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opinión

Alexander Cambero

El espejo de Lula…

16 abril, 2018

En una cárcel de Curitiba está preso el ideólogo del Foro de Sao Paulo. El escenario en donde el idealismo edulcorado del comunismo, planificó su llegada al poder en el continente, utilizando el señuelo de la justicia social. Avanzaron con su veneno hasta sembrarlo en nuestros pueblos ingenuos. El fraude cautivante hizo metástasis en densos sectores de la población plagados de desigualdad y rechazo. No fue nada complicado para los agentes del totalitarismo continental, llegar hasta el poder en sus respectivas naciones. El habilidoso Lula fungía como el eje principal de todo un propósito. Este antiguo dirigente sindical; nacido en Caetés un poblado de ventaseis mil habitantes en el interior de Pernambuco, había logrado granjearse la simpatía de la díscola izquierda latinoamericana. El proyecto alcanzó el objetivo cuando este logró ganar la presidencia de Brasil en el 2003.

Como gobernante tuvo indiscutiblemente formidables aciertos que hicieron de Brasil una potencia mundial. Sin embargo la voracidad de la corrupción logró que toda su buena gestión social, sucumbiera ante el tsunami del robo. Casi todos sus ministros han sido juzgados por simples delincuentes. Al final su inicial buen empuje significó poco ante la inmensidad del saqueo que protagonizaron. Detrás de grandes logros para los depauperados: se ocultaba una brutal arremetida en contra de las arcas del estado, se hicieron de un gran capital para apuntalar su proyecto hegemónico continental. Para ello contaba con un obsesivo Hugo Chávez del cual se burlaban todo el tiempo, pero al que utilizaba en su idea de crear una referencia mundial. En Argentina Néstor Khinner simbolizaba un líder pensante, sometido por las ínfulas de la insufrible Cristina. Siendo Lula el padre de la obra y presidente del imperio amazónico aquellos simbolizaban meras piezas en su ajedrez. Desde su fortín escuchaba las locuras de Chávez y recordaba a Remedios Duarte la locuaz chiflada del barrio donde nació. El resultado final de su gestión es de una verdadera catástrofe. Lula da Silva, el otrora más importante líder latinoamericano. Presidente de la nación con mayor extensión geográfica 8,5 millones de km², algo así como el 47% de la superficie sudamericana, siendo la sexta economía del planeta, con estándares de desarrollo impresionantes, terminó feneciendo ante un terremoto de corrupción.

Nicolás Maduro debe andar pensando en Lula. En la mesa de noche está el mismo espejo en donde se mira la corrupción. Un espejo que es como un péndulo en donde se mueve su destino. La suerte de su futuro parece estar echada, no es mero cuento de espíritus y aparecidos. La realidad es que su desprestigio creciente le augura una marcha pronta del poder. El presidente venezolano no cuenta con el gran respaldo popular de Lula, ni mucho menos con su talento. Es simplemente el capricho final de un moribundo que dejó en el cargo a quien consideraba el más fiel de la jauría. Las acciones jurídicas en contra de Maduro vienen en cascadas. Casi todos los gobiernos del mundo lo acusan de encarnar una dictadura que asesina libertades y mata de hambre a los venezolanos. El rechazo general a su gestión corrompida es inmenso. Seguramente el insomnio presidencial se asemeja a los seis metros de celda que reguardan a Lula. Es mirarse en el mismo espejo en donde todo aquel que estafa a su nación se mira con horror. El fin está cerca…

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