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opinión

Ismael Pérez Vigil

El “frente” es ahora el frente

17 marzo, 2018

El “frente” es el nuevo campo de batalla a lo interno de la oposición. Hoy se dedica más tiempo a analizar y discutir posiciones de personas u organizaciones con las que se supone que coincidimos que en oponernos a la dictadura, criticarla u ofrecer alternativas para enfrentarla.

La dictadura posiblemente se deshace por dentro, pero presenta una sola cara; y si hay “otra cara”, la meten presa. Pero la oposición se desgrana en varias opciones. Dos fácilmente reconocibles; un sector que ha decidido participar en este proceso electoral con un candidato, Henri Falcón; y otro, aparentemente mayoritario, que rechaza en este momento la opción electoral anunciada para el 20 de mayo. No me referiré al primero que significa una grave fisura en la unidad, me concentraré en el sector que ha decidido abstenerse o no participar.

Desde luego en este segundo grupo hay matices y diferencias, en ocasiones muy profundas, por razones ya conocidas y que no repetiremos en este momento. Hay un grupo que denominaremos “abstencionista” y que ha hecho de esta opción su leitmotiv; y otro grupo, que ha venido participando continuamente en los procesos electorales, al menos desde 2005, fecha en la cual la opción opositora fue, como ahora, la de No Participar.

Además de abstenerse o no participar, que no es lo mismo, este gran grupo también coincide en un objetivo más amplio: la necesidad de la unidad para derrotar a la dictadura; pero hasta aquí el consenso armónico, pues de allí en adelante hay opciones concretas, que ellos llaman “estrategias”, que difieren en nombre y en contenido. Por ejemplo, ya se habla de varios “frentes”, en uno participan los partidos de la MUD, en otro no; otros hablan de “alianzas”; lo del nombre o su amplitud o estrechez, es lo de menos; donde comienzan las dificultades es cuando se “llena de contenido”, cuando se le definen objetivos específicos o se comienzan a interpretar estos. Mi temor es que nos pase como con los resultados de la exitosísima jornada del plebiscito del 16 de julio del año pasado, que en lugar de celebrar que participaran más de siete millones de personas en Venezuela y en el exterior y dedicarnos a organizarlos en resistencia y para los procesos electorales que se avecinaban, comenzamos con las disputas para interpretar el significado del resultado. Se nos va la vida deshaciendo en encaje, sin llegar al hilo, transformando éxitos en fracasos y otorgando credibilidad a los agoreros del desastre.

Algunos pretendieron “afilar” el lápiz o “sacarle punta” a la tercera pregunta del plebiscito pretendiendo que se renovaran los poderes públicos y que la AN tenía que hacerlo de inmediato –¡Ya!–, pero no de acuerdo a lo establecido en la constitución, como decía la pregunta, sin considerar que estuviera entre sus atribuciones y sin medir posibilidades o dificultades para que semejante acción tuviera éxito. Sin embargo, nada de particular y concreto hicieron para que esa predica ocurriera, su única acción visible fue denigrar de la MUD por redes sociales o medios de comunicación en general. Por condenas y denuncias nunca nos quedamos cortos y la critica a los demás y a sus iniciativas aflora con facilidad y la culpa nunca es no saber, no poder o no tener un mensaje y una propuesta convincente; la culpa siempre será de otros, usualmente de la MUD o de los partidos y los políticos que son unos “traidores”, como ya han empezado a decirlo, desde el jueves 8 de marzo que se constituyó el “Frente Amplio: Venezuela Libre” en Chacao.

Por supuesto que se impone un proceso crítico y auto crítico sobre muchos temas, pero debemos tener cuidado en no hacerle el juego a la dictadura o seleccionar un blanco fácil que, como siempre, es la MUD y los partidos y políticos en general. Esa historia también la conocemos.

Toca ahora hacer lo que no hicimos, organizar de manera seria la resistencia civil a una dictadura que se alza cada vez con más poder. Y digo que toca ahora hacerlo pues es evidente que no se hizo de manera efectiva, a juzgar por la incapacidad de movilizar a la población de manera masiva y eficaz frente a lo que está ocurriendo. El problema siempre es organizar las cosas de manera efectiva, y efectiva significa lograr el objetivo.

Politólogo

@Ismael_Perez



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