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opinión

Conservemos el bolívar pero dolaricemos a fondo

1 abril, 2018

Acabo de leer “El espejismo de la dolarización” del profesor Ricardo Hausmann (Prodavinci, marzo 26, 2018)

Hausmann escribe: “La tragedia que vive Venezuela ha creado la necesidad de romper tabúes para buscar soluciones… el déficit fiscal y la inflación son consecuencia y síntomas de la crisis, no su causa. La dolarización no ataca a la enfermedad, sino a la fiebre… Renegociación de la deuda, apoyo financiero internacional y apertura del sector petrolero son los temas que debiéramos estar discutiendo, sin los cuales la catástrofe humanitaria no podrá ser resuelta”.

Hausmann, como el excelente profesor que es, lo explica todo muy bien. No obstante siento fallo lo planteado.

Si de verdad se trata de romper los tabúes necesarios debemos comenzar por aceptar que El Problema Venezuela es, antes que nada, causado por la centralización en el Estado de nuestras resultas petroleras, lo cual da lugar al error de siempre: el buscar a que el gobierno nos lo solucione todo.

En tal sentido, para resolver El Problema Venezuela, mi aproximación a la verdad me indica que lo mejor es reducir el gobierno solucionador a su mínima expresión… desmontándolo en un 70%.

Y paralelamente, para colocar a Venezuela sobre la senda de ser una gran nación igualmente necesitamos de una reforma constitucional que establezca la propiedad directa de los venezolanos sobre las resultas petroleras y demás recursos naturales no renovables… eso para que sean los ciudadanos mismos quienes tengan la oportunidad de aprender a sembrar con esas semillas.

Y como resultado de tal reforma, las resultas le serían entregadas por igual a todos los venezolanos (residenciados en Venezuela), en dólares, y el Banco Central, a cuenta del gobierno, tendría que adquirir dichos dólares a cambio de los bolívares que el mercado considere aceptables.

Así se le dificultaría mucho a los redistribuidores de turno la odioso recurrencia en diluir el valor de lo que la providencia le legó a Venezuela.

¿Acaso los 3 millones de empleados públicos y los 3 millones de jubilados, a los cuales se refiere Hausmann en su artículo, tienen mayor derecho a sobrevivir la tragedia venezolana que los demás venezolanos? ¡No!

Así que mandemos por ejemplo unos 2 millones de empleados públicos a casa, lo que igual debe incluir muchos militares. Todos ellos, así como los jubilados, podrán seguir recibiendo sus actuales míseros salarios/pensiones a cuenta de su cuota parte de las resultas petroleras.

El millón de quienes se quedarían en servicio público pertenecerían ante nada a los sectores de salud, educación y seguridad ciudadana.

¿Qué más? Hausmann prescribe: “Renegociación de la deuda, apoyo financiero internacional y apertura del sector petrolero son los temas que debiéramos estar discutiendo, sin los cuales la catástrofe humanitaria no podrá ser resuelta”.

100% de acuerdo, pero permítame añadir: Acudir al Tribunal Internacional de Justicia para solicitar, por razones humanitarias, la declaración de un Estado de Atraso Judicial lo suficiente prolongado para medio poner la casa en orden, antes de proceder a la renegociación de la deuda externa de Venezuela.

Eso incluye instaurar una comisión que puede tener la participación de árbitros internacionales para determinar la legitimidad de las deudas, todo con el fin de evitar que algunas ilegítimas, u otras abiertamente odiosas, se coleen, como ha ocurrido anteriormente.

Para el servicio de la deuda pública en moneda extranjera, el gobierno, aparte de la posibilidad de la Conversión de Deudas en Inversión, sólo tendrá acceso a las divisas que pueda adquirir con los bolívares ingresados por impuestos.

Si el Estado contrata nueva deuda internacional, por ejemplo con el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, ésa deuda es para alimentar a los venezolanos, o para hacer las inversiones más necesarias… y no a quienes otorgaron créditos odiosos.

Igual nuestros millones de emigrantes tienen todo el derecho de saber que los dólares que con tanto sacrificio alimentan sus remesas familiares, no serán usados para cancelar los créditos otorgados a quienes los obligaron a emigrar. Es necesario además facilitar que tales remesas puedan ser hechas efectivo en Venezuela por los receptores, al menor costo posible.

Iniciar un proceso mediante el cual se le devuelve a todos los propietarios originales lo que les fue expropiado.

Iniciar la recuperación de lo robado… entregándolo igual por igual a quienes de verdad fueron robados, todos los venezolanos.

Al no existir recursos suficientes para reactivar las industrias de la CVG, debemos analizar la posibilidad de mediante Conversión de Deudas en Inversión; venderlas vía licitación adjudicándolos a quienes entreguen en pago la mayor cantidad de bonos de Venezuela.

Lo mismo, reservándose al Estado el sistema hidroeléctrico, habría que hacer con la mayor parte del sector eléctrico.
Lo mismo habría que hacer con el sector de comunicaciones, televisoras y otros entes similares que se encuentran en manos del Estado.

Seguramente habrá que re-privatizar la banca privada quebrada y por supuesto privatizar la banca estatal.

Habrá que sin dilatoria alguna aumentar la gasolina a su valor de mercado internacional… con el 70% de su precio siendo inmediatamente redistribuido a todos como resultas petroleras.

Debemos aceptar, muy agradecidos, toda ayuda humanitaria que pueda traerle un alivio a nuestra sufrida población.

Y por supuesto hay que restablecer la absoluta paz y seguridad en todas las calles y caminitos de Venezuela, por cuanto ese activo es indispensable para poder construir una nación con futuro.

En fin si logramos asegurarle a los venezolanos unos 1.200 millones de dólares mensuales para alimentos y medicinas básicas, más lo que resulte necesario para recuperar un buen servicio eléctrico y aguas; y logramos librarnos de la interferencia de los quítate-tu-pa-ponerme-yo, estoy seguro que los venezolanos conseguiremos, nosotros mismos, de la manera más rápida posible, las soluciones que más le convienen a nuestro maltratado país.

Amigos… quedé agotado de sólo pensar en la larga ruta que implica esta lista de tareas. Dije que esto sólo era mi aproximación a la verdad, así que: ¿Alguien tendrá unos buenos atajos que sugerir? Por favor, que ésos no sean el de simplemente depositar, de nuevo, ciegamente, las esperanzas en sabelotodos que dicen ser expertos baquianos.

¿Qué me sobra y qué me falta en la lista?

¿Qué posibilidades existen que lo anterior se pueda ejecutar? No tengo la menor idea. Ruego a Dios. El que después de tanto sufrir tengamos que subirnos a una de las playitas de siempre, y nuestros emigrantes por eso se queden en tierras lejanas olvidándose poco a poco de su Venezuela, me causa una inmensa tristeza… especialmente a sabiendas que también que yo y los míos podríamos estar entre ellos.

@PerKurowski

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