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opinión

Pocetas

9 abril, 2018

Con estilo guasón el gobernante manifestó su aflicción por los venezolanos que limpian pocetas en el exterior. ¡Albricias! al fin encontró razón para afligirse. Hasta hoy nada lo había conmovido, ni los niños del JM de los Ríos, ni los trasplantados que agonizan, ni los escarbadores de la basura, ni los 70 muertos en la cárcel de Valencia, ni la pérdida de peso de los venezolanos, ni la malaria que azota el campo…

La miopía cerebral no le permitió lamentar la descapitalización humana que implica la diáspora. No lo trasnocha esa pérdida insustituible de conocimiento, que profundiza nuestro estado actual de atraso. Solo le alcanzó para recrearse en lo de las pocetas. Además era materia prima para deslizar la burlita, imitando el estilo de su predecesor.

Tampoco se percató de algo que la chispa criolla no demoró en apuntarle: que quienes con toda certeza sí limpian pocetas en el exterior, las de sus celdas, son los sobrinos presidenciales y lo harán durante una larga temporada sin recibir un dólar a cambio.

Esta infortunada intervención nos recuerda a un supremo limpiador de pocetas. El 18 de agosto de 2005, Hugo Chávez decretó y prometió limpiar ese gran retrete caraqueño que es el rio Guaire. Con su sobrada postura dominical alardeó: “¡Los invito a todos y a ti, Daniel Ortega –próximo Presidente de Nicaragua- a que nos bañemos en el Guaire el año que viene… celebraremos con un sancocho!” Se agenció un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo de 300 millones de dólares para darle calidad inodora al rio cloacal. Del uso y destino de esos biyuyos verdes poco o nada se conoce, porque los detritos siguen tan campantes. Reconozcamos, sin embargo, que hoy algunos bañistas honran la promesa del charlatán: los fantasmales ciudadanos que hurgan por su sobrevivencia sumergidos en las fétidas aguas de la poceta capitalina.



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