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opinión

Jesús Petit Da Costa

Debemos sustituir el sistema presidencial

20 abril, 2018

Sostengo lo siguiente:

1) Venezuela es un fracaso político que ha culminado en desastre total, consecuencia lógica de dos siglos de persistencia en errores fundamentales como el diseño constitucional;

2) El primero de estos errores fundamentales en el diseño constitucional radica en el sistema de gobierno, porque en los hechos ha sido la sustitución de la monarquía absoluta de la Colonia por la presidencia imperial, que caracteriza el “cesarismo”, modalidad monárquica de la etapa republicana;

3) En virtud del “cesarismo” el Jefe del Estado no encarna ni representa la unidad nacional, comportándose como un tirano que excluye y persigue a sus opositores;

4) Que, en consecuencia, en Venezuela el sistema presidencial es incompatible con la democracia, por tener un origen bastardo generado en la inversión de las funciones: desde el principio el Comandante Supremo de la Fuerza Armada era, por serlo, el Jefe del Estado y Jefe del Gobierno, y no al revés, creándose una deformación institucional, al extremo de transformarse el presidencial en un sistema cuartelero, como vimos en Chávez y vemos en Maduro, quien se comporta como un sargento sin uniforme.

Sostengo que fue uno de los mayores errores de la etapa democrática (1958-1999) no haber cambiado el sistema presidencial por su incompatibilidad con la democracia en Venezuela, probado que ha sido el propio de las tiranías. No conforme con este error los líderes políticos reforzaron y ampliaron el cesarismo cuando convirtieron al Presidente de la República en dueño del petróleo y de la industria petrolera, al conferirle la atribución de nombrar y remover libremente a la directiva de PDVSA y disponer así de la renta petrolera como si fuera suya propia. Es la mayor regresión histórica porque significó la reinstauración del patrimonialismo característico de la monarquía absoluta de la Colonia.

El patrimonialismo es la condición del ejercicio del poder que le hace suponer a su detentador la propiedad de los bienes, servicios y personas asignados a su cargo. Al convertir al Presidente de la República en dueño de PDVSA, puesto que lo es el que cambia libremente a sus directivos y dispone sobre su administración, restableció el patrimonialismo disfrazado de nacionalización, porque lo hizo dueño del país al serlo de su única fuente de poder económico.

Este error gravísimo fue la causa del naufragio de la República, porque atrajo a todos los bandoleros al asalto del poder viéndolo como un botín para su codicia insaciable. A una presidencia imperial, incompatible con la democracia por ser el sistema propio de las tiranías cuarteleras, le agregaron el “patrimonialismo” que ya subyacía en el cesarismo, haciéndola así incompatible con la honestidad. Una presidencia diseñada para una banda de ladrones con su jefe a la cabeza, constituye una tentación irresistible para pasar por encima de la ley.

Hay que acabar con el sistema presidencial, cambiando radicalmente el diseño constitucional, si queremos tener una democracia honesta.



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