

Por suerte, a diferencia de hace 200 años ya existen otros medios de pago; que tienen que ver con lo electrónico; de modo que, además del efectivo, y que resulta el más valioso, dada la escasez del mismo tenemos la llamada transferencia bancaria y el punto de venta, y con el efectivo se puede adquirir un producto, incluso, por debajo de la mitad del precio con el que se cotiza para el momento en el mercado a nivel de los bachaqueros; conocidos antiguamente como los buhoneros; de forma que si medio cartón de huevos vale dos millones de bolívares en el abasto aquí se puede cotizar en unos ochocientos bolívares, y esto porque el efectivo, además de ser vendido, como una mercancía más también en este medio, te permite adquirir otros productos que andan por las nubes a nivel de precios, oficialmente; lo que te habla, en consecuencia, de una economía por completo distorsionada.

Obsérvese, que ya hasta los sindicatos del transporte le están proponiendo al gobierno que establezca una forma de pago electrónica en los buses o camionetas, y esto porque los bancos, que hasta hace poco le podían dar a sus ahorristas hasta cien mil bolívares; desde hace un mes a esta parte, sólo le pueden dar un máximo de cuarenta mil bolívares, que le alcanzará a algún usuario de alguna ruta extraurbana para el pasaje de ida, mas de no de vuelta; si se tiene presente que el pasaje más barato no baja de veinte mil bolívares.

Digo cuarenta mil bolívares; siendo muy indulgente; pues hay bancos que para el día de hoy apenas se permiten dar unos cinco mil bolívares a sus ahorristas; lo que nos indica que la crisis del efectivo se agrava cada día más, y en esto influye la circunstancia de la incapacidad del gobierno de ponerlo en circulación más allá del impacto de la inflación, y que no se olvide que, de acuerdo a las estimaciones de los economistas, se incrementa a razón de dos o más por ciento a diario; que es lo que explica que, según los reportes de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, para el mes de mayo el flagelo se ubicó en 110%; de modo que por esta vía vamos a cerrar el año de acuerdo a las proyecciones con una inflación de unos 200 mil por ciento.

Que es lo que lleva a mucha gente a preguntarse que en qué país vive Nicolás Maduro o quienes lo asesoran en materia económica; sobre todo, a raíz de estos decretos de aumentos salariales,que vienen a constituir más gasolina, para dicho incendio hiperinflacionario que abraza por completo nuestros ingresos, e incrementa los niveles de hambruna, como nunca se habían visto en el país, excepto durante nuestros procesos de independencia, para volver de nuevo a ellos.

He allí la razón por la cual en el medio de los bachaqueros se observan las ventas al detal de rubros como el café, como el azúcar: cien gramos de café, un millón quinientos mil bolívares; que hasta hace poco estaban en ochocientos mil bolívares, y que lo más probable es que la semana próxima se coticen a unos dos millones de bolívares; sobre todo, después de este último aumento salarial; cuyo impacto se sintió de inmediato en el dólar paralelo; el cual ya se ubica en más de tres millones de bolívares, y que para finales de año se pudiera ubicar en ocho millones de bolívares o, quizás, el doble, según las estimaciones de algunos economistas.

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