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opinión

¿Tiene utilidad el rector opositor del CNE?

23 marzo, 2018

No puedo evitar asociarlo con un cenicero en una motocicleta, con un grueso abrigo en una playa tropical a mediodía, con los diez mil bolívares que son la máxima cantidad obtenida en un telecajero o en una taquilla bancaria venezolana por estos terribles días en que nos toca sufrir las consecuencias de los excesos y arbitrariedades del bipolar de Sabaneta, de 1999 al 2012, traducidos a escasez de lo elemental en comida y medicinas, dotación de hospitales y escuelas, presupuestos universitarios, mantenimiento de equipos para generar electricidad, bombear agua potable, transmitir señales telefónicas e informáticas, frenar la constante inseguridad, enfrentar la semanal devaluación del bolívar y su correspondiente hiperinflación, y evitar los descarados fraudes del CNE, siempre obsecuente hacia el agente castrista impuesto por Raúl Pamela Castro, nuestro Ceaucescu paisa, nuestro Hönecker con doble nacionalidad, nuestro Noriega sin machete pero con narcosobrinos.El presunto opositor que ocupa esa solitaria rectoría en el muy sumiso CNE, acompañado de las cuatro rojísimas, incondicionalísimas, descaradísimas, rectoras obedientísimas a cuanta orden-capricho, les comuniquen desde Miraflores, ¿qué papel cumple, más allá de los lugares comunes que de manera famélica, tímida, aburrida, en ocasiones declara, sin siquiera mostrarse convencido de lo que dice, mucho menos indignado por las connotaciones de sus aparentes denuncias o toma de posiciones en defensa del marco legal, permanentemente violado, vapuleado, ignorado, bypaseado, por la Nomenklatura castrochavomadurista?

Se me antoja que nuestro hombre en el CNE hace las veces de la abuela floja y celestina, que sin moverse de su mecedora frente al televisor, ante cada travesura de sus nietos -que brincan y corretean por la sala, lanzándose cuanto objeto encuentran, rompiendo adornos sobre mesas y vitrinas, ensuciando cortinas y cuadros, derramando jugos y compota en la alfombra, uno que otro vidrio víctima de su hiperactividad, y la nona apenas si les hace una seña con el índice en vaivén del piso al techo, y mascullando un “ya niños, tranquilícense” que ni a ella misma le dice algo coherente, en ese contexto de creciente desorden y absoluta anarquía. Cualquiera se preguntaría qué rol juega esa abuela en ese contexto, cuya negatividad va in crescendo, en el cual la doñita es casi invisible, totalmente inútil. En esos parámetros ubico a nuestro acuático rector opositor, incoloro, inodoro e insípido, un mini jarrón chino al que nadie presta atención, y del cual nada útil emana. En su praxis, llega a ser incluso menos que esa quinta parte de la rectoría del CNE que él ostenta. En vez de hacerse sentir como el paupérrimo 20% al que nos tiene reducidos la prepotencia del sucialismodelsiglo21, nuestro inefable rectorcito opositor se las arregla para proyectar una imagen que si acaso se corresponde con un magro 3%, que para colmo funciona intermitentemente, una tímida vez cada 15 o cada 30 días (y no me extrañaría que solicite autorización a las cuatro fieras rojas rojitas, para atreverse a susurrar una vez por cuaresma, las obviedades y los saludos a la bandera con los que da por realizada su labor como representante de la Oposición venezolana ante el obsecuente MinPoPo Electoral).

Que sus cuatro coleguitas rojas rojitas deciden a lo macho-feminista mudar a cientos de miles de electores de los centros donde han ejercido su derecho al voto por décadas, que aplican la operación morrocoy cuando se trata de un revocatorio que perdería por paliza el platanote, que al lado de cada centro electoral instalan un “punto rojo” y con absoluto descaro allí se reportan los que tramitaron su “carnet de la paaaatriaaaa“, y reciben sus limosnas a cambio de demostrar que votaron por el régimen, que los colectivos motocicleteados y armados, amenazan por los alrededores de los centros de votación, con el visto bueno del plan república, nuestro ilustre rector opositor emula a la abuela celestina y negligente, les hace la señal del índice que sube y baja, entornando los ojos para imprimirle mayor gravedad a la reprimenda psicocabrona. Que el CNE incumple los lapsos constitucionales, pospone por más de diez meses las elecciones regionales, organiza la parodia prostituyente en pocas semanas y producen 8 millones de votos en cuatro o cinco centros (con electores de un universo paralelo, porque en este no tienen más de 4 millones, y la porción antimadurista se niega a participar), y luego complace a esa vulgar dependencia del PSUV -llamada anc- imponiendo para abril una elección presidencial, obedeciendo órdenes de un organismo ilegítimo, surgido de un fraude (que incluso fue denunciado por Smartmatic), y violando el lapso mínimo de 112 días, de nuevo nuestro genial rector opositor, rebusca en su menú de ambigüedades intrascendentes, y declara muy circunspecto “que eso no está bien, que no es correcto, y algún día reconocerán que actuaron mal sus compañeras rectoras”, y ya, hasta allí su rugido de ratón. Multicedulados y adulteradores de actas extraen de nuestro exquisito rector opositor sonidos guturales que pretenden ser regaños sonoros sin salirse del marco de amabilidad que cuida amorosamente, para no ganarse descalificaciones de colectivos, milicianos, esbirros y cubanitos dispersos en la minoritaria fauna que le queda a este represivo, corrupto e inepto despotismo.

Conste que no me refiero exclusivamente a quien funge como rector opositor ahora, me temo que la absoluta inutilidad abarca a todos los que han ocupado ese cargo, desde que nos encasquetaron ese cuatro a uno, que al parecer genera un complejo de inferioridad en el representante opositor, que lo paraliza y anula para hacer algo de valor en el ejercicio de sus funciones en el CNE. Pero esa lamentable condición no tiene por qué ser siempre patética y vergonzosa. Desconozco los mecanismos de selección del opositor que actúa como flamante rector en representación de la Oposición venezolana, pero supongo que los responsables de escoger al candidato, mantienen comunicación con él y pueden exigirle actuaciones con algo de punch, de fibra, de efecto, de oposición. Por ejemplo, como para justificar su sueldo y su función como genuino representante de la oposición democrática a esta dictadura, pudieran sugerirle al rector de marras, que aproveche la puesta en escena de la farsa electoral presidencial (pospuesta del 22 de abril al 20 de mayo, con el agregado de legislativas y quizás una que otra reina de Feria estadal), para exigir que se cumplan estrictamente los requisitos y los protocolos del caso, y se revisen cuidadosamente los documentos que acrediten la identidad de cada candidato, con especial énfasis en lo establecido en los artículos 41 y 227 de la Constitución, que dicen “Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva”.

De repente sí sirve para algo el rector opositor, y por fin logramos que la misteriosa partida de nacimiento de Maduro sea vista por algo más que la dupla TibiLucena-VladiVillegas, por dos segundos y sin que televidente alguno pudiera percibir algo legible en aquella imagen. Dar a conocer los pormenores del lugar donde realmente vino al mundo el conchabao de Raúl Castro (cuyos dos progenitores son colombianos), sería lo único positivo del rector opositor y de la farsa presidencial, y eso haría mucho más interesante el inmediato desconocimiento mundial del resultado de ese mal circo.



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