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opinión

Mario Villegas

Abstenerse es votar por Maduro

2 marzo, 2018

En mala hora, la dirigencia de la oposición sucumbió en 2005 al embrujo abstencionista de la antipolítica. La dirigencia dejó de dirigir. El liderazgo dejó de liderar. Los partidos dejaron de postular. El electorado opositor dejó de votar. Y mire usted los resultados: el oficialismo se cogió para sí toda la Asamblea Nacional y el resto de los poderes públicos. La mega tragedia que hoy padecemos los venezolanos es hija legítima de aquel antihistórico resbalón abstencionista.

Ciertamente, la oposición siempre ha competido en total desventaja. Es obsceno el ventajismo del régimen, más que descarada la parcialización del Consejo Nacional Electoral, masivo y delictivo el uso de los dineros y demás recursos públicos, escandaloso y aterrador el chantaje y la extorsión al electorado más vulnerable, asqueroso y apabullante el manejo sesgado de los medios de comunicación públicos y las forzadas cadenas de radio y TV en favor de las propuestas electorales oficialistas.

Eso es verdad. Pero pregunto: ¿Es que acaso desde que Hugo Chávez llegó al poder hemos tenido en Venezuela alguna elección limpia y justa, verdaderamente competitiva, igualdad de condiciones para todos los partidos y candidatos, un árbitro electoral imparcial, equidad en los medios de comunicación, frenos al chantaje oficialista y a los paramilitares y motorizados rojo-rojitos que aterrorizan a los electores y a los testigos, una observación internacional profesional, seria y absolutamente confiable?

¡Nunca jamás! Y aun así la oposición ha ganado dos elecciones nacionales (el referendo popular en 2007 de la abortada reforma constitucional de Chávez y la votación en 2015 para integrar la actual Asamblea Nacional) y varias regionales en estados y municipios claves de la república. Cuando ha habido voluntad unitaria de participar por parte de las fuerzas políticas y una votación masiva que se exprese en las urnas electorales, pese a las más difíciles desventajas la alternativa democrática ha competido, cuidado los votos y ganado. Esa es la absoluta verdad.

¿Qué pasó en las más recientes elecciones de gobernadores? Las encuestas de opinión presagiaban una abrumadora victoria de las fuerzas democráticas. Tanto, que se vaticinaban cerca de veinte de las veintitrés gobernaciones en manos de la oposición. Pero cuando se contaron los votos no fueron sino seis, una de las cuales, la del estado Bolívar, fue arrebatada a la oposición por un fraude que se pudo dejar en evidencia justamente porque la oposición participó en el proceso. La victoria del Zulia finalmente se desvaneció por razones de discutible validez.

¿Y por qué no se alcanzaron las veinte gobernaciones? Porque millones de venezolanos que se identifican como opositores y que hubiesen votado por las candidaturas no oficialistas como lo hicieron efectivamente en las parlamentarias de 2015, prefirieron quedarse en sus casas antes que aportar su concurso a la gran victoria democrática que vislumbraban las encuestas.

A propósito de las desventajosas condiciones en que han sido convocadas las elecciones presidenciales, de nuevo se escuchan llamados abstencionistas que pretenden dizque “deslegitimar” a un régimen al que nada ni nadie puede legitimar aun proponiéndoselo. Nada ni nadie puede “lavarle el rostro” a un régimen de rostro, cuerpo y mente sucios a más no poder.

Tenemos todo el derecho y el deber de exigir condiciones electorales equitativas, tal como lo estipula la constitución. Pero pregunto: ¿Si decimos que este es un gobierno dictatorial, violador contumaz de la constitución, podemos esperar que se comporte como una democracia? Entendamos que mientras esta gente esté en el poder tendremos que seguir lidiando con condiciones sistemáticamente desfavorables.

El primer interesado en que se imponga la abstención es el propio gobierno. Si los ciudadanos que aspiran el cambio democrático se ausentan de las mesas electorales, Maduro tendrá garantizados sin obstáculos seis años más en Miraflores.

Si la Concertación Democrática de Chile hubiese estado dirigida por el abstencionismo que el G-4 de la MUD postula hoy para Venezuela, y en vez de convocar al pueblo chileno a votar lo hubiese invitado a abstenerse en el plebiscito organizado por la dictadura, con seguridad otra sería la historia y el tirano Augusto Pinochet se hubiera muerto de viejo en el Palacio de La Moneda.

¿Qué motivaciones habrá detrás del interés en que los venezolanos nos abstengamos de votar y, cruzaditos de brazos, le regalemos a Maduro seis años más en Miraflores?

@mario_villegas
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