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opinión

¿Es que se hacen o en verdad son?

1 abril, 2018

Siempre se ha dicho que mientras más soberbio se comporte quien presuma de conducirse detrás, delante o ante el poder político, sólo está desnudando su debilidad. O poniendo al descubierto sus miedos. Esta consideración que pudiera parecer un sabio aforismo, es el mal que habrá de reducir la prepotencia de gobernantes embadurnados de odio por la obcecación que afecta su precaria capacidad para actuar desde la ecuanimidad y honestidad que, como condiciones, exige todo compromiso público.

Es el problema que encarna quien se arroga facultades para determinar el destino de una nación. Es el problema que marca el comportamiento de gobernantes con ínfulas militaristas. Es el caso que describe a Venezuela dentro del neo fascismo, que conjugado a un neo populismo, se ha puesto en práctica desde que sus gobernantes se han creído seres superiores. Seres extrañamente provenidos del ideario de quien, como comandante supremo e infinito, suponen por encima de héroes libertarios cuyas vidas ofrendaron por causa de la independencia y emancipación de importantes naciones suramericanas. Sacrificio enarbolado bajo las órdenes de forjadores de patria, como Bolívar, Miranda, San Martín, Santander, O´higgins, Sucre, Urdaneta. Y tanto otros civiles armados del mismo valor y talento político.

Tan degenerativo prejuicio, ha motivado en estos gobernantes el ridículo prurito para incorporar, en sus apetencias políticas, las razones suficientes para actuar a desdén de las leyes, acuerdos, y todo aquello que legitima decisiones y procederes civilistas, altruistas y sociables. Estos personajes de marras, hicieron del poder político el vínculo expedito para instituir, solapadamente, mecanismos de corrupción, venganza, represión y de insolente arbitrariedad.

Sin embargo, el problema no se ha detenido en tan degradado nivel. El caos se desbordó cuando estos gobernantes, creyéndose por encima del otro, con la impunidad y desvergüenza suficiente para desgarrar el alma de venezolanos y latinoamericanos, han inventado todo tipo de tramoya para maquinar pretextos y excusas propias para fraguar vías y redes mediante las cuales buscan enquistarse en el poder. Todo así, al margen de los reclamos, exigencias, solicitudes y protestas nacionales e internacionales que claman su salida para entonces comenzar a recomponer el estado de calamidad y desastre que han instalado en el país.

Aunque lo peor de todo ese colapso, no queda ahí. Se radicó en las mafias y complicidades que tal desorden o revuelo de decisiones encontradas, arraigaron al interior de la sociedad civil. Esto determinó que el régimen tiránico dominante hiciera de las suyas pretendiendo convencer a ilusos, furibundo y personas ganadas por el facilismo y el cinismo, a través de dádivas extraídas del erario retirado a exprofeso de la autonomía violada del Banco Central de Venezuela. Justamente, para actuar a conveniencia de un plan intencionalmente estructurado a instancia de un terrorismo político implantado por predicadores del odio y pandilleros de la política internacional.

La indecencia e intransigencia de estos gobernantes, empañaron a Venezuela en su necesario deseo de desarrollarse cual nación con capacidades y potencialidades probadas. De manera que ya no debe hablarse de crisis de Estado, por cuanto lo que impera con el concurso de la manida “revolución socialista”, no es otra cosa que la tramada y alevosa intención de arrasar todo cuanto haya sido marcado por la ya moribunda democracia. Todo dirigido a seguir incitando, encubiertamente, la diáspora en tenebrosa complicidad con acciones de un disimulado genocidio. ¿O acaso estos gobernantes se plegaron a conformismos que ciegan para luego mostrarse alucinados? ¿Es que se hacen o en verdad son?



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