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opinión

Carlos

8 marzo, 2018

El 3 de marzo de l979 en la capital del estado Sucre se celebraba el consejo consultivo del Colegio de Entrenadores Deportivos de Venezuela: Para ese entonces, Carlos Sánchez, como presidente del gremio en su discurso de cierre, dijo: “esta reunión ha sido un buen consejo”, por cuanto en ella se trató materia de singular importancia para el futuro desempeño del gremio y para el desarrollo del deporte en nuestro país. Pero el 5 de marzo, en su regreso a Caracas, este ejemplar y querido amigo encontró la muerte en la carretera mirandina a la altura de Cúpira.

Aquellas palabras las había escrito en un artículo para la prensa que posteriormente fue publicado (post mortem) por el diario deportivo Meridiano.

Carlos, acompañado por Giorgio Alberti, Rosauro Rodríguez, Alfredo y Oswaldo Torrealba, “El Pollo”, Nelson Rodríguez, Reinaldo Carvallo, Elvia Ortega, Aníbal “Parapara” Carvallo, Edison Pérez y Jesús Elorz,a entre otros, se dedica a partir de los años setenta a la reconstrucción del Colegio de Entrenadores para transformarlo en una estructura de carácter nacional que sirviera para el desarrollo de las luchas sociales y la dignificación del trabajo del Entrenador Deportivo. Incansable en la búsqueda de sus objetivos, con el tiempo, logró consolidar esta aspiración.

Tuvo su primera prueba de fuerza, cuando en el año 1973, convocó a una paralización de actividades a nivel nacional por la negligencia del IND en superar las condiciones de esclavitud que regían las relaciones laborales de los entrenadores (hasta como peinarse le establecían). Estos contratos individuales y leoninos dieron paso a la lucha de los entrenadores que con el llamado a huelga lograron la aprobación de la Resolución 86 en el directorio del IND donde quedaron establecidas las nuevas condiciones laborales, siendo la mas importante el derecho a discutir nuevas condiciones cada dos años.

En 1975 se dio la mas grande manifestación que el deporte venezolano haya conocido “La huelga de los entrenadores”, atletas, dirigentes, periodistas, padres y representantes, gremios de educadores, centrales sindicales y obreras, grupos vecinales y sectores universitarios acompañaron solidariamente el llamado a huelga ante la negativa del IND de discutir las condiciones de trabajo de los entrenadores. Ocho días en huelga de hambre doblegaron la intransigencia patronal y después de fuertes discusiones se logró la aprobación del primer contrato colectivo denominado “Bases Normativas que regulan las relaciones laborales entre el IND y los entrenadores deportivos de Venezuela”.

En su quehacer permanente por mejorar el desempeño del deporte nacional, Carlos propone y pone en ejecución el programa de Alta Competencia en donde sobresalen las selecciones permanentes y la atención integral al deportista. Además, conjuntamente con el Pedagógico de Maracay desarrolla las primeras jornadas científicas – académicas para evaluar el deporte y proponer alternativas de solución a los problemas planteados. Este evento contó con la participación de destacadas figuras del deporte alemán. Igualmente dedico parte de su esfuerzo a la consolidación del programa de desarrollo deportivo visitando comunidades y barrios de Venezuela para impulsar la organización deportiva de equipos, clubes y ligas.

Sin detenerse en sus luchas sociales en pro de “Un Deporte Mejor para una Sociedad Mejor” plantea la necesidad de romper el aislamiento que tenia el entrenador con respecto a la dirigencia deportiva y reclama la igualdad de derechos para que éste pudiera ser dirigente deportivo. A este planteamiento, los organismos jurisdiccionales del país le dan la razón y es a partir de ese momento que comienzan a surgir entrenadores en la dirigencia deportiva del sector federado hasta llegar en los años ochenta y a través de la lucha dirigencial, a ocupar cargos en el comité ejecutivo del de Comité Olímpico Venezolano.

Una de las frustraciones que no pudo superar, no por él sino por la miopía de las autoridades deportivas, fue la reapertura de la Escuela Nacional de Entrenadores cerrada arbitrariamente en 1975 como pase de factura por la huelga de ese año. Llevó a todas las instancias los estudios que demostraban el peligro de no formar entrenadores y la propuesta de darle rango universitario a la formación No pudo lograrlo, pero el planteamiento sigue teniendo vigencia ante el fracaso de los programas de monitores deportivos, bachillerato deportivo y la universidad del deporte.

“Un Buen Consejo” resumía las experiencias desarrolladas por Carlos hasta su encuentro con la muerte, pero quizás, lo más importante fue su visión de futuro cuando alertaba sobre la necesidad de la unión de los entrenadores para la defensa de sus derechos y por lograr un deporte mejor.

“El Entrenador Deportivo debe ocupar permanentemente su puesto de lucha por Un Deporte Mejor y no doblegarse ante ningún burócrata civil o militar que pretenda usarlo con fines politiqueros o de enriquecimiento ilícito. Solo la Unidad Gremial nos hará fuerte en la búsqueda y defensa de nuestros Derechos Sociales”

También, vislumbró el proceso de descentralización, cuando sostenía, que el mejoramiento del deporte pasaba ineluctablemente por mejorar las condiciones de las regiones y permitir desde el nivel nacional la autonomía en el manejo de los planes y programas para los estados, municipios y comunidades.

Quedó así, un camino abierto que no se vio truncado por la muerte.

A treinta y nueve años de su muerte, la lucha continúa.



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