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opinión

Jorge Antonio Galindo

No hay dictadura sin súbditos

23 marzo, 2018

Para desobedecer la autoridad de un régimen criminal como el que mantiene secuestrada a Venezuela, no es necesaria la dirección del liderazgo político partidista, menos como el que tenemos desde el bando opositor, a quien personalmente considero incapaz de materializar un verdadero movimiento compacto que conquiste la libertad definitiva y la restitución de la República. Ejemplos del poder ciudadano hay de sobra en la historia mundial, pero basta con recordar dos para sostener esta máxima que hoy debería inspirar a todos los venezolanos, se trata de Polonia y Ucrania, ambos testimonios contundentes de que el comunismo y el totalitarismo pueden ser derrotados siempre que haya conciencia social, organización y sobre todo convicción.

Nos hemos acostumbrado a responsabilizar a los autodenominados dirigentes políticos de los fracasos y equivocaciones en la lucha por derrocar a la tiranía chavista, desde luego que la tienen, pero el peso de la culpa va más allá de lo que estamos dispuestos a asumir, pues como sociedad nos ha costado mucho entender que lo que vive el país no es una coyuntura política más, sino la agonía de millones de seres humanos sometidos por quienes han demostrado una y otra vez que están dispuestos a matarnos por conservar el poder y que definitivamente no podemos confrontar con estrategias convencionales ni medianamente racionales.

Durante el año 2017, la consigna proclamada desde todos los rincones del país era la desobediencia civil, en ese sentido, el 16 de julio acudimos a un plebiscito donde establecimos ese mandato y repudiamos a los cabecillas de partidos por no acatar, cumplir o defender la exigencia de desconocer a Nicolás Maduro y a sus secuaces como autoridades legítimas de Venezuela, pero no nos dimos cuenta que como ciudadanos comunes tampoco hicimos valer lo que exigíamos, por el contrario, desde nuestros propios bastiones terminamos obedeciendo al poder ilegítimo imperante, nos convertimos entonces en súbditos de la dictadura.

Por una parte están los empresarios y comerciantes. En el momento en que se intentó organizar una huelga general, la mayoría de ellos no se sumaron por temor a ser perseguidos y hostigados por los funcionarios ejecutores del régimen. Creyendo que se salvarían de ser afectados, no acompañaron la protesta, pero al final, igual sufren los atropellos al tener que producir y vender a pérdidas, entregar parte de sus mercancías a los bandoleros envestidos de autoridad y en varios casos ni pudieron reabrir sus negocios en lo que va del año por no poder reponer sus mercancías o costear los gastos operativos. Por otro lado los trabajadores, aquellos que sufren principalmente los embates de las erráticas y destructivas medidas económicas que son emanadas del poder ejecutivo con la aprobación de una ilegal asamblea constituyente, pero terminan enfrentando a sus empleadores exigiendo la cancelación de cuanto aumento salarial decretan los usurpadores aún a sabiendas que se contribuye con la desencadenada inflación que en cuestión de horas se devora el bolsillo de los venezolanos, se ataca entonces al que también esta siendo víctima del desastre y no al culpable. Otro aspecto se relaciona con el sistema educativo, pues desde el pasado mes de octubre se ordenó con rango y fuerza de ley desde ese mismo bodrio de sanguijuelas llamado ANC, la aplicación de un nuevo diseño curricular que atenta contra la libertad del pensamiento y afecta la calidad de la enseñanza en el país, la gran mayoría de los profesionales de la pedagogía se indignaron, pero las instituciones educativas lo acataron por temor a ser sancionados por el ministerio de educación, por cierto, los padres tampoco protestaron. Y así cada quien podría agregar su propio ejemplo reflexivo, pues es mucha la tela que se podría cortar aquí pero poco el espacio para precisarlo.

Entonces, ¿cómo podría aplicarse el tan mentado artículo 350 de la enterrada Constitución Nacional que ordena la desobediencia civil ante el abuso de poder, si en nuestros espacios donde podríamos hacerlo terminamos obedeciendo a los usurpadores?, pues he allí la respuesta, son justamente en todos ellos donde la sociedad de mayoritaria formación republicana y libertaria puede ejercer el poder ciudadano, organizándose para oponerse en sus casas, en sus trabajos, en sus comercios, en sus calles, en cuanto aspecto de la vida cotidiana pretenda imponer su abuso totalitario el régimen, sin mirar a un lado cuando se observe que al vecino se lo llevan detenido injustamente, plantándose en todas las puertas de los abastos cada vez que los esbirros pretendan intervenirlos en vez de aprovecharse para hacer la cola y comprar a precio irreal algún producto, enfrentando a ese supervisor de zona educativa al decirle que no aceptamos su balurdo proselitismo político, es decir, desde esas pequeñas cosas que se puede y se debe aplicar la verdadera desobediencia, son esos los pequeños espacios en que se puede enfrentar a la dictadura, haciéndolo hasta construir de abajo a arriba una verdadera fuerza de resistencia que termine de enterrar a un gobierno que solo es sostenido por una endeble estructura militar que les aseguro no tendrá la capacidad de contener cuando todos los venezolanos sobrepasen a los desgastados partidos políticos y les digan en voz y acción BASTA YA….

¡Ay del día en que el león despierte y se de cuenta que las hienas lo gobiernan!

Profesor en Ciencias Sociales
Twitter: @jaggalindo
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