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opinión

José "Cheo" Salazar

Destellos de la Memoria (El sector VEA)

1 mayo, 2018

No perdamos nada del pasado. Sólo con el pasado se forma el porvenirAnatole France (1844-1924) Novelista y premio Nobel francés

Muchos jóvenes tienen curiosidad por saber por qué la intersección de la carretera que conduce a Soledad, con la carretera negra de La Flint, lleva el nombre de “VEA”.

Dos precisiones para ubicarnos. Una. La gente comúnmente habla de la carretera de Bolívar, cuando lo correcto es la carretera El Tigre – Soledad, construida en la época de la penúltima dictadura que encabezó el Gral. Marcos Evangelista Pérez Jiménez. Dos. La carretera negra que la cruza hacia El Tigrito debe su nombre al hecho de que la trasnacional petrolera Flint Construction Company estuvo instalada desde su llegada a la ciudad y por muchos años en el cruce de la avenida 5, con una carretera negra, que le pasaba por todo el frente y que, hacia el norte, empalma con la vía que conduce a Pariaguán y hacia el sur, llega hasta la antigua zona de tolerancia (esquina del extinto burdel El 73) y cruza para el este, rumbo a San José de Guanipa. Dicho esto, creo, estamos bien ubicados.

Ese cruce siempre fue peligroso, a pesar de que las dos vías eran trochas y el tráfico vehicular escaso. Una vez que la dictadura construye la carretera a Soledad, los conductores se sentían con el derecho de pasar a grandes velocidades, lo que trajo como consecuencia, el acrecentamiento del número de accidentes, ya que los trabajadores de las compañías petroleras, agricultores, ganaderos y algunos citadinos, utilizaban la carretera negra de La Flint con regularidad y por necesidad. Era la época bucólica de la ciudad.

En una oportunidad hubo un trágico accidente. Venía de Ciudad Bolívar hacía El Tigre un norteamericano en una limosina marca Chevrolet de dos puertas a exceso de velocidad y en ese momento iba pasando un trabajador petrolero en una pick up. La colisión fue tan fuerte que pereció el extranjero y su vehículo quedó como pocillo e’ loco. Golpeado y deteriorado. Esa chatarra fue tomada por las autoridades de tránsito del momento para exhibirlo como ejemplo y los demás conductores vieran y tomarán las previsiones del caso para evitar esos fatales accidentes. No había señales de tránsito. Vea y mátese por su vista, era la señal que enviaba el régimen de entonces.

El vehículo (La limosina de dos puertas) en cuestión fue colocado en un pedestal en la esquina sureste en donde hoy está construido un moderno mall, exactamente donde está un puesto de vigilancia, hoy abandonado. VEA le escribieron en letras bien grandes en las partes de los guardafangos que quedaron bien abollados. Ese monumento, indiscutiblemente, formaba parte de la memoria histórica de la ciudad, pero nunca faltan gobernantes circunstanciales que, por caprichos, borran las huellas históricas de la ciudad. Eso ocurrió en el año 1987.

La gente que pasaba se acostumbró a llamar el sitio VEA, precisamente, por la inscripción que había en el vehículo destrozado por el aparatoso y trágico accidente. Ese vehículo formaba parte del patrimonio histórico de la ciudad, pero con el argumento de que era una rémora de la dictadura, en el año 1987 fue retirado por orden del entonces Presidente del Concejo Municipal, ante la insistencia de uno de los últimos gobernadores nombrados a dedo por el presidente Jaime Lusinchi. Ambos pueden corroborar esa verdad, porqué están vivitos y coleando. Muy tarde los ínclitos de la cultura, se percataron del error y ahora es tarde para subsanar el crimen que se cometió contra un ícono histórico de nuestra joven ciudad. Las verdades, también, suelen ser históricas.

Una vez que la dictadura construyó la carretera tipo A o vía expresa El Tigre – Soledad, surgió la necesidad de que se construyera la carretera negra La Flint. El diario Antorcha, que siempre lideró las luchas reivindicativas de la comunidad, publicó un editorial dónde preguntaba quién va a reparar, ni siquiera hacerla nueva, la carretera hacia el Tigrito e insinuaba que fueran las compañías petroleras que eran sus mayores usuarios. Nunca la hicieron y, ahora, los gobiernos regionales construyeron una avenida por tramos, que según los conocedores de la materia no llena los requisitos de ingeniería vial. Transitar por ella es exponerse al peligro. Pero la necesidad obliga. Así son las cosas.

El editorial del diario Antorcha, reclamando la reparación de la carretera negra “La Flint”, fue considerado por la dictadura de Pérez Jiménez como subversivo, terrorista, golpista y desestabilizador. 22 días pasaron tras las rejas don Edmundo Barrios, Juan Meza Vergara editores del diario y Antonio López Castillo, quien era el distribuidor del periódico, por ese atrevimiento. Obvio, Antorcha durante buen tiempo circuló condicionada por una salvaje autocensura ante la amenaza de clausura, siempre bajo la conducción de don Edmundo Barrios y Efraín Subero que se veían obligados a mutilar noticias, para no molestar al régimen, que los tenía vigilados y amenazados de llevarlos de nuevo a la chirola. Precaución no es cobardía.

La dictadura de entonces obligaba a que circulara el periódico. Era la estrategia del régimen que pretendía guardar las apariencias y no aparecer ante la opinión pública nacional e internacional como gorilas cerrando medios de comunicación social. La neodictadura madurista los cierra con el mayor descaro. Antorcha que nació en la dictadura de Pérez Jiménez, cerró por falta de papel e insumos, que le restringió la dictadura del siglo 21. Mundo Oriental, que también fue fundado por don Edmundo Barrios, corre la misma suerte y ya sólo circula lunes y viernes.

En ese peligroso cruce perdió la vida uno de los fundadores del sector Pueblo Ajuro y del Partido Socialcristiano Copei, gran luchador social y hombre de bien, don Jesús Guerra Tayupo, cuando una madrugada intentó cruzar hacia El Tigrito y su pequeño vehículo fue embestido por una gandola que se desplazaba a gran velocidad rumbo a El Tigre. El jeep que conducía el popular “viejo” Guerra quedó clavado, exactamente, debajo del mencionado vehículo chocado que paradójicamente, tenía la inscripción, VEA, como señal de alerta ante el peligro que comporta atravesar ese cruce sin tomar las previsiones del caso.
Había y hay que estar mosca, pues. En ese cruce de VEA, a pesar del intermitente que habían colocado, el conductor desprevenido corría y corre el riesgo de perder la vida o al menos destrozar el vehículo y llevarse el susto de su vida. En guerra avisada…

En el año 1998 en el marco de la celebración de un aniversario más de la fundación de El Tigre, Pdvsa inauguró, como parte del programa Desarrollo Armónico de Oriente (DAO) la avenida Rotaria que incluyó también la construcción del distribuidor vial del sector VEA, que ahora cuenta con las respectivas islas, reductores de velocidad, buena señalización, iluminación y semáforos, lo que aunado al hecho de que el sector ya forma parte del perímetro urbano de la ciudad, aun cuando continúa siendo peligroso, no es menos cierto, que se han minimizado los accidentes de tránsito y muchas vidas útiles se han salvado.

Es una síntesis de la historia del sector VEA que hacemos para que las presentes y nuevas generaciones conozcan el origen del curioso nombre que lleva ese importante distribuidor vial de la ciudad de El Tigre y, para que se atesore en la memoria histórica de la ciudad por vía escrita del porqué del nombre del ahora moderno distribuidor VEA, aun cuando la prueba física, que nos legó la dictadura, no hay manera de recuperarla ya que fue totalmente destruida y echada al arrume de alguna chatarrera, que seguro la vendió a alguna recicladora que la transformó en otro bien material. That’s live (Así es la vida).

La élite ilustrada y los que están obligados por ley a ser guardianes del patrimonio histórico de la ciudad no deben permitir, sin alzar su voz de protesta, que se continúe perdiendo, destruyendo y tirando al olvido estructuras que forman parte de la memoria histórica de nuestra patria chica. Es ese pasado el que nos ha dado identidad propia, nos instaló en este presente y nos formará el porvenir, por lo que se debería, una vez que, nuestros eximios cronistas, historiadores e investigadores decidan escribir la verdadera y auténtica historia de ciudad, incluir está reseña, en el disco duro de nuestra memoria histórica ¡Vale!

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