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opinión

Gabriel Amador

Los frutos de la dictadura en Venezuela

17 abril, 2018

En principio, definamos lo que es un Estado de Derecho; es una forma de organización, mediante el cual se rige un Estado, es decir, por un conjunto de leyes escritas e instituciones, ordenadas sistemáticamente a través de la constitución, todos ellos forman el ordenamiento jurídico interno, que junto a los tratados internacionales debidamente suscritas, hacen el marco con lo cual, los ciudadanos, extranjeros y funcionarios públicos, deban someter sus actuaciones, así como también, todas las decisiones de los órganos e instituciones de gobierno.

Todos sujetos a procedimientos debidamente regulados por la ley y por los derechos fundamentales.

El poder del Estado queda sujeto al ordenamiento jurídico interno y externo vigente “Tratados internacionales”, que al ser aplicado junto a los valores democráticos (libertad, igualdad, justicia y fraternidad), perfectamente decimos que conforme a sus acciones y de la forma que aplica estos principios, hay un respeto al ser humano (Declaración Universal de los Derechos Humanos) y al orden público.

Ahora bien, que las organizaciones no gubernamentales, el pueblo de Venezuela y la comunidad Internacional exijan la salida inmediata del Dictador, elecciones con garantías y la aplicación de la Carta Democrática, todos solicitados y promovidos, bajo los procedimientos legales establecidos en los tratados internacionales, todo ello demuestra que efectivamente en Venezuela, no tenemos en la actualidad un Estado de Derecho. Y ¿Cómo llegamos aquí?

Vimos con cotidianidad como funcionarios públicos, organismos e instituciones, actúan a su voluntad y como un Sistema de Justica se aplica políticamente el derecho, olvidando la supremacía y efectividad de los principios constitucionales y los tratados internacionales suscritos al efecto. Y ¿Cómo lo hicieron?

Pues, en 20 años, el socialismo del siglo XXI, promovió anti-valores sin discriminación de edad o sector de la Sociedad Venezolana. Se le permitió todo. Profesionales, obreros, estudiantes de todas las edades, maestros, políticos, banqueros, funcionarios públicos, militares, pastores, párrocos de iglesias, todos hemos sido afectados en mayor o menos medida por la promoción de sus anti-valores; ambición desmedida, individualismo, falta de amor al prójimo, deseo de querer hacerse rico rápidamente y a cualquier precio.

Este descalabro moral y colectivo de la sociedad venezolana ha llevado al país a un verdadero abismo. En donde, pasamos de la mente de muchas que se formaron en la llamada IV República, donde existía la expresión “Ponme donde hay”, a escucha ahora, con mayor incidencia en las nuevas generaciones, las expresiones: “mientras mi familia y yo estemos bien, los demás no me importa”; “bueno y por qué no se busca un cargo público, para que se resuelva” o “ aquí todo el mundo lo hace y no pasa nada”, de esos pensamientos y expresiones pasamos, a considerar que las acciones referidas a la falta de alimentos (hambruna), la dispersión del pueblo de Venezuela por el mundo (diáspora), la escases de medicamentos, la deficiencia de servicios públicos, la existencia de presos políticos y la violencia generalizada, todo es normal. Pues eso, ¡No, no es normal!

Los que fueron afectos a el Socialismo del Siglo XXI, como los que siguieron a los partidos políticos de oposición, ambos grupos, formaron sutilmente en las mentes de sus seguidores, la certeza de que actuaban correctamente – porque eso los llevaría o los hará permanecer en el poder -, sin darse cuenta, forman parte de una suerte de <<organización delincuencial>>, dedicada a acabar con la supremacía y efectividad de los principios constitucionales, ocasionando entre muchas otras cosas, la ausencia de un Estado de Derecho. Y ¿Qué podemos hacer?

Afortunadamente, para nosotros existe Jesucristo que nos guía a toda verdad y nos muestra a la luz de su palabra, que esto puede ser revertido.

Aun entre nosotros hay lideres – por sus frutos los conoceréis -, en los hogares, en las escuelas, en cada oficina de cada organismo público y en las empresas privadas – las que quedan -.

Lideres verdaderos, esos que no andan con truhanerías, ni con vilezas, ni egoísmos, esos que saben que está bien o mal y levantan su voz, actuando con mucha calidad humana, promueven el trabajo, los estudios, el amor, la solidaridad y el respeto a la Constitución y a la Leyes.

Por último, les dejo un pasaje bíblico, que debemos considerar, se encuentra en el libro de Mateo, capitulo 7, versículo del 17 al 20, el cual nos dice: “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.”



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